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En los dominios del gaucho. Darwin y su aventura patagónica

En los dominios del gaucho. Darwin y su aventura patagónica

A finales de julio de 1833, el famoso científico inglés Charles Darwin navegaba a bordo del Beagle camino de El Carmen, en la Patagonia argentina, el puesto más meridional del continente americano habitado por gente “civilizada”. Se encontraba en su segundo año de periplo alrededor del mundo, un viaje que sentaría las bases para desarrollar la teoría evolutiva de los seres vivos y que se concretó en 1859 con el libro “El Origen de las Especies”, la obra que le haría universalmente famoso. Pero durante aquel año estaba, ciertamente, muy lejos de imaginar todo aquello, y sí en cambio apuradísimo preparando su gran viaje a caballo por el interior de la Patagonia. No era para menos: esta región era entonces (y también hoy en día) un territorio poco menos que desértico extendido entre Tierra del Fuego y las Pampas cercanas a Buenos Aires, miles de kilómetros cuadrados de estepas y cerros salvajes, semiáridos y poblados en aquella época por indígenas ajenos a todo rastro de civilización.

 

2. La estepa, cerca de Bariloche. Autor, Andreinvs

La estepa, cerca de Bariloche. Autor, Andreinvs

3. Alazanes. Autor, Mariano Srur - UnchartedPatagonia.com

Alazanes. Autor, Mariano Srur – UnchartedPatagonia.com

4. Los dominios del gaucho. Autor, Gerald Davison

Los dominios del gaucho. Autor, Gerald Davison

El plan del joven Darwin era ir a caballo desde El Carmen hasta el río Colorado, establecer allí contacto con el general Rosas, y seguir luego todo el camino de posta en posta hasta llegar a Buenos Aires. Un inglés llamado Harris se ofreció a hacer de guía, se contrató una escolta de 6 gauchos, y el 11 de agosto Darwin se despidió de sus compañeros para partir hacia el norte. Al principio su itinerario discurrió por un desierto frío e inhóspito, donde de vez en cuando veían aparecer grupos de hasta 20 o 30 ñandúes deambulando entre los matorrales. “Era fácil acercarse al galope a una distancia corta, pero entonces, extendiendo las alas, echaban a correr en la dirección del viento y pronto los caballos quedaban rezagados”. Una vez los gauchos abatieron un puma y lo asaron en una fogata como si fuera una ternera, aunque normalmente solo cazaban ciervos o guanacos. Cuando se presentaba la ocasión atrapaban también armadillos, los cuales eran especialmente sabrosos asados en su propio caparazón. En sus incursiones de caza iban acompañados por buitres y águilas, siempre atraídos por la visión de las piezas muertas. Por supuesto, estos necrófagos atacaban al hombre si tenían oportunidad. “Una persona descubrirá los hábitos del carancho (Caracara) si se detiene en una de estas desoladas llanuras y se echa a dormir. Cuando despierte verá en cada montículo de los alrededores una de estas aves observándole pacientemente con ojos diabólicos”.

 

5. Pilcaniyeu, en Río Negro. Autor, Mariano Srur - UnchartedPatagonia

Pilcaniyeu, en Río Negro. Autor, Mariano Srur – UnchartedPatagonia

6. Andes patagónicos, en las proximidades de río Turbio. Autor, cHaghi

Andes patagónicos, en las proximidades de río Turbio. Autor, cHaghi

7. Jinetes gauchos y perros. Autor, Mariano Mantel

Jinetes gauchos y perros. Autor, Mariano Mantel

8. Estepa entre Zapala y Villa Pehuenia, Neuquén, Patagonia. Autor, Valerio Pillar

Estepa entre Zapala y Villa Pehuenia, Neuquén, Patagonia. Autor, Valerio Pillar

Por la noche el grupo acampaba generalmente en la llanura alrededor de un fuego, las sillas como almohada y los sudaderos como sábanas; para Darwin la escena tenía algo de mágico: los caballos atados en la penumbra de la fogata, los restos de la cena (un ñandú o un ciervo) esparcidos por el suelo, el armadillo profiriendo su gruñido subterráneo y los hombres fumando cigarros y jugando a cartas, mientras los perros deambulaban en la oscuridad para avisar al grupo en caso de algún peligro. Todo rastro de ociosidad cesaba de inmediato si un ruido desconocido llegaba hasta ellos. Entonces los gauchos pegaban el oído a tierra y escuchaban atentamente; nunca se sabía cómo ni cuándo atacarían los indios. Por el día la cabalgada era constante, de la mañana a la noche, pues los gauchos eran muy reacios a caminar. “Cada 20 metros sentía calambres en la parte superior de los muslos” comentaba Darwin tras varios días de marcha. El genuino gaucho solo fumaba su cigarro, bebía su mate, cabalgaba o dormía, manteniéndose a base de una dieta compuesta por carne y alterada solo de vez en cuando por otros platos, como cuando tuvieron el feliz hallazgo de un nido de ñandúes con 27 huevos en su interior, cada uno de ellos de un peso 11 veces superior al de una gallina.

 

9. Lago Lolog, Neuquén, Argentina. Autor, Mariano Lopardo

Lago Lolog, Neuquén, Argentina. Autor, Mariano Lopardo

10. Noche y silencio. Autor, Fede salvo

Noche y silencio. Autor, Fede salvo

11. Rancho aislado en Chubut, Argentina. Autor, Rodoluca88

Rancho aislado en Chubut, Argentina. Autor, Rodoluca88

Una vez pasaron la noche en la estancia de un inglés, y Darwin pudo estudiar el curioso sistema de adiestramiento de los perros pastores que podían verse a gran distancia cuidando rebaños de ovejas. Se les educaba separándolos de sus madres cuando todavía eran cachorrillos y poniéndolos a vivir con las ovejas. “Se agarraba una oveja tres o cuatro veces al día para amamantar al cachorro, y se le fabricaba un nido de lana en el corral de las ovejas; en ningún momento podía asociarse con otros perros o con los niños de la familia”. Muy a menudo el cachorro era además castrado para que al llegar a adulto no sintiese deseos de dejar el rebaño y, de la misma forma que un perro corriente defiende a su dueño, el hombre, así defendían estos perros a los corderos. La dedicación que mostraban a los que consideraban sus “hermanos de leche” era tal que los rebaños eran raramente atacados, ni siquiera por los hambrientos perros salvajes que infectaban las estepas y colinas próximas.

 

12. En la ruta. Autor, Jussi Mononen

En la ruta. Autor, Jussi Mononen

13. Estepa en El Cuy. Río Negro. Autor, Mariano Srur - UnchartedPatagonia

Estepa en El Cuy. Río Negro. Autor, Mariano Srur – UnchartedPatagonia

14. Bosque petrificado. Chubut, Patagonia. Autor, Virginia Artaza

Bosque petrificado. Chubut, Patagonia. Autor, Virginia Artaza

Darwin apreciaba a los gauchos. Eran tan duros y estaban tan curtidos como botas viejas. Incluso en aquella época sin afectaciones eran hombres rabiosamente pintorescos, con sus bigotes y sus largos cabellos negros cayéndoles sobre los hombros. Usaban ponchos escarlatas y calzones de montar anchos, botas blancas con inmensas espuelas y cuchillo calado en la faja. Eran peligrosos en el trato, pero a la vez extraordinariamente corteses y considerados, explica Darwin, “como si le cortaran a uno el cuello y al mismo tiempo le hicieran una reverencia”. La carne constituía toda su dieta, nada más que carne, y usaban los huesos de los animales como combustible para sus fogatas. Tenían además un método peculiar de caza: los hombres se dispersaban en diferentes direcciones y se concentraban a una hora determinada (más o menos exacta, no tenían forma de contar el tiempo), conduciendo a todos los animales que habían avistado a algún punto central, donde los sacrificaban en grupo.

 

15. Costa desértica en la Península Valdés. Autor, Ostrosky Photos

Costa desértica en la Península Valdés. Autor, Ostrosky Photos

16. Ansias de libertad. Autor, Denise Rowlands

Ansias de libertad. Autor, Denise Rowlands

17. Luces en los bosques patagónicos. Autor, Mariano Draghi

Luces en los bosques patagónicos. Autor, Mariano Draghi

Cuando no cazaban les gustaba tocar la guitarra, fumar, y de vez en cuando se enzarzaban en pequeñas reyertas de borrachos con sus cuchillos. Eran soberbios jinetes y la idea de ser derribados de su montura no les cabía en la cabeza. Como un patinador sobre una delgada capa de hielo, cabalgaban a toda velocidad sobre un suelo tan desigual que sería intransitable a una velocidad inferior. Al llegar a un río de ancho cauce obligaban a sus monturas a nadar; un gaucho, desnudo, entraba a caballo en el agua y cuando éste dejaba de tocar fondo, se deslizaba del lomo y se agarraba a la cola. Cada vez que el animal intentaba retroceder, el jinete salpicaba agua en su cara y seguía adelante, sin parar, hasta que finalmente encontraba la orilla opuesta. Existía en la llanura una prueba de equitación consistente en colocar a un hombre en un larguero encima de la entrada de un corral, para después hacer salir al caballo salvaje por aquella puerta, sin silla ni freno; el hombre caía en el lomo del animal y lo montaba hasta que se detenía. Se dice que el general Rosas, más tarde gran militar y dirigente de la confederación argentina (1835-1852) logró el respeto absoluto de su ejército después de concluir con éxito una de estas pruebas suicidas.

 

18. Lago Huechulafquen. Neuquén. Autor, Patricia Sgrignuoli

Lago Huechulafquen. Neuquén. Autor, Patricia Sgrignuoli

19. Ballena en Península Valdés. Autor, Pululante

Ballena en Península Valdés. Autor, Pululante

20. Vías hacia la nada. Chubut. Autor, Fernando Lorenzale

Vías hacia la nada. Chubut. Autor, Fernando Lorenzale

21. El poder del gaucho. Autor, Eduardo Amorim

El poder del gaucho. Autor, Eduardo Amorim

El arma de caza favorita de los gauchos eran las boleadoras, dos o tres piedras atadas en el extremo de largas correas que hacían girar alrededor de la cabeza, lanzándolas contra el animal que perseguían a caballo para que sus patas quedasen enredadas, con lo que caía al suelo inmovilizado. Aprendían desde niño practicando con boleadoras en miniatura con los perros, y era corriente utilizarlas a pleno galope; el joven Darwin lo intentó al trote con gran diversión de los gauchos porque derribó a su propio caballo y a sí mismo con él. Pero los días se sucedían uno detrás de otro y no había tiempo para el aburrimiento, mientras Darwin sentía una euforia maravillosa, un sentido de la realidad realzado por el riesgo. “Hay un gran deleite en la independencia de vida del gaucho, poder detener su montura en cualquier momento y decir – aquí pasaremos la noche –“Nunca parecía estar cansado, nunca perdió su curiosidad ni su capacidad de asombro. Finalmente, después de 40 días en medio de la soledad, llegaron hasta Buenos Aires cabalgando a través de los campos de membrillos y melocotoneros. Con su desgastadas ropas y su cara tostada por el sol debía parecer un vaquero, o quizás un buscador de oro que vuelve a la ciudad tras una dura temporada de rastreo: estaba tan curtido y calloso como los gauchos.

 

22. Nahuel Huapí. Neuquén. Patagonia. Autor, Mariano Srur - UnchartedPatagonia

Nahuel Huapí. Neuquén. Patagonia. Autor, Mariano Srur – UnchartedPatagonia

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Un paseo por el genuino Yorkshire de James Herriot

Un paseo por el genuino Yorkshire de James Herriot

Yorkshire, el mítico condado inglés de páramos desolados y colinas azotadas por el viento intratable del oeste, ha sido durante siglos escenario de numerosas obras de la literatura de todos los tiempos. Desde la famosa “Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë, pasando por el refugio del conde Drácula en la abadía de Whitby o la más reciente Retorno a Brideshead, cuya mansión fue llevada al cine gracias a la inmejorable presencia del castillo de Howard, en el norte de York. Pero hoy queremos acercarnos a estas tierras de la mano de un autor no menos conocido, aunque quizás sin el aura clásica de las obras anteriormente citadas. Nos referimos a James Herriot, el veterinario escocés que en los años treinta del pasado siglo consiguió una plaza en el pueblo de Thirsk, perdido en un anonimato total, para trabajar desde entonces como veterinario rural entre vacas, caballos, terneros y la galería entrañable de rudos granjeros del Yorkshire. Allí residió toda su vida, y en 1972 escribió la obra “Todas las Criaturas grandes y pequeñas” que le haría universalmente famoso. Un canto a la vida, al amor por los animales y a la belleza de unas tierras que parecen tocadas por el dedo de Dios. Os dejamos con esta prodigiosa selección de fotografías y fragmentos del libro, cargado a partes iguales de textos hilarantes y de sensibilidad, y que a buen seguro hará las delicias de cualquier amante de la naturaleza… De la naturaleza, y del fino humor inglés. ¡Feliz día!

 

1. Campos del Yorkshire. Autor, Davesag

Campos del Yorkshire. Autor, Davesag

2. Landas y muros de piedra. Autor, Tim Fields

Landas y muros de piedra. Autor, Tim Fields

3. Pueblo del Yorkshire. Autor, Mutbka

Pueblo del Yorkshire. Autor, Mutbka

4. Niebla sobre el río. Autor, Ben Bore

Niebla sobre el río. Autor, Ben Bore

5. Marea baja en la playa de Scarborough. Autor, Alm1

Marea baja en la playa de Scarborough. Autor, Alm1

“Apenas observaba el paso del tiempo mientras recorría los caminos bordeados de brezales en mis rondas diarias, pero el distrito empezaba a tomar forma ante mis ojos, e iba conociendo y distinguiendo a la gente en su auténtica personalidad. Casi todos los días tenía un pinchazo. Los neumáticos estaban prácticamente desgastados hasta el límite en todas las ruedas; lo que me maravillaba era que pudieran llevarme a cualquier parte.
Uno de los pocos refinamientos del coche era su techo descapotable. Rechinaba melancólicamente cuando lo retiraba pero casi siempre conducía sin techo, con las ventanillas bajas y en mangas de camisa, gozando del aire tan puro que me rodeaba. En los días húmedos apenas servía de nada correr el techo porque la lluvia entraba por las junturas formando riachuelos en mi regazo y en los asientos. Llegué a tener gran habilidad para zigzaguear alrededor de los charcos, ya que conducir en línea recta era una gran equivocación porque el agua fangosa ascendía hasta mí por los agujeros del suelo del coche”.

 

6. Un rincón de Thirsk, el pueblo de James Herriot. Autor, Reinholdbehringer

Un rincón de Thirsk, el pueblo de James Herriot. Autor, Reinholdbehringer

7. Castillo de Hemsley. Autor, Dvdbramhall

Castillo de Hemsley. Autor, Dvdbramhall

8. Landas y colinas típicas del Yorkshire. Autor, Seattleforge

Landas y colinas típicas del Yorkshire. Autor, Seattleforge

9. La iglesia de Leake, cerca de Thirsk. Autor, Dvdbramhall

La iglesia de Leake, cerca de Thirsk. Autor, Dvdbramhall

“Pero era un verano magnífico y las largas jornadas al aire libre dieron a mi piel un tono moreno que rivalizaba con el de los granjeros. Ni siquiera me molestaba tener que cambiar una rueda en aquellos caminos abiertos sin vallas, sin más compañía que los chorlitos y el viento cargado con el perfume de las flores y árboles de los valles. Y todavía hallaba más excusas para salir y sentarme sobre la hierba fresca y contemplar los tejados del Yorkshire. Era como ganar tiempo a la vida. Tiempo para ver las cosas en su debida perspectiva y evaluar mis progresos. Era una vida tan diferente de la anterior que en ocasiones me sentía confundido. Vivir en el campo después de haber recorrido durante años las calles de la ciudad; la sensación de alivio tras los años de estudios y exámenes… Y el trabajo, que suponía un desafío constante. Y además, mi jefe.
Siegfried Farnon se lanzaba al trabajo con una energía constante y vehemente de la mañana a la noche, y a menudo yo me preguntaba qué le impulsaba a hacerlo. No era el dinero, ya que lo trataba con muy poco respeto. Cuando se cobraban las facturas metía el dinero en aquel jarro sobre la repisa de la chimenea, y de allí lo cogía a puñados cuando lo necesitaba. Jamás lo vi utilizar una cartera; llevaba el bolsillo lleno de monedas sueltas y de billetes arrugados. Al sacar el termómetro, algunos salían revoloteando en torno como copos de nieve”.

 

10. Vistas desde el Castillo Howard, al norte de York. Autor, Jordanhill School

Vistas desde el Castillo de Howard, al norte de York. Autor, Jordanhill School

11. Viaducto de Arthington, en el río Wharfe. Autor, Tj. Blackwell

Viaducto de Arthington, en el río Wharfe. Autor, Tj. Blackwell

12. Paisaje costero desde el castillo de Scarborough. Autor, Clumsy_jim

Paisaje costero desde el castillo de Scarborough. Autor, Clumsy_jim

13. El pueblo de Hemsley, al norte del Yorkshire. Autor, Dvdbramhall

El pueblo de Hemsley, al norte del Yorkshire. Autor, Dvdbramhall

“La tierra llana en lo alto del páramo era una inmensidad blanca que se extendía hasta el horizonte, el cielo muy bajo sobre ella como una manta oscura. Vi la granja allá abajo, en una hondonada, y también parecía distinta, pequeña, remota, como un trozo de carbón caído entre los bultos blancos y suavizados de las colinas. El bosque de pinos era otra mancha oscura en las laderas, pero la escena carecía de la mayoría de sus rasgos familiares. (…) Era difícil caminar por la nieve y en algunos lugares me hundía hasta el borde de las botas. Seguí adelante con la cabeza inclinada hasta que me hallé a unos centenares de metros del edificio de piedra. Aquel frío estremecedor borraba la noción del tiempo. Había algo hipnótico en el modo en que los copos grandes y suaves caían silenciosos sobre mi piel cubriendo con una venda espesa mis ojos cerrados. (…)
Al llamar a la puerta me apoyé contra ella, la boca abierta, respirando con dificultad. Creo que el alivio que sentía bordeaba la histeria porque me pareció que, cuando me abrieran, lo más adecuado sería dejarme caer de cabeza dentro de la habitación. Ya veía en la imaginación el cuadro de toda la familia rodeando mi figura caída y atiborrándome de coñac”.

 

14. Mítico Yorkshire. Autor, Mike Showden

Mítico Yorkshire. Autor, Mike Showden

15. Otra vista del castillo Howard. Autor, Robbophotos

Otra vista del castillo Howard. Autor, Robbophotos

16. Los típicos muros de piedra del Yorkshire. Autor, Freefotouk

Los típicos muros de piedra del Yorkshire. Autor, Freefotouk

17. Otley, cerca de Leeds, en el Yorkshire occidental. . Autor, Tim Green

Otley, cerca de Leeds, en el Yorkshire occidental. . Autor, Tim Green

“Sin embargo, cuando la puerta se abrió, algo me mantuvo en pie. El señor Clayton me miró durante unos segundos, nada conmovido al parecer por la vista del hombre de las nieves.
– Ah, es usted, señor Herriot. No podía haber llegado en mejor momento. Acabo de terminar la cena. Espere un minuto para que me ponga algo. El animal está al otro lado del patio.
Buscó tras la puerta, se caló un sombrero viejo, se metió las manos en los bolsillos y se lanzó al exterior silbando. Descorrió el cerrojo del establo y, con profunda sensación de alivio, pasé del frío indecible, de los torbellinos de nieve, al calor del animal y al olor del heno. Mientras me libraba de la mochila cuatro bueyes de pelo largo me miraban tranquilamente por encima del tablón divisorio, sin dejar de mover las mandíbulas rítmicamente. Parecían tan impertérritos ante mi presencia como su propietario. Mostraban un poco de interés; nada más. Detrás de ellos vi un animal pequeño envuelto en sacos, de cuya nariz se escapaba una hemorragia purulenta”.

 

18. La campiña del Yorkshire, desde Richmond Castle. Autor, JeanM1

La campiña del Yorkshire, desde Richmond Castle. Autor, JeanM1

19. Río Wharfe. Autor, Bods

Río Wharfe. Autor, Bods

20. Un momento de reflexión. Autor, Pete98

Un momento de reflexión. Autor, Pete98

“Aquello me recordó la razón de mi visita. Cuando mis dedos ateridos buscaban el termómetro en el bolsillo, una ráfaga de viento hizo temblar la puerta cuyo cerrojo tintineó suavemente, y nos lanzó nieve en polvo al oscuro interior. El señor Clayton se volvió y frotó con la manga el cristal de la única ventanita. Hurgándose los dientes con la uña contempló la tormenta ululante.
– Ah – dijo, eructando con placer -. Un día bastante bueno…”.

 

Todos los textos han sido extraídos de la obra:
“Todas las Criaturas grandes y pequeñas”.
James Herriot. Editorial Grijalbo, 1974.

 

21. El mundo de James Herriot. Autor, Gruban

El mundo de James Herriot. Autor, Gruban

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Portugal y las Azores, las islas nacidas del fuego

Portugal y las Azores, las islas nacidas del fuego

De camino al continente americano las islas Azores se presentan al viajero como la última tierra, el Finisterre europeo antes de internarse definitivamente en las aguas vacías del Atlántico. Las nueve islas de este archipiélago volcánico tienen todo lo que un amante de la naturaleza exótica puede desear: bahías de idílico aspecto; volcanes dormidos perfilando unos conos de diseño perfecto contra la línea del horizonte; mares de niebla sobre las calderas de lava negra o gris; vegetación exuberante de hortensias, azaleas y otras plantas exóticas; acantilados de más de 200 metros recortados contra unas costas en la que desfilan numerosos pueblos de blanca estampa, destellando como faros a la luz de la mañana.

2. Paisaje costero en la Isla de São Miguel. Autor, Eduardowallenstein

Paisaje costero en la Isla de São Miguel. Autor, Eduardowallenstein

3. Lago de las Siete Ciudades. Isla de São Miguel. Autor, Plsg77

Lago de las Siete Ciudades. Isla de São Miguel. Autor, Plsg77

4. Isla Terceira. Autor, Frmorais

Isla Terceira. Autor, Frmorais

5. Ilhéu dos Mosteiros. Autor, Janelinhas

Ilhéu dos Mosteiros. Autor, Janelinhas

En la isla de São Miguel, la más grande del complejo, destacan montes como el Pico da Vara y sus 1150 metros de altura, auténtico mirador desde el que se puede abarcar una geografía fascinante de plantaciones de tabaco y té, cráteres convertidos en lagos de montaña y puntos calientes, aquellos en los que los habitantes de la isla preparan el tradicional “cozido” en una olla colocada directamente sobre la tierra.

 

6. Plantaciones de té. Autor, Janelinhas

Plantaciones de té. Autor, Janelinhas

7. Isla Pico y volcán Pico. Autor, MMcorreia

Isla de Pico y volcán Pico. Autor, MMcorreia

8. Tormenta sobre las islas. Autor, Rory Carter

Tormenta sobre las islas. Autor, Rory Carter

9. Un paseo por el puerto. Autor, Zak mc

Un paseo por el puerto. Autor, Zak mc

La isla Terceira forma parte del llamado grupo central y posee el mayor cráter del archipiélago, la caldera de Guilherme Moniz, espectacular concavidad de 15 km de diámetro rodeada de otros pequeños cráteres que hacen de esta zona una de las más visitadas de la isla. Pero más interesante aún es su curiosa historia de piratas, pues durante los siglos XVI y XVII Terceira y su puerto de Angra fueron un punto estratégico vital en la ruta de las indias. Los galeones españoles cargados de oro, plata y otras riquezas arribaban a Terceira mientras eran vigilados muy de cerca por escuadras piratas como la del famoso corsario inglés Francis Drake, lo que obligó a la construcción de fortificaciones defensivas para abortar los intentos depredatorios de los bucaneros (São Felipe, hoy llamada de São João Baptista, es quizás la más conocida de ellas) .

 

10. Escarpadas costas en la Isla de São Miguel. Autor, Mbarroso

Escarpadas costas en la Isla de São Miguel. Autor, Mbarroso

11. Pueblos de blanca estampa. Autor, Blvesboy

Pueblos de blanca estampa. Autor, Blvesboy

12. La primera luz del día. Playa en Faial. Autor, Arttmiss

La primera luz del día. Playa en Faial. Autor, Arttmiss

13. Vacas en la Isla de São Jorge. Autor, Aitor Salaberria

Vacas en la Isla de São Jorge. Autor, Aitor Salaberria

En el grupo más cercano a Portugal se encuentra Flores, nombre que alude a la lujuriosa vegetación existente y que la convierte, probablemente, en la más hermosa de todo el archipiélago. Constituye además un destino ideal para los amantes de la naturaleza y el senderismo, puesto que existen allí únicamente dos municipios, Santa Cruz das Flores, su capital, y Lajes das Flores en la costa sur. El interior de la isla, abundante en lagos, arroyos, cascadas y una exuberancia de plantas y animales inexistentes en el continente europeo, está prácticamente deshabitado.

 

14. Arenas negras. Autor, Jocampos

Arenas negras. Autor, Jocampos

15. Isla de São Miguel. Autor, Fingertips

Isla de São Miguel. Autor, Fingertips

16. Otra vista del volcán Pico. Autor, Peregrino27

Otra vista del volcán Pico. Autor, Peregrino27

17. Rincón de la Isla de las Flores. Autor,

Rincón de la Isla de Flores. Autor, anónimo

Para los que quieran disfrutar de una isla donde se aúnen en una sola definición lo mágico y lo cosmopolita, entonces su destino es Faial, la isla Azul. Su nombre alude a la infinita cantidad de setos de hortensias que se despliegan por toda su superficie, y que hacen de los recorridos senderistas un “florido” espectáculo de inolvidables resultados. Además de visitar el volcán Cabeço Gordo, y la Caldeira, el cráter principal de la isla, los turistas no olvidan nunca deambular por el entramado de calles y rincones de su capital, Horta, una de las localidades más bonitas y pintorescas no solo del archipiélago, sino también de todo Portugal.

18. El dedo de Dios. Autor, Mbarroso

El dedo de Dios. Autor, Mbarroso

19. Molino en la isla Graciosa. Autor, Zé Pinho

Molino en la isla Graciosa. Autor, Zé Pinho

20. Mar de nubes en la caldera de la isla Faial. Autor, Guillaume Baviere

Mar de nubes en la caldera de la isla Faial. Autor, Guillaume Baviere

Quizás la más espectacular de todas las islas Azores sea la de Pico. Alzándose prácticamente desde la superficie del mar, el volcán de Pico Alto es sin duda, con sus 2.352 m, la montaña más alta de Portugal. Al ser la más joven de las islas fue también una de las más difíciles de colonizar, y ésta es la razón de su extraño paisaje, salpicado de curiosas pirámides rocosas llamadas maraiças y que fueron levantadas durante siglos por los locales, a medida que iban retirando con mucho trabajo los bloques de lava del terreno: un duro trabajo que permitió finalmente el cultivo de esta tierra ingrata. Otros usos a los que fueron destinadas las rocas fueron, como es lógico, las viviendas tradicionales de la isla y la construcción de muros bajos para proteger los viñedos de la fuerza del viento marino.

21. Azores en blanco y negro. Autor, Blvesboy

Azores en blanco y negro. Autor, Blvesboy