Giovannino Oliviero Giuseppe Guareschi. Éste era el nombre completo del autor de Don Camilo, un entrañable personaje de la literatura contemporánea italiana que, tras su publicación en 1948, encumbraría a su creador de forma absoluta e inmediata por medio mundo. Guareschi bromeaba a menudo con su nombre, preguntándose una y otra vez cómo se les ocurrió a sus padres poner Giovannino (Juanito) a un hombre tan corpulento como él. Y fue ese sentido del humor el que le llevó a crear al cura de pueblo don Camilo, quien junto a su inseparable amigo y rival político Peppone, el alcalde comunista de la localidad, escenificó la dura vida de la posguerra italiana en el mundo rural de las llanuras del Po. El “Mondo Piccolo” de don Camilo se extendía entre el río Po al norte y las estribaciones de los Apeninos al sur, más o menos en las actuales provincias italianas de Piacenza, Reggia Emilia y Módena. Hemos querido ilustrar este escenario de cuento con una estupenda selección de fotografías, añadiendo además uno de los relatos más emotivos que el genio Guareschi creó al comienzo de su andadura. En esta “Tercera Historia”, aún sin la figura central de don Camilo, se muestra como nunca el sentimiento y la poesía que debió albergar la mente del gran autor italiano, y que utilizó con profusión, al igual que su sentido del humor, para tejer con mimo ese mundo pequeño, tierno y maravilloso que tanto gustó de predicar. En realidad no es más que la dicha de ser humilde,  pero a menudo se nos olvida que sigue existiendo en alguna parte, mientras recorremos el día a día de nuestro superficial siglo XXI… Aquí queda su relato para recordárnoslo. Y por supuesto, para que lo disfruten pensando en Il sogno di Italia.

 

2. Giovannino Guareschi, autor de Don Camilo

Giovannino Guareschi, autor de Don Camilo

TERCERA HISTORIA

“¿Muchachas? No; nada de muchachas. Si se trata de hacer un poco de jarana en la hostería, de cantar un rato, siempre dispuesto. Pero nada más. Ya tengo mi novia que me espera todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo en el camino de la Fábrica. Tenía yo catorce años y regresaba a casa en bicicleta por ese camino. Un ciruelo asomaba una rama por encima de un pequeño muro y cierta vez me detuve.

Una muchacha venía de los campos con una cesta en la mano y la llamé. Debía tener unos diecinueve años porque era mucho más alta que yo y bien formada.

– ¿Quieres hacerme de escalera? -le dije.

La muchacha dejó la cesta y yo trepé sobre sus hombros. La rama estaba cargada de ciruelas amarillas y llené de ellas la camisa.

-Extiende el delantal, que vamos a medias -dije a la muchacha.

Ella contestó que no valía la pena.

– ¿No te agradan las ciruelas? -pregunté.
-Sí, pero yo puedo arrancarlas cuando quiero. La planta es mía: yo vivo allí – me dijo.

Yo tenía entonces catorce años y llevaba los pantalones cortos, pero trabajaba de peón de albañil y no tenía miedo a nadie. Ella era mucho más alta que yo y formada como una mujer.

-Tú tomas el pelo a la gente -exclamé mirándola enojado; pero yo soy capaz de romperte la cara, larguirucha.

No dijo palabra.

 

3. Amanecer en el río Po. Autor, Turismo Emilia Romagna

Amanecer en el río Po. Autor, Turismo Emilia Romagna

4. Pradera de montaña en los Apeninos modenenses. Autor, Juri Fontana

Pradera de montaña en los Apeninos modenenses. Autor, Juri Fontana

5. El río Po en Brescello. Autor, Turismo Emilia Romagna

El río Po en Brescello. Autor, Turismo Emilia Romagna

6. Postal de Cremona, ciudad junto al Po. Autor, Nichollas Lord Gordon

Postal de Cremona, ciudad junto al Po. Autor, Nichollas Lord Gordon

La encontré dos tardes después siempre en el camino.

-¡Adiós, larguirucha! -le grité. Luego le hice una fea mueca con la boca. Ahora no podría hacerla, pero entonces las hacía mejor que el capataz, que había aprendido en Nápoles. La encontré otras veces, pero ya no le dije nada. Finalmente una tarde perdí la paciencia, salté de la bicicleta y le atajé el paso.

-¿Se podría saber por qué me miras así? -le pregunté echándome a un lado la visera de la gorra. La muchacha abrió dos ojos claros como el agua, dos ojos como jamás había visto.
-Yo no te miro -contestó tímidamente.

Subí a mi bicicleta.

-¡Cuídate, larguirucha! -le grité. Yo no bromeo.

Una semana después la vi de lejos, que iba caminando acompañada por un mozo, y me dio una tremenda rabia. Me alcé en pie sobre los pedales y empecé a correr como un condenado. A dos metros del muchacho viré y al pasarle cerca le di un empujón y lo dejé en el suelo aplastado como una cáscara de higo.

Oí que de atrás me gritaba hijo de mala mujer y entonces desmonté y apoyé la bicicleta en un poste telegráfico cerca de un montón de grava. Vi que corría a mi encuentro como un condenado: era un mozo de unos veinte años, y de un puñetazo me habría descalabrado. Pero yo trabajaba de peón de albañil y no tenía miedo a nadie. Y luego, cuando me dio la gana, salté en mi bicicleta y me marché.

 

7. Iglesia de la Madonna della Ghiara. Reggio Emilia. Autor, Pilar Torres

Iglesia de la Madonna della Ghiara. Reggio Emilia. Autor, Pilar Torres

8. Aspecto de los Apeninos Reggianos. Autor, Paolo da Reggio

Aspecto de los Apeninos regianos. Autor, Paolo da Reggio

9. Salida del sol en la llanura del Po. Occhiobello. Autor, Daniele

Salida del sol en la llanura del Po. Occhiobello. Autor, Daniele

10. Interior de la Catedral de Piacenza. Autor, Kristobalite

Interior de la Catedral de Piacenza. Autor, Kristobalite

Dos tardes anduve dando rodeos, hasta que la tercera volví por el camino de la Fábrica y apenas vi a la muchacha, la alcancé y desmonté a la americana, saltando del asiento hacia atrás.

Los muchachos de hoy hacen reír cuando van en bicicleta: guardabarros, campanillas, frenos, faroles eléctricos, cambios de velocidad, ¿y después? Yo tenía una Frera cubierta de herrumbre; pero para bajar los dieciséis peldaños de la plaza jamás desmontaba: tomaba el manillar a lo Gerbi y volaba hacia abajo como un rayo.

Desmonté y me encontré frente a la muchacha. Yo llevaba la cesta colgada del manillar y saqué una piquetilla.

-Si te vuelvo a encontrar con otro, me vas a oír -dije.

La muchacha me miró con aquellos sus ojos malditos, claros como el agua.

-¿Por qué hablas así? – me preguntó en voz baja.

Yo no lo sabía, pero ¿qué importa?

-Porque sí –contesté-. Tú debes ir de paseo sola o si no, conmigo.
-Yo tengo diecinueve años y tú catorce cuando más –dijo–. Si al menos tuvieras dieciocho, ya sería otra cosa. Ahora soy una mujer y tú eres un muchacho.
-Pues espera a que yo tenga dieciocho años –grité-. Y cuidado con verte en compañía de alguno, porque entonces estás frita.

Yo era entonces peón de albañil y no tenía miedo de nada: cuando sentía hablar de mujeres, me largaba. Me importaban un pito las mujeres, pero ésa no debía hacerse la estúpida con los demás.

 

11. Vista de los Apeninos regianos. Autor, Alan Leoni

Vista de los Apeninos regianos. Autor, Alan Leoni

12. Detalle de Parma. Autor, Ho visto nina volare

Detalle de Parma. Autor, Ho visto nina volare

13. Monte Evangelo. Castellarano. Turismo Emilia Romagna

Monte Evangelo. Castellarano. Turismo Emilia Romagna

14. Plaza de San Próspero. Reggio Emilia. Autor, Sergiobarbieri

Plaza de San Próspero. Reggio Emilia. Autor, Sergiobarbieri

15. Paisaje invernal en los Apeninos regianos. Autor, Paolo di Reggio

Paisaje invernal en los Apeninos regianos. Autor, Paolo di Reggio

Vi a la muchacha durante casi cuatro años todas las tardes, menos los domingos. Estaba siempre allí, apoyada en el tercer poste del telégrafo, en el camino de la Fábrica. Si llovía tenía su buen paraguas abierto. No me paré ni una sola vez.

-Adiós -le decía al pasar.
-Adiós -me contestaba.

El día que cumplí los dieciocho años desmonté de la bicicleta.

-Tengo dieciocho años -le dije -Ahora puedes salir de paseo conmigo.

Ella tenía entonces veintitrés y se había hecho una mujer completa. Pero tenía siempre los mismos ojos claros como el agua y hablaba siempre en voz baja, como antes.

-Tú tienes dieciocho años -me contestó-, pero yo tengo veintitrés. Los muchachos me apedrearían si me viesen ir en compañía de uno tan joven.

Dejé caer la bicicleta al suelo, recogí un guijarro chato y le dije:

-¿Ves aquel aislador, el primero del tercer poste?

Con la cabeza me hizo señas de que sí. Le apunté al centro y quedó solamente el gancho de hierro, desnudo como un gusano.

-Los muchachos –exclamé- antes de tomarnos a pedradas deberán saber trabajar así.
-Decía por decir -explicó la muchacha-. No está bien que una mujer vaya de paseo con un menor. ¡Si al menos hubieses hecho el servicio militar!…

Ladeé a la izquierda la visera de la gorra.

-Querida mía, ¿por casualidad me has tomado por un tonto? Cuando haya hecho el servicio militar, yo tendré veintiún años y tú tendrás veintiséis, y entonces empezarás de nuevo la historia.
-No -contestó la muchacha- entre dieciocho años y veintitrés es una cosa y entre veintiuno y veintiséis es otra. Cuanto más se vive, menos cuentan las diferencias de edades. Que un hombre tenga veintiuno o veintiséis es lo mismo.

Me parecía un razonamiento justo, pero yo no era tipo que se dejase llevar de la nariz.

-En ese caso volveremos a hablar cuando haya hecho el servicio militar – dije saltando en la bicicleta-. Pero mira que si cuando vuelvo no te encuentro, voy a ir a buscarte aunque sea bajo la cama de tu padre.

 

16. Piazza dei Cavalli. Piacenza. Autor, Terry Clinton

Piazza dei Cavalli. Piacenza. Autor, Terry Clinton

17. Bellísima Cremona. Autor, Hellebardius

Bellísima Cremona. Autor, Hellebardius

18. Riberas del Po. Occhiobello. Autor, Daniele

Riberas del Po. Occhiobello. Autor, Daniele

19. Castillo de Vigoleno. Piacenza. Autor, Giovanni_novara

Castillo de Vigoleno. Piacenza. Autor, Giovanni_novara

Todas las tardes la veía parada junto al tercer poste de la luz; pero yo nunca descendí. Le daba las buenas tardes y ella me contestaba buenas tardes. Cuando me llamaron a las filas, le grité:

-Mañana parto para alistarme.
-Hasta la vista – contestó la muchacha.

Ahora no es el caso de recordar toda mi vida militar. Soporté dieciocho meses de fajina y en el regimiento no cambié. Habré hecho tres meses de ejercicios; puede decirse que todas las tardes me mandaban arrestado o estaba preso.

Apenas pasaron los dieciocho meses me devolvieron a casa. Llegué al atardecer y sin vestirme de civil, salté en la bicicleta y me dirigí al camino de la Fábrica. Y si ésa me salía de nuevo con historias, ya podía salir corriendo.

Lentamente empezaba a caer la noche y yo corría como un rayo pensando dónde diablos la encontraría. Pero no tuve que buscarla: la muchacha estaba allí, esperándome puntualmente bajo el tercer poste del telégrafo. Era tal cual la había dejado y los ojos eran los mismos, idénticos.

 

20. Monte Cimone y mar de niebla. Apeninos modenenses. Autor, Roby Ferrari

Monte Cimone y mar de niebla. Apeninos modenenses. Autor, Roby Ferrari

21. Interior de la catedral de Parma. Autor, Fprado

Interior de la catedral de Parma. Autor, Fprado

22. Pescando en Brescello. Autor, Turismo Emilia Romagna

Pescando en Brescello. Autor, Turismo Emilia Romagna

23. Panorámica general de Reggia Emilia. Autor, Paolo Picciati

Panorámica general de Reggia Emilia. Autor, Paolo Picciati

Desmonté delante de ella.

-Concluí -le dije, enseñándole la papeleta de licenciamiento. La Italia sentada quiere decir licencia sin término. Cuando Italia está de pie significa licencia provisional.
-Es muy linda – contestó la muchacha.

Yo había corrido como un alma que lleva el diablo y tenía la garganta seca.

-¿Podría tomar un par de aquellas ciruelas amarillas de la otra vez? -pregunté.

La muchacha suspiró.

-Lo siento, pero el árbol se quemó.
-¿Se quemó? -dije con asombro. ¿De cuándo acá los ciruelos se queman?
-Hace seis meses -contestó la muchacha-. Una noche prendió el fuego en el pajar y la casa se incendió y todas las plantas del huerto ardieron como fósforos. Todo se ha quemado. Al cabo de dos horas sólo quedaban las puertas. ¿Las ves?

Miré al fondo y vi un trozo de muro negro, con una ventana que se abría sobre el cielo rojo.

-¿Y tú? -le pregunté.
-También yo -dijo con un suspiro-. También yo como todo lo demás. Un montoncito de cenizas y sanseacabó.

 

24. Catedral de Modena. Autor, Giopie

Catedral de Modena. Autor, Giopie

25. El Po en Brescello, el pueblo de Don Camilo. Autor, Turismo Emilia Romagna

El Po en Brescello, el pueblo de Don Camilo. Autor, Turismo Emilia Romagna

26. El río Po, cerca de su desembocadura. Autor, Enrico Pascucci

El río Po, cerca de su desembocadura. Autor, Enrico Pascucci

27. Detalle de Módena. Autor, Axel V

Detalle de Módena. Autor, Axel V

Miré a la muchacha que estaba apoyada en el poste del telégrafo; la miré fijamente, y a través de su cara y de su cuerpo, vi las vetas de la madera del poste y las hierbas de la zanja. Le puse un dedo sobre la frente y toqué el palo del telégrafo.

-¿Te hice daño? -pregunté.
-Ninguno.

Quedamos un rato en silencio, mientras el cielo se tornaba de un rojo cada vez más oscuro.

-¿Y entonces? -dije finalmente.
-Te he esperado -suspiró la muchacha- para hacerte ver que la culpa no es mía. ¿Puedo irme ahora?

Yo tenía entonces veintiún años y era un tipo como para llamar la atención. Las muchachas cuando me veían pasar sacaban afuera el pecho como si se encontrasen en la revista del general y me miraban hasta perderme de vista a la distancia.

-Entonces – repitió la muchacha–, ¿puedo irme?
-No -le contesté-. Tú debes esperarme hasta que yo haya terminado este otro servicio. De mí no te ríes, querida mía.
-Está bien -dijo la muchacha. Y me pareció que sonreía.

Pero estas estupideces no son de mi gusto y enseguida me alejé. Han pasado doce años y todas las tardes nos vemos. Yo paso sin desmontar siquiera de la bicicleta.

-Adiós.
-Adiós.

¿Comprenden ustedes? Si se trata de cantar un poco en la hostería, de hacer un poco de jarana, siempre dispuesto. Pero nada más. Yo tengo mi novia que me espera todas las tardes junto al tercer poste del telégrafo en el camino de la Fábrica”.

 

28. Agua y cielo. El Po en Cremona. Autor, Corrado Ignoti

Agua y cielo. El Po en Cremona. Autor, Corrado Ignoti

29. Bicicleta en la llanura. Autor, Zlataleta

Bicicleta en la llanura. Autor, Zlataleta

Texto extraído del libro “Mondo Piccolo: Don Camilo”.
Giovanni Guareschi. Punto de Lectura, 2004


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