Uno de los atractivos más impactantes de la capital del Turia es el Oceanogràfic de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, todo un hito entre los acuarios a nivel mundial. De hecho, con más de 42 millones de litros de agua y 110.000 m2 de superficie, este parque está considerado como el mayor oceanario construido en Europa. Dentro del complejo, de diseño arquitectónico espectacular, el visitante tiene la oportunidad de realizar un recorrido por los más importantes y amenazados ecosistemas marinos. ¿Cómo lo hace? Incorporando módulos específicos, con visita independiente, donde es posible hallar desde los ambientes extremos del Ártico y Antártico, pasando por el ecosistema mediterráneo, el delfinario y los espacios de mar abierto, hasta la rica complejidad de los mares ecuatoriales y tropicales de todo el mundo.

Acuario de especies tropicales en el Oceanogràfic. Autor, Ciudad de las Artes y las Ciencias

                     Acuario de especies tropicales en el Oceanogràfic. Autor: Ciudad de las Artes y las Ciencias

Instalaciones del Delfinario en el Oceanográfic. Autor, Ciudad de las Artes y las Ciencias

                        Instalaciones del Delfinario en el Oceanográfic. Autor: Ciudad de las Artes y las Ciencias

Sin duda, la atracción estrella del Oceanogràfic es la experiencia real de bucear entre tiburones, cuarenta minutos de emociones impactantes entre algunos de los animales más bellos (y peligrosos) del océano. Entre ellos se encuentra el tiburón ángel, llamado también pez monje, un pequeño escualo con aspecto de raya habitante de los fondos costeros y con la peculiar costumbre de enterrarse a si mismo en el fondo arenoso, donde reposa a la espera de algún crustáceo o pececillo que se ponga a tiro para devorarlo. Si algún incauto se ofrece voluntario, este pez emerge repentinamente del suelo abriendo al mismo tiempo sus mandíbulas con velocidad pasmosa, y creando además un vacío que absorbe a su presa de forma casi instantánea y le permite tragarla entera. En general estos tiburones son casi inofensivos, y lo mismo cabe decir de otro de los inquilinos del oceanario: el tiburón nodriza o tiburón gato, llamado así por las prolongaciones que ostentan en su morro y que utilizan para localizar a sus posibles víctimas, enterradas en el fango del fondo marino. La mansedumbre de esta especie es tal que durante las inmersiones, los buceadores se acercan a ellos sin problema y montan sobre sus lomos igual que si fueran caballos marinos.

Buceando entre especies marinas en el Oceanogràfic de Valencia. Autor, Ciudad de las Artes y las Ciencias

        Buceando entre especies marinas en el Oceanogràfic de Valencia. Autor: Ciudad de las Artes y las Ciencias

Pero los protagonistas indiscutibles del Oceanogràfic son, evidentemente, el tiburón toro y el tiburón gris, dos de las especies costeras más grandes existentes. El toro puede alcanzar fácilmente los tres metros de longitud, y no debe confundirse en modo alguno con el tiburón toro anglosajón, aquí conocido como tiburón sarda, mucho más peligroso y responsable de la mayoría de los ataques a seres humanos en áreas costeras habitadas de todo el mundo. El tiburón toro no acarrea ningún riesgo y de hecho constituye una especie habitual de los acuarios por su comportamiento y fácil adaptación a la vida en cautividad. Que se sepa, es la única especie de escualo capaz de tragar aire en la superficie del agua para almacenarlo posteriormente dentro de su estómago, lo que le permite usarlo como un balón de aire para permanecer flotando entre dos aguas sin apenas mover un músculo (este comportamiento es inaudito entre los tiburones puesto que carecen de vejiga natatoria y, en consecuencia, las especies de mar abierto deben moverse de forma ininterrumpida si no quieren hundirse y perecer aplastadas en las profundidades).

Tiburón gris nadando cerca del fondo. Autor, Brian Gratwicke

                                            Tiburón gris nadando cerca del fondo. Autor: Brian Gratwicke

Tiburón ángel en fondos marinos de la Isla de Tenerife. Autor, Philippe Gillaume

                              Tiburón ángel en fondos marinos de la Isla de Tenerife. Autor: Philippe Gillaume

El tiburón gris se considera asimismo inofensivo para los humanos y puede encontrarse en muchos hábitats marinos, desde las áreas cercanas a la costa e influidas por las mareas hasta zonas relativamente alejadas del litoral, donde alcanza a veces profundidades de hasta 300 metros. Una peculiaridad de esta especie es el gran tamaño de sus aletas, mayores de lo habitual, lo que lo convierten en un pez muy apreciado por los pescadores. Las pesquerías comerciales capturan al tiburón gris sobre todo por su carne, así como para proveer de género a la exótica cocina oriental (la famosa sopa de aleta de tiburón), aunque hay que decir que este escualo es también muy valorado por los aficionados a la pesca deportiva. En cualquier caso, la persecución a que se le ha sometido ha supuesto un verdadero problema para sus poblaciones, reducidas considerablemente en los últimos años hasta el punto que está clasificado como especie poco abundante y amenazada de extinción, sobre todo en el Mediterráneo.

Tunel de Océanos y ejemplar de tiburón. Autor, Ciudad de las Artes y las Ciencias

                            Túnel de Océanos y ejemplar de tiburón. Autor: Ciudad de las Artes y las Ciencias

Tiburón toro. Autor, Richard Ling

                                                                    Tiburón toro. Autor: Richard Ling

Por supuesto, la experiencia de nadar entre tiburones del Oceanogràfic pretende ser un acontecimiento para disfrutar de la vida salvaje en los océanos, y no es ni mucho menos una actividad de riesgo. Tras una charla donde se explican las especies más importantes que vamos a encontrar (además de las especies citadas, existen otras tan atractivas como el pez sierra o los peculiares peces luna), los visitantes se dirigen al tanque preparado al efecto con una profundidad de 6 metros, donde el equipo técnico facilita a los visitantes todo lo necesario para la inmersión. De esta forma, en un espectacular paseo cuya duración aproximada es de 45 minutos, el afortunado turista submarino recorre los distintos ambientes del tanque efectuando periódicamente una serie de paradas, a fin de observar las especies propias de cada uno de ellos. En definitiva, se trata no solo de una inmersión agradable entre amigos y apasionados de la adrenalina, sino de toda una experiencia vital: la de sentirnos por un momento los reyes del océano, deleitándonos junto a los instructores con la grandiosidad de la vida submarina y nadando en compañía de algunas de las especies más bellas del planeta: mantas de todo tipo, peces luna, meros de gran tamaño, tiburones leopardo, monje, grises… Toda una sinfonía para los sentidos imposible de olvidar.

Oceanogràfic de Valencia. Autor, Ciudad de las Artes y las Ciencias

                                       Oceanogràfic de Valencia. Autor: Ciudad de las Artes y las Ciencias


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