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Sierra Morena y Don Quijote

sierra morena

For a long time… Nos diría Shakespeare describiendo las andanzas de algún personaje imaginario, adentrándose en la penumbra de los bosques de Yorkshire

Y por supuesto desde hace siglos lo tendríamos presente hoy con la importancia que requieren las grandes creaciones. Sin embargo, sin razón justificable, determinadas cosas, aun siendo de la misma calidad, parecen mejores si provienen de lejos o leídas en otro idioma.

El idioma y sobre todo su uso y expansión son la llave o el dígito que activan el conveniente flujo comercial tan necesario para el desarrollo de cualquier sociedad. Es ni más ni menos que el clic diario multiplicado por miles de millones de acciones simultáneas a cada instante en el conjunto del planeta promoviendo estilos de vida articulados por un mismo código de interacción que favorece con ventaja el colosal volumen de negocio promovido desde algo tan básico y esencial como un modo de comunicación.

Así de determinante es para el avance de las naciones y la propia evolución de sus habitantes, poseer una cultura cimentada por literatos capaces de atraer por su genialidad el interés de todo el mundo. Además de la genial capacidad de algunos pueblos para mostrar interesante y conveniente el valor de su cultura como lo más “top”, consiguiendo como ahora que todos entendamos top en el mundo entero, incluso sin hablar inglés.

En cualquier caso, hace mucho tiempo que aquí se escribe con tanta genialidad o más que en cualquier lugar de la Tierra.

Don Quijote no habla inglés, y estoy convencido de que no tendría ningún problema en hacerlo con la misma curiosidad por aprender que poseen los talentos como el de Cervantes.

Ahora que todo tiende a globalizarse, o ya lo está, encontrar no sólo a un personaje tan irrepetible como el Quijote, y que además podamos situarlo en los espacios físicos reales que inspiraron al escritor, es algo extraordinario que se traduce en la experiencia curiosa y privilegiada de aunar sensaciones, disfrutando a la vez de bellísimos parajes naturales cargados de un tránsito histórico tan viejo como la propia humanidad.

Descritos a la vez por el personaje y un novelista que no es cualquiera. Nada más que el primero o el creador de la novela moderna, en un idioma tan traducido a todos que, por culto y original, él mismo se hizo y lo hace universal.

Suena fascinante que todavía nos queden sitios por descubrir cómo es la propia Sierra Morena, a caballo entre Andalucía y Castilla La Mancha, con un inmenso valor natural conjugado con una de las mejores obras de la literatura.

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Sierra Morena, es sobre todo el mejor bosque mediterráneo del planeta

Y el espacio natural más grande de Europa. Con la sucesión de espacios protegidos que la componen, se calculan más de medio millón de hectáreas, mayor que la dimensión de La Selva Negra alemana, considerado uno de los grandes espacios naturales protegidos de Europa.

Y en este aspecto biológico cabe siempre contar la magnitud de Sierra Morena con las vecinas sierras de Cazorla, Segura, Las Villas, Castril y Alcaraz. Paraísos naturales magníficos e inseparables.

Espacio que merece por sí sólo la dedicación de cuantas obras especializadas en temas medioambientales requiera. Glorificado además por la creatividad de Cervantes. Motivo de alegría para cuantos amamos y disfrutamos la naturaleza y el arte, que junto con el tesoro histórico que ha transcurrido por estos montes desde la aparición de la escritura, bien puede considerarse Patrimonio de la Humanidad, tanto como Reserva de la Biosfera como lugar de inspiración del mayor literato en idioma español.

Cuatro capítulos seguidos dedicó el escritor a estos parajes además de otros intercalados por la novela. Espacio bien conocido por su obligación de cruzarlo varias veces en su vida, necesitando el oficio de recaudador de impuestos para la Armada Invencible. Como tantas cosas en su vida, difícil tarea e ingrata ocupación la de intentar recuperar caudales morosos y atrasados. Qué sabemos si el destino se lo puso así de difícil o así de necesario para que su mente o más bien su ser, tan ansioso de una vida mejor, azuzasen más que estimular su imaginación para liberarse en Don Quijote.

La medicina o la psicología, nos dicen que en determinadas circunstancias las mentes prisioneras de la insatisfacción, la frustración o las carencias, reaccionan a través de la creatividad como escape de la cruda realidad.

Curioso y casual una de tantas sentencias cervantinas: “El hambre agudiza el ingenio”. Y no menos misteriosa la casualidad de que en su deambular por la sierra, contemplase el sobrecogedor cortejo fúnebre del traslado del cadáver de San Juan de la Cruz.

Alguien también, que, desde la cárcel de una castrante y opresiva sociedad, sublimó la necesidad de libertad de su espíritu para que brotara en prisión la mejor poesía mística de Occidente.

Hecho que, como tantos otros de su errática existencia, inspiró el conocido capítulo en el cual vemos leyendo la noche de la sierra, sorprendidos por luces desconocidas, murmullos de una comitiva serpenteando por el monte, alucinando al caballero y acojonando al escudero.

sierra morena andalucia

la cimbarra

aguila sierra morena

Sierra Morena está reconocida por la UNESCO como el mejor lugar del planeta para contemplar las noches estrelladas

No es de extrañar que, en un paraíso tan alejado de la impositiva Santa Hermandad, pudiera expresarnos consciente o inconscientemente tanto deseo o necesidad de libertad. Convirtiendo al Quijote en bandolero. Refugiado en la sierra. Porque esta sierra nos dice muchísimo más que la célebre penitencia. El escritor justifica al personaje y a sí mismo. Encontrando en el recurso de la locura, el medio para la cuerda filosofía, eludiendo el fanatismo mortal de la intransigente Inquisición.

Es extraño que no aparezca el lobo. O bien Cervantes nunca los divisó, o no surgió en su imaginación. Hoy uno de los grandes tesoros de la fauna mundial, señor de la Sierra y de la gran riqueza faunística y botánica de estos parajes mágicos copados de humanidad.

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“El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha”… el primer libro de viajes de la historia

Descubrir a través de Cardenio que están en plena Andalucía, deduciendo sin mucha dificultad que si nos dice que su padre es un poderoso duque de una de las más destacadas ciudades donde se crían los mejores caballos del Reino. Y en Córdoba todavía perduran las Caballerizas Reales; bien claro está que nos dice mucho con muy poco. Sobre todo, que el caballero de La Mancha, temía nombrar la poderosa Andalucía, sintiéndose más seguro en su locura manchega.

Algo despistado en su transitoria libertad de Sierra Morena, nos revela detalles tan curiosos como este y tantos otros que este apasionante libro de aventuras y acertijos nos transmite, invitándonos ahora como la más elaborada guía de viajes, a disfrutar tanto o más que el caballero, de un paraíso histórico y natural, sorprendente y único en el mundo, ennoblecido por la creatividad de Cervantes.

Debéis saber lo mucho que vale esta sierra y debéis leer lo mucho que nos dice el genial novelista. Cuando descubráis el placer de pasear estos parajes y recrear las descripciones, viviréis algo excepcional.

Por sí misma ya es un espacio excepcional capaz de dar contenido a los mejores volúmenes de botánica, fauna, etnografía, historia y literatura.

La esencia de la cultura española retratada por el genial Cervantes, ambientada en uno de los paisajes más bellos de Europa. Destacable por la bondad de su clima y la magnitud de sus dimensiones.

Pretender contenerlo en estas breves palabras es ofender su riqueza y sus valores. Reconocerlo como un espacio que contiene un potencial de recursos incalculables, es motivo más que suficiente para protegerlo y disfrutarlo como merece y merecemos.

Gracias a Cervantes por contribuir a conservarlo. Como a tantos otros que desde el anonimato lo llevan haciendo desde hace siglos. Desde el que planta bellotas hasta el que divulga sus valores.

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Se nos ocurren muchos más motivos para descubrir Sierra Morena, pero dejaremos que seas tu quién complete estas razones con tus propias experiencias, seguro que no te faltarán.

Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano ©

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Un paseo por la Ciudad Encantada de Cuenca

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La magia de la naturaleza

En pleno Parque de la Serranía de Cuenca, en la localidad de Valdecabras, se encuentra la Ciudad Encantada de Cuenca, declarada Sitio Natural de Interés Nacional en 1929. Este parque, cuyo origen se remonta hace 90 millones de años en el fondo del mar de Thetis, es uno de los enclaves más importantes para conocer y entender el proceso geológico del karst y disfrutar de sus curiosas formaciones.

El tipo de formaciones de la Ciudad Encantada de Cuenca son lo que se conoce como kársticas. Su origen cabe situarlo durante el Cretácico, hace aproximadamente 90 millones de años. En ese momento el mar de Thetis cubría prácticamente toda la península ibérica. Aguas tranquilas con gran deposición de sales, sobre todo carbonato cálcico que provenía de los esqueletos de animales.

Posteriormente todo ese fondo fue emergiendo hacia la superficie y los bancos de sales se convirtieron en piedra caliza que, a merced de los elementos, fueron progresivamente erosionando la roca.
La permeabilidad de esta, junto con la acción del dióxido de carbono, la disolvió, formando en su interior galerías y originando las caprichosas formaciones de este lugar encantado.

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Un recorrido repleto de curiosidades

Cabe destacar que para visitar la Ciudad Encantada solo existe un recorrido circular de unos tres kilómetros aproximadamente. Unos 90 minutos de paseo.
Se trata de un recorrido sencillo y, por supuesto, bien señalizado, que se puede realizar por cuenta propia o con los servicios de un guía experimentado.

Cada una de las figuras del camino tiene unas formas caprichosas que recuerdan a animales y elementos del mundo real, y que han originado un nombre sugerente para cada una de ellas.

El Tormo Alto, por ejemplo, es uno de los mayores símbolos de Cuenca. Su nombre proviene del latín tumulus, que hace referencia a una roca prominente. Su forma recuerda a una seta y se repite con frecuencia a lo largo de todo el recorrido.

Los Barcos recuerdan a tres grandes barcos esperando en el puerto.

El Perro es una roca que ha sido moldeada de manera caprichosa hasta dejarle un hocico redondeado y un rabo cortado.

El Puente Romano descubre un arco de medio punto que indica, probablemente, el lugar por donde antes discurría una corriente de agua.

En la Cara del Hombre es posible vislumbrar los ojos, la nariz, los pómulos, la barbilla, los labios y el cuello de una persona. Se ha convertido en uno de los principales objetivos de los fotógrafos.

La Foca nos marca el inicio de una red de callejones oscuros que nos llevan a las profundidades de la Ciudad Encantada, empezando por la zona conocida como El Tobogán, una gran hendidura y uno de los rincones más espectaculares.

A continuación, el Mar de Piedra, la Lucha entre el Elefante y el Cocodrilo, el Convento, la Tortuga, los Osos, y los Amantes de Teruel, última parte del recorrido y que simboliza el amor imposible entre dos jóvenes.

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Datos imprescindibles y todo un entorno por descubrir

La Ciudad Encantada de Cuenca abre todos los días del año, aunque sus horarios varían en función de la época y por ello es importante consultarlos.

Sin duda se trata de un destino ideal para visitar con niños, que en el caso de ser menores de siete años no pagan entrada. Se encuentra a tan solo 30 kilómetros de la ciudad Cuenca. Para llegar se debe tomar la carretera CM-2105 y después la CM-2104. Dispone de un aparcamiento público y gratuito.

Por cierto, se admite la entrada de mascotas.

Si vas a visitar la zona, esta te ofrece multitud de opciones. Antes de llegar, por ejemplo, por la carretera CM-2104 se encuentra el Ventano del Diablo, un doble ventanal desde el que es posible contemplar las vistas de la hoz del rio Júcar.

Se encuentra al pie de la carretera que une el pueblo de Villalba de la Sierra con la Ciudad Encantada de Cuenca. Al entrar en la rampa que conduce a la boca del Ventano del Diablo, un amplio espacio, público y gratuito, sirve de aparcamiento. El mirador tiene aproximadamente unos 200 metros de altura. Siempre con mucha precaución, es un lugar al que se puede acceder con niños y mascotas.

Además de albergar un bellísimo paisaje es, también, un lugar ideal para practicar escalada en su conocida vía ferrata.

Lugares como el Parque Cinegético Experimental de El Hosquillo o la Reserva natural de la Laguna del Marquesado, un enclave botánico de gran belleza, te permitirán disfrutar de bellas especies de flora y fauna.

En las lagunas del Tobar, de Cañada del Hoyo o de Uña o las Torcas de los Palancares, podrás descubrir otro tipo de efecto de la erosión de la caliza que forma una especie de cráteres o depresiones circulares.

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Letur, la joya del Segura

puerta del sol letur

Un patrimonio cultural y natural impresionante

Declarado Conjunto Histórico Artístico, Letur es uno de los pueblos más bellos de España gracias a su peculiar estructura urbana, herencia del legado andalusí y un fértil territorio.

El pueblo está ubicado en plena Sierra del Segura sobre un cerro con varios miradores con vistas impresionantes. Su excelente enclave facilitó que haya estado poblado desde el Paleolítico, como atestiguan sus manifestaciones de Arte Rupestre Levantino – Patrimonio de la Humanidad– o los yacimientos ibéricos del Macalón, La Muela o Los Castillicos.

letur

Debe ser observado a distancia para apreciar el conjunto de sus cualidades. Caminar por su entorno, es, aunque parezca mentira, reencontrarse con lo mejor del pasado. Con aquello valioso que, en el arrebatado progreso, hemos ido perdiendo, sin darnos cuenta por el camino.

Detrás del pueblo, donde sólo sus habitantes saben que está, todavía existe el auténtico paisaje de bancales árabes que ha alimentado a la población desde que aquí se establecieron hace siglos los bereberes norteafricanos.

Los que encantaban las aguas transformándolas en acequias, albercas, fuentes, jardines, huertos. Todo escalonado perfectamente encajado en las aprovechadas laderas que sostienen el pueblo y encajonan el río. Que a su vez de multiplica en este entorno en un dédalo de regatos hasta regar el último rincón aprovechable y producir los siglos de historia que hoy nos ofrecen a Letur como una joya escondida del destierro nazarí.

En otoño, cuando los días cálidos de temperatura suave van dorando los árboles de ribera y todavía los huertos multiplican el colorido de sus últimos frutos, es más que saludable recorrer estos parajes de auténtico ensueño. Porque parece que lo que ves existió antes sin parecer posible ahora. Donde ya no es fácil encontrar lo que describo y además, esos magníficos rebaños de cabras que a su vez producen una de las mejores leches ecológicas de España. La cual deseo halagar sin mayor interés que destacar su merecida calidad como uno de los productos de los que sentirse orgulloso en Letur y en nuestro país. Lo bien hecho merece ser reconocido.

Toda la salud de las medicinales plantas de esta sierra, digerida por las cabras y transformada en uno de los gratos productos del Cantero de Letur, son otra de las buenas razones para descubrir y disfrutar este lugar único y encantador.

agua letur naturaleza

Santa Maria de la Asuncion Letur

puerta del sol letur

Poco a poco, el turismo, la mejor formación de sus moradores. Los jóvenes con iniciativa e inquietudes que estudian fuera, que viajan y contrastan, van trayendo ese espíritu conservacionista e innovador que pone en valor la esencia, la personalidad y el gran potencial de esta villa para disfrute de todos.

Tanto su entorno natural tan íntimamente unido a su trayectoria histórica sobre todo medieval con árabes y cristianos. Con sus huertos y rebaños, y sus magníficas alfombras de nudo español, únicas en el mundo, realizadas con la mejor lana que en aquel tiempo valoraba Europa como un lujo; hoy como las joyas que son, pueden apreciarse en los más exclusivos museos y colecciones privadas.

Letur conserva sin ninguna duda el mejor entramado urbano de origen árabe de toda la Sierra del Segura. Destacando por la peculiaridad única de «los portalicos». Solución constructiva de carácter popular que de forma práctica e ingeniosa resolvía la doble o triple función de dar acceso a varias viviendas sin necesidad de emplear más medios de los imprescindibles.

Bella arquitectura popular que de algún modo no debe diferenciarse de lo académico en cuanto que merece la categoría de ingenio humano, al igual que las palabras surgidas de la necesidad de comunicación de la gente, llegan a la Academia, para entretenimiento de académicos que las pulen, sacan brillo y aparentemente dan esplendor, que ya traían por sí solas.

Lo popular que mantiene su autenticidad, que nace de la inteligencia y se integra, adapta y embellece el entorno, como es el caso de Letur, merece tanta o mayor consideración que aquello supuestamente superior, realizado con mayor comodidad de medios.

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Encontrarlo aquí cada día es uno de los grandes placeres de viajar

Es sorprendente como casi asomados a un desierto en este áspero clima tantas veces árido, abrasador y frío. Aquí hay un oasis, un vergel, un paraíso. Un lugar agradable, hermoso, acogedor. Simpático. Que se hace querer recorriendo sus cuidados rincones. Calles empedradas, fachadas de estilo tradicional, entorno rural de los más bonitos y potencialmente de los más valiosos como ejemplo mantenido en el tiempo del transcurso de la actividad humana por estas tierras.

Mirar Letur desde la distancia, encaramado en las rocas, regado por el río, alimentado por los huertos y acompañado por las cabras, es tan entrañable como recordad cuando uno era pequeño, aquellos Belenes de la infancia que recreaban paisajes rurales que nos parecían porque así lo veíamos, recreados, fantasía, irreales.

Hay que pasear sus calles sin prisa. Sus campos con ganas. Conocer su historia. Disfrutar de este lugar que algunos dirán que emana energía positiva y que yo percibo como buen rollo. Sobre todo, por eso. Por lo que os acabo de contar y porque noto en su esencia, ganas de recuperar la dignidad de su estética tradicional proyectándose al futuro como adaptación para superarse y sobrevivir como lo lleva haciendo durante cientos de años.

Ese maravilloso mundo rural que nos da sobre todo salud. Física, emocional, sensorial.

Probadlo y ya veréis. Daos una vuelta en primavera oyendo los cencerros de las cabras, contemplando la multitud de hierbas, flores y arbustos que se mezclan el monte y los huertos, acompañados por el permanente sonido del revitalizante sonido del agua.

Pasead una mañana soleada de invierno por sus tranquilas calles, que parecen todas, pasillos y estancias de una sola casa repleta de encantadores patios, y miradores al campo.

Letur es la magia de reencontrarte con tu esencia. La belleza preservada de lo rural.

 

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Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano para sabersabor.es ©

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Por el Camino Natural del Guadiana

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El Guadiana es un río internacional: nace en las Lagunas de Ruidera, recorre España en suave declive, hasta adentrarse en Portugal, y desemboca cómo frontera natural en el océano Atlántico


En los próximos reportajes os vamos a proponer realizar un recorrido por el Camino Natural del Guadiana, un sendero con más de 850 Km (divididos en un total de 44 etapas) acondicionado con múltiples infraestructuras, con puentes, pasos de arroyo, miradores, zonas de descanso y bancos, entre otros elementos, que puede ser recorrido a pie, a caballo y en bicicleta de montaña.

Una maravillosa forma de acercarse al inmenso patrimonio ecológico, histórico, cultural y paisajístico de los territorios de la cuenca del río Guadiana.

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El origen del río Guadiana es uno de esos enigmas que nos alegraron los días de escuela y nos hicieron soñar con profundos agujeros y kilómetros de misterioso viaje subterráneo a lo Julio Verne.

Las discusiones sobre el nacimiento del río Guadiana han llenado cientos de páginas en revistas y libros, y aunque no hay una certeza científica contundente, se ha acordado que no hay un punto concreto, sino una cuna compartida por varios ríos y arroyos, una docena de lagunas y algunos acuíferos subterráneos. La discusión puede darse por zanjada, pero la expresión “ser como el Guadiana” para referirse a cualquier cosa que desaparece y reaparece de improviso ya forma parte de nuestra lengua.

Las lagunas de Ruidera se consideran desde hace mucho tiempo la fuente principal del Guadiana, así que nada mejor que elegir la Laguna Blanca (Villahermosa) —la primera de las quince que forman este sorprendente complejo lagunar— para situar el arranque del Camino Natural del Guadiana.

Después de acompañar al Guadiana Alto durante medio centenar de kilómetros, las aguas desaparecen tragadas por la tierra en Argamasilla de Alba, y habrá que atravesar kilómetros de campos en apariencia áridos para reencontrarse con ellas en los Ojos del Guadiana.

Allí, el agua aflora y forma un rosario de lagunas que dan forma a las insólitas Tablas de Daimiel. La palabra oasis es la más acertada para describir estas lagunas en el corazón de la reseca Mancha. Este contraste entre humedales y aridez es un sello de identidad del Guadiana, cuyas aguas se ven detenidas sucesivamente en los embalses de Puente Navarro y de Vicario, en la provincia de Ciudad Real, en el Cíjara, García de Sola, Orellana y Montijo, en la de Badajoz, y en el embalse portugués de Alqueva, el mayor de Europa.

Tal sucesión de “mares interiores” explica por qué la cuenca del Guadiana se ha convertido en un refugio botánico y de fauna, en la que sobresale una ingente cantidad de aves invernantes. El Guadiana es un río lleno de singularidades, y la primera es su nombre mestizo, que refleja el constante paso de diferentes civilizaciones por la península. Los romanos lo bautizaron como Fluminus Anae (“río de los patos”) y los árabes sólo cambiaron la palabra fluminus por su equivalente árabe, uadi.

El tiempo y el uso hizo el resto para llegar a su nombre actual. Un catálogo interminable de testigos de ambas civilizaciones pueden encontrarse a lo largo del Camino Natural: puentes romanos como el de la antigua Emerita Augusta , la actual Mérida, balnearios, calzadas y villas romanas, fortalezas árabes como las de Peñarroya y Cuncos, o, ya más avanzada la Historia, castillos que tuvieron un papel importante en el tránsito hacia la Edad Moderna, como el de Medellín, fundamental en la Guerra de Sucesión castellana.

Tablas de Daimiel

Humedales de La Mancha


El Camino Natural del Guadiana atraviesa espacios naturales protegidos y de la Red Natura 2000


Desde Laguna Blanca hasta Villanueva del Fresno, donde el río se hace portugués, el Camino Natural se desarrolla de forma ininterrumpida.

En Villanueva del Fresno, como si de una metáfora del propio Guadiana se tratase, el Camino “desaparece” y aparece de nuevo cuando el río regresa de tierras lusitanas para convertirse en frontera entre ambos países, concretamente en la Casa Cuartel de Cañaveral, un antiguo cuartel de carabineros convertido en albergue. El itinerario continua cuatro etapas más por tierras onubenses hasta su punto final, la localidad de Ayamonte, donde el río vierte sus aguas en el Atlántico.

Pero, ¿cuánto se tarda en realizar todo el recorrido del Camino Natural el Guadiana? Calculamos que en cubrir todo el recorrido se tardan unas cuarenta jornadas si vais a pie, y la mitad más o menos si viajáis en bicicleta.

Otra forma de disfrutar de este gran sendero por la cuenca del Guadiana, es realizando las rutas turísticas próximas a algunos de sus tramos, tales como la “Ruta de la Plata” a su paso por tierras extremeñas, la “Ruta del Quijote”, que sigue los pasos literarios del mítico personaje recorriendo vías pecuarias, caminos históricos, vías verdes, cañadas, cordeles y veredas; escenarios reales de sus aventuras por La Mancha.

También se pueden recorrer algunas de las Vías Verdes, antiguos trazados ferroviarios acondicionados para el disfrute de la población, como las que discurren por Badajoz y Huelva, donde también se puede seguir la “Ruta del Contrabandista” por veredas y antiguos caminos frecuentados por este tipo de traficantes.

Un completo y variado recorrido donde disfrutaréis de un inmenso abanico de posibilidades y en el que es difícil no encontrar alicientes que os hagan embarcar en este largo y emocionante paseo.

camino natural del Guadiana bicicleta

Humedales de La Mancha

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Lagunas de Ruidera, paisajes de Francisco García Pavón

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No es un espejismo. La belleza húmeda y agreste que nos embruja surge de improviso en el Campo de Montiel, con las lagunas de Ruidera, dispuestas a despojar del estereotipo de seca a La Mancha


La biografía de las aguas de Ruidera es rarísima en este rodal del Campo de Montiel. El que haya una lagunas tan nórdicas y hermosas en tierra tan poco lagunera como es España, y no digamos en esta altiplanicie manchega, ya es notable. Pero la manera que tiene de comportarse el Guadiana desde su alumbramiento hasta renacer en los Ojos del Guadiana, junto a Villarrubia de los Ojos, supone la historia de río más única que se conoce.

Y es que en La Mancha -la gente no se fija- todo es bastante raro.

Desde que el Guadiana toma forma de río y deja las Lagunas de Ruidera, después de la Cenagosa, ya pasada la aldea de Ruidera, y empieza a caminar enclenque por todos aquellos campos de Montiel, sin mayores fuerzas antaño, que para mover los molinos del Membrillo, el Curro, Santa María, San Juan, San José y ahora, para llenar cuando puede la presa del Pantano de Peñarroya, es toda una crónica.
Río canijo, cruzable en dos brazadas, que discurre entre juncos: el negro, el común, el bolita, y el de sapo. Entre bayunguillos y juncias redondas o castañuelas; a veces flanqueado de álamos blancos y negros, chopos lombardos y bastardos.

Y así que sus estrechas aguas alcanzan la gran anchura de San Juan, tierras calizas y esponjosas, empiezan sus filtraciones, y fatiga. Cruza el pueblo de Argamasilla de Alba sin aliento y, al llegar al molino de la Membrilla, lo traga la tierra y bajo ella camina siete leguas (unos 40 km) hasta resalir, como lágrimas abundosas, por los Ojos del Guadiana.

Ya decía Plinio el latino o el viejo, según, (no Manuel González, “Plinio” el de Tomelloso), que el río Anas –Wādi Ana, para los árabes- tenía en la llanura un puente de siete leguas sobre el que pastaban los rebaños.

Sin embargo, los sabios posteriores, aseguran que esas aguas resurgentes que lavan los Ojos de Villarrubia, no son todas las que se tragó el terreno por las llanezas de San Juan, del Guadiana Alto, sino que una buena parte son recaudo de las nuevas filtraciones de las lluvias en el llano manchego. Es decir, que aquel Guadiana que renace junto a Daimiel, y engorda en su largo camino hasta pasar por Badajoz y Portugal como río señor, tiene poco que ver con el maravilloso espacio natural de las Lagunas de Ruidera, lleno de vicisitudes y escamoteos.

“…Según el color del travertino sea dorado o gris azulado o verdoso, cada laguna parece un topacio o una perla o un zafiro o una esmeralda. Tan transparente es el agua, que, desde las alturas, se puede ver el vientre nacarado de las carpas. En torno, el silencio es tan profundo que se oiría el paso del tiempo si no se oyera algo mejor de cuando en cuando: un silbo de un pastor…” (Vítor de la Serna. Nuevo Viaje de España. La Vía del Calatraveño. V)

Las Lagunas de Ruidera parecen pedir un contorno lírico; o tremebundo o infernario. Pero estas aguas están rodeadas de un paisaje manchego, de pocas alturas, sin verduras líricas ni rincones plácidos.
Monte bajo, cuñas arcillosas, tierra rota, sin disfrute ni bucolismo. Humildes paisajes de salvias, espartos, tomillos y romeros color verde viejo. Esoliegues, marrubios y lentiscos. Espinos, aliagas y velerzas.

Paisaje villano y desarreglado, que sin los montes que le talaron hace años, no resulta encuadre adecuado a la suavidad de las aguas.

Contraste de rodeos cabrerizos con aguas lunarias. Colación de hadas frígidas entre lentiscos y cagarrutas. Los romanos y romanas blanquísimos que se bañaron aquí, dejaron las ropas terragosas y guerreras en las orillas del lagunario.

Este contraste de aguas tersas y tierra desmañada, cuaja en belleza desusada, que punza con escalofríos chuscos y líricos, negros y luminares, como el viaje de Don Quijote entre cabrahígos y murciélagos, hasta el cuerpo insepulto de Durandarte. Sí; no extraña que Cervantes viese este panorama del alto Guadiana como obra merlinesca, que trocó a un escudero en río y a las hijas y sobrinas de la dueña Ruidera en lagunas.

Las lagunas son magia tétrica, cuerpos enaguados, insepultos. Un cuerpo de Durandarte mil veces repetido bajo las aguas. Una procesión de muertos palidísimos romanos y carolingios diciendo durante siglos la historia de sus amores frigorificados.

Y fuera, las ropas pastoreñas, las monteras y los zurrones esparcidos por los montes, las esquilas oxidadas de mil rebaños seculares entre los lentiscos, como frutos perdidos.

“… y yo prosigo mi viaje; pronto va a tocar a su término. Las lagunas de Ruidera comienzan a descubrir, entre las vertientes verdes y rojizas, sus claros, azules, sosegados, limpios espejos. El camino da una revuelta; allozos en flor – flores rojas; flores pálidas, bordean sus márgenes. Allá en lo alto, aparecen las viviendas blancas de la aldea de Ruidera; dominándolas, protegiéndolas, surge sobre el añil del cielo, un caserón vetusto…” (Azorín. La ruta de don Quijote. X)


Textos extraídos de la obra “Voces en Ruidera”, de Francisco García Pavón


Os invitamos a conocer las Lagunas de Ruidera a través de esta visita virtual:


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Visita virtual por la Ruta de los Bombos de Tomelloso

Bombo Tomelloso

Un patrimonio cultural y etnográfico sencillamente impresionante


Hoy viajamos hasta la ciudad conocida como “Atenas de La Mancha”, no en vano luce orgullosa un bagaje cultural de primer nivel: Antonio López García, Antonio López Torres, Eladio Cabañero, Félix Grande, Francisco García Pavón y un largo etcétera hacen de Tomelloso un lugar plagado de magistrales plumas literarias y pinceles

Situada en plena tierra del Quijote, consciente de su pasado y cultura, conserva todos los valores y tradiciones que su historia le aporta y se reconoce, como no puede ser de otro modo, ciudad manchega que contempló las andanzas de aquel hidalgo nacido de la ilustre mente de Cervantes.

Más reciente es el detonante último de la enorme expansión del cultivo de la vid en estas tierras y en La Mancha en general, que no fue otro que la muy desastrosa plaga de filoxera que afectó a los viñedos franceses en la segunda mitad del siglo XIX.

Una oportunidad única y propicia para atender a un mercado que se había quedado totalmente desabastecido y que Tomelloso supo aprovechar. Testigos de esta rocambolesca historia, encontramos en este viaje sus numerosos bombos entre viñedos y campos, que nos hablan de una vida dedicada al cultivo de la vid y a exprimir su delicioso zumo: el vino.

Os invito a conocer de primera mano la historia de estos auténticos museos a través de una visita virtual por la Ruta de los Bombos de Tomelloso. Comenzamos.


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Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

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Naturaleza en Castilla – La Mancha (2ª parte)

Seguimos recorriendo los paisajes naturales que muestran el esplendor de Castilla – La Mancha, perfectos para cualquier escapada


PARQUE NATURAL DE VALLE DE ALCUDIA Y SIERRA MADRONA


El Valle de Alcudia es un lugar infinito, de suaves sierras de cuarcita e inmensas praderas que atrajeron hace siglos a enormes rebaños de ovejas en invierno para disfrutar de su clima suave y de sus pastos. Un lugar donde disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad. Pero en el Valle de Alcudia también podemos admirar sus bosques mediterráneos de robles, alcornocales, quejigos, madroños o encinas de porte majestuoso, algunas centenarias y milenarias. La riqueza paisajística de sus parajes se combina con más de cien especies de aves entre las que destacan las imponentes águila imperial ibérica, el buitre negro y la cigüeña negra, y fauna como el huidizo lince ibérico y la cabra ibérica, entre majadas, pastizales y bosques.
Sierra Madrona constituida por un relieve quebrado, crestones y pedrizas, con numerosos ríos y arroyos que serpentean contribuyendo a enriquecer el paisaje con los colores cambiantes de su vegetación y vertiendo sus aguas a los grandes ríos Guadiana o Guadalquivir. La zona presenta un número muy importante de puntos de interés geológico de diversa naturaleza como hoces, cañones y cluses fluviales, cascadas naturales, humedales estacionales o permanentes, pedrizas y crestones cuarcíticos relevantes, escarpes naturales, cavidades naturales, formas de origen volcánico y formas periglaciares pleistocenas notables.

El Valle también alberga manifestaciones de vulcanismo, que nos trasladan a un pasado geológico muy remoto, como son los monumentos naturales de Los Castillejos en la Bienvenida, o la laguna volcánica de La Alberquilla entre otros.
Acoge además manifestaciones y asentamientos desde la prehistoria hasta nuestros días: arte esquemático, yacimientos ibero-romanos, ventas cervantinas y de trashumancia, arqueología minera del XVIII y vestigios de oficios como carboneros, apicultores, pastores…
Y se ha convertido en un destino ideal para la observación del firmamento, astroturismo, por la escasa contaminación lumínica de sus cielos.





LA MANCHA HÚMEDA


Situada entre las provincias de Toledo, Cuenca y Ciudad – Real, la Mancha Húmeda alberga el complejo de lagunas salinas más extenso e importante de la Península Ibérica, con lagunas como la de Manjavacas en Mota del Cuervo, la Veguilla y Camino de Villafranca en Alcázar de San Juan, Salicor en Campo de Criptana, Laguna Grande de Quero, Peñahueca en Villacañas, Laguna Chica y la de la Sal en Villafranca de los Caballeros o las de la Vega y Retamar en Pedro Muñoz. Algunas de ellas son ideales para recorrer caminando sus orillas, conocer sus más que interesantes centros interpretación e incluso para tomar un baño y refrescarse en verano, como en las lagunas de Villafranca de los Caballeros.
Pero el principal atractivo de estas lagunas es la presencia de aves acuáticas y esteparias entre prados de albardín, una planta de suelos salinos parecida al esparto, así encontramos especies de aves estivales cómo el zampullín cuellinegro, malvasía cabeciblanca, cigüeñuela, avoceta, canastera, chorlitejo chico, pagaza piconera, chorlitejo patinegro y calamón, y aves invernantes cómo tarro blancos, aguja colinegra, archibebe común, zarapito real y andarrios grande, entre las más peculiares.
Además, podemos disfrutar del espectáculo de los flamencos que suelen desplazarse de unas lagunas a otras en determinadas épocas del año.





PARQUE NATURAL DE LAGUNAS DE RUIDERA


Aquel viajero que acude por primera vez a Ruidera y sus lagunas, cuando lo hace desde la llanura manchega, vasta y extensa, percibe la sensación de acudir a un oasis, un remanso de paz, bálsamo contra el frenético ritmo. «Y con Guadiana vuestro escudero, y con la dueña Ruidera, y sus siete hijas y dos sobrinas y con muchos de vuestros conocidos y amigos nos tiene aquí encantados el sabio Merlín a muchos años; y aunque pasan de quinientos no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente falta Ruidera y sus hijas, y sobrinas, las cuales lloran, por compasión que debió tener Merlin de ellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de La Mancha las llaman Las lagunas de Ruidera…”, Don Quijote de La Mancha, Capítulo XXIII, parte II, Miguel de Cervantes.

Más allá de las poéticas descripciones cervantinas, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, enclavado en el Campo de Montiel, forma uno de los espacios naturales más interesantes de Castilla – La Mancha.
Un rosario de bellas lagunas, en la cabecera del Río Guadiana, que además de todo un espectáculo para los sentidos, son una curiosidad ecológica y geológica de primer orden tanto en España como en todo el ámbito europeo. Solo existe un ejemplo similar en los Lagos de Plitvice, Croacia.
El valor paisajístico y la especial belleza de las Lagunas de Ruidera se debe al intensísimo color de sus 15 lagunas: unas veces azul turquesa, otras verde cristalino, más propio de la idea que todos tenemos de lugares exóticos y tropicales. Y a las espectaculares y singulares barreras tobáceas: los travertinos, roca de gran fragilidad e indispensable protección.
El paisaje vegetal del Parque es muy diverso, abarcando desde formaciones boscosas autóctonas hasta una vegetación palustre. Las laderas y zonas altas están ocupadas por grandes encinas, carrascas, sabina albar y enebros.
Y referente a la fauna, más de 250 especies de vertebrados habitan en el Parque. De ellas, los mamíferos, por sus hábitos escondidizos y crepusculares, son los más difíciles de observar. Sin embargo, las aves, sobre todo las acuáticas, rápidamente llaman la atención. La mayoría se esconde entre la vegetación palustre que rodea la lámina de agua, como el rascón, la gallineta o el carricero tordal, cuyo inconfundible canto anima el carrizal. Entre las especies más emblemáticas destacan el aguilucho lagunero y el porrón moñudo. La focha común, el ánade real, el pato colorado, zampullín común o el somormujo lavanco también pueden ser observados en las lagunas.
Imprescindible las visitas a la cascada del Hundimiento, un salto de agua de más de 15 metros de altura que se formó como consecuencia de una enorme avenida de agua ocurrida en el año 1545, y a la literaria Cueva de Montesinos en Ossa de Montiel.
Y por supuesto es un espacio natural ideal para realizar actividades de ecoturismo, senderismo, ornitología, rutas guiadas, kayak, ciclismo…





CAMPO DE MONTIEL


La comarca del Campo de Montiel te ofrece un sinfín de lugares y actividades, convirtiéndose poco a poco en uno de los destinos turísticos más atractivos de Castilla – La Mancha.

Os invitamos a descubrir esta comarca citada hasta cinco veces por Miguel de Cervantes en su obra más universal “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“. Sin duda, constituye el destino ideal para los que quieren conocer los auténticos escenarios del Quijote.

Un recorrido que bien puede comenzar en Villanueva de la Fuente. Aquí nos encontramos con las primeras estribaciones de la Sierra del Relumbrar, también denominada “pequeño Monfragüe“, uno de los espacios naturales más interesantes de toda la región, con valores faunísticos, botánicos, geológicos y paisajísticos muy importantes. En sus tierras no se puede dar un paseo sin tropezarse con manadas de jabalíes alimentándose de bellotas bajo enormes encinas en un sotobosque de aladiernos, brezos, jaras, cantuesos y mejoranas en el que también habitan ciervos y gamos.
Continuar en Terrinches por el espectacular paraje de las Hoces del Gongares o de San Isidro, desde donde podremos contemplar unas bellas vistas de Sierra Morena y la Sierra del Relumbrar, y donde los arroyos se unen y dibujan unas caprichosas hoces sobre elevaciones paleozoicas de pizarra.

Descubrir en Villahermosa un enclave paisajístico y ecológico de primer orden: el nacimiento del río Guadiana en el entorno de la Laguna Blanca, la primera del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Un bello paisaje jalonado de sabinas y enebros de impresionante porte. Y hacer una ruta de senderismo por los cursos de los ríos Azuer y Cañamares.

El valle del río Guadalén en Santa Cruz de los Cáñamos, la Sierra de Alhambra y las Cuevas de Huelma en Alhambra, los molinos hidráulicos del Jabalón en Montiel, la Sierra del Cristo en San Carlos del Valle, o las Cumbres, Cerro Lobo, Cabeza del Buey, los Clérigos, el Carrascalillo, el Cerro la Cruz o el Cerro Castellón en Torrenueva completan un recorrido espectacular de naturaleza y cultura por esta tierra. Todos estos parajes con infinidad de hierbas medicinales y aromáticas y de enorme valor cinegético.

En los cielos del Campo de Montiel es fácil observar ejemplares de águila real, águila imperial, aguilucho cenizo y aguilucho pálido, y buitres leonados. Y en la zonas esteparias avutardas, sisones, gangas, alondras de Dupont o alcaravanes entre otras aves.

Fauna y flora autóctona que nos acompañarán en todas las experiencias y actividades que nos ofrece la comarca: vías y caminos históricos milenarios, como el camino de Aníbal y la Vía Augusta; castillos y torreones, cómo el Castillo de la Estrella en Montiel; yacimientos arqueológicos prehistóricos, cómo el Castillejo del Bonete en Terrinches; villas romanas y santuarios medievales, cómo la Ontavia y Luciana; el maravilloso Conjunto Histórico – Artístico Nacional de Villanueva de los Infantes; el interesante patrimonio de Fuenllana, cuna de Santo Tomás de Villanueva y villa rural manchega por excelencia de toda la provincia de Ciudad – Real, descubierta con sorpresa a principios del siglo XX por el famoso fotógrafo francés Charles Alberty ‘Loty’;  el patrimonio literario de Torre de Juan Abad y Villamanrique; la monumental iglesia de Villahermosa; la joya barroca de San Carlos del Valle; el museo al aire libre de Yáñez de la Almedina; museos etnográficos y yacimientos arqueológicos de Villanueva de la Fuente y Alhambra…


LOS VOLCANES DEL CAMPO DE CALATRAVA


La provincia de Ciudad – Real nos ofrece un elemento geológico peculiar y diferente, sus volcanes ya extinguidos y que son fruto de una actividad volcánica desaparecida desde hace miles de años, pero que ha modelado un paisaje único en toda España. Las manifestaciones volcánicas, en torno a unas 300, se localizan principalmente en el centro de la provincia ocupando una superficie de unos 5.000 km2.
Cuesta creer que la única fumarola activa que existió en la Península Ibérica se encuentra a menos de cinco kilómetros de la monumental ciudad de Almagro.
Los Volcanes del Campo de Calatrava albergan ecosistemas perfectamente conservados y que reflejan a través de lagunas o suaves elevaciones lo mejor de la fauna y la flora Mediterránea.
No hay que perderse los enclaves volcánicos cómo la Laguna de la Alberquilla (Monumento Natural); La Inesperada, en Pozuelo de Calatrava; la Hoya de Cervera, en Almagro; la laguna volcánica de Cervera; la de Fuente Agria del Chorrillo y la de Caracuel. Las impresionantes formaciones como los Castillejos en La Bienvenida y el del Cerro de los Santos en Porzuna.

Imprescindible la visita al Volcán de Cerro Gordo, primer volcán museo de la península y que nos ofrece un más que interesante recorrido interpretativo de la volcanología de la comarca de Ciudad – Real y por su interior, y los volcanes Columba, Peñarroya, Cerro de La Santa Cruz, la Posadilla y Laguna, cuajado de cigüeñas, águilas reales y buitres.

La existencia de una actividad volcánica inferior a 10.000 años, ha dado lugar a que la región volcánica del Campo de Calatrava haya sido reconocida por el Smithsonian Institute de Estados Unidos como zona de actividad volcánica aún activa.


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Naturaleza en Castilla – La Mancha (1ª parte)

Un recorrido por los paisajes naturales que muestran el esplendor de Castilla – La Mancha, perfectos para cualquier escapada


PARQUE NACIONAL DE CABAÑEROS


Cabañeros es mucho más que un parque nacional. Alberga lugares sorprendentes y desconocidos. Cuenta con el paisaje único de las “rañas” –llanuras- y bosque abierto típicamente Mediterráneo, y excepcionalmente bien conservado, que hacen de Cabañeros un paraíso natural y único en el sur de Europa, que algunos lo comparan con la sabana africana. Además abundan especies animales como la cabra montés, el corzo, el ciervo, el águila imperial ibérica y el buitre negro entre otros muchos. Combinado con la raña, encontramos un paisaje de montaña con bosques de robles, pinos y madroños, con imponentes cumbres de cuarcita que dejan ver de vez en cuando, a través de sus fósiles marinos, que este inmenso lugar hace millones de años era un fondo marino.


SERRANÍA DE CUENCA: NACIMIENTO DEL RÍO CUERVO


El manantial del que nace el río Cuervo es un paisaje singular y único, marcado por las caídas de agua, la erosión y el desgaste de las rocas. Su entorno, la vega del río Cuervo, ofrece agradables paseos en plena naturaleza en cualquier época del año, rodeados de animales y plantas únicas en esta zona de Castilla – La Mancha, como el musgaño de cabrera, la ardilla, la lavandera cascadeña y el mirlo acuático entre otras especies. También sobrevuelan gavilanes y águilas culebreras. Y, por supuesto los árboles: bosques eurosiberianos de acebos, tilos y arces que en otoño crean unos contrastes temáticos insuperables, con muchas mariposas, algunas de especies protegidas, como la Graellsia Isabellae.


PARQUE NACIONAL DE LAS TABLAS DE DAIMIEL


Ultimo lugar del mundo donde podemos ver un ecosistema de tablas fluviales, gracias a que las aguas salobres del río Cigüela, y las dulces del Guadiana, quedan retenidas en una llanura sin pendientes. El humedal perfecto, que nos permite convivir y observar a los animales y las plantas que crecen unidos al agua. Las Tablas de Daimiel destacan sin duda, por el sinfín de aves que ocupan intensivamente el parque, aprovechando las ovas, praderas sumergidas de algas que las alimentan, dan refugio y protección. Garzas, somormujos, patos colorados, porrones europeos, y muchas otras, que convierten a Las Tablas de Daimiel en un observatorio de importancia internacional. Un santuario natural espectacular.


EL CALAR DEL RÍO MUNDO Y DE LA SIMA


El patrimonio paisajístico, geológico y de biodiversidad de este Parque Natural lo convierten en único y en una gozada para los visitantes. En su accidentada e intrincada orografía destaca su paisaje kárstico, que moldea relieves y desniveles sugerentes gracias a la erosión, creando formas caprichosas e inverosímiles. Sus bosques entremezclan especies como los tejos, los fresnos, los sauces y los olmos entre pinares y encinares. Junto a los muflones, cabras montesas, y ardillas, habitan grandes rapaces protegidas como las águilas reales y las perdiceras, y los buitres leonados. Pero sin duda, el elemento más sorprendente y espectacular es la cascada del río Mundo en su nacimiento, un espectáculo sobrecogedor de belleza y vida especialmente con el deshielo al inicio de la primavera.


ALTO TAJO


El Alto Tajo nos traslada a gargantas y valles fluviales por donde en el pasado transcurrían los “gancheros”. Parajes sorprendentes, silenciosos, angostos y de una belleza salvaje y majestuosa, que además crean curiosas y caprichosas formas geológicas, como el Santuario de la Hoz cerca de Molina de Aragón, en un hermoso barranco. Este territorio, duro y bello también alberga a una gran diversidad de fauna y flora, gracias a su excelente conservación natural. Sus bosques son otra de sus maravillas, que nos permite disfrutar de aves rapaces, reptiles, anfibios y especies autóctonas de peces. Las mejores épocas de visita son los meses primaverales y el otoño, cuando la naturaleza muestra toda su belleza en tonos anaranjados y amarillos.


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Tejera Negra, la vitalidad de un hayedo insólito

El Hayedo de Tejera Negra, Patrimonio Mundial de la UNESCO, forma parte del Bien Natural “Hayedos primigenios de los Cárpatos y otras regiones de Europa”


El primer haya solitaria aparece a la izquierda de la pista forestal que conduce al corazón del bosque, rodeada de una alfombra del verde rabioso de la gayuba húmeda. No se sabe cómo ha podido sobrevivir a la industria maderera, al carboneo y al calor, pero crece ahí como una unidad de medida del bosque. Posee la copa amplia y redondeada que caracteriza los ejemplares aislados y estira las ramas al cielo entre amenazadoras y suplicantes. Con toda seguridad anuncia la excepcionalidad de uno de los hayedos más meridionales de Europa.

El resto de ejemplares se reparten en edades: los más jóvenes en los lugares más accesibles, como en la senda de Matarredonda, donde también crece un tejo testimonial y antiguo; los más viejos en los lugares más inaccesibles, en las cabeceras de los ríos Lillas y Zarza; los desmochados, por doquier.

El hayedo de Tejera Negra constituye una especie de isla vegetal en la cordillera Central, pudiendo ser considerado el escombro botánico de una masa forestal gigantesca diezmada por la influencia humana y el cambio climático regional.

El haya es un árbol muy común, pero en el centro de Europa, típico de lugares húmedos y que, en España, se concentra en la mitad norte, sobre todo en Navarra.
Sicilia y la sierra de Ayllón, donde se encuentra Tejera Negra, constituyen excepciones forestales en la distribución geográfica de los hayedos.

De los tres enclaves de hayas que se aferraron a la sierra del Sistema Central: en Madrid, Montejo de la Sierra; Riofrío de Riaza en Segovia y Tejera Negra en Guadalajara, es este último el de mayor extensión y riqueza faunística y botánica.
Las hayas de Tejera Negra debieron de establecerse aquí en una época remota en que el clima era más frío y húmedo que el actual. Hoy, estos árboles todavía encuentran refugio en valles umbríos, laderas norte y canchales escasamente expuestos al sol pero sometidos a nieblas, vientos y lluvias.


El carácter de excepción que reviste el bosque del hayedo de Tejera Negra consiste en crecer allí donde nadie lo podía esperar


El ser humano se sirvió de estos árboles hasta casi agotarlos para fabricar arcos de guerra, muebles y carbón vegetal.

En otros tiempos, piras de troncos de hayas, brezos, robles, encinas y melojos recubiertos de paja y tierra ardían en una combustión controlada, casi exenta de oxígeno, para convertir la preciada madera en carbón vegetal. Este combustible era repartido luego entre los pueblos de los alrededores y transportado a las capitales (Madrid, Guadalajara…) hasta convertirse en rescoldo de brasero. En travesías que sólo los pájaros pueden realizar podría observarse el lugar ocupado por aquellos hornos circulares de 25 metros de diámetro, colocados al tresbolillo, como volcanes extinguidos a quienes la naturaleza todavía no ha conseguido olvidar.

La consecuencia de las talas sucesivas (la última se produjo hace unos 50 años) es que, paradójicamente, a pesar de su antigüedad, el hayedo es joven y homogéneo. Sólo en los lugares más profundos del valle, en los cortados de más difícil acceso en los que la explotación no parecía rentable por lo abrupto del terreno, crecen las hayas centenarias. En la solana del río Zarzas y en el barranco que da nombre al Parque (Tejera Negra) es donde la majestuosidad del bosque que causa respeto, temor o admiración –y en el que Caperucita, Blancanieves o Pulgarcito podían haber pasado los peores momentos de su existencia-, se convierte en hojarasca ocre y corteza lisa y cenicienta.

En este bosque donde las hayas han tenido que luchar por su supervivencia frente a la especie humana, también han librado batalla contra plantaciones, más o menos afortunadas, de pino silvestre. En lugares donde ambas especies combatían en igualdad de condiciones, las ramas de las hayas fueron decapitando las copas de los intrusos y asfixiándolos a continuación gracias a su corpulencia, contradiciendo así todas las teorías sabias sobre la escasa capacidad de regeneración de los hayedos meridionales.


El hayedo de Tejera Negra (Guadalajara) está configurado por los ríos Lillas y Zarzas, que nacen en el valle glaciar de la Buitrera


Avanzando a pie, paralelos al curso del río Zarzas (también denominado Sorbe o de la Hoz) y acompañándolo hacia su nacimiento, puede verse cómo el valle se cierra por picos que quisieran alcanzar los 2000 m de altitud. El circo del valle se cierra en torno a la Atalaya (1887 m), Tejera Negra (1914 m) y Tiñosa (1971); y otros que consiguen superar los 2000 m dispuestos a lo largo de la cuerda de las Berceras y ocultos con frecuencia por la niebla, como el Alto del Porrejón (2012 m) y la Buitrera (2046 m). La máxima elevación del macizo la ostenta el pico del Lobo con 2272 m.

Hasta bien entrada la primavera, algunos neveros obstinados alimentan los arroyos que vierten su caudal en las aguas del río Zarzas.
En Tejera Negra, también crecen otros árboles como robles, acebos, serbales, cerezos silvestres y abedules, pero la vegetación no se distribuye al azar, sino que tiene predilección por asentamientos concretos, en función sobre todo de la altitud… por encima de los 1800 m, cota hasta la que también llegan los pinos, sólo crecen pastos, resistentes a las inclemencias del tiempo y a la deshidratación provocada por el viento que sopla de manera casi constante en los collados.

Las aves encuentran en el haya protección y refugio para establecer sus nidos. La corteza lisa de los árboles y el suelo despejado son factores que favorecen la elección de las copas de los árboles por algunas especies, como las águilas reales. Y por supuesto los roquedos para los buitres leonados y halcones abejeros.

Entre los grandes mamíferos, la desaparición del lobo en los años cincuenta es la ausencia más significativa, dejando el camino libre al zorro, gato montés, garduña, tejón y comadreja. Las nutrias dentro del agua. El mayor herbívoro es el corzo, al que no es difícil ver fugazmente atravesando algún calvero del bosque en busca de pasto fresco.


Merece la pena presenciar el espectáculo cromático que cada Otoño produce su singular y grandiosa riqueza forestal, con una extraordinaria y sorprendente explosión de colores


A medida que la carretera de Ayllón se aproxima a la tierra de Galve, el color rojizo de la tierra desaparece hasta convertirse en un caos pizarroso sobre el que crecen, precisamente, las hayas.
Estas lajas de pizarra han permitido la construcción de edificaciones tanto para los humanos como para el ganado (taínas). Ahora son testimonios del pasado.
La prosperidad de estos pueblos, que no eran más que premios otorgados a la aristocracia feudal como pago a los servicios prestados durante la Reconquista, estaba basada en el aprovechamiento de la tierra dedicada al pastoreo.

La disminución de la trashumancia y la regresión del sistema pastoril significaron la decadencia de la zona a partir de principios del siglo XX y a todo lo largo de él. Es como si los pueblos de esta sierra hubieran adelantado en medio siglo a la emigración de las gentes a las ciudades.
El resultado es el envejecimiento de la población y el abandono de las localidades, con el consiguiente riesgo de pérdida definitiva de los valores culturales locales.

Entre los pueblos más cercanos a Tejera Negra, Galve destaca por haber poseído un pasado esplendoroso del que rinden cuenta las tres ermitas, el castillo de los Zúñiga y la iglesia de planta rectangular de la Asunción.
A escasos kilómetros de Cantalojas, la carretera local deja a un lado a Villacadima, pueblo abandonado que parece estar dormido. El paso del tiempo y la desidia lo convirtieron en morada de fantasmas y refugio de recuerdos. En ningún momento más oportuno que el presente, Villacadima es merecedora de nombre: la palabra cadima, de origen árabe, significa vieja.

Los libros de geología dicen que Cantalojas se asienta sobre una llanura de calizas procedentes de la era Terciaria, pero al llegar a esta localidad es mucho más gratificante mirar al cielo que al suelo: en función de la hora del día no es difícil descubrir por encima de las fincas y tejados del pueblo alguna bandada de buitres leonados que descienden, volando en círculos, desde las más altas cumbres del macizo de Ayllón en busca de las carroñas dispersas por los valles.

En cualquier época del año es gratificante una visita al hayedo de Tejera Negra: en primavera, las hojas hacen derroche de color verde vivo, mientras que en otoño la luz y el suelo se tornan ocres. En pleno verano, el tupido follaje ofrece frescor y, en invierno, el bosque entero es un misterio. Inolvidable.


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Próximos destinos: Ruta de la Arquitectura Negra o de los “pueblos negros” y Ruta del Románico Rural de Guadalajara

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El origen de los cortijos manchegos

Los inalcanzables horizontes de la interminable llanura que, aparentemente todo lo exponen al primer vistazo del transeúnte, esconden como sorpresas para el explorador, todavía hoy, infinidad de edificaciones en mitad del campo, habitadas por la historia, ya sea en ruinas o en buen estado. Donde la tradición delata en cada uno de sus detalles el paso de diversas culturas, y el trabajo de miles de brazos.
Cortijo, quintería o casilla. Han servido para denominar una forma de hábitat disperso en la mitad meridional de España. Significando el cortijo, el sinónimo más extendido que mejor identifica tanto en Andalucía como en Extremadura o La Mancha, una gran construcción en el centro de una finca dedicada a la producción agropecuaria.
Paseando la vista por los páramos del Campo de Montiel, los cerros del Campo de Calatrava, las cañadas del Campo de San Juan o la colosal planicie manchega, encontraremos en cada uno de sus sitios, lugares y parajes edificados con sus correspondientes antecedentes culturales de los actuales cortijos que hoy sirven de fincas de recreo para actividades turísticas o cinegéticas, felizmente rehabilitados.
A la vez no faltan infinidad de ruinas que poco a poco van regresando a su origen de materias primas obtenidas del entorno para edificar ese necesario cobijo que acortara la distancia al pueblo y delimitara el espacio de refugio tan necesario para los habitantes del campo. El arrendatario que entregaba la quinta parte de la cosecha al propietario de la finca, llamado quintero y por tanto, morador de una quintería. Muy distinto del propietario de una quinta. Fincas de recreo nacidas en el entorno de Madrid, equivalentes a los Reales Sitios y a imitación y semejanza de los palacios del rey, servían a la nobleza a menor escala y proporción, como fincas de recreo y caza, además de producción agrícola.
Tanto el cortijo como el paraíso, poseen el don de delimitar un espacio cercado para uso privado. Los paraísos más antiguos nacieron con el inicio mismo de la civilización, en Persia y Mesopotamia. Tanto es así, que hoy nos cuesta entender dicha palabra disociada de un jardín del Edén o un lugar perfecto en la naturaleza.

Algo similar ocurre con el cortijo. Que sirvió para marcar un pedazo de terreno donde edificar ese imprescindible sitio para albergar utensilios de labor y alojar a sus moradores. Cuyos orígenes más remotos en esta parte del Mediterráneo, los encontramos en las opulentas e industriosas villas romanas, dueñas y señoras de los latifundios por antonomasia.
Con los árabes y sobre todo con Al-Ándalus, muchos latifundios romanos se transformaron en alquerías o pequeños núcleos de población rural, que sobre todo en Levante y parte oriental de Andalucía, fueron evolucionando a muchos de los cortijos actuales.
Aquí en La Mancha, además de las evidentes huellas romanas y musulmanas, lo que más determinó la posición actual de los cortijos contemporáneos fueron las órdenes militares, propietarias de toda La Mancha hasta no hace mucho. Por medio de castillos y cortijos fortificados, fueron colonizando y conquistando el territorio hasta estructurarlo y administrarlo al principio de la Baja Edad Media como grandes dehesas, cañadas y veredas de gigantescos rebaños que hicieron posible su poderío y riqueza a través de la lana.
Con el agotamiento de las órdenes militares y la extensión paulatina de la agricultura comenzaron a surgir nuevos latifundios propiedad primero de la nobleza y luego de la burguesía que a finales del XVIII y principios del XIX, impusieron el cultivo del cereal. Necesitando de enormes infraestructuras agrícolas con la edificación de grandes cortijos donde albergar el gran número de jornaleros, animales y aperos. Además de la residencia del propietario.
El último paso en la evolución del asentamiento del cortijo manchego fue de aspecto meramente utilitario más que productivo representativo o de recreo. Se trata de “la casilla”. Construcción característica de la llanura manchega. Elemento arquitectónico que como casi todo, surgió de la necesidad, y posee la inadvertida virtud de haber creado Racionalismo sin saberlo.
Los libros de texto nos dicen que fue Le Corbusieur. Pero yo veo muy claro que fueron, al menos uno o dos siglos antes, los labriegos manchegos. Haciendo uso de esa inteligencia natural para solventar una necesidad. Utilizando materiales del entorno, adaptándose al medio y a la escasez de recursos. Limitando el espacio a la racionalidad de la más elemental escala humana. Resolviendo en el espacio más elemental todo cuanto precisaban.

Así pues, si puede definirse o identificarse como vernácula, propia u original un elemento o edificio que defina por sí mismo la arquitectura manchega, esa es “la casilla”. Hoy llamada cortijo en casi todas partes, por encontrarse en mitad del campo en cada una de las fincas o parcelas que se sirven de su uso como almacén de aperos y cobijo del labrador.
En ellas se aprecia con virtuosismo natural, lo mejor de las construcciones adaptadas al medio. Que deben figurar como elementos a proteger del patrimonio cultural humano. Pues definen por sí mismas la esencia de la arquitectura manchega. Funcional, utilitaria, práctica, sencilla, humilde, natural, elegante. Libre de todo complemento decorativo. Totalmente al margen de espacios que no respondan al más estricto interés del uso cotidiano. Líneas rectas. Dimensiones tan humanas como el propio tamaño de hombres y animales. Una simple chimenea y dos pollos para cocinar y dormir, junto a una cuadra para animales y aperos. El Racionalismo en su estado más originario. Nacido en La Mancha sin conocimiento de sus inventores.
Este es el valor más incalculable y universal del cortijo manchego. Surgido de la opulencia romana, el pragmatismo árabe, la necesidad agrícola y el sentido común del ser humano.
Una edificación tan sencilla que siempre ha sido infravalorada como un simple almacén circunstancial. Cuando en realidad es fruto de milenios de adaptación al medio. Y medio de vida para la esencia de La Macha.
La casilla manchega: el auténtico cortijo manchego. Seña de identidad y motivo de orgullo como una de las grandes aportaciones del ser humano a la arquitectura universal. Como siempre con esa humildad tan sazonada de complejos de los manchegos. Un valor menospreciado y olvidado por nosotros mismos.


Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano ©


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