Publicado el Deja un comentario

Por el Camino Natural del Guadiana

camino natural del Guadiana senderismo

El Guadiana es un río internacional: nace en las Lagunas de Ruidera, recorre España en suave declive, hasta adentrarse en Portugal, y desemboca cómo frontera natural en el océano Atlántico


En los próximos reportajes os vamos a proponer realizar un recorrido por el Camino Natural del Guadiana, un sendero con más de 850 Km (divididos en un total de 44 etapas) acondicionado con múltiples infraestructuras, con puentes, pasos de arroyo, miradores, zonas de descanso y bancos, entre otros elementos, que puede ser recorrido a pie, a caballo y en bicicleta de montaña.

Una maravillosa forma de acercarse al inmenso patrimonio ecológico, histórico, cultural y paisajístico de los territorios de la cuenca del río Guadiana.

camino natural guadiana lagunas de ruidera turismo naturaleza

senderismo castilla la mancha

El origen del río Guadiana es uno de esos enigmas que nos alegraron los días de escuela y nos hicieron soñar con profundos agujeros y kilómetros de misterioso viaje subterráneo a lo Julio Verne.

Las discusiones sobre el nacimiento del río Guadiana han llenado cientos de páginas en revistas y libros, y aunque no hay una certeza científica contundente, se ha acordado que no hay un punto concreto, sino una cuna compartida por varios ríos y arroyos, una docena de lagunas y algunos acuíferos subterráneos. La discusión puede darse por zanjada, pero la expresión “ser como el Guadiana” para referirse a cualquier cosa que desaparece y reaparece de improviso ya forma parte de nuestra lengua.

Las lagunas de Ruidera se consideran desde hace mucho tiempo la fuente principal del Guadiana, así que nada mejor que elegir la Laguna Blanca (Villahermosa) —la primera de las quince que forman este sorprendente complejo lagunar— para situar el arranque del Camino Natural del Guadiana.

Después de acompañar al Guadiana Alto durante medio centenar de kilómetros, las aguas desaparecen tragadas por la tierra en Argamasilla de Alba, y habrá que atravesar kilómetros de campos en apariencia áridos para reencontrarse con ellas en los Ojos del Guadiana.

Allí, el agua aflora y forma un rosario de lagunas que dan forma a las insólitas Tablas de Daimiel. La palabra oasis es la más acertada para describir estas lagunas en el corazón de la reseca Mancha. Este contraste entre humedales y aridez es un sello de identidad del Guadiana, cuyas aguas se ven detenidas sucesivamente en los embalses de Puente Navarro y de Vicario, en la provincia de Ciudad Real, en el Cíjara, García de Sola, Orellana y Montijo, en la de Badajoz, y en el embalse portugués de Alqueva, el mayor de Europa.

Tal sucesión de “mares interiores” explica por qué la cuenca del Guadiana se ha convertido en un refugio botánico y de fauna, en la que sobresale una ingente cantidad de aves invernantes. El Guadiana es un río lleno de singularidades, y la primera es su nombre mestizo, que refleja el constante paso de diferentes civilizaciones por la península. Los romanos lo bautizaron como Fluminus Anae (“río de los patos”) y los árabes sólo cambiaron la palabra fluminus por su equivalente árabe, uadi.

El tiempo y el uso hizo el resto para llegar a su nombre actual. Un catálogo interminable de testigos de ambas civilizaciones pueden encontrarse a lo largo del Camino Natural: puentes romanos como el de la antigua Emerita Augusta , la actual Mérida, balnearios, calzadas y villas romanas, fortalezas árabes como las de Peñarroya y Cuncos, o, ya más avanzada la Historia, castillos que tuvieron un papel importante en el tránsito hacia la Edad Moderna, como el de Medellín, fundamental en la Guerra de Sucesión castellana.

Tablas de Daimiel

Humedales de La Mancha


El Camino Natural del Guadiana atraviesa espacios naturales protegidos y de la Red Natura 2000


Desde Laguna Blanca hasta Villanueva del Fresno, donde el río se hace portugués, el Camino Natural se desarrolla de forma ininterrumpida.

En Villanueva del Fresno, como si de una metáfora del propio Guadiana se tratase, el Camino “desaparece” y aparece de nuevo cuando el río regresa de tierras lusitanas para convertirse en frontera entre ambos países, concretamente en la Casa Cuartel de Cañaveral, un antiguo cuartel de carabineros convertido en albergue. El itinerario continua cuatro etapas más por tierras onubenses hasta su punto final, la localidad de Ayamonte, donde el río vierte sus aguas en el Atlántico.

Pero, ¿cuánto se tarda en realizar todo el recorrido del Camino Natural el Guadiana? Calculamos que en cubrir todo el recorrido se tardan unas cuarenta jornadas si vais a pie, y la mitad más o menos si viajáis en bicicleta.

Otra forma de disfrutar de este gran sendero por la cuenca del Guadiana, es realizando las rutas turísticas próximas a algunos de sus tramos, tales como la “Ruta de la Plata” a su paso por tierras extremeñas, la “Ruta del Quijote”, que sigue los pasos literarios del mítico personaje recorriendo vías pecuarias, caminos históricos, vías verdes, cañadas, cordeles y veredas; escenarios reales de sus aventuras por La Mancha.

También se pueden recorrer algunas de las Vías Verdes, antiguos trazados ferroviarios acondicionados para el disfrute de la población, como las que discurren por Badajoz y Huelva, donde también se puede seguir la “Ruta del Contrabandista” por veredas y antiguos caminos frecuentados por este tipo de traficantes.

Un completo y variado recorrido donde disfrutaréis de un inmenso abanico de posibilidades y en el que es difícil no encontrar alicientes que os hagan embarcar en este largo y emocionante paseo.

camino natural del Guadiana bicicleta

Humedales de La Mancha

senderismo campo de montiel


Acompáñanos para descubrir todos los lugares emblemáticos a lo largo del Camino Natural del Guadiana. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu viaje AQUÍ

 

Publicado el Deja un comentario

Riópar y las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz

Riopar Viejo albacete

Un patrimonio cultural y natural sencillamente impresionante


Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz. Con este aristocrático nombre surgió uno de los primeros complejos industriales de Europa, poco antes del establecimiento de la Revolución Industrial.
Confluyeron las oportunas circunstancias para la creación de la primera fábrica de España y la segunda del Mundo, dedicada a la producción de objetos de bronce y latón; gracias a la iniciativa de un joven y emprendedor ingeniero austríaco coincidiendo con el afán de progreso del ilustrado Carlos III. Quién le concedió los privilegios necesarios.

Desde 1773 el hermoso valle de Riópar, donde los Romanos bautizaron las aguas puras del Flumen Mundus, todo cambió a mayor velocidad que nunca en su millonaria historia geológica.

Las aguas fueron domadas para trabajar en los ingenios hidráulicos imprescindibles para las instalaciones de El Laminador o el propio núcleo principal, así como otros menores. Los potentes recursos forestales puestos al servicio de aquel progreso todavía primitivo desconocedor de la sostenibilidad, la ecología y demás aspectos tan necesarios para el adecuado avance de la justa calidad de vida de todo y para todo, exterminaron el valioso bosque primigenio de robles y encinas, permitiendo siglos después los grandiosos pinares que a su vez con la consecuente y mejor experimentada gestión forestal irán permitiendo el retorno de los ancestrales robles, encinas, fresnos, olmos…

Como tantas otras cosas que todavía mantenían a España como una de las potencias económicas del planeta, surgió aquí en mitad de un paisaje medieval, la infraestructura más avanzada de la época a nivel mundial.

Pocos años después desde esta remota sierra, y producto del cobre o calamina de sus entrañas, se embarcaban en Cádiz rumbo a los virreinatos españoles, los más sofisticados objetos de bronce. Así como los gigantescos veleros atracaban en Cartagena de Indias o los buques de guerra conquistaban la Bahía de Pensacola, revestidos sus cascos con láminas de latón, fabricadas en los martinetes de El Laminador.


El valle de Miraflores acoge todo el trajín histórico de Riópar


Desde los orígenes de las aguas del río Mundo, pasando por el paso de Aníbal y sus famosos elefantes, a la cautivadora huella de los andalusíes en el trazado de alquerías, huertos y cascos urbanos; hasta el brillo del metal surgido de sus montañas, enriqueciendo la zona con todo el proceso desde la extracción, fundición, aleación y elaboración. Labor que permitió al complejo de las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz sobrevivir y prosperar durante más de dos siglos, autoabastecido de los bosques primigenios y la red fluvial, encauzada en centrales eléctricas, de las cuales todavía una en buen estado, pero abandonada y con riesgo de ruina, permanece digna, elegante y con ese atractivo inteligente que ofrece el patrimonio arquitectónico industrial de la Ilustración, impregnado de la esencia de la mejor arquitectura, basada en la firmeza, utilidad y belleza. Se encuentra junto a la presa del arroyo del Gollizo, la que a través del acueducto abastece los edificios principales de las fábricas. Precedida por una hermosa avenida de plátanos.

Y si no me equivoco, inexplicablemente no forma parte del Conjunto Histórico que comprende el Bien de Interés Cultural de todo el legado catalogado en la zona desde el actual Riópar hasta El Laminador.

Riopar Viejo albacete

Riopar Viejo albacete

Reales Fabricas de San Juan de Alcaraz riopar

Es muchísimo lo que se puede y se debe escribir acerca de este fascinante lugar. Agraciado por su orografía, geología, botánica, paisaje. Y colmado además por uno de los primeros complejos industriales Europa.

Mientras la fábrica crecía, España ayudaba a Estados Unidos a convertirse en el primer país de América: el conde de Aranda entregaba más de doscientos cañones de bronce a Benjamín Franklin, y el general Gálvez entraba “él solo” en la bahía de Pensacola, venciendo una de las batallas determinantes para la independencia estadounidense.

Finalizaba el último periodo del siglo XVIII, y aquí en la laboriosa colonia obrera de Riópar jamás se supo ni se sabrá, que parte de sus entrañas, laminadas en latón, quizá revistieron los más heroicos buques españoles de las últimas guerras, que con honores militares daban por vencedor al mejor estratega o al más valeroso soldado.

Puede que, de aquí, de un lugar tan creído humilde, tan ensimismado en su subsistencia, partieran también en forma de beneficios los muchos reales que España sufragó para la creación de la primera potencia mundial, a la cual, por cierto, también aportó, de aquellos primeros dineros, la creación del dólar, copiado de nuestros reales.

rio mundo riopar

muflon calar rio mundo albacete

cueva chorros rio mundo riopar

De aquella guerra romántica recuperamos Menorca, y con ello parte de esta hermosa sierra. Porque literalmente desde Huelva a Menorca, la Cordillera Bética, en cuyo centro está Riópar, nos hace sentir tan familiar desde los acantilados de La Mola de Formentera, hasta la sierra de Aracena, la preciosa imagen abrupta, colosal, magnífica, y tan irrepetible como el placer sensorial de contemplar por primera vez “El Reventón” del río Mundo, actuando soberbio y magnífico desde el anfiteatro calizo que lo acoge con la gloria del arte y la naturaleza, ante la mirada admirada de quien posee la suerte de saber ver tanto aquí, como en lo alto del pico Almenara, La Sarga o El Calar, la magnitud de un mundo que no se sabe tan abierto al Mundo.

La humilde sencillez de esta tierra, que tanto la honra, a la vez la limita a no quererse con la dimensión que merece. Estas sierras, estos valles, estas rocas, estos ríos, estos pueblos. Y toda su riqueza etnográfica, patrimonial y natural son uno de los reductos más hermosos de Europa, todavía por depurar. Ahora deben recibir lo que dieron. Que sus gentes, sus paisajes, sus recursos y su potencial retomen, recuperen y se retroalimente del saludable turismo sostenible. De la enriquecedora cultura que preserva el incalculable legado que desde los árabes y mucho antes, hasta las Reales Fábricas, han dado tanto a nuestra identidad cultural.


Pocos lugares ofrecen tantos recursos en un mismo sitio como Riópar


Cada camino de Riópar te conduce al fascinante espectáculo de contemplar incluso lo que no se ve, porque estos paisajes te inspiran e invitan a imaginar al Pernales huyendo por la sierra. A los obreros de la Real Fábrica entonando el emotivo himno de la fábrica, orgullosos de su labor. A los sabios andalusíes cultivando cerezos que dieron nombre a la sierra de Alcaraz. Al joven ingeniero austriaco recorriendo la sierra proyectando la mina, la ubicación de los talleres… Al ingeniero Real del Canal de Castilla diseñando una de las mejores presas de la época en El Laminador… A las personas de nuestra generación, entendiendo y valorando por fin el gran tesoro heredado que debemos disfrutar y legar a nuestros sucesores.

Riópar y toda la Sierra merecen ser queridos por todo lo que nos dan. Debemos, por inteligente interés, cuidar lo que nos mantiene, nos aporta y nos enriquece. “No sólo de pan vive el hombre”.

Contemplar a los majestuosos buitres planeando por debajo de ti, mientras desde lo alto del pico de La Sarga, contemplas tierras de cuatro provincias, paisajes bellísimos, bosques inmensos. Rocas colosales tan valiosas como santuarios naturales, casi creados para sublimación del ser humano, como por ejemplo en Los Picarazos de Villaverde de Guadalimar. Hacen que uno además de sentir placer y privilegio por disfrutar de un paraíso semejante, también sienta orgullo del increíble potencial que contiene y que a todos nos beneficia y aporta.

Con la necesaria atención y cuidado, estas ancestrales villas, pueden y deben revalorizar sus cascos urbanos con actuaciones que los integren y armonicen con la acogedora arquitectura tradicional, ofreciendo al visitante ese buscado y deseado espacio de ocio y placer que tan agradables recursos y modos menos sacrificados de vida, deben conceder a residentes y turistas.

Lo tenemos todo. Sólo debemos ponerlo en valor para ser competitivos, atractivos y rentables. Doy gracias por cada una de las sensaciones que experimento recorriendo cada uno de estos lugares tan sencillamente hermosos.


Planifica tu escapada a Riópar con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu viaje AQUÍ


Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Motilla del Azuer: descubriendo el pozo más antiguo de la Península Ibérica

El poblado fortificado de la Motilla del Azuer es uno de los yacimientos de la Edad de Bronce más antiguos del mundo


La Motilla del Azuer, en Daimiel, es el mejor ejemplo de poblamiento de una original cultura que se desarrolló en el II milenio antes de Cristo en la Edad del Bronce en la zona de la Mancha húmeda, y que sintetiza la importancia que siempre ha tenido el agua para los pobladores de este territorio.

La Motilla sorprende por su originalidad, estamos ante una construcción única en España, con sus paredes amuralladas concéntricas de mampostería que conforman una estructura laberíntica. La Motilla en su interior albergó desde almacenes a enterramientos y su pozo de agua, auténtico tesoro para proteger por las gentes de la Edad del Bronce. Un yacimiento arqueológico, diferente, desconcertante e inolvidable en Castilla – La Mancha.

Un viaje por el tiempo, a las llanuras que hoy denominamos La Mancha, nos llevará hasta la prehistoria, allí había pequeños asentamientos que se dedicaban a la agricultura y la ganadería. No sabemos cómo era el paisaje, pero lo que sí sabemos es que, en torno al año 2000 y 1800 a.C., hubo un cambio climático tremendo que transformó el entorno volviéndose árido y seco, y en el que el agua de los ríos y arroyos dejó de fluir. Fue entonces, durante la edad de bronce, cuando los individuos tuvieron que adaptarse para sobrevivir.

De forma conjunta solucionaron la escasez a través de la construcción de una red de pozos, en toda la zona, que explotaba el agua subterránea. Se trata de la primera cultura hidráulica de Europa, y lo que se denomina Cultura de las Motillas: en la zona existen nada más y nada menos que 32 motillas.


El pozo de la Motilla del Azuer tiene 4.000 años de antigüedad


Cuesta acertar con las palabras que describan el conjunto arqueológico de Motilla del Azuer. A vista de pájaro, semeja un laberinto espigado y circular, y a vista de científico, obedece a una tipología única y poco menos que insólita en la Prehistoria: las motillas, una elevación artificial en medio de un espacio circundante llano. En el patio trapezoidal se encuentra el pozo de agua: la estructura hidráulica más antigua de la Península Ibérica.

El poblado fortificado de la Motilla del Azuer es un laberinto circular con una gran torre en el centro y el pozo más antiguo de cuantos se han estudiado en nuestro territorio. Cuenta con muros de piedra de más de ocho metros de altura. El agua, entonces como ahora, rara vez caía del cielo en la zona y aquellos hombres del pasado tuvieron que excavar nada menos que 14 metros para encontrarla.
Los habitantes de la zona por aquel entonces sufrieron una prolongada sequía hace 4.000 años que hizo que las aguas superficiales prácticamente desaparecieron de los ríos y arroyos. Esto les llevó a construir en esta región una red de pozos para abastecerse del agua almacenada en los acuíferos más someros.

Nuestros ancestros, con un gran sentido común, se valieron de los recursos más cercanos del entorno. La Motilla del Azuer está construida mayoritariamente con piedra caliza y con la tierra arcillosa de la propia vega del río Azuer.


Imaginar y empatizar con las gentes que habitaron un territorio miles de años antes que nosotros: arqueología en estado puro


Los trabajos arqueológicos realizados en el yacimiento han permitido delimitar dos espacios diferenciados. El primero corresponde con un recinto interior fortificado, integrado por una serie de murallas concéntricas en torno a una torre central cuadrangular, que protegía un conjunto de estructuras donde se gestionaba y controlaba las actividades económicas del yacimiento.

De entre estos elementos destacan los grandes silos de almacenaje, con una capacidad en torno a los 6 metros cúbicos, donde se conservaban productos como cereales, entre los que se encuentran diferentes tipos de trigo y cebada, o leguminosas como lentejas, guisantes o chícharos; así como también hornos para la cocción de la cerámica, el tostado de cereales o la producción metalúrgica.
La línea de fortificación más externa, circular y concéntrica a los sistemas defensivos, presenta en su última fase de construcción un paramento de grandes bloques de caliza. El acceso al interior del área fortificada desde el poblado se realizaba a través de pasillos paralelos a las murallas.

En el exterior del núcleo fortificado se emplazaban las viviendas, en un diámetro de unos 50 metros, en el que se documentan diferentes cabañas, hogares y fosas de desperdicio. La distribución de los enterramientos de las inmediaciones de la Motilla coincide con el área del poblado, en un ritual frecuente en la mayoría de culturas de la Edad del Bronce en la Península.
A la vez que los pozos se construyeron túmulos, monumentos orientados a los astros, en los que se realizaron complejos rituales, depositaban ofrendas o enterraban a los difuntos.

Imprescindible, para entender mejor la Cultura de la Motillas, visitar el Museo Comarcal de Daimiel, idóneo para contextualizar la riqueza antropológica y cultural de la propia Motilla del Azuer.
En el museo, de manera gráfica, con un recorrido muy didáctico se comprende mejor la vida de estos pobladores, cuya presencia se ha documentado en las excavaciones extramuros de la Motilla. Gracias al valioso hallazgo de la necrópolis, se puede saber cómo eran, cómo vivieron y hasta hacernos una idea de cómo se alimentaban y porqué fallecían aquellos “primeros manchegos”.


Descubre la Motilla del Azuer con nosotros. Más información en www.sabersabor.es


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Salamanca, Aula Magna

“Feliz usted que vive en una ciudad por muchas de cuyas calles se puede ir soñando sin temor a que le rompan a uno el sueño”. Usted era Miguel de Unamuno, la apacible ciudad, Salamanca, y quien así consideraba y con tan escaso margen de error era su gran amigo Guerra Junqueiro


Unamuno dijo que era “ciudad abierta y alegre, sí, muy alegre”. George Borrow, en 1840, exclamó “¡qué espléndido lugar es Salamanca!”. La mágica superposición de la ciudad literaria y universitaria con la real hizo decir a Sciascia que Salamanca se acerca a la idea de felicidad cuando vas o vuelves de ella.
Salamanca no forma parte del paisaje, es un mundo cerrado y propio. Como una casa antigua llena de obras de arte, en la que se entra con respeto y cuyas maravillas deben ser valoradas por el que llega, porque los salmantinos saben que lo que tienen en casa es de primera calidad. A lo mejor ellos no le hacen mucho caso, pero saben lo que vale. Aunque se vea mucha gente en la calle y mucha marcha por la noche, no olvidéis que os encontráis en una de las mejores ciudades históricas de Europa, con más monumentos ella sola que algunos países completos. Pasarlo bien no significa pasar de lo bueno, y los monumentos y la historia de Salamanca son de lo mejor.
Allí nació una de las constantes de la cultura hispánica: la ciencia y la picaresca dándose la mano. La viejísima universidad del siglo XIII consiguió ser la mayor de Europa y un gran prestigio en los siglos XVI y XVII. Allí enseñaron Fray Luis de León y Francisco de Vitoria, y allí nacieron desde La Celestina, de Fernando de Rojas, a El Lazarillo de Tormes, la novela picaresca que tendría continuación salmantina con el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y La vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel. Cultura y pobreza dieron como resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura, con Salamanca como escenario común de todas ellas.

Vista de Salamanca

Medallón de los Reyes Católicos, fachada de la Universidad de Salamanca

Rúa Mayor

Fray Luis de León, en la noche de Salamanca


Cultura y pobreza en torno a la ciudad de Salamanca dieron como glorioso resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura


Gran parte del misterio, de la picaresca y de la historia de Salamanca permanece vivo en sus calles. Hay docenas de edificios monumentales, y también tiene varias universidades que proveen de gente muy joven las calles de la ciudad. Su panorama más evocador lo vemos desde la otra orilla del río Tormes: el Puente Romano reflejado en el agua junto a las cúpulas de sus catedrales y al friso del arbolado de la ribera. Si el lugar parece propio para evocar el Siglo de Oro, no podemos olvidar que por estas aguas traían de vuelta a las furcias que habían sido sacadas de la ciudad con motivo de la Semana Santa, en una gran fiesta colectiva llamada Lunes de Aguas.
De la postal del Tormes podemos pasar, caminando sobre el puente romano, a una de sus rarezas: las dos catedrales –Vieja y Nueva- cosidas por la espalda como siamesas nacidas con cuatro siglos de diferencia. Una lo hace en el siglo XII, la románica, y otra en el XVI, gótica, que sería terminada en estilo barroco. El milagro de no destruir la vieja catedral para construir la nueva, ha permitido ver juntas dos soluciones diferentes a un mismo problema arquitectónico. La espléndida vista que, de ambos templos, se divisa desde el Patio Chico hace lamentar que esta actitud conservacionista no sea más que una excepción en nuestra historia arquitectónica.
La universidad, afortunadamente, conserva sus hermosos edificios viejos. En torno al Patio de las Escuelas asoman las Escuelas Mayores, el Hospital del Estudio y las Escuelas Menores. Forman un conjunto plateresco de una belleza delicada y rica, capaz de hacernos viajar al pasado más brillante de Salamanca, aunque siempre encontraremos a alguien que intente sacarnos de la ensoñación para enseñarnos la dichosa rana de la fachada, que traía suerte a los malos estudiantes –A los buenos no les hace falta-. Nadie debe dejar de entrar en las Escuelas Mayores para ver el patio o el aula de Fray Luis, pero menos aún debería perderse el precioso claustro de las Escuelas Menores y el museo en el que se ve un mágico Cielo de Salamanca, un mural cuajado de estrellas donde se dibujan las constelaciones con los signos del Zodiaco.
Durante el Siglo de Oro, en las calles de Salamanca se mezclaban los catedráticos con los astutos predicadores de la orden dominica. El buque insignia de los poderosos dominicos era la iglesia convento de San Esteban, a dos pasos de la catedral y de la universidad; ellos revisaron los papeles de Colón en que pedía ayuda real para su viaje en busca de las Indias, y eran excelentes predicadores con enorme influencia cuyo parecer era extremadamente tenido en cuenta en la España de los Reyes Católicos.
La fachada de San Esteban es de lo mejor del plateresco español, una belleza labrada en el muro exterior con tanta riqueza como imaginación. Al caer la tarde se ilumina son el sol declinante ofreciendo su mejor aspecto.
En competencia con los dominicos, estaban los jesuitas, con grandes influencias en la Corte y en América. Esta orden levantó, no muy lejos de San Esteban, su edificio – emblema: La Clerecía, Colegio Real de la Compañía de Jesús, destinado hoy a Universidad Pontificia. Se trata de un inmenso conjunto de iglesia y edificios destinados a la enseñanza y a residencia de religiosos que destaca en el conjunto urbanístico de la ciudad. La descomunal cúpula del templo y las altas torres nos recuerdan el trabajo de Juan Gómez de Mora de otros arquitectos que llegan hasta el barroco, con el magnífico patio de García de Quiñones.

Casa de las Conchas

Interior de la iglesia de San Esteban

Convento de San Esteban

La Tuna


Aquí nacieron de la mano dos de nuestras constantes: la ciencia y la picaresca


En Salamanca es un placer caminar por las calles de la parte antigua sin rumbo fijo. Todo está próximo y se descubren rincones encantadores y comercios pequeños con ciertas reminiscencias artesanas e, incluso, gremiales entre excelentes edificios como la Casa de las Conchas, famosa por ser una de las mejores obras del gótico civil español, o el Palacio de Monterrey diseñado por Gil de Hontañón, para terminar llegando a la formidable Plaza Mayor, obra del barroco Alberto Churriguera. Es una de las mejores plazas del mundo, sin discusiones, hermosa, clara y compleja. Grande y acogedora, es el verdadero corazón de la ciudad que cada día atrae y vuelve a bombear a sus ciudadanos.
La vida de Salamanca pasa constantemente por la Plaza Mayor. Es el mejor lugar para citarse, para sentarse en sus terrazas, para comer o para pasear a la caída de la tarde, como se hizo siempre desde hace un par de siglos. Esta plaza ha visto de todo, desde corridas de toros a ceremonias religiosas a millares de ligues entre los jóvenes salmantinos de las últimas nueve generaciones. Ahora se liga más en las calles adyacentes, llenas de bares y pubs que desbordan gente hasta impedir la circulación. No podía ser de otra manera en una ciudad con miles de estudiantes y una joven y abundante población prestada. Acuden en busca de saber (“El que quiera saber que vaya a Salamanca”), pero muchos comprueban que “Lo que Natura non da, Salamanca non presta”.

Puente romano y catedrales

Rua Mayor de Salamanca

Catedral Nueva de Salamanca

Retablo Catedral Vieja de Salamanca

Plaza Mayor de Salamanca


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el 1 comentario

Descubriendo el Monumento de Villahermosa

Villahermosa fue elegido el pueblo más bonito de Castilla – La Mancha en el año 2018, por su impresionante patrimonio cultural y natural


Villahermosa, pequeña población de la comarca del Campo de Montiel (Ciudad – Real), tiene su origen en la Edad Media. Creada como propiedad de Don Enrique, Infante de Aragón, Maestre de la Orden de Santiago, cambió su nombre de “Pozuelo” por el de Villahermosa, según carta fechada el 22 de septiembre de 1444, desligándola al mismo tiempo de Montiel.
Su historia está marcada por su situación en las rutas de Cuenca a Granada y de Valencia a Calatrava. Fue y es, por tanto, una importante encrucijada de caminos.
Hoy es un humilde, tranquilo y maravilloso pueblo del Campo de Montiel, con siglos de historia a sus espaldas y citada hasta cinco veces por Don Miguel de Cervantes en su universal obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“. Un auténtico escenario del Quijote.
Cuna de Juan de Solís y Fernando de Ballesteros Saavedra entre otros personajes ilustres, pocas villas como Villahermosa, mantienen y conservan la identidad de un auténtico pueblo rural manchego, que debe su existencia a los quehaceres agrícolas, artesanales y a la cultura que gira en torno a ello.

Es mucho el patrimonio histórico – artístico que se conserva en este bonito pueblo, pero destaca sobremanera la impresionante iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, catalogada como Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Una auténtica joya de gran riqueza arquitectónica en un armonioso compendio de estilo Gótico, Florido o Flamígero (siglos XV – XVI).
El exterior destaca por su espléndida torre de 50 m de altura y la maravillosa e imponente Puerta del Perdón, con un finísimo arco abocinado, con multitud de adornos, tomados de la fauna y la flora, que constituyen un verdadero encaje de piedra.
En el interior, de una sola nave con planta de salón, aunque las capillas laterales le dan aspecto de cruz latina, nos encontramos con cuatro impresionantes bóvedas góticas, formadas por numerosas ojivas y la monumental tribuna de madera noble para el órgano barroco, bellísimo y de gran envergadura, que suena desde mediados del siglo XVIII. Hoy es uno de los más grandes e importantes de la comarca, de la provincia y de la región, junto al de Torre de Juan Abad y Terrinches. Cinco castillos y el fuelle original, un gran teclado de palo santo y novecientos veintiséis tubos componen un órgano de trompetería horizontal con lengüeta, que impresiona a todo aquel acostumbrado a la trompetería vertical con labiales del resto de Europa.


El patrimonio artístico que suscita más interés en Villahermosa son el singular Monumento de Semana Santa, único en el mundo, y el grandioso órgano barroco


Admirable el arco carpanel y los soportales torneados que sostienen el gran coro, que actualmente alberga el museo parroquial, entre cuyos tesoros se encuentra el Monumento de Semana Santa, conjunto pictórico del siglo XVII, magnífico ejemplo de arquitectura barroca, único en España.
Don Francisco, párroco de Villahermosa, nos ilustra con detalle sobre esta joya pictórica: “el Monumento de Semana Santa representa en diferentes planos, con más de 30 lienzos, la Pasión de Jesucristo. En la bóveda del presbiterio, tradicionalmente desde el siglo XVII hasta el siglo pasado se colgaba el colosal conjunto pictórico para envolver el Monumento o Reserva Eucarística el día de Jueves Santo y tapar las imágenes del extinto retablo renacentista como prescribían las normas litúrgicas, a modo de Sargas. El Monumento, datado en el siglo XVII, de tendencia manierista, consta de varios bastidores, que representan escenas de la Pasión.”

Se expuso por última vez en 1980 dado su problemático estado de conservación y al restaurarse el interior del templo. Según los estudiosos del tema, sus pinturas son de primer orden siendo una obra verdaderamente singular en la península ibérica. Esta es la opinión de Alfonso E. Pérez Sánchez, director del Museo del Prado en 1986. Entre 1989 y 1991 se restauraron en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid las 3 escenas del lavatorio, despojo de vestiduras y flagelación. En 1991 se comenzó la restauración de otros ocho lienzos de temática decorativa y tres pechinas, habiendo sido terminados en marzo de 2006. En febrero de 2011 son traídos al templo parroquial, y desde la Semana Santa de ese mismo año una parte del conjunto decora las paredes del coro a modo de exposición permanente. La Santa Cena está expuesta en la capilla del Sagrario y el Lavatorio en el presbiterio.

El diccionario de la Real Academia define la palabra Monumento como túmulo, altar o aparato que el día de Jueves Santo se forma en las iglesias, colocando en él una arqueta en forma de sepulcro, y en ella, la segunda hostia consagrada para reservarla hasta los Oficios de Viernes Santo en los que se consumía. La definición recuerda la liturgia del Concilio de Trento, en la cual no comulgaba el Viernes Santo nada más que el celebrante, el Párroco, normas en vigor hasta el Concilio Vaticano II.

Los dos Concilios han tenido que ver con el Monumento, el primero con su origen, el segundo con su fin. En el primero se consideró que era necesaria la formación de los fieles, dada su baja cultura, para lo que tendrían que valerse de la palabra en la predicación, y de las imágenes en la decoración de los templos, imágenes que debían ser didácticas, prohibiendo “las que comunicaran falsos dogmas o distrajeran en la oración”. Como consecuencia del espíritu de la contrarreforma, las iglesias se revisten de tapices, retablos y a Villahermosa llega el Monumento para embellecer y dar esplendor a los Oficios del Jueves Santo, durante el tiempo en que estaba hecha la Reserva, expuesto el Santísimo, sacramento esencial del catolicismo postconciliar.
El final del Monumento como decoración y complemento de los actos litúrgicos del Jueves Santo, le llega a finales de los años 70 al remodelar el presbiterio para adaptarlo a las disposiciones de la liturgia del Concilio Vaticano II. Un albañil preguntó que se hacía con los agujeros que había en la bóveda del presbiterio; la contestación fue: ¡tápese!, esta palabra marcó el fin. No eran ya necesarias las imágenes, cumplió su ciclo histórico, dejó de ser complemento de actos litúrgicos, elemento didáctico y se transformó en “Monumento Artístico”, y como tal nos ha faltado la sensibilidad para su correcta conservación, pero nunca es tarde.

Imagen de archivo. Ayuntamiento de Villahermosa

Una réplica del Monumento original se exhibe cada año durante la Semana Santa de Villahermosa gracias a la Hermandad de Jesús Nazareno y al esfuerzo de multitud de personas anónimas


El Monumento de Villahermosa es un conjunto de bastidores, a modo de bambalinas de teatro, que cuelgan de la bóveda del presbiterio. El conjunto de bastidores forma un arco, van de forma progresiva desde el primer escalón hasta el fondo en el que hay un tapiz rojo con la imagen de la custodia, en el centro queda el altar que se eleva y en lo más alto se coloca la arqueta mozárabe donde se hacen la Reserva. Las pinturas, las velas, las flores y la arqueta con el Santísimo, forman un conjunto muy hermoso, de gran belleza y suntuosidad que induce a la oración.
Las pinturas simulan unas grandes columnas herrerianas que soportan en lo más alto la fachada de un majestuoso edificio, el pretorio en el balcón central, el Eccehomo, en las laterales balconadas con público y entre ellos San Pedro con sentimiento de haber negado.
Las bases de las columnas son iguales en todos los bastidores, al ir en disminución progresiva, le dan a todo el conjunto un efecto de perspectiva. Los arcos posteriores están decorados con ángeles y simbología de la pasión. En el fuste de la columna hay cuatro figuras, dos a cada lado, que están apoyadas sobre una repisa, en contraste con una columna cilíndrica, y forma una especie de hornacina que le da una impresión escultórica.
Las pinturas del lado del Evangelio representan a Jesús orante en la parte inferior y en la parte superior a Jesús cubierto con un paño rojo, coronado de espinas, con una caña y se mofan y le escupen. En el lado de la epístola, El Salvador es despojado de sus vestidos y en la parte superior, azotado. Son pinturas de tamaño natural, las llagas de los azotes no son tan crueles, como pueden ser las de la época, como las del Museo Diocesano, los rostros son de dolor, de pena, pero dolor controlado, contrasta con los romanos que lo martirizan con caras feas y miradas de odio. En el balcón central, el Eccehomo está acompañado de Pilatos.
Los rostros de todas las figuras de Jesús, tienen en común la mirada que comunica con el observador.
En lo más alto, el Padre acompaña al Hijo en todas las vicisitudes del Jueves, lo mismo que los ángeles que rodean las distintas figuras, son bellas composiciones, muy expresivas y es urgente su restauración.
Para completar la anchura hay otras dos pinturas: La Última Cena y El Lavatorio. Contrastan con el resto del conjunto por ser estilos pictóricos distintos.
El Lavatorio, no es una pintura original. Desde Tintoretto cualquiera que pinte el tema lo recuerda. Pero, pese a ello, las caras, las manos, las expresiones… San Pedro se resiste ¡lavarme tú a mí!, demuestran un profundo sentimiento religioso del pintor. Está restaurada y ha recuperado el color, los añiles, los verdosos y la radiación alrededor de la cara de Cristo.
La Última Cena, de la Capilla del Santísimo, colgado más bajo y con mejor luz, pero no suficiente, se disfruta mejor que el anterior. Sin restaurar, los colores son los originales, tratados por el tiempo (si alguna vez se restaura estaría bien que se haga un minucioso estudio para tratar de encontrar fechas y firmas).
Después de que Leonardo pintase su Última Cena, la influencia sobre las demás fue notoria, ya que no ha habido pintor que se preste que no haya hecho la suya: Tiziano, Juan de Juanes, el Greco, Tristán, Velázquez y hasta Dalí con sus fantasías.

La del Monumento de Villahermosa es una entre pocas por su belleza y mérito pictórico. Se pueden observar los detalles que lo atestiguan: arquitectura y decoración del cenáculo, distribución de los Apóstoles en la mesa, luces y sombras, efecto en el cuchillo en el primer plano de la mesa, vestidos, dobleces y arrugas, colores (añil, verdoso y grisáceo). La perfecta armonía de luz, color, planos… Judas oscuro para destacar; el mantel marfil, sutil transparencia con arrugas y pliegues, dobladillos; caras y manos con sus expresiones (alguien viéndolo dijo: “las caras y las manos son de un gran maestro, no necesitan firma”).
Todos los estudiosos del Monumento coinciden que es obra de taller, grande, como el que había en su época en la casa del Marqués de Villena, con posibilidad que Escamilla interviniera en su contratación; puede sospecharse de la participación en su confección de un pintor o arquitecto que lo diseñara, hizo los trazos como se decía, conocedor de las proporciones, le dio armonía y suntuosidad, los aprendices completaron la arquitectura, ángeles y decoración, un buen maestro se encargó del Salvador y el gran maestro pintor del Lavatorio y La Última Cena, pinturas de mucho mérito.
El manierismo es su estilo pictórico, en transición con el barroco, el naturalismo se había iniciado y se muestra en la anatomía de las manos de los romanos y los músculos de muchas de las figuras; aunque es difícil de determinar cuándo se termina un estilo y se inicia otro, por el año 1600 sobreviven las dos tendencias. Con todas las reservas se puede tomar esa fecha de referencia y sólo para valorar el Monumento con una antigüedad.
También se puede comentar como el Monumento es una de las superficies pictóricas más grandes en óleo sobre lienzo que existen en la actualidad. La Iglesia tiene 12 metros de ancho por 19 de alto; como ocupaba prácticamente todo el frente, se puede calcular en próximo a los 150 metros de superficie, una de las obras pictóricas, más grandes que se pueden recuperar con toda su belleza.


El interés por las cosas del espíritu y las cosas de la cultura diferencia a los pueblos vivos de los muertos


El Monumento de Villahermosa se considera Monumento Artístico de primera categoría:
• Por ser una obra pictórica de gran mérito.
• Por proceder de un taller de grandes maestros.
• Por ser representativa de una forma de cultura extinguida (la decoración suntuosa de los templos).
• Por su antigüedad próxima a los 400 años.
• Por ser una de las superficies existentes más grande sobre lienzo del mundo.

Este llamado Monumento de Semana Santa no debe encuadrarse dentro de las arquitecturas efímeras, ya que cada año se remontaba, se colocaba de nuevo. Se encuadraría mejor en el “arte de las tramoyas” o arquitecturas fingidas, por su carácter escenográfico, que lo entroncaría con las ceremonias de la Pasión y el teatro medieval (dramas litúrgicos). Pudiendo servir como decorado para los autos de Pasión y Resurrección de Siglo de Oro. El de Villahermosa es uno de los más completos conservados, de mayor envergadura y complicada composición.

Después de haber descubierto esta maravillosa joya en primera persona, desde el equipo de sabersabor.es esperamos que este pequeño reportaje sirva para dar el impulso necesario para finalizar por completo su restauración, sin escatimar esfuerzos ni medios, habida cuenta de su importancia como una obra artística única en el mundo.


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Para más información sobre el Monumento de Villahermosa, visitar villahermosacr.es 

Publicado el Deja un comentario

¿Eres de Brandy o de Cognac?

El brandy y el coñac son dos bebidas elaboradas a base de vino y excepcionales para nuestro paladar


La gran mayoría de consumidores no saben distinguir un licor del otro. Para ayudarte en esta tarea, hoy te enseñamos sus principales diferencias.
El brandy y el coñac son dos bebidas destiladas y aunque existe la falsa creencia de que son la misma bebida, o que el brandy es una versión más económica del coñac, lo cierto es que existen ciertas diferencias, tanto en su proceso de producción y lugar de elaboración como en su sabor y su aroma. Las dos bebidas se elaboran con vino y la mayor parte de los consumidores no saben diferenciar uno de otro, pero los auténticos amantes de uno y otro sí. Ciertamente ninguno es mejor que otro, ya que ambas son buenas bebidas de larga historia y tradición. En cualquier caso, lo que si tenemos claro es que la forma correcta de beberlas es a temperatura ambiente, dejando que el destilado se caliente ligeramente en la copa antes de consumirlo para que los aromas sean mucho más pronunciados y podamos apreciarlos claramente.

ORIGEN

El brandy (se piensa que deriva del término “brandenwijn”, que significa vino quemado) tiene un origen más antiguo que el coñac. Se elaboró por primera vez en Italia en el siglo X, popularizándose en Europa en el siglo XIV, especialmente en Francia, Inglaterra, Holanda y España. En cambio, el coñac aparece en el siglo XVIII cuando los viticultores franceses decidieron transformar su vino en aguardiente envejeciéndolo en toneles durante varios años.


Un buen brandy, servido solo, en copa de balón de cristal fino, proporciona agradables sobremesas, que propician la conversación relajada


PROCESO DE ELABORACION

El brandy es una bebida elaborada a base de vino de diferentes tipos de uva, mientras que el coñac es un tipo de brandy que se elabora también a base de vino, pero en este caso de cepas blancas de la región francesa de Cognac.
Aunque la forma de obtención de ambos destilados es muy similar hasta la fase de crianza, en el brandy se realiza mediante criaderas y soleras (barriles de roble americano apilados en diferentes niveles por edad) que posteriormente se mezclan por distintos niveles de envejecimiento; y en el coñac la destilación se lleva a cabo dos veces en alambiques de cobre de tipo Charente y se envejece en barriles de roble francés y antes de ser embotellado se mezclan distintas añadas, poniendo en la etiqueta la edad del aguardiente de menor edad utilizado. Por supuesto las barricas no pueden haber contenido ninguna bebida que no sea coñac. Además, la caliza del suelo contribuye a la calidad del coñac.

Además cada tipo de brandy y de coñac se diferencian por su tiempo de envejecimiento. En realidad es imposible decidir cuál de estas dos bebidas es mejor, ya que existen brandys mejores y más finos que muchos coñacs y viceversa. Existen aquellos que prefieren los brandys españoles porque puede percibirse un poco más ácido por la uva que se utiliza en su elaboración. Aunque obviamente un coñac de alta calidad y más años de envejecimiento siempre será mejor que un brandy de menos años. Pero si descartamos estas obviedades, la preferencia depende del paladar y del gusto de cada uno.


Peinado, Casajuana y Destilerías Altosa de Tomelloso producen algunos de los mejores destilados, aguardientes y brandies del mercado


DENOMINACION DE ORIGEN

Esta es una de las mayores diferencias entre ambos. Solamente los destilados elaborados en Cognac (Francia) pueden ser llamados Coñac. Nombre protegido con denominación de origen controlada desde el año 1909 del mismo modo que ocurre con el Champagne y el Cava. Cognac es una región de Francia situada a 465 kilómetros de la capital parisina y a 120 kilómetros al norte de Burdeos. La zona posee alrededor de 15.000 viñedos especializados en el cultivo de uvas blancas que maduran lentamente y que producen un vino ácido bajo en alcohol. Este tipo de uva también ofrece los ingredientes en crudo para hacer un tipo más fino de brandy.
El BNIC (Bureau National Interprofessionel du Cognac) establece las reglas para la denominación, de manera que incluso si el destilado es elaborado en otra zona con los mismos ingredientes y procesos no puede ser considerado coñac. Estas reglas rigen las líneas de actuación desde su producción hasta su comercialización, que preserva la identidad de esta bebida. Sin embargo, a día de hoy existe una gran confusión y polémica, ya que hay muchos coñacs elaborados fuera de Francia que se fabrican con los mismos procedimientos pero que no pueden ser llamados con este nombre.
En España por ejemplo tenemos la Denominación de Origen Brandy de Jerez que certifica la calidad y excelencia del brandy que se elabora en las localidades que se encuentran bajo esta denominación que son el Puerto de Santa María, Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda. No obstante, al igual que ocurre con el coñac, este aguardiente se elabora también en muchos lugares. Por ejemplo el famoso pisco peruano es un tipo de brandy elaborado con vino fermentado con uvas específicas de la región, pero no puede tener denominación de origen como Brandy de Jerez.


Curiosamente, empresas jerezanas como Osborne, Pedro Domecq y González Byass producen gran parte de su brandy en Tomelloso, Ciudad – Real


SABOR

El sabor es otra de las grandes diferencias entre el coñac y el brandy. No hace falta ser un experto para darse cuenta de ello y de que existen pequeñas diferencias también en sus aromas y colores. El envejecimiento permite que se desarrollen de manera natural una serie de reacciones que confieren cualidades distintas en el color, el aroma y el sabor de cada uno de ellos que los aguardientes por sí solos no tienen. De esta forma, un envejecimiento prolongado suaviza el paso de los aguardientes por el paladar. Lo que es evidente es que tanto el brandy como el coñac son dos bebidas magníficas llenas de historia y tradición que podemos disfrutar tanto después del café o con él o reservarlo para una ocasión especial. La tradición de ambas como bebida de categoría, su agradable sabor, su perdurabilidad de aromas y su versatilidad para ser combinados es lo que las hace únicas.


Un artículo de sabersabor.es ©


Publicado el Deja un comentario

Tejera Negra, la vitalidad de un hayedo insólito

El Hayedo de Tejera Negra, Patrimonio Mundial de la UNESCO, forma parte del Bien Natural “Hayedos primigenios de los Cárpatos y otras regiones de Europa”


El primer haya solitaria aparece a la izquierda de la pista forestal que conduce al corazón del bosque, rodeada de una alfombra del verde rabioso de la gayuba húmeda. No se sabe cómo ha podido sobrevivir a la industria maderera, al carboneo y al calor, pero crece ahí como una unidad de medida del bosque. Posee la copa amplia y redondeada que caracteriza los ejemplares aislados y estira las ramas al cielo entre amenazadoras y suplicantes. Con toda seguridad anuncia la excepcionalidad de uno de los hayedos más meridionales de Europa.

El resto de ejemplares se reparten en edades: los más jóvenes en los lugares más accesibles, como en la senda de Matarredonda, donde también crece un tejo testimonial y antiguo; los más viejos en los lugares más inaccesibles, en las cabeceras de los ríos Lillas y Zarza; los desmochados, por doquier.

El hayedo de Tejera Negra constituye una especie de isla vegetal en la cordillera Central, pudiendo ser considerado el escombro botánico de una masa forestal gigantesca diezmada por la influencia humana y el cambio climático regional.

El haya es un árbol muy común, pero en el centro de Europa, típico de lugares húmedos y que, en España, se concentra en la mitad norte, sobre todo en Navarra.
Sicilia y la sierra de Ayllón, donde se encuentra Tejera Negra, constituyen excepciones forestales en la distribución geográfica de los hayedos.

De los tres enclaves de hayas que se aferraron a la sierra del Sistema Central: en Madrid, Montejo de la Sierra; Riofrío de Riaza en Segovia y Tejera Negra en Guadalajara, es este último el de mayor extensión y riqueza faunística y botánica.
Las hayas de Tejera Negra debieron de establecerse aquí en una época remota en que el clima era más frío y húmedo que el actual. Hoy, estos árboles todavía encuentran refugio en valles umbríos, laderas norte y canchales escasamente expuestos al sol pero sometidos a nieblas, vientos y lluvias.


El carácter de excepción que reviste el bosque del hayedo de Tejera Negra consiste en crecer allí donde nadie lo podía esperar


El ser humano se sirvió de estos árboles hasta casi agotarlos para fabricar arcos de guerra, muebles y carbón vegetal.

En otros tiempos, piras de troncos de hayas, brezos, robles, encinas y melojos recubiertos de paja y tierra ardían en una combustión controlada, casi exenta de oxígeno, para convertir la preciada madera en carbón vegetal. Este combustible era repartido luego entre los pueblos de los alrededores y transportado a las capitales (Madrid, Guadalajara…) hasta convertirse en rescoldo de brasero. En travesías que sólo los pájaros pueden realizar podría observarse el lugar ocupado por aquellos hornos circulares de 25 metros de diámetro, colocados al tresbolillo, como volcanes extinguidos a quienes la naturaleza todavía no ha conseguido olvidar.

La consecuencia de las talas sucesivas (la última se produjo hace unos 50 años) es que, paradójicamente, a pesar de su antigüedad, el hayedo es joven y homogéneo. Sólo en los lugares más profundos del valle, en los cortados de más difícil acceso en los que la explotación no parecía rentable por lo abrupto del terreno, crecen las hayas centenarias. En la solana del río Zarzas y en el barranco que da nombre al Parque (Tejera Negra) es donde la majestuosidad del bosque que causa respeto, temor o admiración –y en el que Caperucita, Blancanieves o Pulgarcito podían haber pasado los peores momentos de su existencia-, se convierte en hojarasca ocre y corteza lisa y cenicienta.

En este bosque donde las hayas han tenido que luchar por su supervivencia frente a la especie humana, también han librado batalla contra plantaciones, más o menos afortunadas, de pino silvestre. En lugares donde ambas especies combatían en igualdad de condiciones, las ramas de las hayas fueron decapitando las copas de los intrusos y asfixiándolos a continuación gracias a su corpulencia, contradiciendo así todas las teorías sabias sobre la escasa capacidad de regeneración de los hayedos meridionales.


El hayedo de Tejera Negra (Guadalajara) está configurado por los ríos Lillas y Zarzas, que nacen en el valle glaciar de la Buitrera


Avanzando a pie, paralelos al curso del río Zarzas (también denominado Sorbe o de la Hoz) y acompañándolo hacia su nacimiento, puede verse cómo el valle se cierra por picos que quisieran alcanzar los 2000 m de altitud. El circo del valle se cierra en torno a la Atalaya (1887 m), Tejera Negra (1914 m) y Tiñosa (1971); y otros que consiguen superar los 2000 m dispuestos a lo largo de la cuerda de las Berceras y ocultos con frecuencia por la niebla, como el Alto del Porrejón (2012 m) y la Buitrera (2046 m). La máxima elevación del macizo la ostenta el pico del Lobo con 2272 m.

Hasta bien entrada la primavera, algunos neveros obstinados alimentan los arroyos que vierten su caudal en las aguas del río Zarzas.
En Tejera Negra, también crecen otros árboles como robles, acebos, serbales, cerezos silvestres y abedules, pero la vegetación no se distribuye al azar, sino que tiene predilección por asentamientos concretos, en función sobre todo de la altitud… por encima de los 1800 m, cota hasta la que también llegan los pinos, sólo crecen pastos, resistentes a las inclemencias del tiempo y a la deshidratación provocada por el viento que sopla de manera casi constante en los collados.

Las aves encuentran en el haya protección y refugio para establecer sus nidos. La corteza lisa de los árboles y el suelo despejado son factores que favorecen la elección de las copas de los árboles por algunas especies, como las águilas reales. Y por supuesto los roquedos para los buitres leonados y halcones abejeros.

Entre los grandes mamíferos, la desaparición del lobo en los años cincuenta es la ausencia más significativa, dejando el camino libre al zorro, gato montés, garduña, tejón y comadreja. Las nutrias dentro del agua. El mayor herbívoro es el corzo, al que no es difícil ver fugazmente atravesando algún calvero del bosque en busca de pasto fresco.


Merece la pena presenciar el espectáculo cromático que cada Otoño produce su singular y grandiosa riqueza forestal, con una extraordinaria y sorprendente explosión de colores


A medida que la carretera de Ayllón se aproxima a la tierra de Galve, el color rojizo de la tierra desaparece hasta convertirse en un caos pizarroso sobre el que crecen, precisamente, las hayas.
Estas lajas de pizarra han permitido la construcción de edificaciones tanto para los humanos como para el ganado (taínas). Ahora son testimonios del pasado.
La prosperidad de estos pueblos, que no eran más que premios otorgados a la aristocracia feudal como pago a los servicios prestados durante la Reconquista, estaba basada en el aprovechamiento de la tierra dedicada al pastoreo.

La disminución de la trashumancia y la regresión del sistema pastoril significaron la decadencia de la zona a partir de principios del siglo XX y a todo lo largo de él. Es como si los pueblos de esta sierra hubieran adelantado en medio siglo a la emigración de las gentes a las ciudades.
El resultado es el envejecimiento de la población y el abandono de las localidades, con el consiguiente riesgo de pérdida definitiva de los valores culturales locales.

Entre los pueblos más cercanos a Tejera Negra, Galve destaca por haber poseído un pasado esplendoroso del que rinden cuenta las tres ermitas, el castillo de los Zúñiga y la iglesia de planta rectangular de la Asunción.
A escasos kilómetros de Cantalojas, la carretera local deja a un lado a Villacadima, pueblo abandonado que parece estar dormido. El paso del tiempo y la desidia lo convirtieron en morada de fantasmas y refugio de recuerdos. En ningún momento más oportuno que el presente, Villacadima es merecedora de nombre: la palabra cadima, de origen árabe, significa vieja.

Los libros de geología dicen que Cantalojas se asienta sobre una llanura de calizas procedentes de la era Terciaria, pero al llegar a esta localidad es mucho más gratificante mirar al cielo que al suelo: en función de la hora del día no es difícil descubrir por encima de las fincas y tejados del pueblo alguna bandada de buitres leonados que descienden, volando en círculos, desde las más altas cumbres del macizo de Ayllón en busca de las carroñas dispersas por los valles.

En cualquier época del año es gratificante una visita al hayedo de Tejera Negra: en primavera, las hojas hacen derroche de color verde vivo, mientras que en otoño la luz y el suelo se tornan ocres. En pleno verano, el tupido follaje ofrece frescor y, en invierno, el bosque entero es un misterio. Inolvidable.


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Próximos destinos: Ruta de la Arquitectura Negra o de los “pueblos negros” y Ruta del Románico Rural de Guadalajara

Publicado el 1 comentario

3 destinos para 3 vinos

Os proponemos un maravilloso viaje por tres de los rincones culturales y paisajísticos más importantes de la provincia de Ciudad – Real: Tomelloso, Ruidera y Villanueva de los Infantes


1. TOMELLOSO

Tierra de paso y cruce de caminos, la historia de Tomelloso es relativamente joven… “se comenzó a poblar en 1530 en tierras baldías de la villa de Socuéllamos, en torno a un viejo pozo utilizado por los pastores de la zona para abrevar a sus ganados”.
Muy pronto la naturaleza emprendedora de este pueblo unida a una desastrosa plaga de filoxera en otras comarcas españolas y francesas (historia rocambolesca para descubrir), haría de este lugar el gran centro de producción vitivinícola que es actualmente. Desde sus bodegas y cooperativas se “vende” mosto y vino a medio mundo.
La ciudad manchega de la pintura, la Atenas de La Mancha, cuna de artistas y escritores de fama mundial, pragmática y enérgica, sus gentes y sus vinos han influido en el pincel vital y realista de López Torres, los certeros e inolvidables relatos de Francisco García Pavón, sus bombos, chimeneas y antiguas cuevas – bodega.
Por su carácter, siempre preparado para celebrar una ocasión especial, os recomendamos un espumoso, brut nature que dirían los entendidos, de fermentación tradicional.

2. LAGUNAS DE RUIDERA

“Creadas por el encanto del mago Merlín…” reverberan las palabras de Cervantes en aquel visitante que contempla asombrado el entorno del Parque Natural de Lagunas de Ruidera. Como los aromas frutales de un vino tinto joven, los sentidos aquí quedan embriagados por la cascada de aromas que fluyen en la retina del visitante primerizo.
Aquel viajero que acude por primera vez a Ruidera y sus lagunas, cuando lo hace desde la llanura manchega, vasta y extensa, percibe la sensación de acudir a un oasis, un remanso de paz, bálsamo y conjura contra el frenético ritmo de la vida urbana.
Sus cristalinas aguas de un azul puro e intenso, con verdes contrastes en sus orillas de encinar, álamo, olmos, juncos, masiegas, matorrales, espinos… vigiladas por antiquísimas sabinas, albar de reserva, y enebros de buen porte.
Belleza kárstica única en España. Travertinos o barreras tobáceas singulares que otorgan a este espacio natural protegido una singularidad geológica y ecológica de primer orden en Europa.
Un vino idóneo para este tesoro natural lo encontraremos en un blanco frutal, de suaves toques florales y herbáceos. Aromas de romero, tomillo y brezo que Ruidera nos regala.

3. VILLANUEVA DE LOS INFANTES

En el Campo de Montiel, antaño tierra de frontera con la media luna y custodia de la Orden de Santiago, Villanueva de los Infantes pugna en orgullo, tradición y solera por ser la cuna de “aquel lugar del que Cervantes no quiso acordarse”. No en vano, sus calles adquieren el lustre y celo solariego, de sobrio invierno castellano y austero porte en sus fachadas.
Pasear por Villanueva de los Infantes con la mirada acostumbrada a descifrar la simbología de la cantería que ostentan sus fachadas, portadas y blasones, reporta al visitante la sorpresa de encontrar en este rincón escondido de La Mancha, un tesoro literal. Además en el doble sentido de la expresión. Pues la increíble belleza de su elegante patrimonio monumental labrado en la típica arenisca roja del Campo de Montiel, se impregna como las nieblas de otoño, con la atmósfera literaria que ha transitado sus calles desde que la cultura del Siglo de Oro abrió sus puertas en la singular Casa de Estudios.
Aquí Jiménez Patón impartió gramática. Quevedo distraía su destierro. Lope de Vega ignoraba a Cervantes. Y Cervantes, más grande que ninguno, olvidado por esa envidia inculta que en España se siente por los genios contemporáneos, olvidada a su vez, acordarse de esos lugares y esas gentes que bien conocía hasta el fondo de sus más profundas miserias.
En pocos lugares del mundo como en este pueblo con título de ciudad, se percibe la atmósfera caballeresca y fantástica que se lee en las páginas del Quijote.
Un buen vino, un buen crianza, delicado y cuidado, con historia y con un futuro que pasa por nuestro paladar a toda velocidad, será el elegido para descorchar en tan noble rincón.


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Si quieres realizar este maravilloso viaje de cultura, naturaleza y vino, contacta con nosotros

Publicado el 4 comentarios

Ecoturismo por los Parques Nacionales y Naturales de Ciudad Real

Os proponemos una serie de experiencias y actividades para descubrir algunos de los espacios naturales y rurales más valiosos de Europa ubicados en la provincia de Ciudad Real (España): los Parques Nacionales y Reservas de la Biosfera de Tablas de Daimiel y Cabañeros, y los Parques Naturales de Lagunas de Ruidera, y Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Sin duda, el destino ideal para los que quieren vivir una auténtica experiencia de ecoturismo y naturaleza, aprovechando al máximo la estancia a la vez que se conservan los valores ecológicos y paisajísticos de cada destino, contribuyendo a sostener el entorno rural en el que se llevan a cabo, participando en el estilo de vida de las poblaciones locales y en la conservación del patrimonio natural y cultural.


Día 1

Nuestro viaje dará comienzo en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, Reserva de la Biosfera desde 1981 y ecosistema único y característico de La Mancha. Por medio de un itinerario interpretativo descubriremos los secretos ecológicos, geológicos y paisajísticos de este enclave privilegiado. Desde el observatorio de la Isla del Pan apreciaremos el trasiego incesante de diferentes especies que salen y entran al Parque, como las esbeltas garzas o los grupos de ánades que toman los rastrojos al amanecer. Observaremos especies tan emblemáticas como la Avutarda (Otis tarda), el Sisón Común (Tetrax tetrax), o la rarísima Ganga Ortega (Pterocles orientalis), que comparten hábitat con los bandos de Grullas (Grus grus) invernantes. Un auténtico muestrario de especies en donde conviven la amenazada Malvasia (Oxyura leucocephala) o el Porron Pardo (Aythya nyroca), con Zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis) y Calamones (Porphyrio porphyrio), Flamencos rosados (Phoenicopterus ruber), los llamativos bandos de Bigotudos (Panurus biarmicus), los Escribanos Palustres (Emberiza schoeniclus) y el escaso Carricerin Real (Acrocephalus melanopogn)… un espectáculo asegurado durante todo el año. A la hora de comer disfrutaremos de un almuerzo campestre. Por la tarde visitaremos la Motilla del Azuer, uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de España. Descubriremos el origen de este singular asentamiento de la Edad de Bronce: una fortificación con más de 4.000 años de antigüedad, donde encontraremos el pozo más antiguo de la Península Ibérica.

ecoturismo Tablas de DaimielTablas de Daimiel

Tablas de DaimielTablas de Daimiel

Tablas de Daimiel ecoturismoTablas de Daimiel

turismo arqueológico Motilla AzuerYacimiento arqueológico de la Motilla Azuer


Día 2

Realizaremos un inolvidable recorrido de naturaleza por el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, un enclave privilegiado formado por un rosario de 15 bellas lagunas y que en conjunto constituyen todo un espectáculo para los sentidos, además de una curiosidad ecológica y geológica de primer orden en España y en todo el ámbito europeo. Los grandes bosques mediterráneos de encinas (Quercus ilex) y sabina albar (Juniperus thurifera), y una fauna impresionante, con más de 250 especies de vertebrados, harán las delicias de los visitantes. A la hora del almuerzo, nos espera una deliciosa y auténtica comida típica en un cortijo / huerta de la zona, un lugar lleno de encanto y esencia manchega donde vamos a disfrutar de una comida típica a base de platos tradicionales. Por la tarde realizaremos un Taller Artesanal de Esparto, una fibra obtenida de diversas plantas silvestres de la zona. Con dicha fibra se elaboran sogas, alpargatas, cestas, alfombras, utensilios, etc.

Laguna del ReyLaguna del Rey. Autor, Bernardo Sevilla

Ruidera hundimientoEl Hundimiento. Lagunas de Ruidera. Autor, sabersabor.es

ecoturismo Lagunas de RuideraLagunas de Ruidera

taller EspartoTaller de Esparto

Huerta Villanueva de los InfantesHuerta Manchega

Utricularia australisUtricularia australis


Día 3

Descubriremos el Parque Nacional de Cabañeros: un lugar único en el mundo. Porque aquí sobrevive intacto el gran bosque mediterráneo de Europa, donde el visitante aún puede verse rodeado de la fauna ibérica más amenazada, y ver fósiles de más de 500 millones de años de antigüedad. Su excepcional conservación permite al visitante disfrutar de la gran reserva natural ibérica. En su paisaje de extensas llanuras y bosque abierto viven grandes mamíferos como la cabra montés (Capra pyrenaica), el águila imperial ibérica (Aquila adalberti) y el buitre negro (Aegypius monachus), además del ciervo ibérico (Cervus elaphus). Sus más de mil especies vegetales, sus fósiles del Ordovídico, y las cabañas de carboneros que dan nombre al parque son sólo una pequeña parte de su atractivo. Acompañado por nuestro guía intérprete, recorremos el interior del Parque Nacional descubriendo todos sus secretos y disfrutaremos de un almuerzo campestre.

Cabañeros Cabañeros

Buitre negro CabañerosBuitres negros

Parque Nacional CabañerosParque Nacional de Cabañeros

Berrea CabañerosBerrea

Boquerón del EstenaBoquerón del Estena


Día 4

Realizaremos un recorrido por el Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona: un lugar donde disfrutar de la naturaleza aún en estado virgen. Sus bosques, entre los que se encuentran árboles centenarios y milenarios, la riqueza paisajística de sus parajes y las más de 160 especies de aves que lo habitan hacen de este parque natural uno de los más bellos y desconocidos de España. El Parque Natural presenta dos paisajes diferenciados. Por un lado una enorme extensión de dehesas de aprovechamiento secular ganadero que conforma el Valle de Alcudia, con su mar de encinas y pastizales en el que se pierde la vista. Por otro las sierras y montes del sur, de relieve quebrado, crestones y pedrizas que constituyen Sierra Madrona. El parque alberga diversas manifestaciones de vulcanismo de Ciudad Real. A medio día realizaremos un almuerzo campestre.

Valle de AlcudiaValle de Alcudia

Chorrero de la SierpeChorrero de la Sierpe

encina milenaria AlcudiaEncina milenaria

SisapoYacimiento arqueológico de la ciudad de Sisapo en La Bienvenida

Solana del Pino Valle Sierra MadronaSolana del Pino Valle, Sierra Madrona

Peña escrita FuencalientePeña escrita, Fuencaliente


Un artículo de Antonio Bellón Márquez ©


Si estas interesado en realizar esta irresistible escapada, contacta con sabersabor.es 


Fotografía de portada: Lagunas de Ruidera. Autor, Miguel A. García

Publicado el 2 comentarios

Una historia de trashumancia

trashumancia Campo de Montiel ecoturismo

Desde las Sierras de Tragacete y Albarracín en Teruel, la Cañada Real Conquense atraviesa Cuenca y La Mancha hasta alcanzar Sierra Morena y la comarca del Condado de Jaén


Desde hace siglos, pastores y vaqueros conducen sus reses a través de las sendas medievales que hoy forman la Red Nacional de Cañadas Reales. Paso a paso, sol a sol, los “modernos” trashumantes de hoy en día recrean una anacrónica aventura pecuaria cubiertos de polvo, sudor y cansancio.
El viaje que os proponemos, por un tramo de la Cañada Real Conquense conocido como Cañada de los Serranos, permite conocer y disfrutar tres grandes zonas de la provincia de Ciudad – Real: la llanura Manchega, la altiplanicie del Campo de Montiel y las estribaciones de Sierra Morena Oriental.

¡Vamos, Tuerrrrrta!…, grita Antonio, echando mano de su vara de acebuche. Ganadero de talante apacible, Antonio suele arrear a sus 360 ovejas manchegas con educadas palabras de ánimo: “Venga, bonita”, llamándolas a casi todas por su nombre, Chispa, Gitana, Vívora, Extraña, Gasona, Perla… En su morral guarda la lista con sus partidas de nacimiento. El rebaño es como un pueblo pequeño donde todo el mundo se conoce. Pero con la Tuerta, hasta el perro pastor que lo acompaña, Granero de nombre y pastor mallorquín de raza, se desespera al enfilar la Cañada de los Serranos desde las llanuras de Socuéllamos (Ciudad – Real), donde se sitúa el comienzo de nuestro viaje trashumante de casi 140 km que nos conducirá hasta los pastos de verano (agostaderos) a los pies de la Sierra del Cambrón, en Castellar de Santiago (Ciudad – Real), en el límite con Andalucía y la provincia de Jaén.

La pobre Tuerta, que no está loca, sino que se hace la sueca, sería capaz de desquiciar al mismísimo John Wayne. Va a su bola tropezándose con las retamas, atravesándose en la carretera… Que estaba de pasar y pasó: acabó cayéndose en un agujero, llegando a Ruidera. Mientras caía, Juan, compañero y socio de Antonio, bromeaba: “Ya es tarde para comprarle un ojo de cristal”. Los restos de paja del fondo, por suerte, hicieron de colchón. ¡La madre que la parió!
En el camino, los pastores de la zona nos saludan con cierta familiaridad. Proceden en su mayoría de la zona, de estos pequeños pueblos de la España escondida, donde el pastoreo de ganado conforma un estilo de vivir, sentir y pensar.

Trashumancia

Trashumancia en La Mancha

rebaño de ovejas La Mancha

La necesidad de trasladar el ganado de los pastos de verano a los de invierno determinó unos itinerarios que fueron tejiendo, siglo tras siglo, una red de comunicaciones en la Península. Estas vías pecuarias (denominadas cañadas, cordeles, veredas y coladas en función de su importancia y anchura) recibieron carta de naturaleza en 1273 bajo el reinado de Alfonso X el Sabio y posterior tutela con la institución del Honrado Concejo de la Mesta de Pastores. Constituyen el más extenso entramado viario de la Comunidad Europea. Distribuidas por 40 provincias, estas sendas medievales tienen una longitud de 125000 km y ocupan una superficie de 425000 hectáreas, equivalente a la provincia de Pontevedra.

Noche de pastores en el chozoNoche de pastores en el chozo

Abrevadero para el ganadoAbrevadero para el ganado


El sesteo se realiza al mediodía para evitar las horas de más calor


Camino de Alhambra, donde se efectuará la tercera “dormida” del viaje, se escucha de fondo el rumor somnoliento de los cencerros, un monótono repicar que se convertirá en el hilo musical del rebaño durante las 6 jornadas, con sus respectivas noches al raso, de calculado recorrido. Nuestra expedición, que partió a últimos de junio, está formada por 4 personas, una mula, 360 ovejas y un vehículo todoterreno, un destartalado Land Rover. El reto es caminar de sol a sol, al ritmo de unos 20 a 25 km diarios.
Violeta, la mula del rebaño, destaca por su corpulencia entre todas las ovejas, idónea por su resistencia para el aprovechamiento ganadero extensivo. Transportar el rebaño en camiones hasta nuestro destino costaría mucho, muchísimo dinero. Y hay que mirar el bolsillo en estos locos tiempos de vacas flacas.
La ley de los trashumantes continúa inamovible: media vida de nómadas. Pese al curso imparable de la modernidad, los últimos pastores nómadas se sienten herederos de un espíritu migratorio de subsistencia.

Pasando por el Parque Natural de las Lagunas de RuideraPasando por el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera

Por tierras de Alhambra. Autor, SergioPor tierras de Alhambra. Autor, Sergio


Las vías pecuarias extienden sus 125000 km por toda España


Durante el día, las cabezas más nobles y veteranas, Chispa y Gitana, con las encargadas de marcar el recorrido al “pelotón”. Como sus dueños, conocen de memoria los mojones, abrevaderos, puentes… vestigios todos de una cultura milenaria.
Cae la tarde. El rebaño enfila la cañada en dirección al descansadero de la Sierra de Alhambra. Para comprobar que ninguna se ha perdido, cuentan las ovejas de “30 en 30” a medida que van entrando en la cerca. Volverán a contarlas al amanecer. Antonio, Juan y Elpidio, agradecen estas “estaciones de servicio” pecuarias. Atrás quedaron el inmenso coto de Cinco Navajos, próximo al Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, y la Casa del Pozo de las Chozas, donde “pastan unas ovejas que da gloria verlas”.
Con cada jornada amanece un nuevo paisaje. En la Sierra de Alhambra huele a romero, a tomillo, un frescor que alivia el arduo caminar por sus laderas. La Cañada desemboca en el cruce con la carretera que une Villanueva de los Infantes con La Solana y algunos conductores no disimulan su impaciencia. El sediento rebaño se entretiene abrevando en el río Azuer. ¡Vamos, Tuerrrrrta!
En los últimos 40 años, la paulatina disminución del tránsito ganadero ha provocado el abandono físico y administrativo y, como efecto bumerán, el menor uso de las cañadas. El porcentaje de tramos perdidos se sitúa en torno al 30 por ciento a pesar de que al actual Ley de Vías Pecuarias remarca el aspecto “inalienable, imprescriptible e inembargable” de este patrimonio público de los españoles.

Cerca de Alhambra. Autor, Luis Angel Gómez, de Historia y Arqueología de AlhambraCerca de Alhambra. Autor, Luis Angel Gómez, de Historia y Arqueología de Alhambra

Por Sierra MorenaPor Sierra Morena


No es dormir al raso ni tragar polvo lo que retrae a los últimos trashumantes, sino las fincas, las vallas, las carreteras…


Han pasado 6 días. A la altura de la Sierra del Cambrón, en Castellar de Santiago, en el límite con Andalucía y la provincia de Jaén, fin de nuestro viaje, los pastores discuten con los guardas forestales. “Nos sentimos extranjeros en nuestra propia casa” se lamentan. Pero las veteranas Chispa y Gitana han enfilado ya el camino que conducirá a todas sus compañeras hasta el agostadero. Y puede que tras el largo y cálido verano, cuando llegue el momento de regresar al norte, la Tuerta se atreva a seducir a Violeta guiñándole su único ojo. ¡La madre que la parió!

Fiesta de la Trashumancia en MadridFiesta de la Trashumancia en Madrid



Un artículo de Antonio Bellón Márquez ©

Fotografías en blanco y negro de Sergio Pascual


Mas detalles sobre la Cañada Real de los Serranos:

Partiendo de Socuéllamos recorreremos la Llanura Manchega, amplia extensión, con una altitud entre los 600 y 700 m., caracterizada por su plenitud, horizontalidad y sus luminosos paisajes en donde los cultivos agrarios de secano han sustituido casi por completo al encinar manchego-aragonés que lo cubría prácticamente hasta la Edad Media, y en donde sobre todo se enseñorean las viñas – y sus cada día más apreciados y premiados vinos con denominación de origen – y los cultivos cerealísticos, bajo un clima mediterráneo continentalizado y seco.
Sin darnos casi cuenta, la cañada irá suavemente encajándose siguiendo la misma red fluvial, diluyéndose el paisaje manchego y adentrándonos poco a poco en el Campo de Montiel. Iremos remontando su altiplanicie (700-900m) o paramera de calizas y dolomías recubierta de manchones de masas de encinar, sabinar y matorral mediterráneo, en cuyo corazón con sorpresa descubriremos el complejo lagunar cárstico de calizas traverníticas más excepcional de Europa, las celebérrimas Lagunas de Ruidera, hoy Parque Natural, un rosario de 15 espléndidas lagunas cabalgándose una tras otra a lo largo de un profundo corredor de 30 km, de gran belleza y riquísima vegetación hidrófila y acuática.
Después, en contraste con ellas, en Alhambra y sus alrededores, un paisaje más desnudo mostrará algo de ese relieve de mesas, cerros testigos, ondulaciones, cuestas y muy especialmente las rojizas tonalidades de sus areniscas y arcillas triásicas que tanto identifican esta Comarca. Esta roca, bautizada como “moliz” por los canteros, desde época ibérica y romana ya era explotada como piedra de sillería para la construcción de los edificios más regios, para la escultura, para afilar armas, etc; y en época moderna en las iglesias y las fachadas blasonadas de la nobleza terrateniente de nuestras ciudades manchegas.
Nuevamente el paisaje será llano y netamente agrario (viñedos, olivos, cereales) sobre el que sobresaldrán elevándose a nuestro lado las sierras de Alhambra (1088 m.) y del Cristo, destacando con sus crestas de cuarcitas ordovícicas (propias de los relieves paleozoicos), revestidas de jarales, matorral de encinar, tomillos, etc.
A continuación, durante el cuarto y quinto tramo, iremos bordeando la comarca de Valdepeñas y de Mudela, transición entre el paisaje propiamente manchego y el serrano. Ahora los retazos de vegetación serrana mediterránea y las áreas adehesadas se harán más numerosas y habituales, sobre todo una vez pasamos junto al pantano de La Cabezuela y el río Jabalón, acercándonos progresivamente a los paisajes cada vez más netamente serranos de después de Castellar.
La Mancha y particularmente estas áreas esteparias del Campo de Montiel, cultivadas, con pastizales y pastos secos según las distintas estaciones, intercaladas con zonas de monte bajo y matorrales mediterráneo, son un hábitat idóneo para alimentar una fauna de mamíferos, aves y reptiles muy variada. Así a lo largo del trayecto podremos observar aves muy singulares como gangas, gavilanes, aguiluchos cenizos, sisones, cernícalos, zorzales, mirlos, alondras, gorriones trigueros, tordos… Por supuesto multitud de aves migratorias de paso mientras alzan el vuelo a la vecina Ruidera o al cercano Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Y con suerte a la majestuosa y corpulenta pero amenazada avutarda. Sin olvidarnos obviamente de la brava perdiz roja, tan apreciada cinegéticamente. Entre los mamíferos: zorros, garduñas, liebres, conejos; o jabalíes y ciervos.
Esta Cañada nos sirve asimismo como un gran eje en torno al cual descubrir la rica historia de estos territorios y para acercarnos a visitar pueblos muy próximos como Tomelloso, Argamasilla de Alba, La Solana, Alhambra, Villanueva de los Infantes, Fuenllana, San Carlos del Valle, Valdepeñas, Torrenueva, Carrizosa, Torre de Juan Abad
En lo alto de las Sierras de Alhambra y del Cristo se conservan restos de poblados prehistóricos amurallados de la Edad del Bronce, testimonios de la presencia de pobladores autóctonos desde muy antiguo. Destacan el óppidum ibérico y la posterior ciudad romana de Alhambra, Laminium, citada por Plinio y Estrabón, una de las poblaciones con más continuidad histórica si tenemos en cuenta que su fortaleza de origen musulmán se levanta sobre otro poblado prehistórico y que en la ladera Sur del pueblo podemos ver la necrópolis visigoda de Las Eras.
Tampoco debemos olvidar que surcaremos un paisaje con una marcada dimensión literaria gracias a escritores como Cervantes, Quevedo, Galdós, Azorín o García Pavón, entre otros.
Si eres amante de la vegetación de interior (mediterránea) para hacer un descanso en la ruta, te puedes adentrar entre las encinas y coscojas y en las zonas de cardos buscar las tan apreciadas setas de cardo, delicia gastronómica de la zona.


Recomendaciones:

Este gran recorrido de casi 140 km cruza de Norte a Sur el lado oriental de la provincia de Ciudad – Real, siguiendo la Cañada Real Conquense, una de las más largas de España.
Os recomendamos estructurar la ruta en seis tramos: el primero, de 25 km, parte de la ermita de San Isidro en Socuéllamos, hasta el km. 141,8 de la carretera CM 400 (Tomelloso – Munera); el segundo, de 23 km, desde este punto hasta Ruidera y sus Lagunas; un tercero, de 20 km, nos acerca hasta Alhambra. El cuarto, de 25 km, nos lleva a Pozo de La Serna; el penúltimo, de 24 km, hasta el km 7,6 de la CR 614 (Torrenueva – Torre de Juan Abad); el último de 23 km Culmina a los pies de la Sierra del Cambrón, en Castellar de Santiago, en el límite con Andalucía y la provincia de Jaén, junto a la carretera CRP 610 (Castellar – Aldeaquemada).
A lo largo del recorrido nos encontraremos con paneles generales informativos, además de las correspondientes señales de dirección.
Recomendamos los meses de las estaciones de otoño, invierno y primavera para su realización. También ir provistos de: agua para prevenir la deshidratación, alzado ligero de montaña y prendas olgadas adecuadas a las temperaturas con colores poco llamativos. También, llevar prismáticos, andar en silencio para una mejor observación de la fauna, no cortar porque sí plantas o flores, no encender hogueras ni dejar desperdicios. Respetemos en todo momento los lugares y los animales con que podamos encontrarnos.

Panel Cañada Real de los SerranosPanel Cañada Real de los Serranos

Señales Cañada Real de los SerranosSeñales en los senderos de gran recorrido