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Riópar y las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz

Riopar Viejo albacete

Un patrimonio cultural y natural sencillamente impresionante


Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz. Con este aristocrático nombre surgió uno de los primeros complejos industriales de Europa, poco antes del establecimiento de la Revolución Industrial.
Confluyeron las oportunas circunstancias para la creación de la primera fábrica de España y la segunda del Mundo, dedicada a la producción de objetos de bronce y latón; gracias a la iniciativa de un joven y emprendedor ingeniero austríaco coincidiendo con el afán de progreso del ilustrado Carlos III. Quién le concedió los privilegios necesarios.

Desde 1773 el hermoso valle de Riópar, donde los Romanos bautizaron las aguas puras del Flumen Mundus, todo cambió a mayor velocidad que nunca en su millonaria historia geológica.

Las aguas fueron domadas para trabajar en los ingenios hidráulicos imprescindibles para las instalaciones de El Laminador o el propio núcleo principal, así como otros menores. Los potentes recursos forestales puestos al servicio de aquel progreso todavía primitivo desconocedor de la sostenibilidad, la ecología y demás aspectos tan necesarios para el adecuado avance de la justa calidad de vida de todo y para todo, exterminaron el valioso bosque primigenio de robles y encinas, permitiendo siglos después los grandiosos pinares que a su vez con la consecuente y mejor experimentada gestión forestal irán permitiendo el retorno de los ancestrales robles, encinas, fresnos, olmos…

Como tantas otras cosas que todavía mantenían a España como una de las potencias económicas del planeta, surgió aquí en mitad de un paisaje medieval, la infraestructura más avanzada de la época a nivel mundial.

Pocos años después desde esta remota sierra, y producto del cobre o calamina de sus entrañas, se embarcaban en Cádiz rumbo a los virreinatos españoles, los más sofisticados objetos de bronce. Así como los gigantescos veleros atracaban en Cartagena de Indias o los buques de guerra conquistaban la Bahía de Pensacola, revestidos sus cascos con láminas de latón, fabricadas en los martinetes de El Laminador.


El valle de Miraflores acoge todo el trajín histórico de Riópar


Desde los orígenes de las aguas del río Mundo, pasando por el paso de Aníbal y sus famosos elefantes, a la cautivadora huella de los andalusíes en el trazado de alquerías, huertos y cascos urbanos; hasta el brillo del metal surgido de sus montañas, enriqueciendo la zona con todo el proceso desde la extracción, fundición, aleación y elaboración. Labor que permitió al complejo de las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz sobrevivir y prosperar durante más de dos siglos, autoabastecido de los bosques primigenios y la red fluvial, encauzada en centrales eléctricas, de las cuales todavía una en buen estado, pero abandonada y con riesgo de ruina, permanece digna, elegante y con ese atractivo inteligente que ofrece el patrimonio arquitectónico industrial de la Ilustración, impregnado de la esencia de la mejor arquitectura, basada en la firmeza, utilidad y belleza. Se encuentra junto a la presa del arroyo del Gollizo, la que a través del acueducto abastece los edificios principales de las fábricas. Precedida por una hermosa avenida de plátanos.

Y si no me equivoco, inexplicablemente no forma parte del Conjunto Histórico que comprende el Bien de Interés Cultural de todo el legado catalogado en la zona desde el actual Riópar hasta El Laminador.

Riopar Viejo albacete

Riopar Viejo albacete

Reales Fabricas de San Juan de Alcaraz riopar

Es muchísimo lo que se puede y se debe escribir acerca de este fascinante lugar. Agraciado por su orografía, geología, botánica, paisaje. Y colmado además por uno de los primeros complejos industriales Europa.

Mientras la fábrica crecía, España ayudaba a Estados Unidos a convertirse en el primer país de América: el conde de Aranda entregaba más de doscientos cañones de bronce a Benjamín Franklin, y el general Gálvez entraba “él solo” en la bahía de Pensacola, venciendo una de las batallas determinantes para la independencia estadounidense.

Finalizaba el último periodo del siglo XVIII, y aquí en la laboriosa colonia obrera de Riópar jamás se supo ni se sabrá, que parte de sus entrañas, laminadas en latón, quizá revistieron los más heroicos buques españoles de las últimas guerras, que con honores militares daban por vencedor al mejor estratega o al más valeroso soldado.

Puede que, de aquí, de un lugar tan creído humilde, tan ensimismado en su subsistencia, partieran también en forma de beneficios los muchos reales que España sufragó para la creación de la primera potencia mundial, a la cual, por cierto, también aportó, de aquellos primeros dineros, la creación del dólar, copiado de nuestros reales.

rio mundo riopar

muflon calar rio mundo albacete

cueva chorros rio mundo riopar

De aquella guerra romántica recuperamos Menorca, y con ello parte de esta hermosa sierra. Porque literalmente desde Huelva a Menorca, la Cordillera Bética, en cuyo centro está Riópar, nos hace sentir tan familiar desde los acantilados de La Mola de Formentera, hasta la sierra de Aracena, la preciosa imagen abrupta, colosal, magnífica, y tan irrepetible como el placer sensorial de contemplar por primera vez “El Reventón” del río Mundo, actuando soberbio y magnífico desde el anfiteatro calizo que lo acoge con la gloria del arte y la naturaleza, ante la mirada admirada de quien posee la suerte de saber ver tanto aquí, como en lo alto del pico Almenara, La Sarga o El Calar, la magnitud de un mundo que no se sabe tan abierto al Mundo.

La humilde sencillez de esta tierra, que tanto la honra, a la vez la limita a no quererse con la dimensión que merece. Estas sierras, estos valles, estas rocas, estos ríos, estos pueblos. Y toda su riqueza etnográfica, patrimonial y natural son uno de los reductos más hermosos de Europa, todavía por depurar. Ahora deben recibir lo que dieron. Que sus gentes, sus paisajes, sus recursos y su potencial retomen, recuperen y se retroalimente del saludable turismo sostenible. De la enriquecedora cultura que preserva el incalculable legado que desde los árabes y mucho antes, hasta las Reales Fábricas, han dado tanto a nuestra identidad cultural.


Pocos lugares ofrecen tantos recursos en un mismo sitio como Riópar


Cada camino de Riópar te conduce al fascinante espectáculo de contemplar incluso lo que no se ve, porque estos paisajes te inspiran e invitan a imaginar al Pernales huyendo por la sierra. A los obreros de la Real Fábrica entonando el emotivo himno de la fábrica, orgullosos de su labor. A los sabios andalusíes cultivando cerezos que dieron nombre a la sierra de Alcaraz. Al joven ingeniero austriaco recorriendo la sierra proyectando la mina, la ubicación de los talleres… Al ingeniero Real del Canal de Castilla diseñando una de las mejores presas de la época en El Laminador… A las personas de nuestra generación, entendiendo y valorando por fin el gran tesoro heredado que debemos disfrutar y legar a nuestros sucesores.

Riópar y toda la Sierra merecen ser queridos por todo lo que nos dan. Debemos, por inteligente interés, cuidar lo que nos mantiene, nos aporta y nos enriquece. “No sólo de pan vive el hombre”.

Contemplar a los majestuosos buitres planeando por debajo de ti, mientras desde lo alto del pico de La Sarga, contemplas tierras de cuatro provincias, paisajes bellísimos, bosques inmensos. Rocas colosales tan valiosas como santuarios naturales, casi creados para sublimación del ser humano, como por ejemplo en Los Picarazos de Villaverde de Guadalimar. Hacen que uno además de sentir placer y privilegio por disfrutar de un paraíso semejante, también sienta orgullo del increíble potencial que contiene y que a todos nos beneficia y aporta.

Con la necesaria atención y cuidado, estas ancestrales villas, pueden y deben revalorizar sus cascos urbanos con actuaciones que los integren y armonicen con la acogedora arquitectura tradicional, ofreciendo al visitante ese buscado y deseado espacio de ocio y placer que tan agradables recursos y modos menos sacrificados de vida, deben conceder a residentes y turistas.

Lo tenemos todo. Sólo debemos ponerlo en valor para ser competitivos, atractivos y rentables. Doy gracias por cada una de las sensaciones que experimento recorriendo cada uno de estos lugares tan sencillamente hermosos.


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Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano para sabersabor.es ©

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Valdepeñas, el origen del vino

denominación origen Valdepeñas

La historia de Valdepeñas es la crónica de sus viñedos y de sus vinos, escrita con pasión por gentes dedicadas al cultivo de la vid desde tiempos ancestrales


De saliente a poniente, a caballo entre el Campo de Montiel y el Campo de Calatrava, el Jabalón, este modesto río, en un valle abierto y fecundo, iba a escribir, a lo largo de los siglos, la historia de un vino, el de Valdepeñas.
Valdepeñas y vino son una pareja unida desde hace miles de años. Casi tantos como las vides y cepas que pueblan las tierras de esta llanura castellano-manchega en la provincia de Ciudad Real. Valdepeñas fue de hecho cruce de caminos en un punto geoestratégico crucial para el desarrollo del comercio en general y del impulso vitivinícola particular gracias al cultivo de una uva de la que se extraen deliciosos caldos que han sobrevivido hasta hoy. Valdepeñas es tradición, es la historia de una tierra que esconde muchas.
El vino y Valdepeñas están asociados desde tiempos inmemoriales y a su vez la historia de esta unión es la historia de una de las Denominaciones de Origen más antiguas, reconocida en 1932, y más conocidas por los españoles. Es, por tanto, una denominación tradicional, experimentada y popular.
La simbiosis que existe entre los ciudadanos de esta zona con el vino y su amor al viñedo sólo se entiende si se hace un breve repaso histórico en el que se observa que siempre uno ha formado parte del otro. El viaje comienza allá por el siglo V a.C., cuando se ratifica la producción de vino en la zona del “Cerro de las Cabezas”. Pastores íberos, nómadas y errantes, cansados tal vez de trashumar desde la Alcudia hasta el azul Mediterráneo, o hacia los pastos del norte ibérico, decidieron cambiar sus vidas y a la orilla del río Jabalón, en el Cerro de las Cabezas (hoy día un importante Conjunto Arqueológico), se hicieron sedentarios. Allí, sobre la ladera de la suave colina, dominando el valle abierto e inmaculado, tomaron la sublime y profunda decisión de crear un pueblo y plantar el primer viñedo. Y ahí están sus testimonios, en esas vitrinas del Museo Municipal de Valdepeñas.

Viñedo Valdepeñas Viñedo de Valdepeñas

Cerro de las CabezasVista aérea del entramado urbano de la ciudad íbera del Cerro de las Cabezas

Uva tinta de ValdepeñasUva tinta de Valdepeñas

En la Reconquista el valle se llena de lucha y de vida. Es tanto el fervor de estos pueblos por el vino y su cultura que aun sometidos a dominaciones extrañas como la mora, que prohibía el consumo de alcohol y obligaba al arranque de los viñedos, lograron del Califato de Toledo que se extendiera una bula especial permitiéndoles la continuidad de sus cultivos y la elaboración de su vino. Y dicen que hasta lograron hacerles partícipes de su consumición.
En el siglo XII, al Valle de Peñas también arribaron los monjes Cistercienses. Raymond de Citeaux llegó a España desde Borgoña y fundó unos años después la Orden de Calatrava en el mismo castillo que adquirió a los templarios franceses, bajo cuya protección crecería la villa de Valdepeñas y sus viñedos en los siglos siguientes y que da nombre a una de las zonas por donde se extiende la denominación de origen: el Campo de Calatrava. Estos monjes fueron los que introdujeron en el Valle de Peñas, la variedad tinta que evolucionó después a nuestra noble y generosa Cencibel.
Los monjes cuidan con esmero sus viñedos y elaboran el vino de consagrar. Los valdepeñeros (Valdepeñas se fundó en el año 1243) trabajan sus viñas y olivos y pagan a los señores sus tributos en vino y aceite. Bajo la protección de la Orden de Calatrava, a la que pertenece la villa, el viñedo se desarrolla de tal manera que se podía alcanzar la ciudadanía con el compromiso solo de tener un cobijo techado y una aranza de viñedo.
El buen hacer de los agricultores y el cuidado del producto a lo largo de generaciones permitió consolidar la actividad vitivinícola de Valdepeñas a partir del siglo XVI. Un protocolo de la Orden Trinitaria de 1594 hace constar la alta reputación de los vinos de Valdepeñas. El gran impulso del vino de Valdepeñas se produce con la construcción del Camino Real que une la capital con Andalucía.
Cuando la corte del rey Felipe II se instala en Madrid (1561) se extiende la fama de la calidad del vino de Valdepeñas y desde ese momento entra a formar parte de la historia de la Villa. Allí se populariza su consumo de tal manera que los impuestos especiales sobre su comercio, fielatos, permiten al rey Carlos III, gran arquitecto de la capital, sufragar algunas de las obras más importantes de su reinado tales como la Puerta de Alcalá o la Puerta de Toledo. Ya en 1790 se habla de una producción anual de 200.000 arrobas de vino, pero es en el siglo XIX cuando su comercio queda establecido de una forma continuada.

Vendimia en ValdepeñasVendimia en Valdepeñas

Enoturismo en ValdepeñasEnoturismo en Valdepeñas

Molino Gregorio PrietoMolino Gregorio Prieto


Cualquier forma de vegetación posible queda anulada por la vid. En rigor, Valdepeñas y la vid se confunden, se diría que son una misma cosa


Llega el siglo XIX y con la inauguración del ferrocarril la comercialización de los vinos de Valdepeñas se dispara e incluso se llega a fletar un tren diario a Madrid cargado de vino denominado Tren del Vino. Más de 25 vagones hacia la capital madrileña y, otros tantos, con las ciudades de Alicante y Valencia. Eran los tiempos del aloque, que se envejecía en grandes tinajas de barro.
En esta época gloriosa del vino de Valdepeñas, se llegaron a exportar graneles a Cuba, Rusia, Filipinas y países del mundo entero, lo que demostraba la estabilidad y calidad de los vinos de Valdepeñas, ya que tenían que viajar por medio de transportes marítimos, de larga duración y agitado recorrido.
Algunos años atrás, un 6 de junio de 1808, durante la Guerra de la Independencia, los vecinos de Valdepeñas impidieron que las fuerzas francesas mandadas por Ligier-Belair, junto con Roize y Vedel, pudieran alcanzar Despeñaperros y poner en riesgo la sorprendente victoria del general Castaños sobre el mariscal Dupont. La Galana y El Chaleco destacaron en la acción. Con los vecinos y vecinas de Valdepeñas no puede ni el gran ejército francés de Napoleón.
El siglo XX trae consigo el ataque de la filoxera y la llegada de la vid americana, inmunizada contra la enfermedad. El viñedo se renueva, se moderniza, se instala la primera Estación Enológica del Estado, se reconoce, en 1932, la Denominación de Origen y sus posteriores Reglamentos.
La Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, al igual que la de la Independencia en el siglo pasado, cambiaron radicalmente los gustos y las costumbres sociales y el vino fue evolucionando hacia el prestigio que hoy puede exhibir con orgullo el vino de Valdepeñas. Quedan atrás veinticinco siglos de historia y sacrificio que han hecho posible la fama de la que hoy puede hacer gala Valdepeñas.

Tinaja ValdepeñasTinaja en Valdepeñas

Calle Real de ValdepeñasCalle Real de Valdepeñas

Nuestra Señora de la Asunción, ValdepeñasNuestra Señora de la Asunción, Valdepeñas


Valdepeñas es un pueblo de cinemascope. Tal vez porque también los paisajes manchegos, plenos de luz, de horizontes inmensos, son paisajes de cinemascope


El viajero podrá aprender más de la historia y tradición del vino Valdepeñas en el Museo del Vino alzado sobre la antigua bodega de Leocadio Morales, fechada en 1901 y una de las que más intensamente vivió el auge comercializador y exportador de los vinos de Valdepeñas a comienzos del siglo pasado. El Museo del Vino permite una perfecta inmersión en la cultura del vino y los secretos de la enología además de descubrir toda la historia y tradición de la Denominación de Origen Valdepeñas, centrando además sus esfuerzos en reflejar ese trasiego hacia la calidad iniciado en la década de los años setenta que ha desembocado en la elaboración de unos vinos reconocidos nacional e internacionalmente.

Por cierto, la Denominación de Origen Valdepeñas está formada por los viñedos de la propia ciudad junto con los de Granátula de Calatrava, Moral de Calatrava y Santa Cruz de Mudela, y por los de Torrenueva, San Carlos del Valle, Alcubillas, Alhambra, Torre de Juan Abad y Montiel, del histórico y quijotesco Campo de Montiel.
La visita a Valdepeñas debe completarse con la parada en La Bodega de las Estrellas, enoturismo de calidad, que nos ofrece la posibilidad de realizar una visita guiada inolvidable en una bodega tradicional para descubrir la gran relación existente entre el vino y los ritmos y ciclos de la luna y las estrellas.
Y por supuesto, debe tenerse en cuenta que, como es natural, Valdepeñas celebra su gran semana durante las Fiestas del Vino –principios de septiembre- declaradas de interés turístico nacional.
Imprescindibles: el museo de la Fundación Gregorio Prieto (el museo privado más importante de Castilla La Mancha), que exhibe obra del pintor, así como de Vázquez Díaz, Picasso, De Chirico y dibujos de Lorca y Alberti, entre otros.
Y a la hora de comer, si algo tiene Valdepeñas es buen vino y sitios de buen yantar.

Yo sé que el vino no huye dando gritos
a la llegada del invierno,
ni se esconde en iglesias tenebrosas
a buscar fuego en trapos derrumbados,
sino que vuela sobre la estación,
sobre el invierno que ha llegado ahora
con un puñal entre las cejas duras.
Yo veo vagos sueños,
yo reconozco lejos,
y miro frente a mí, detrás de los cristales,
reuniones de ropas desdichadas.
A ellas la bala del vino no llega,
su amapola eficaz, su rayo rojo,
mueren ahogados en tristes tejidos,
y se derrama por canales solos,
por calles húmedas, por ríos sin nombre,
el vino amargamente sumergido,
el vino ciego y subterráneo y solo.
Yo estoy de pie en su espuma y sus raíces,
yo lloro en su follaje y en sus muertos,
acompañado de sastres caídos
en medio del invierno deshonrado,
yo subo escalas de humedad y sangre
tanteando las paredes,
y en la congoja del tiempo que llega
sobre una piedra me arrodillo y lloro.
Estatuto del vino. Pablo Neruda (fragmento)

Tinajas de barro de Bodega de Las EstrellasTinajas de barro de Bodega de Las Estrellas

Barricas en la cueva de Bodega de Las EstrellasBarricas en la cueva de Bodega de Las Estrellas

Territorio de la #DOValdepeñasTerritorio de la #DOValdepeñas


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La Solana, tierra de azafrán y de artesanía

Cuentan algunas leyendas que esta villa era llamada El cerro de los Dioses de Cristal en tiempos de los oretanos, cuando un palacio de cristal, lleno a su vez de estrellas, ocupaba el lugar


La Solana se encuentra en un alto que destaca sobre la llanura manchega y, haciendo honor a su nombre, a menudo iluminada por el sol. En efecto, la luz y el sol están metidos en la raíz de este pueblo hasta el punto de que una leyenda cuenta que en tiempos muy antiguos –se remontan a la época prerromana- había un resplandeciente palacio de cristal en lo alto del alcor que recibía el nombre de Cerro de los Dioses de Cristal. No un palacio, pero sí existía un bastión defensivo en la Edad Media, castillo que pasó de manos árabes a cristianas hasta quedar definitivamente en posesión de estos últimos a comienzos del siglo XIII, a raíz de la batalla de las Navas de Tolosa. Pronto sería encomendada a la Orden de Santiago la repoblación de la plaza; sus primeros habitantes estacionales eran, según numerosas fuentes, pastores que bajaban con su ganado por la Cañada Real Soriana, hasta que ya a finales del siglo la población se fue estabilizando.

La Solana tiene tradición y presente de población artesana. De antiguo proceden la alfarería, la forja artística, la elaboración de botas para vino, el trabajo del esparto… Pero hay dos producciones, además de la de aceites y quesos, que han distinguido a esta localidad: el cultivo del azafrán y la fabricación de hoces, que hoy día ha dejado paso a la industria de herramientas y aperos para el campo.

Iglesia de Santa Catalina.Iglesia de Santa Catalina. Autor, Pablo Mirón

Plaza Mayor de La Solana. Autor, José Mª SánchezPlaza Mayor de La Solana. Autor, José Mª Sánchez

Patio de la casa de la iglesia de Santa Catalina. Autor, Juan Pedro GarcíaPatio de la casa de la iglesia de Santa Catalina. Autor, Juan Pedro García

La Solana tiene un núcleo monumental que se desarrolla en un entorno no muy lejano a su maravillosa plaza Mayor. En ésta, de espléndidas proporciones, tres de sus lados presentan porches adintelados y soportales sobre arcos de medio punto, fechado en el siglo XVI. En el lado sur se levanta la espléndida parroquia de Santa Catalina, una obra gótica tardía y renacentista iniciada en 1420 y concluida en 1524. Posteriormente se añadieron elementos barrocos, como la torre.

Conviene fijarse en la galería elevada sobre arcos que recorre el exterior de la iglesia y la hermosa portada clasicista. En su interior, son notables las capillas laterales, las rejas de forja y las bóvedas estrelladas de su única nave. La torre se inscribe en el barroco y está considerada como una de las más majestuosas de la provincia de Ciudad Real.

Varios edificios religiosos de interés se despliegan en este núcleo de calles peatonales entorno a la plaza. La iglesia San Juan Bautista o el antiguo convento de los Trinitarios, y el Convento de las Madres Dominicas, ambos del siglo XVII. Aquí, las religiosas de clausura preparan por encargo unos deliciosos suspiros de monja.

Nuestro paseo religioso tiene un imprescindible final en la ermita de San Sebastián, que guarda un magnífico tesoro: un artesonado mudéjar, joya histórica labrada en nácar sobre madera de ébano. La ermita es gótica y pasa por ser el templo más antiguo de La Solana.

En cuanto a arquitectura civil, hay también un buen puñado de casas solariegas que se pueden ir viendo en recorrido por esta agradable zona alta de la población. Así, en la plaza de Don Diego y junto a la iglesia parroquial, nos encontramos con el palacio de los Condes de Casa Valiente o Casa de Don Diego, con un notable patio con columnas toscanas. Este palacio perteneció en origen al Marqués de la Ensenada, ministro de Carlos III. Muy cerca está la Casa de la Encomienda, con una bonita torre con el emblema de la Orden de Santiago.

Iglesia de San Juan Bautista, antiguo convento de TrinitariosIglesia de San Juan Bautista, antiguo convento de Trinitarios. Autor, Juan Pedro García

Concierto de música sefardí, artesonado mudéjar y frescos en la ermita de San Sebastián.Concierto de música sefardí, artesonado mudéjar y frescos en la ermita de San Sebastián. Autor, Juan Pedro García

Patio de la Casa de la Encomienda. Autor, Juan Pedro GarcíaPatio de la Casa de la Encomienda. Autor, Juan Pedro García

Casa de Don DiegoCasa de Don Diego. Autor, Juan Pedro García

Entre las actividades más destacadas en el terreno cultural, hay que reseñar la Semana de la Zarzuela, que se celebra todos los años en el mes de octubre. Un mosaico en la calle de Feria ilustra la afición de La Solana a este género musical escénico o teatral. Por él sabemos que el compositor Jacinto Guerrero y sus libretistas F. Romero y G. Fernández Shaw se inspiraron en este lugar para componer La Rosa del Azafrán, no en vano, se tiene constancia de que al menos desde principios del siglo XVIII se cultiva la planta del azafrán en La Solana.

Actualmente los campos de La Solana son los principales productores del afamado azafrán de La Mancha, el de mejor calidad de España.

La Solana cuenta también con un Festival de Cine con merecido y cierto prestigio. Un evento de cortometrajes combinado con encuentros, homenajes, exposiciones, gastronomía, vitivinicultura y sección oficial, que convierten a la ciudad en un interesante escenario durante el mes de diciembre.

Recolectando el azafrán. Autor, Juan Pedro GarcíaRecolectando el azafrán. Autor, Juan Pedro García

Azafrán. Autor, Juan Pedro GarcíaAzafrán. Autor, Juan Pedro García


La Solana y las hoces, la Barcelona de La Mancha, un libro de Aurelio Maroto Gómez-Pimpollo


Este libro editado por la Fundación Histórico-Cultural “Paulino Sánchez Delgado” de La Solana, brinda un merecido homenaje a una de las señas de identidad de La Solana, la fabricación de hoces, un producto elaborado artesanalmente que fue sustento de cientos de familias durante más de dos siglos, convirtiendo antaño a esta localidad en el mayor productor nacional de esta herramienta.

Un libro que en palabras del propio autor está: “Dedicado a todos los herreros solaneros que escribieron con su sudor y con su sangre, una de las páginas más maravillosas de La Solana. Una legión de héroes, herreros de raza, de dinastía, que llegaban y se iban de la fragua con la luz encendida, se helaban las manos afilando en el remolino en las mañanas de enero o se cocían forjando a macho y martillo las tardes de julio”.

Nuestro homenaje también a todos los segadores que durante siglos y siglos, se sirvieron de esta herramienta tan humilde y tan práctica, para recolectar los cereales de nuestros campos.



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Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

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San Carlos del Valle o la joya Barroca de La Mancha

San Carlos del Valle

Hablar de San Carlos del Valle es hablar del “pueblo de la plaza”, pues es bien cierto que el perímetro que ésta delimita contiene todo el atractivo y el interés histórico del lugar. No existen adjetivos suficientes para calificarla, pero para hacernos una idea podemos decir que junto al conjunto histórico de Almagro y el de Villanueva de los Infantes (ambas localidades de mayor extensión e importancia económica que San Carlos del Valle), se forma la inigualable trilogía manchega. No es posible conocer las maravillas que nos ofrece la tierra de Don Quijote hasta que no se ha visitado la Plaza Mayor de San Carlos del Valle.

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Iglesia del Cristo. Autor, Emiliovet

Este pequeño pueblo fue edificado con un plano totalmente regular durante la época del monarca Carlos III, para algunos uno de los mejores reyes que han regido nuestro país, quien, emulando a la ilustración francesa, promulgó el Plan de Colonización mediante el cual la urbanística moderna había de llegar a cualquier localidad, tanto grande como pequeña, tanto rica, como pobre. Gracias al superintendente del rey en la época, Pablo Olavide, este plan se aplicó a San Carlos del Valle, convirtiéndolo en el máximo exponente manchego del urbanismo dieciochesco.
La desproporción entre la enorme y ornamentada plaza y el resto de la localidad levantada en torno a ésta, se debe a que la plaza fue construida como atrio para la maravillosa iglesia del Cristo, situada sobre el Santuario de Santa Elena, donde según la tradición, apareció en un pajar la milagrosa figura de un Cristo que se cree fue abandonada allí por un extraño peregrino. Es por esta razón por la que tan interesante y bellísimo lugar se conoce también con el nombre de “El Cristo”.

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La plaza, de forma prácticamente rectangular, está compuesta por unos soportales realizados con simples columnas toscanas que además de proporcionar al lugar una sobria belleza contrastan con la ornamentada fachada de la iglesia del Cristo, considerada como una auténtica joya artística de la villa y de toda Castilla – La Mancha.
La portada de la iglesia, tesoro de inmenso esplendor, posee entre dos columnas salomónicas típicas del estilo barroco final en que fue construida (entre 1713 y 1729), un trabajado relieve en el que se representa a Cristo y el milagro de los ladrones. El hecho de que se conserve en tan buen estado se debe a las acertadas reparaciones de las que ha sido objeto a lo largo de su historia.

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El interior no es de menor magnificencia que la parte externa. Lo más característico es su planta de cruz griega y su inmensa bóveda de cañón sostenida por medio de pilastras toscanas. La bóveda sale al exterior por una majestuosa cúpula flanqueada por cuatro torres en las que aparecen cuatro pintorescas figuras.
Tampoco hay que restar importancia a los elementos de la decoración como las estupendas celosías o los pequeños balconcillos que forman las tribunas.

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En otro de los lados de la plaza se encuentra el Ayuntamiento de San Carlos del Valle, enfrente de una encantadora casa particular cuyo patio columnado es una delicia.
Así pues, San Carlos del Valle está considerado como uno de los lugares paradigmáticos de estas tierras manchegas. Es un pueblo pequeño y recoleto, pero la belleza del trazado de su magnífica plaza, su perfecto alzado y su pureza de líneas, unida a las calles adyacentes, de trazo regular y gran sencillez y dinamismo, crean un conjunto valioso tanto por su importancia histórica y arquitectónica como por el lujo visual que constituye su contemplación.
Bien merece la pena una escapada para conocerlo.

“Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:
mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo.”
Poema al Amor. Francisco de Quevedo y Villegas


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

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Aranjuez. Jardín de las Delicias

magnolio en flor jardines Aranjuez

El universo colorista, simbólico y enigmático del célebre cuadro (El Jardín de las Delicias) de El Bosco, requisado por el Duque de Alba en Bruselas, más tarde adquirido por Felipe II y hoy propiedad del Pueblo Español a través de Patrimonio Nacional constituye una de las riquezas de toda la historia del arte. Surgido de una mente aguda y original. Así como los muchos aspectos que partiendo de los anhelos humanos dieron lugar a los jardines secretos, poblados de historia, arte, cultura, intrigas, luchas de poder, amoríos, negocios, infidelidades, injusticias, placeres, traiciones, pecados…
Sugerente lujuria visual que invita a reflexionar, admirar y desear formar parte de ese mundo fantástico donde el autor describe con el pincel las debilidades, temores, penas y alegrías de una sociedad perfectamente jerarquizada conforme al orden establecido.
Tanto o más que la propia Naturaleza, patrón y matriz de toda creación artística.

El Jardín de las Delicias. Obra de Hieronymus Van Aken, El Bosco. Óleo sobre tabla, 1500 - 1505

El Jardín de las Delicias. Obra de Hieronymus Van Aken, El Bosco. Óleo sobre tabla, 1500 – 1505

Trazados para el deleite complementando el regio dominio del Palacio, han sobrepasado en fama la notable arquitectura del edificio, sirviendo de inspiración a célebres artistas.
Acogiendo la más que sobresaliente colección escultórica de sus fuentes, superadas como una transparencia de la imaginación o un espejismo óptico, con la sorpresa principesca de la Real Casa del Labrador.
El jardín de los Chinescos, rodeado de monumentales ejemplares de liquidámbar y cipreses calvos, recreando con exotismo el paisaje de La Florida, cuando todavía en la España carolina del rey ilustrado, también América era suelo español.

La Corte itinerante de Carlos III, instituyó aquí, mejor que ninguna, La Primavera. Con boato oficial y aparato social, la desnudez del invierno a finales de marzo se revestía con frondas verdes de toda la gama de matices, engalanando los gigantescos armazones de multitud de árboles traídos de todos los rincones del imperio. Como por orden o decreto real, cuando la comitiva regia transitaba por el puente Largo, cruzando el Jarama proveniente de Madrid, la lozanía de las rosas, perfume de los jazmines y elegancia de los iris paseaban su hermosa juventud por todos los rincones del Real Sitio, llenando de vida artificial y efímera como la propia Corte y sus cortesanos, un mundo exclusivo y prohibido, que la fortuna y la evolución hoy abren de par en par para solaz de tus sentidos y disfrute de tu soberana ciudadanía.

Si existe un lugar en la Tierra, donde pueda encontrarse la primigenia esencia de la razón de ser de un jardín, puede sentirse, más que encontrarse, en cada uno de estos espacios, que como frutos de la invención humana materializan en realidad lo que el pintor, el paisajista, el músico o el escritor soñaron.

Palacio Real de Aranjuez. Autor, Fernando García

Palacio Real de Aranjuez. Autor, Fernando García

Aqui reina el Sol entronizado como Apolo. El Tajo abierto en canal acogiendo en su corazón el gérmen y más antiguo de los jardines, el de La Isla.
Fuentes renacentistas, barrocas y neoclásicas. Pajareras, huertos de frutales, avenidas de cipreses. Narciso mirándose admirándose incasablemente. Baco permanentemente embriagado. Hércules y Anteo esparciendo fuerzas disparadas con la presión de los surtidores. La vida estallando en realidad con la gracia y la gloria del arte del Jardín de las Delicias.

Aunque algo tarde, se llegó lo suficientemente a tiempo como para impedir la destrucción de uno de los lugares más interesantes y atractivos del Mundo. Que aunque lentamente, va recuperando la grandeza intelectual que tantas mentes avanzadas imprimieron al Real Sitio.
Ejemplo mundial de planificación paisajística, gracias al espíritu y sensibilidad de Carlos III, que desde el Real Cortijo de San Isidro, hasta la finca La Flamenca, sumando el mar de Ontígola de Felipe II y las viejas posesiones de la Orden de Santiago, se trazó aquí la mejor trama de ordenación del territorio como hasta entonces jamás se había hecho en otro sitio, exceptuando las alineaciones de arboledas francesas ordenadas por Colbert.

Estanque chinesco. Autor, Jose Javier Martin Espartosa

Estanque chinesco. Autor, Jose Javier Martin Espartosa

Gracias a aquel rey inquieto, parte artista parte estadista, hoy Aranjuez por valores propios ostenta el merecido privilegio de Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad. Donde es posible disfrutar el urbanismo, el paisajismo y la filosofía de La Ilustración.

Por suerte hay que sumar a las magníficas perspectivas barrocas de la plaza de San Antonio, la plaza Elíptica o la plaza de Las Parejas, la increíble longitud de los tres kilómetros de la Calle de la Reina. Monumento Natural en sí misma, arbolada con más de mil plátanos centenarios regados por acequia, desde la puerta del Príncipe hasta casi La Pavera.

A un paseo de Madrid, además de comer en un castillo del siglo XIX dentro de los jardines Reales, o en los Fogones del Palacio Real, podrás admirar una atmósfera ideal, como proyecto piloto de un monarca que soñó modernizar España desde los beneficios del arte, la ciencia y la belleza. Los cultivos ordenados entre avenidas arboladas son únicos en todo el país. La colección de palacios cortesanos entremezclados con el caserío popular, testimonios incalculables de la arquitectura barroca académica desprovista de ornamentación. Especialmente el sobrio palacio de Medinaceli, cuyo zaguán de tres naves, caja de escalera, patio y fuente de recibo, valen por sí mismos una visita.

Calles con nombres tan rococó como Almíbar, paseo del Deleite o Primavera, te transportan a esa atmósfera indolente ajena a los penares donde el cuerpo como en la pintura de El Bosco se abandona a los placeres mundanos.
El fresón con nata que tanto ayuda a pecar podrás saborearlo tan intenso como el embriagador aroma a primavera que como cada año, las aguas del Tajo, fecundan la estación de las flores en deliciosos jardines convertidos en arte por genios como Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera, Cervantes, Boutelou, Goya, Sabatini, Villanueva, Rusiñol, Rodrigo…
Los cuales nos han legado uno de los paisajes patrimoniales con reconocimiento para preservarlos como herencia de toda la humanidad.

Detalle de la fuente de Narciso. Autor, Manuel

Detalle de la fuente de Narciso. Autor, Manuel

Y muy cerca de Aranjuez, La Mancha en todo su esplendor. Para descubrirla os proponemos vivir estas experiencias con www.sabersabor.es

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Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano
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Fotografía de portada: Magnolio en flor en el Jardín del Príncipe. Autor, Rafa Lorenzo

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Don Pedro I: el rey Cruel y Justiciero

Don Pedro I: el rey Cruel y Justiciero

“Revisando la historia española podemos observar gran diversidad de apelativos o sobrenombres con que reyes o reinas han sido bautizados por sus contemporáneos o por las generaciones sucesivas: Alfonso X ‘El Sabio’, Fernando III ‘El Santo’, Carlos III ‘El Malo de Navarra’, Enrique II ‘el de Las Mercedes’, Pedro ‘El Ceremonioso’, Alfonso V ‘El Magnánimo’, Martín I ‘El Humano’, o Isabel y Fernando ‘Los Reyes Católicos’ son buena muestra de ello, pero solo hay un rey don Pedro (Burgos, 1334 – Montiel, La Mancha, 1369) en el que convergen dos sobrenombres contradictorios y complementarios: Cruel y Justiciero. La polémica sobre qué imagen del rey don Pedro es la más acertada ha hecho correr ríos de tinta a numerosos historiadores. Esto ha convertido al monarca en una figura literaria de primer orden, propiciando que historia y ficción se vean mezcladas. Realidad y fantasía con el rey don Pedro como protagonista y galán”.

COGOLLUDO

Vista aérea de Montiel y el castillo de la Estrella. Autor, Cogolludo

“Don Pedro es –no cabe duda– el rey cruel que López de Ayala retrató en su Crónica, pero también es, por otra parte, el rey justo con que le caracterizaron sus seguidores. Son para muchos, dos apelativos interrelacionados y nada contradictorios que responden a actuaciones concretas del monarca”.
Para unos, sus detractores, resalta el carácter despótico e irascible del monarca y harto violento con los nobles y con su propia esposa doña Blanca de Borbón, a la que confinó por el resto de sus días. Entre sus víctimas figuran don Fadrique su hermanastro, Maestre de la poderosa Orden Militar de Santiago; don Juan y don Pedro también hermanastros asesinados en el castillo de Carmona; Garcilaso de la Vega; Abu Said, el rey Bermejo y un sinfín de nobles y caballeros. Además le achacan a don Pedro cierta decadencia moral por su especial protección a los judíos y musulmanes.
Para otros, sus partidarios, la polémica actuación del rey don Pedro durante los diecinueve años de su reinado es explicable debido a la compleja época histórica que heredó, pues desde Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI los monarcas tuvieron enconada pugna con la levantisca nobleza castellana. El rey Pedro I enseguida pidió cuentas de sus fortunas a algunos nobles y privados y esto creó incomodidad y rechazo hacia su persona. Para estas labores tuvo como tesorero real a Samuel Leví, judío. Y al mismo tiempo, Pedro I, vendió como esclavos a los judíos de Jaén para condonar la deuda contraída con los moros granadinos por su ayuda militar, lo que denota la conducta oscilante del monarca según los problemas que le acontecían o dependiendo de los consejos de su Corte.

acusticalennon

Iglesia de San Sebastián. Montiel. Autor, Acusticalennon

Cruel y Justiciero. Nadie puede negar que Pedro I actuó con extrema dureza en su lucha contra los grandes señores de la nobleza y contra los de su propia sangre. Pero no hizo nada distinto al otro bando, salvo perdonarle la vida varias veces a ese mismo hermano que fue su verdugo. Enrique, el responsable de introducir el apelativo de cruel en las crónicas, fue llamado a la posteridad ‘El Fratricida’. Un apodo igual de crudo que el de su hermano. Ambos, no obstante, mataron a hermanos y mostraron inusitados grados de violencia, incluso para el belicoso Reino de Castilla, durante la guerra que les enfrentó. Ambos pudieron recibir el apodo de su contrincante de ser otros los cronistas.
Fue la Historia, que la escriben los ganadores, la que puso la etiqueta a su conveniencia. Así, no es casualidad que Isabel ‘La Católica’, también enfrentada al poder de los grandes nobles, que hacían y deshacían a su antojo durante su reinado, fuera la primera en censurar el apelativo de ‘El Cruel’. Como tampoco lo es que Felipe II –quien encerró a la princesa de Éboli, de la poderosa Casa de los Mendoza, y desterró a Fernando Álvarez de Toledo, de la no menos poderosa Casa de Alba, a Uceda (Guadalajara) en el transcurso de un mismo año– insistiera en que Pedro volviera a ser ‘El Justiciero’.

“Soy don Pedro el Justiciero,
No soy don Pedro el Cruel,
Y aquí me hallo en Montiel
Por auxilio de Toledo.
De mis caballeros quiero,
Vengan todos a esta villa
Para luchar por Castilla.
A Enrique debo matar,
Él se ha hecho coronar
Para usurparme la silla”

Atardecer en La Mancha. Autora, Marian FF

Atardecer en La Mancha. Autora, Marian FF

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Textos extraídos de la obra:
‘Ni quito ni pongo rey’.
Pacheco Sánchez, Emilio. Ed. Biblioteca de autores manchegos. Dip. de Ciudad – Real, 2010.

Bibliografía:
– ‘Pedro de Castilla: la leyenda de doña María Coronel y la muerte de don Fabrique’. Tubino, Francisco Mª (1887). Madrid: Sevilla: Imprenta de “La Andalucía”
– ‘Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara’. Valdeón Baruque, Julio (2002). Madrid: Santillana Ediciones Generales, S.L.

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Campo de Montiel. Una tierra por descubrir

Montiel

Tu escapada de fin de semana desde Madrid

No muy lejos de Madrid. A dos horas de viaje por cómodas autovías que puedes elegir pasando por Toledo, disfrutando de la inmejorable vista de una de las grandes ciudades históricas de Occidente.
Si el tiempo y las ganas te lo permiten adéntrate en su incomparable laberinto artístico. Mírala desde la ermita del Valle o desde la terraza del Parador en el cerro del Emperador. Verás su entramado, conglomerado renacentista y barroco, superpuesto sobre cimientos romanos, visigodos y árabes.
Desde la casa del Diamantista hasta el puente de San Martín. O desde el de Alcántara hasta la puerta del Cambrón, podrás recorrer paseando entre parques y murallas un montón de misterios contenidos en sus calles, palacios, conventos, pasadizos…
Despídete en la Venta del Alma, disfrutando la atmósfera de lo auténtico. Y dile adiós camino de La Mancha, contemplando la almunia árabe del palacio de Galiana, asentada en mitad de la vega.

Consuegra. Autor, Juan Jose Revenga Diaz

El recorrido que parte de Toledo hasta Consuegra regala el atractivo de un paisaje agrario sosegado y bien ordenado. Al final de una recta tan grande como los aventureros horizontes quijotescos, encontrareis la universal silueta de La Mancha girando en las venteadas aspas de los molinos.
Su castillo impone la Orden de San Juan, vigilando el territorio batallado por las cuatro órdenes militares que colonizaron la actual provincia de Ciudad Real. Frontera castellana y andalusí. Espacio de todos y muchas veces de nadie. Lugares expandidos en la inmensidad de la llanura, ideales para los solitarios sueños del Quijote.

Haz parada en Puerto Lápice. El pueblo-calle al borde del camino que desde Madrid, abre de par en par la novela de Cervantes. Últimamente convenientemente mejorado en la estética del entorno de su magnífica plaza, con el aporte del nuevo y bello edificio del ayuntamiento. Apoyado con las flamantes galerías de porches de madera color almagre que te acompañan hasta la preciosa Venta. Entra en la bodega, al patio. Cruza el zaguán. Esta edificación posee el espíritu que cautivó a Cervantes cuando transitando por tantos caminos dormía en lugares similares.

Plaza mayor de La Solana. Autor, Karp Panta

Desde aquí hasta La Solana cruzarás horizontes literarios que te conducirán a través del personaje cervantino, hasta el Campo de Montiel.
La plaza de La Solana, desconocida y a la vez una de las más atractivas de Castilla. Mantiene todo lo que la historia va concediendo al centro administrativo y social de una villa, con el valor añadido de una imagen cuidada y restaurada.

Continúa a San Carlos del Valle para ver los pináculos borbónicos de Felipe V. Edificado en mitad de los campos, en el camino real de Andalucía, una iglesia rural con diseño de basílica pontificia. Su plaza te dejará sin palabras. Elegante en la traza de su sencillez y muy acogedora por la belleza de su arquitectura rural compuesta por materiales naturales. Piedra, ladrillo rústico y madera. El buen gusto de una época que supo construir para el futuro, legándonos algo imperecedero y siempre apreciado.

Desde Madrid es el primer pueblo del plan de colonización de la despoblada sierra Morena, por orden de Carlos III, para proteger el tránsito entre la Corte y el puerto de Indias de Sevilla o Cádiz.

Visitando San Carlos del Valle

El siguiente destino, Villanueva de los Infantes. Junto con Almagro, los dos conjuntos histórico artísticos más completos de la provincia.
Infantes posee un patrimonio inigualable emplazado en el Siglo de Oro. Por allí han pasado literatos como Quevedo, Cervantes o Lope de Vega. Sus atrayentes calles pobladas de palacios armados con portadas blasonadas en contraste y complementadas con calles blancas que mantienen la identidad popular manchega, confiriéndole una imagen sumamente valiosa como algo excepcional por su armonía, belleza y valor histórico.

Al siguiente día, ya de regreso a Madrid, pásate por las Lagunas de Ruidera. Si vas en primavera, encontrarás un vergel del Paraíso. A pesar de una pequeña parte mal urbanizada. El primer espacio natural protegido de la región, conserva intacta su vitalidad y su incalculable valor medio ambiental como reserva de la biosfera. El complejo fluvio-lacustre que desborda el Guadiana, el Río de los Patos, de los romanos, por las características anátidas que lo pueblan. Caminar al borde de este curioso espacio, rarísimo en el mundo por sus cualidades geológicas, te ofrece contacto directo con la naturaleza de nuestros antepasados prehistóricos. Muchos lugares del parque conservan esa agreste naturaleza, que encontrarás adentrándote en sus senderos más apartados de la civilización.

Reflejos en Villanueva de los Infantes. Autora, Margabel2010

Viajarás a través de los pasos de Cervantes y podrás dormir en lugares con mucho encanto. Especialmente en Villanueva de los Infantes o Ruidera. Comerás el mejor queso del mundo, bebiendo vinos manchegos. Asadillo a base de tomate y pimiento. Gachas, lomo de orza, duelos y quebrantos…

Esta tierra todavía por descubrir mantendrá siempre su vocación caminera como natural cruce de culturas que han surcado sus veredas, comunicando la península Ibérica en sus cuatro puntos cardinales. Es un buen lugar, el Campo de Montiel, como Lugar de La Mancha, donde Don Quijote comenzó a caminar, para servirte de destino o escala para continuar hacia los paraísos de Andalucía que tan bien Cervantes conocía.
Desde aquí se divisan las sierras de Segura y Cazorla. No muy lejos Úbeda y Baeza y por su puesto, un buen lugar de paso, camino de Córdoba o Granada.
Si vas a Andalucía, o regresas a Madrid, desvíate al Campo de Montiel, descubre la esencia que todavía perdura de lo que Cervantes encontró para servirle de inspiración. Te esperamos.

El color turquesa de las Lagunas de Ruidera. Autor, fcsanjuan


Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano


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El Almagro más heroico. Don Diego y el descubrimiento de Chile

El Almagro más heroico. Don Diego y el descubrimiento de Chile

En la plaza Mayor de Almagro, delante del Teatro y rodeada de un pequeño espacio ajardinado, los visitantes pueden contemplar la estatua de un caballero en pose orgullosa y desafiante sobre su montura. Se trata del Adelantado Don Diego de Almagro, hijo ilustre de la ciudad, que en la primera mitad del siglo XVI llevó a esta villa ciudadrealeña a figurar con honor en los anales de la historia hispanoamericana y aún mundial. Su hazaña: el viaje que organizó y lideró para descubrir las entonces ignotas tierras de Sudamérica bañadas por el Pacífico, y hoy conocidas por el nombre de Chile.

Estatua ecuestre de Luis Zamarreno en Almagro. Autor, Luiszamarreno

Estatua ecuestre de Don Diego en Almagro. Autor: Luiszamarreno

Retrato en blanco y negro de una calle de Almagro. Autor, Festival de Almagro

Retrato en blanco y negro de una calle de Almagro. Autor: Festival de Almagro

Detalle de la Plaza Mayor de Almagro. Autor, Elarequi61

Detalle de la Plaza Mayor de Almagro. Autor: Elarequi61

La Plaza Mayor de Almagro cuenta con los suficientes atractivos arquitectónicos como para ser considerada una obra maestra. Su forma de planta rectangular, y los magníficos soportales de columnas en piedra de orden toscano bajo dos galerías corridas, atraen cada año a miles de visitantes que gustan de pasear sosegadamente por uno de los rincones urbanos más originales de Europa. Hoy las galerías están cubiertas con acristalamientos, pero en su origen sirvieron de tribunas abiertas para actos públicos de todo tipo, como las famosas corridas de toros, organizadas en ésta y otras plazas españolas hasta que fueron prohibidas en el siglo XVIII por el rey Carlos III. En uno de sus extremos se encuentra la estatua ecuestre de Don Diego de Almagro, obra de Joaquín García Donaire. Su figura sigue presidiendo la vida cultural y social de este rincón almagreño, y aunque alguien poco versado en acontecimientos opine que se trate de un mero atributo local, carente de importancia, nada está más lejos de la realidad: el porte señorial e impertérrito de esta imagen atesora una de las más increíbles historias de esfuerzo, coraje y supervivencia protagonizadas alguna vez por el ser humano…

Plaza de Armas e Iglesia de la Compañía de Jesús, en Cuzco, Perú. Autor, Palindrome6996

 Plaza de Armas e Iglesia de la Compañía de Jesús, en Cuzco, Perú. Autor: Palindrome6996

Expedición de Almagro a Chile. Obra de Fray Pedro Subercaseaux (1880-1956)

Expedición de Almagro a Chile. Obra de Fray Pedro Subercaseaux (1880-1956)

Y es que pocos alcanzan a imaginar las enormes penalidades que el Adelantado Don Diego debió arrostrar en su viaje hacia las latitudes más meridionales de Sudamérica, partiendo de la ciudad de Cuzco. Aún hoy la travesía se presenta complicada debido a la imponente cordillera andina, con picos que superan ampliamente los 6000 metros de altura, así como a la existencia en la zona de algunos de los desiertos más áridos del mundo. En el mes de julio de 1535, acompañado por 570 españoles y varios miles de indios y negros, Almagro salió de Cuzco para acometer el proyecto de explorar las tierras situadas al sur del recientemente conquistado Imperio Inca. Tras los hombres viajaban varios rebaños de llamas y piaras de cerdos, animales que iban a servirles de sustento durante el largo viaje. A unos 250 km al sureste de Cuzco, el camino Inca sale definitivamente de la protección de los valles y entra en el altiplano boliviano, una alta meseta azotada por los vientos y rodeada de cumbres heladas y saladares. Los españoles quedaron admirados cuando vieron allí restos de edificios imponentes construidos con bloques de piedra tallada, cada uno de los cuales pesaba más de 100 toneladas.

Paisaje en el altiplano boliviano. Autor, A. Davey

Paisaje en el altiplano boliviano. Autor: A. Davey

Detalle del sitio arqueológico de Tiwanaku, Bolivia. Autor, Josemar Ferreira

Detalle del sitio arqueológico de Tiwanaku, Bolivia. Autor: Josemar Ferreira

Cuando superaron los 4000 metros sobre el nivel del mar, el sufrimiento del grupo empezó a ser evidente. A los soldados les costaba respirar y quedaban cegados por la brillante luz presente en aquella atmósfera tan enrarecida. Mientras el frío causaba estragos en los hombres, la comida y el agua se hacían cada vez más escasas. En aquellas latitudes meridionales era mediado el invierno, y ninguna ropa ni armadura resultaban suficientes para preservar del frío helador que les atravesaba el cuerpo. Jinetes y caballos caían presos de los primeros síntomas de congelación, de los cuales ya nunca se curarían. Un cronista de la época relata que: “El suelo estaba tan frío que cuando Don Diego de Almagro volvió a Cuzco en su regreso, muchos meses después, encontró en varios lugares a hombres que habían fallecido helados junto a las rocas, y al lado de los caballos que montaban, y sus cuerpos estaban tan incorruptos que parecía que acababan de morir”. Solo en una noche murieron hasta 70 caballos, mientras que al vadear un río desbordado se perdió la mayor parte de las provisiones y casi todo el rebaño de llamas que traían. En cuanto a los indios, éstos caían aniquilados o desertaban en tan gran número que los españoles tuvieron que tomar porteadores a la fuerza entre los residentes del país, lo que causó más de un serio revés. El propio Almagro sufriría importantes heridas tras precipitarse al suelo y ser aplastado por su montura, después del ataque que organizó a una de las escasas aldeas existentes en la zona.

Volcán Parinacota, en la frontera entre Chile y Bolivia. Autor, S. Rossi

Volcán Parinacota, en la frontera entre Chile y Bolivia. Autor: S. Rossi

Conquistador español a caballo. Autora, Margaret Duncan Coxhead

Conquistador español a caballo. Autora: Margaret Duncan Coxhead

En Tupiza, en el suroeste de Bolivia, alcanzaron el límite sur del altiplano. La exhausta fuerza descendió al solitario valle de Salta, en el noroeste de Argentina, zona donde descansarían los restantes meses del invierno antes de reanudar la marcha. Pero la parte más difícil de su viaje no había comenzado aún. Ahora los exploradores tenían que cruzar las cumbres de los Andes si querían pasar a la zona costera de Chile, y las bajas fueron aumentando conforme Don Diego les conducía a través de los pasos helados hacia Copiapó. La expedición se separó en varios grupos para afrontar mejor la búsqueda de alimento y refugio en las montañas. Aún así, era ya pleno invierno y un frío intensísimo hizo muy difícil el paso de la cordillera, en la cual murieron casi todos los indios que los acompañaban. Una vez agotadas sus provisiones, los hombres comían únicamente hierbas y raíces, salvo cuando la suerte los llevaba a encontrar algún caballo muerto y abandonado por los grupos precedentes, y que gracias al frío se conservaba en perfecto estado. La escasa vegetación hacía poco menos que imposible encender fuego para calentarse, de modo que más de 1600 personas murieron finalmente durante aquella marcha a consecuencia del hambre o las bajas temperaturas. Era tal el reguero de hombres caídos a lo largo del sendero que llevaba a las cumbres, que durante las tempestades de nieve, frecuentes en esa época del año, los soldados se defendían del viento formando parapetos con los cadáveres de los indios que habían quedado atrás.

Aymara Woman, El Alto, Bolivia

Mujeres Aymara en El Alto, Bolivia. Autor: Szeke

Caravana atravesando un paso de montaña en plena tormenta. Obra de Alfred Jacob Miller (1810-1874)

Caravana atravesando un paso de montaña en plena tormenta. Obra de Alfred Jacob Miller (1810-1874)

Llamas en el desierto de Atacama, norte de Chile. Autor, Luca Galuzzi

 Llamas en el desierto de Atacama, norte de Chile. Autor: Luca Galuzzi

Uno de los miembros más fuertes de la expedición fue la llama, puesto que en medio de todas aquellas penalidades, estos animales necesitaban pocos cuidados y podían transportar cómodamente hasta 30 kilos de peso durante toda una jornada. Ahora bien, según cuenta el cronista Zárate, el temperamento de la “oveja peruana” dejaba mucho que desear: “Cuando se fatigan, se tumban y no se levantan aunque se les pegue o se tire de ellas; lo único que cabe hacer es descargarlas de su peso. Si se cansan cuando uno va montado y les acucia para que sigan adelante, giran la cabeza y le salpican con un líquido que apesta y que llevan en el buche (…)”.

La Araucania, al sur de Chile. Autor, Flavio Camus

La Araucania, al sur de Chile. Autor: Flavio Camus

Mujer y gaucho chileno en un trigal. Autor, Toni Frissell

Mujer y gaucho chileno en un trigal, años cuarenta. Autor: Toni Frissell

Una vez llegados a Copiapó, Almagro llevó a sus hombres hacia el sur a lo largo de la costa chilena. La brisa suave y la vegetación abundante fueron un constante alivio con respecto a la etapa anterior, pero finalmente se detuvieron en lo que hoy es Santiago, en el Chile central. Tras más de 4000 km desde su salida del Perú, no habían encontrado en parte alguna riquezas que pudieran compararse con las de los Incas, de modo que no tuvieron más alternativa que plantear su regreso. Para no pasar las penalidades que arrostraron en la ida, ciñeron su viaje de vuelta a Cuzco lo más cerca posible de la costa, y en consecuencia la primera fase del trayecto fue rápida y cómoda para todos. Las tierras no eran ya desconocidas y los soldados estaban repuestos de fatigas y con buenos ánimos, puesto que regresaban a la civilización.

Catedral y Plaza de Armas de Santiago de Chile. Autor, Poco a Poco

Catedral y Plaza de Armas de Santiago de Chile. Autor: Poco a Poco

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 Paisaje costero en la isla de Chiloé, Chile. Autor: Ian Rutherford

Reunión de indios Mapuches, propios del sur de Chile. Autor, Jules Peco (siglo XIX)

Reunión de indios Mapuches, propios del sur de Chile. Autor: Jules Peco (siglo XIX)

Sin embargo la dicha no duró mucho, puesto que los españoles se encontraron más allá de Copiapó a las puertas del desierto de Atacama, una de las regiones más áridas e impenetrables del mundo. Conforme iban progresando hacia el norte en jornadas de más de 20 km al día, el sol caía a plomo sobre ellos y no había vegetación alguna que rompiera la monotonía de aquel paisaje muerto. Tan solo destacaba al fondo la cordillera de los Andes, cubierta de nieve, que parecía burlarse de los soldados, mientras éstos avanzaban penosamente bajo el sol abrasador y los efectos paralizantes de la sed. Hasta tal punto regresaron quebrantados Almagro y sus tropas, dos años después de su salida de Cuzco, que desde entonces se denominó “roto de Chile” a todo aquel que volvía de un viaje a esas tierras meridionales. Sin embargo los atractivos superaron a las penalidades, y solo 4 años más tarde se organizó una nueva expedición hacia los valles fértiles del cono sur, esta vez coronada por el éxito: fue la que llevó al extremeño Pedro de Valdivia a la conquista del reino de Chile, o Nueva Extremadura, y a fundar su actual capital Santiago de Chile en las cercanías del Huelén el día 12 de febrero de 1541.

Mulos salvajes en el desierto de Atacama. Autor, Chris Huggins

Mulos salvajes en el desierto de Atacama. Autor: Chris Huggins

Torres del Paine, al sur de Chile. Autor, S. Rossi

Torres del Paine, al sur de Chile. Autor: S. Rossi