Con la llegada del verano de 1211 el ejército musulmán emprendió la marcha desde Córdoba, y destacó fuerzas de caballería para asolar el campo cristiano. Así se fueron acercando a Salvatierra, ya en la provincia de Ciudad Real, de donde salieron unos centenares de caballeros cristianos para entablar combate hasta que la llegada del grueso de las tropas les obligó a refugiarse en el castillo. La cercana fortaleza de Dueñas (futuro bastión de Calatrava) cayó sin dificultad en manos infieles, y tras un sostenido asedio, también Salvatierra tuvo que rendirse tras solicitar permiso al rey Alfonso VIII. Al cabo de 51 días de asedio los defensores salieron libres a tierra cristiana con los enseres que pudieron llevarse. Era el mes de septiembre, y el Califa almohade entraba al fin en Salvatierra transformando la iglesia en mezquita.

Garganta en Sierra Madrona. Autor, Eugenio Martín

Garganta en Sierra Madrona. Autor, Eugenio Martín

Realmente Salvatierra salvó a la tierra de los cristianos. Por de pronto entretuvo al gran ejército musulmán cerca de dos meses, al cabo de los cuales, agotados los víveres e inminente la llegada del mal tiempo, el vencedor tuvo que emprender la retirada dando así tiempo a la concentración de fuerzas cruzadas. Aún así no dejó de alardear por la conquista en una carta que escribió al pasar por Andújar, el 13 de septiembre.

Vista del Castillo de Salvatierra. Autor, Ancalimë

Vista del Castillo de Salvatierra. Autor, Ancalimë

El 14 de octubre moría inesperadamente el heredero del rey castellano. A pesar del dolor que le produjo, Alfonso VIII siguió trabajando en la batalla decisiva, y en Guadalajara celebró consejo acordando hacer un llamamiento a la cruzada en Europa y la colaboración de los reyes cristianos de toda la península. Fue un éxito relativo. Cuando la concentración de combatientes se hizo efectiva, en la primavera de 1212, Castilla estaba en efervescencia. Pero los cruzados extranjeros, de Burdeos, Nantes y Narbona principalmente, eran muchos menos de los que se esperaban, y por si fuera poco ocasionaron un sin fin de disturbios en Toledo al llegar con demasiada antelación. La indisciplina campaba en la capital de las tres culturas, y todos los gastos por manutención, alojamiento y daños por trifulcas corrían a cargo del rey Alfonso.

Arco triunfal Omeya. Fortaleza de Calatrava la Vieja. Autor, Llapassar

Arco triunfal Omeya. Fortaleza de Calatrava la Vieja. Autor, Llapassar

A pesar de los contratiempos, el gran ejército cristiano iniciaba al fin el 20 de junio su salida de Toledo con destino a Calatrava la Vieja, a orillas del Guadiana. En cabeza iban los cruzados extranjeros, y detrás, sucesivamente, aragoneses, castellanos y las fuerzas aportadas por las órdenes militares. Tan gigantesca era la movilización que necesitaban no menos de dos días para cubrir una etapa todos ellos. Caminaban lentamente y prolongaban las acampadas, de modo que el primer cuerpo no llegó hasta Malagón hasta los primeros días de junio, atacándolo inmediatamente. El castillo resistió hasta que al fin se llegó a una capitulación, pero ésta no debió de ser respetada pues las crónicas hablan de abundantes actos de crueldad por parte de los cruzados ultrapirenaicos.

Continuará…

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Fotografía de portada: Atardecer en el embalse de El Vicario. Río Guadiana. Autor, JL de Arriba
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