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20 curiosidades del Corral de Comedias de Almagro

Almagro

¿Qué fueron los corrales de comedia?

La funcionalidad de los corrales de comedia como espacios destinados a las representaciones teatrales desde la segunda mitad del siglo XVI hasta principios del XVIII, así como de esparcimiento y ocio y espacios, es evidente. Sin embargo, hay un gran consenso a la hora de interpretarlos como lugares donde se puede observar de manera notoria la estratificación social propia de la Edad Moderna.

Los primeros corrales de comedias en España surgieron en el último tercio del siglo XVI: el Corral de la Cruz y el Corral del Príncipe en Madrid (ya desaparecidos). Debido al éxito que estaban cosechando, a principios del siglo XVII y bajo el patrocinio de la Corona, comenzaron a proliferar varios corrales en otras ciudades como Valladolid, Sevilla, Valencia, Toledo, Granada y, el mejor conservado hasta la fecha, Almagro. Incluso en las colonias americanas se documenta la existencia de este tipo de espacios, en México y Perú principalmente.

Este tipo de espacios nace en un contexto de contrarreforma católica (Concilio de Trento 1545-1563) que tiene como objetivo uniformizar la doctrina, rearme ideológico y combatir la reforma protestante. Y su influencia se va a dejar notar en determinados aspectos de la vida cotidiana como es este caso, ya que el calendario de representaciones teatrales vendrá marcado por la religión.

Piramide social siglo XVII
Pirámide social siglo XVII

Se representaron y representan obras fundamentales del Siglo de Oro, de la talla de Lope de Vega y Calderón de la Barca

El origen de estos espacios lo encontramos en los patios que tuvieron que acondicionarse para albergar o posibilitar la actividad teatral: patio al aire libre, suelo plano, con el público en el centro de pie y otra serie de localidades de varios niveles laterales y enfrentadas al escenario.

Los corrales de comedia van a ir evolucionando y aumentando su aforo para permitir la entrada de gentes de diferente clase social, desde los campesinos o jornaleros hasta el propio rey.

En cuanto a las partes de un corral destacamos:

  • Los bancos o lunetas, los más cercanos al escenario, protegidos por un toldo que se extendía en caso de mal tiempo.
  • El patio era el lugar donde los hombres del pueblo, llamados mosqueteros, se situaban. Con sus silbidos o aplausos, eran los que hundían o levantaban la comedia.
  • Los palcos estaban situados en la primera planta y destinados a los nobles.
  • En la cazuela, al final del patio en la primera planta y con una ligera elevación, se situaban las mujeres excepto las damas, que ocupaban las celosías.
  • Las ventanas inferiores son los aposentos, rejas o celosías donde se acomodaban los burgueses.
  • El escenario propiamente dicho al fondo del patio.
  • Para el rey existía una localidad específica sobre el escenario, separada del resto y cubierta por una celosía.
  • A finales del siglo XVII aparece un nuevo espacio para que acuda el público denominado la tertulia.
corral de comedias
Estructura de un corral de comedias

No había actividad teatral durante la Cuaresma: estaba prohibida y penada por la ley

Las representaciones teatrales daban comienzo en el Domingo de Resurrección y finalizaban el Miércoles de Ceniza.

La climatología también determinaba las representaciones que, en los meses más fríos, solían ser entre octubre y principios de mayo y comenzaban a las dos del mediodía. Y en los meses más cálidos, de mayo a septiembre, a las cuatro de la tarde. Todos estos espectáculos finalizaban en el ocaso aprovechando al máximo la luz solar.

Durante la representación destacamos dos figuras:

  • El mantenedor del orden: solía ser un hombre corpulento que podía aplacar al público si este se exaltaba demasiado durante la representación.
  • El apretador: antecedente del actual acomodador, pero con la diferencia que intentaba que todo el mundo cupiese intentando aprovechar al máximo el espacio.

Las representaciones cumplían una doble función: propagandística y lúdica. El espectáculo se iniciaba con una loa (alabanzas al noble o monarca, mensajes teológicos…), y a continuación se intercalaban entremeses (pieza cómica), danzas y música (jácaras y mojigangas), y finalizaba con un «fin de fiesta».

Corral de Comedias
Corral de Comedias de Almagro

Visita guiada a Almagro y Corral de Comedias

¿Cómo era el teatro del Siglo de Oro?

Los dramaturgos españoles cultivaron a lo largo del siglo XVI y hasta la llegada de Lope de Vega diferentes corrientes o formas de hacer teatro: autos, teatro clásico, teatro de colegio…

Lope de Vega fue uno de los grandes renovadores del arte dramático al que siguieron otros grandes nombres como Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Ruiz Alarcón, Sor Juana Inés de la Cruz. En su obra El arte nuevo de hacer comedia (1609) expone las pautas del nuevo teatro que rompían con las reglas medievales y estaba influenciado por la commedia de’ll arte italiana. De esta manera, el teatro se convierte en un fenómeno de masas y los actores, ya dentro de compañías teatrales, comienzan a profesionalizarse.

El teatro de este período abarca temática muy variada: dramas históricos, heroicos, legendarios, políticos, religiosos, mitológicos, palaciegos, caballerescos, mágicos y de capa y espada, de honor y celos. Estos últimos con asuntos referentes al honor y la honra de sus personajes, son un recurso habitual en el teatro barroco.

Al prescindir de las unidades clásicas de “lugar, tiempo y acción” la estructura general de la comedia se dividía en Actos y Escenas. Los actos se conocían con el nombre de «jornadas».

Cada uno de los actos se corresponde con los 3 momentos característicos del desarrollo de la trama de la comedia (planteamiento, nudo y desenlace). Estas escenas se organizan en «mayores» o «de contenido» según el peso de dentro de la representación.

Algunas de las características más importantes del teatro del Siglo de Oro:

  • El gusto: es variado y los autores han de satisfacer las nuevas preferencias del público.
  • Los personajes: se mezclan personajes trágicos y cómicos. Destacamos el rey, el galán, la dama, el padre de la dama, el villano, el criado…
  • Unidad de acción tiempo y lugar: puede no respetarse o interpretarse de diferentes modos.
  • Número de actos: la división será en tres actos de ocho hojas cada uno, lo que equivale a más de tres horas, con la loa, el entremés y el baile.
  • Métrica: se ajusta a las situaciones, lo que le permite utilizar la tradición poética anterior.
  • Finalidad: el objetivo de la comedia es provocar el deleite del público: «Como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto».

Almagro

El Corral de Comedias de Almagro es el único corral del siglo XVII que se conserva en toda Europa y el único que permanece activo 400 años después de su inauguración

El Corral de Comedias de Almagro constituye una de las sedes, desde 1978, del Festival Internacional de Teatro Clásico, que se celebra cada año durante el mes de julio. Además de las funciones de teatro, música y danza puestas en escena por algunas de las mejores compañías del panorama nacional e internacional, la actual Fundación del Festival organiza exposiciones, talleres, debates y certámenes paralelos.

Fue declarado Monumento Nacional en marzo de 1955.

Situado en la Plaza Mayor de la localidad debe su construcción a Leonardo de Oviedo, presbítero de la Iglesia de San Bartolomé el Viejo de Almagro, que en 1628 pidió permiso al Ayuntamiento para la edificación del corral en el patio del Mesón del Toro. Invirtió en la construcción más de cinco mil ducados, una auténtica fortuna de la época.

La construcción y distribución de espacios del Corral es esencial para el estudio y comprensión del propio Teatro del Siglo de Oro. La influencia de su arquitectura teatral fue decisiva para el desarrollo posterior del teatro en los siglos posteriores del siglo XVIII al XIX.

La primera representación de la que se tiene referencia fue a cargo de la compañía de Juan Martínez en 1629, una de las doce compañías «de Título».

En el siglo XVIII con la prohibición de los corrales, se convierte en el Mesón de la Fruta, conociéndose desde mediados del siglo XIX como la Posada de las Comedias.

En 1950, el dueño de dicha posada, mientras realizaba unas obras, encontró una baraja española pintada a mano fechada a principios del siglo XVIII. Puso el hallazgo en conocimiento del Ayuntamiento y su alcalde, Julián Calero, la trasladó al gobernador civil de la provincia. José María del Moral, por éste y otros documentos, supuso que en ese lugar podría haber existido un corral de comedias y, tras el proceso de expropiación y restauración oportunos, se inauguró en 1952.

Almagro

Corral de Comedias de Almagro 
Corral de Comedias de Almagro

20 curiosidades del Corral de Comedias de Almagro

  1. El edificio surge como mesón-posada en el siglo XV. Se llamaba el Mesón del Toro.
  2. Leonardo de Oviedo, presbítero de la iglesia de San Bartolomé el viejo de Almagro y dueño del mesón a finales del siglo XVI y principios del XVII, promovió su construcción.
  3. Los niños no podían entrar.
  4. De Oviedo pidió permiso en 1628 al Ayuntamiento para la edificación del corral en el patio del mesón.
  5. El presbítero invirtió más de 5.000 ducados, toda una fortuna en esa época.
  6. El corral ocupaba en su origen 622 metros cuadrados, más del doble de la actualidad.
  7. Simultaneó la actividad teatral con la de posada.
  8. La primera representación de la que se tiene referencia fue a cargo de la compañía de Juan Martínez en 1629, una de las doce compañías “de Título”.
  9. Se convirtió en Mesón de la Fruta cuando se prohibieron los corrales.
  10. Desde mediados del siglo XIX se conoció como la posada de las comedias.
  11. En 1952 Julián Calero, alcalde en aquel momento, y José María del Moral, gobernador civil y catedrático de literatura, descubren este tesoro cuando se estaban haciendo unas obras.
  12. El consistorio compró el Corral de Comedias en 1854 y se reabrió con la representación de auto sacramental de Calderón de la Barca.
  13. Los hombres y mujeres no podían estar juntos. Los hombres ocupaban el patio (en gradas laterales, bancos en el patio y de pie) y las mujeres en la grada de las cazuelas.
  14. El precio de la entrada no era un precio global como hoy día. Entonces se pagaban distintas entradas: una a la entrada, otra para la hermandad o beneficiario y otra para sentarse. La compañía raramente llegaba al 20 % de lo recaudado.
  15. Lo que ahora llamamos el patio de butacas era la zona donde estaba la clase baja.
  16. Un poco más atrás de la mitad del patio había una pared que separaba a los hombres, que estaban delante, de las mujeres, que estaban detrás.
  17. En los “pasillitos” de la izquierda y la derecha había unas gradas donde se colocaban comerciantes y artesanos, personas de un nivel económico un poco alto, también separados por género.
  18. La alojería se encuentra en la parte de atrás y a nivel del suelo. Esta era como una barra de bar. Aquí se vendía agua y aloja, una bebida árabe compuesta de miel, agua, canela y especias.
  19. En las cazuelas, la primera y segunda planta frente al escenario, pegaba el sol fuerte casi todo el día.
  20. En 1950 se encontró una baraja española pintada a mano fechada en 1729.

Almagro

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Un artículo de José Manuel Lucerón para sabersabor ©

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9 destinos con encanto para visitar en Castilla – La Mancha

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Castilla – La Mancha es conocida por el universal Hidalgo de Cervantes; por Toledo, la ciudad de las tres culturas; o por las famosas casas colgadas de Cuenca

Nos apasiona el turismo de interior, con esas escapadas que se planifican con poco tiempo de antelación y terminan siendo un soplo de aire fresco con el que romper con el día a día.
Hoy os proponemos descubrir algunos de los destinos más sorprendentes de nuestra región. Lugares con una historia y un carácter propios que se abren generosamente al paso de todo aquel visitante decidido a llegar hasta ellos. ¿Nos acompañas?

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Uclés

Ubicado al noroeste de la provincia de Cuenca, a los pies de un cerro escarpado y atravesado por el río Bedija, se encuentra Uclés, un encantador pueblito que sorprende por la riqueza de su patrimonio artístico, el cual le convierte en una de las joyas de Castilla – la Mancha.

Con una variedad de monumentos de carácter civil y religioso, Uclés posee uno de los más importantes conjuntos histórico – artísticos de Cuenca, del cual destaca su impresionante Monasterio, considerado un emblema para la localidad y para la provincia en sí misma. Este pueblo conquense conserva su antaño estilo medieval, todavía representado por su castillo y sus murallas que se extienden sobre la ladera, así como diversas casas solariegas que salpican sus calles y que reflejan el esplendor de aquella época.

No dejéis de probar los distinguidos vinos con D.O. de Uclés.

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Alarcón

Enclavada en mitad de las hoces que dibuja el Júcar, la población de Alarcón es un tesoro escondido entre las estribaciones conquenses. Se trata de una localidad que aúna la riqueza patrimonial que encierran sus calles con la situación en mitad de un marco natural incomparable. La antigua iglesia de San Juan Bautista, reconvertida en el Centro de Pintura Mural de Alarcón, o su impenetrable fortaleza en la parte más alta del cerro son sólo algunas de las maravillas que te esperan en este rinconcito manchego.

Tampoco puedes perder la oportunidad de recorrer las Hoces del Júcar en una de sus múltiples posibilidades, bien sea a pie, a caballo o incluso en piragua.

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Tembleque

Esta villa toledana conserva en su casco histórico, plagado de ermitas y casas hidalgas, todo el sabor de los siglos pasados. Lo más llamativo de Tembleque es su característica Plaza Mayor, inaugurada por el mismo rey Felipe IV en 1653 y que es el prototipo de plaza manchega: un gran espacio cuadrado y porticado, con bellas balconadas de madera para los asistentes a los festejos celebrados en la plaza, especialmente aprovechados cuando se convertía el lugar en una plaza de toros.

Sus fogones tampoco te defraudarán: prueba unas sabrosas perdices o el típico cordero en alguna de las múltiples elaboraciones que preparan sus restaurantes.

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Alcalá del Júcar

Encaramado a la piedra de un meandro del río Júcar se alza un viejo castillo árabe que corona uno de los pueblos más pintorescos y de postal de la provincia de Albacete: Alcalá del Júcar.

Antes de subir por sus empinadas calles, incluso de asomarse en el puente romano, os quedaréis boquiabiertos con el emplazamiento superlativo de este pueblo, uno de los mejores rompedores de tópicos con los que cuenta Castilla – La Mancha.

Allí las casas blancas son parte de la propia montaña y vigilan desde su atalaya la hoz que el Júcar se ha ocupado de diseñar con un tesón medido en millones de años.

Así es Alcalá del Júcar, bello por fuera y por dentro. Una auténtica caja de sorpresas que merece la pena saborear a fuego lento.

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Alcaraz

De Alcaraz fue el arquitecto Andrés de Vandelvira, el mismo que se encargó de forzar las leyendas renacentistas de Úbeda y Baeza, entre otras. Pues en esta villa albaceteña encaramada a los pies de una serranía verde este genio aprovechó su largo legado medieval, con castillo en altozano, para adecentarlo al estilo que imperaba en la época, el Renacimiento. Hoy día su bella Plaza Mayor esta entre las mejores de Castilla – La Mancha, y buena parte de la culpa la tiene el propio Vandelvira, con esa cercanía extrema de dos torres (la de la iglesia y la del Tardón) que conviene admirar desde todas las perspectivas y ángulos posibles. Todo ello ligado a pórticos y edificios de lonja realmente magníficos.

Alcaraz nos ofrece una pérdida apetecible en sus calles en busca de la intrincada portada de la aduana, de sus muchas casonas nobles y patios escondidos.

Y ya de paso, desde allí, quebrar los tópicos de Albacete disfrutando de la Sierra del Segura y Alcaraz y su tremendo valor paisajístico y cultural.

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San Carlos del Valle

San Carlos del Valle

Al este de la provincia de Ciudad Real, arrastrando una historia de cristos milagrosos y peregrinaciones, se encuentra la interesante localidad de San Carlos del Valle. En esta población, con una ordenación urbana poco corriente en la región, el impresionante conjunto formado por la Plaza Mayor y la iglesia del Santísimo Cristo del Valle atrae todas las miradas.

Se trata de una bonita plaza porticada con balconadas de madera que sirve de atrio para la monumental iglesia (divisable desde varios kilómetros a la redonda), uno de los más destacados templos tardobarrocos que encontraremos en esta comunidad autónoma.

La iglesia fue construida para albergar a la gran cantidad de peregrinos que una vez atrajo la imagen del Cristo Milagrero albergada en su interior.

palacio viso del marques

Viso del Marqués

Ni el más pintado podría imaginarse que en la frontera manchega con Despeñaperros y la vecina Andalucía, en plena llanura, se dieran tantas rarezas. Como que haya un palacio renacentista italiano como el del primer Marqués de Santa Cruz, Don Álvaro de Bazán (héroe de Lepanto), que parece haberse teletransportado de la Toscana a La Mancha con techos y paredes pintados con detalladas escenas bélicas de la hasta entonces Armada invencible.

Y que dicho palacio sea sede del Archivo General de la Marina cuando la playa más cercana queda a más de trescientos kilómetros. O que en la iglesia principal cuelgue un caimán traído de las Américas y haya descansado por una noche el cuerpo muerto de la reina católica Isabel de Castilla camino a su última morada en Granada. Un pueblo sorprendente.

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Fuenllana

Conserva el tipismo de los pequeños pueblos manchegos, con sus habitantes viviendo de la agricultura tradicional y las aguas de la zona.

Villa rural manchega por excelencia, fue descubierta con sorpresa a principios del siglo XX por el famoso fotógrafo francés Charles Alberty ‘Loty’, cuyas fotos se mostraron en la Exposición Universal de Barcelona en 1929. Un magnífico ejemplo de lo que debe ser un pueblo con estilo propio, integrado en su paisaje, su historia y su cultura.

Entre sus monumentos podemos visitar el Convento de la Orden de San Agustín, lugar del nacimiento de Santo Tomás de Villanueva, con un impresionante claustro porticado. También, la iglesia fortaleza de Santa Catalina.

Tiene hermosas, limpias y cuidadas calles y cuatro plazas en las que descansar o charlar con los amigos, la Plaza de la Calle Iglesia, la de Santo Tomás de Villanueva, de D. Antonio Rodríguez Huéscar y la Plaza del Convento. Cada una tiene su impronta y su carácter, todas agradables y con vivencias.

Este urbanismo amable se trasforma en fiesta y alegría todos los meses de julio cuando los vecinos rememoran con sus mejores galas y sus buenos productos y gastronomía las célebres Bodas de Camacho, del inmortal Don Quijote de La Mancha.

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Villanueva de los Infantes

¿Qué decir de la capital del Campo de Montiel? Esta villa se convirtió en próspera sede de la Orden de Santiago, y morada y descanso de algunos de sus ilustres miembros.

El más conocido, Francisco de Quevedo, quien tras perecer en una celda del convento de Santo Domingo y no pocos entierros descansa por fin en la iglesia de San Andrés.

Pero durante el XVII, época de la que forman buena parte los más de 200 edificios protegidos y los blasones de las fachadas solariegas que dibujan este mapa repleto de prodigios, anduvieron por aquí Jiménez Patón impartiendo gramática, Quevedo distrayendo su destierro, Lope de Vega ignorando a Cervantes, y Cervantes, más grande que ninguno, olvidando a su vez, acordarse de esos lugares y esas gentes que bien conocía hasta el fondo de sus más profundas miserias.

Conjunto Histórico – Artístico Nacional (bien merecería ser Patrimonio de la Humanidad) y Cuna del Quijote, según algunos estudiosos, es realmente maravilloso descubrir esta villa, una de las más bellas de nuestro país y centro de la Comarca del Campo de Montiel, citada hasta cinco veces por Miguel de Cervantes en su universal obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“.

Iglesias y conventos; plazas porticadas; pósitos, casas señoriales, palacios y calles; patios manchegos y antiguas cuevas y bodegas…Todo un viaje al irrepetible Siglo de Oro español.

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Salamanca, Aula Magna

“Feliz usted que vive en una ciudad por muchas de cuyas calles se puede ir soñando sin temor a que le rompan a uno el sueño”. Usted era Miguel de Unamuno, la apacible ciudad, Salamanca, y quien así consideraba y con tan escaso margen de error era su gran amigo Guerra Junqueiro


Unamuno dijo que era “ciudad abierta y alegre, sí, muy alegre”. George Borrow, en 1840, exclamó “¡qué espléndido lugar es Salamanca!”. La mágica superposición de la ciudad literaria y universitaria con la real hizo decir a Sciascia que Salamanca se acerca a la idea de felicidad cuando vas o vuelves de ella.
Salamanca no forma parte del paisaje, es un mundo cerrado y propio. Como una casa antigua llena de obras de arte, en la que se entra con respeto y cuyas maravillas deben ser valoradas por el que llega, porque los salmantinos saben que lo que tienen en casa es de primera calidad. A lo mejor ellos no le hacen mucho caso, pero saben lo que vale. Aunque se vea mucha gente en la calle y mucha marcha por la noche, no olvidéis que os encontráis en una de las mejores ciudades históricas de Europa, con más monumentos ella sola que algunos países completos. Pasarlo bien no significa pasar de lo bueno, y los monumentos y la historia de Salamanca son de lo mejor.
Allí nació una de las constantes de la cultura hispánica: la ciencia y la picaresca dándose la mano. La viejísima universidad del siglo XIII consiguió ser la mayor de Europa y un gran prestigio en los siglos XVI y XVII. Allí enseñaron Fray Luis de León y Francisco de Vitoria, y allí nacieron desde La Celestina, de Fernando de Rojas, a El Lazarillo de Tormes, la novela picaresca que tendría continuación salmantina con el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y La vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel. Cultura y pobreza dieron como resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura, con Salamanca como escenario común de todas ellas.

Vista de Salamanca

Medallón de los Reyes Católicos, fachada de la Universidad de Salamanca

Rúa Mayor

Fray Luis de León, en la noche de Salamanca


Cultura y pobreza en torno a la ciudad de Salamanca dieron como glorioso resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura


Gran parte del misterio, de la picaresca y de la historia de Salamanca permanece vivo en sus calles. Hay docenas de edificios monumentales, y también tiene varias universidades que proveen de gente muy joven las calles de la ciudad. Su panorama más evocador lo vemos desde la otra orilla del río Tormes: el Puente Romano reflejado en el agua junto a las cúpulas de sus catedrales y al friso del arbolado de la ribera. Si el lugar parece propio para evocar el Siglo de Oro, no podemos olvidar que por estas aguas traían de vuelta a las furcias que habían sido sacadas de la ciudad con motivo de la Semana Santa, en una gran fiesta colectiva llamada Lunes de Aguas.
De la postal del Tormes podemos pasar, caminando sobre el puente romano, a una de sus rarezas: las dos catedrales –Vieja y Nueva- cosidas por la espalda como siamesas nacidas con cuatro siglos de diferencia. Una lo hace en el siglo XII, la románica, y otra en el XVI, gótica, que sería terminada en estilo barroco. El milagro de no destruir la vieja catedral para construir la nueva, ha permitido ver juntas dos soluciones diferentes a un mismo problema arquitectónico. La espléndida vista que, de ambos templos, se divisa desde el Patio Chico hace lamentar que esta actitud conservacionista no sea más que una excepción en nuestra historia arquitectónica.
La universidad, afortunadamente, conserva sus hermosos edificios viejos. En torno al Patio de las Escuelas asoman las Escuelas Mayores, el Hospital del Estudio y las Escuelas Menores. Forman un conjunto plateresco de una belleza delicada y rica, capaz de hacernos viajar al pasado más brillante de Salamanca, aunque siempre encontraremos a alguien que intente sacarnos de la ensoñación para enseñarnos la dichosa rana de la fachada, que traía suerte a los malos estudiantes –A los buenos no les hace falta-. Nadie debe dejar de entrar en las Escuelas Mayores para ver el patio o el aula de Fray Luis, pero menos aún debería perderse el precioso claustro de las Escuelas Menores y el museo en el que se ve un mágico Cielo de Salamanca, un mural cuajado de estrellas donde se dibujan las constelaciones con los signos del Zodiaco.
Durante el Siglo de Oro, en las calles de Salamanca se mezclaban los catedráticos con los astutos predicadores de la orden dominica. El buque insignia de los poderosos dominicos era la iglesia convento de San Esteban, a dos pasos de la catedral y de la universidad; ellos revisaron los papeles de Colón en que pedía ayuda real para su viaje en busca de las Indias, y eran excelentes predicadores con enorme influencia cuyo parecer era extremadamente tenido en cuenta en la España de los Reyes Católicos.
La fachada de San Esteban es de lo mejor del plateresco español, una belleza labrada en el muro exterior con tanta riqueza como imaginación. Al caer la tarde se ilumina son el sol declinante ofreciendo su mejor aspecto.
En competencia con los dominicos, estaban los jesuitas, con grandes influencias en la Corte y en América. Esta orden levantó, no muy lejos de San Esteban, su edificio – emblema: La Clerecía, Colegio Real de la Compañía de Jesús, destinado hoy a Universidad Pontificia. Se trata de un inmenso conjunto de iglesia y edificios destinados a la enseñanza y a residencia de religiosos que destaca en el conjunto urbanístico de la ciudad. La descomunal cúpula del templo y las altas torres nos recuerdan el trabajo de Juan Gómez de Mora de otros arquitectos que llegan hasta el barroco, con el magnífico patio de García de Quiñones.

Casa de las Conchas

Interior de la iglesia de San Esteban

Convento de San Esteban

La Tuna


Aquí nacieron de la mano dos de nuestras constantes: la ciencia y la picaresca


En Salamanca es un placer caminar por las calles de la parte antigua sin rumbo fijo. Todo está próximo y se descubren rincones encantadores y comercios pequeños con ciertas reminiscencias artesanas e, incluso, gremiales entre excelentes edificios como la Casa de las Conchas, famosa por ser una de las mejores obras del gótico civil español, o el Palacio de Monterrey diseñado por Gil de Hontañón, para terminar llegando a la formidable Plaza Mayor, obra del barroco Alberto Churriguera. Es una de las mejores plazas del mundo, sin discusiones, hermosa, clara y compleja. Grande y acogedora, es el verdadero corazón de la ciudad que cada día atrae y vuelve a bombear a sus ciudadanos.
La vida de Salamanca pasa constantemente por la Plaza Mayor. Es el mejor lugar para citarse, para sentarse en sus terrazas, para comer o para pasear a la caída de la tarde, como se hizo siempre desde hace un par de siglos. Esta plaza ha visto de todo, desde corridas de toros a ceremonias religiosas a millares de ligues entre los jóvenes salmantinos de las últimas nueve generaciones. Ahora se liga más en las calles adyacentes, llenas de bares y pubs que desbordan gente hasta impedir la circulación. No podía ser de otra manera en una ciudad con miles de estudiantes y una joven y abundante población prestada. Acuden en busca de saber (“El que quiera saber que vaya a Salamanca”), pero muchos comprueban que “Lo que Natura non da, Salamanca non presta”.

Puente romano y catedrales

Rua Mayor de Salamanca

Catedral Nueva de Salamanca

Retablo Catedral Vieja de Salamanca

Plaza Mayor de Salamanca


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

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Descubriendo el Monumento de Villahermosa

Villahermosa fue elegido el pueblo más bonito de Castilla – La Mancha en el año 2018, por su impresionante patrimonio cultural y natural


Villahermosa, pequeña población de la comarca del Campo de Montiel (Ciudad – Real), tiene su origen en la Edad Media. Creada como propiedad de Don Enrique, Infante de Aragón, Maestre de la Orden de Santiago, cambió su nombre de “Pozuelo” por el de Villahermosa, según carta fechada el 22 de septiembre de 1444, desligándola al mismo tiempo de Montiel.
Su historia está marcada por su situación en las rutas de Cuenca a Granada y de Valencia a Calatrava. Fue y es, por tanto, una importante encrucijada de caminos.
Hoy es un humilde, tranquilo y maravilloso pueblo del Campo de Montiel, con siglos de historia a sus espaldas y citada hasta cinco veces por Don Miguel de Cervantes en su universal obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“. Un auténtico escenario del Quijote.
Cuna de Juan de Solís y Fernando de Ballesteros Saavedra entre otros personajes ilustres, pocas villas como Villahermosa, mantienen y conservan la identidad de un auténtico pueblo rural manchego, que debe su existencia a los quehaceres agrícolas, artesanales y a la cultura que gira en torno a ello.

Es mucho el patrimonio histórico – artístico que se conserva en este bonito pueblo, pero destaca sobremanera la impresionante iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, catalogada como Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Una auténtica joya de gran riqueza arquitectónica en un armonioso compendio de estilo Gótico, Florido o Flamígero (siglos XV – XVI).
El exterior destaca por su espléndida torre de 50 m de altura y la maravillosa e imponente Puerta del Perdón, con un finísimo arco abocinado, con multitud de adornos, tomados de la fauna y la flora, que constituyen un verdadero encaje de piedra.
En el interior, de una sola nave con planta de salón, aunque las capillas laterales le dan aspecto de cruz latina, nos encontramos con cuatro impresionantes bóvedas góticas, formadas por numerosas ojivas y la monumental tribuna de madera noble para el órgano barroco, bellísimo y de gran envergadura, que suena desde mediados del siglo XVIII. Hoy es uno de los más grandes e importantes de la comarca, de la provincia y de la región, junto al de Torre de Juan Abad y Terrinches. Cinco castillos y el fuelle original, un gran teclado de palo santo y novecientos veintiséis tubos componen un órgano de trompetería horizontal con lengüeta, que impresiona a todo aquel acostumbrado a la trompetería vertical con labiales del resto de Europa.


El patrimonio artístico que suscita más interés en Villahermosa son el singular Monumento de Semana Santa, único en el mundo, y el grandioso órgano barroco


Admirable el arco carpanel y los soportales torneados que sostienen el gran coro, que actualmente alberga el museo parroquial, entre cuyos tesoros se encuentra el Monumento de Semana Santa, conjunto pictórico del siglo XVII, magnífico ejemplo de arquitectura barroca, único en España.
Don Francisco, párroco de Villahermosa, nos ilustra con detalle sobre esta joya pictórica: “el Monumento de Semana Santa representa en diferentes planos, con más de 30 lienzos, la Pasión de Jesucristo. En la bóveda del presbiterio, tradicionalmente desde el siglo XVII hasta el siglo pasado se colgaba el colosal conjunto pictórico para envolver el Monumento o Reserva Eucarística el día de Jueves Santo y tapar las imágenes del extinto retablo renacentista como prescribían las normas litúrgicas, a modo de Sargas. El Monumento, datado en el siglo XVII, de tendencia manierista, consta de varios bastidores, que representan escenas de la Pasión.»

Se expuso por última vez en 1980 dado su problemático estado de conservación y al restaurarse el interior del templo. Según los estudiosos del tema, sus pinturas son de primer orden siendo una obra verdaderamente singular en la península ibérica. Esta es la opinión de Alfonso E. Pérez Sánchez, director del Museo del Prado en 1986. Entre 1989 y 1991 se restauraron en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid las 3 escenas del lavatorio, despojo de vestiduras y flagelación. En 1991 se comenzó la restauración de otros ocho lienzos de temática decorativa y tres pechinas, habiendo sido terminados en marzo de 2006. En febrero de 2011 son traídos al templo parroquial, y desde la Semana Santa de ese mismo año una parte del conjunto decora las paredes del coro a modo de exposición permanente. La Santa Cena está expuesta en la capilla del Sagrario y el Lavatorio en el presbiterio.

El diccionario de la Real Academia define la palabra Monumento como túmulo, altar o aparato que el día de Jueves Santo se forma en las iglesias, colocando en él una arqueta en forma de sepulcro, y en ella, la segunda hostia consagrada para reservarla hasta los Oficios de Viernes Santo en los que se consumía. La definición recuerda la liturgia del Concilio de Trento, en la cual no comulgaba el Viernes Santo nada más que el celebrante, el Párroco, normas en vigor hasta el Concilio Vaticano II.

Los dos Concilios han tenido que ver con el Monumento, el primero con su origen, el segundo con su fin. En el primero se consideró que era necesaria la formación de los fieles, dada su baja cultura, para lo que tendrían que valerse de la palabra en la predicación, y de las imágenes en la decoración de los templos, imágenes que debían ser didácticas, prohibiendo “las que comunicaran falsos dogmas o distrajeran en la oración”. Como consecuencia del espíritu de la contrarreforma, las iglesias se revisten de tapices, retablos y a Villahermosa llega el Monumento para embellecer y dar esplendor a los Oficios del Jueves Santo, durante el tiempo en que estaba hecha la Reserva, expuesto el Santísimo, sacramento esencial del catolicismo postconciliar.
El final del Monumento como decoración y complemento de los actos litúrgicos del Jueves Santo, le llega a finales de los años 70 al remodelar el presbiterio para adaptarlo a las disposiciones de la liturgia del Concilio Vaticano II. Un albañil preguntó que se hacía con los agujeros que había en la bóveda del presbiterio; la contestación fue: ¡tápese!, esta palabra marcó el fin. No eran ya necesarias las imágenes, cumplió su ciclo histórico, dejó de ser complemento de actos litúrgicos, elemento didáctico y se transformó en “Monumento Artístico”, y como tal nos ha faltado la sensibilidad para su correcta conservación, pero nunca es tarde.

Imagen de archivo. Ayuntamiento de Villahermosa

Una réplica del Monumento original se exhibe cada año durante la Semana Santa de Villahermosa gracias a la Hermandad de Jesús Nazareno y al esfuerzo de multitud de personas anónimas


El Monumento de Villahermosa es un conjunto de bastidores, a modo de bambalinas de teatro, que cuelgan de la bóveda del presbiterio. El conjunto de bastidores forma un arco, van de forma progresiva desde el primer escalón hasta el fondo en el que hay un tapiz rojo con la imagen de la custodia, en el centro queda el altar que se eleva y en lo más alto se coloca la arqueta mozárabe donde se hacen la Reserva. Las pinturas, las velas, las flores y la arqueta con el Santísimo, forman un conjunto muy hermoso, de gran belleza y suntuosidad que induce a la oración.
Las pinturas simulan unas grandes columnas herrerianas que soportan en lo más alto la fachada de un majestuoso edificio, el pretorio en el balcón central, el Eccehomo, en las laterales balconadas con público y entre ellos San Pedro con sentimiento de haber negado.
Las bases de las columnas son iguales en todos los bastidores, al ir en disminución progresiva, le dan a todo el conjunto un efecto de perspectiva. Los arcos posteriores están decorados con ángeles y simbología de la pasión. En el fuste de la columna hay cuatro figuras, dos a cada lado, que están apoyadas sobre una repisa, en contraste con una columna cilíndrica, y forma una especie de hornacina que le da una impresión escultórica.
Las pinturas del lado del Evangelio representan a Jesús orante en la parte inferior y en la parte superior a Jesús cubierto con un paño rojo, coronado de espinas, con una caña y se mofan y le escupen. En el lado de la epístola, El Salvador es despojado de sus vestidos y en la parte superior, azotado. Son pinturas de tamaño natural, las llagas de los azotes no son tan crueles, como pueden ser las de la época, como las del Museo Diocesano, los rostros son de dolor, de pena, pero dolor controlado, contrasta con los romanos que lo martirizan con caras feas y miradas de odio. En el balcón central, el Eccehomo está acompañado de Pilatos.
Los rostros de todas las figuras de Jesús, tienen en común la mirada que comunica con el observador.
En lo más alto, el Padre acompaña al Hijo en todas las vicisitudes del Jueves, lo mismo que los ángeles que rodean las distintas figuras, son bellas composiciones, muy expresivas y es urgente su restauración.
Para completar la anchura hay otras dos pinturas: La Última Cena y El Lavatorio. Contrastan con el resto del conjunto por ser estilos pictóricos distintos.
El Lavatorio, no es una pintura original. Desde Tintoretto cualquiera que pinte el tema lo recuerda. Pero, pese a ello, las caras, las manos, las expresiones… San Pedro se resiste ¡lavarme tú a mí!, demuestran un profundo sentimiento religioso del pintor. Está restaurada y ha recuperado el color, los añiles, los verdosos y la radiación alrededor de la cara de Cristo.
La Última Cena, de la Capilla del Santísimo, colgado más bajo y con mejor luz, pero no suficiente, se disfruta mejor que el anterior. Sin restaurar, los colores son los originales, tratados por el tiempo (si alguna vez se restaura estaría bien que se haga un minucioso estudio para tratar de encontrar fechas y firmas).
Después de que Leonardo pintase su Última Cena, la influencia sobre las demás fue notoria, ya que no ha habido pintor que se preste que no haya hecho la suya: Tiziano, Juan de Juanes, el Greco, Tristán, Velázquez y hasta Dalí con sus fantasías.

La del Monumento de Villahermosa es una entre pocas por su belleza y mérito pictórico. Se pueden observar los detalles que lo atestiguan: arquitectura y decoración del cenáculo, distribución de los Apóstoles en la mesa, luces y sombras, efecto en el cuchillo en el primer plano de la mesa, vestidos, dobleces y arrugas, colores (añil, verdoso y grisáceo). La perfecta armonía de luz, color, planos… Judas oscuro para destacar; el mantel marfil, sutil transparencia con arrugas y pliegues, dobladillos; caras y manos con sus expresiones (alguien viéndolo dijo: “las caras y las manos son de un gran maestro, no necesitan firma”).
Todos los estudiosos del Monumento coinciden que es obra de taller, grande, como el que había en su época en la casa del Marqués de Villena, con posibilidad que Escamilla interviniera en su contratación; puede sospecharse de la participación en su confección de un pintor o arquitecto que lo diseñara, hizo los trazos como se decía, conocedor de las proporciones, le dio armonía y suntuosidad, los aprendices completaron la arquitectura, ángeles y decoración, un buen maestro se encargó del Salvador y el gran maestro pintor del Lavatorio y La Última Cena, pinturas de mucho mérito.
El manierismo es su estilo pictórico, en transición con el barroco, el naturalismo se había iniciado y se muestra en la anatomía de las manos de los romanos y los músculos de muchas de las figuras; aunque es difícil de determinar cuándo se termina un estilo y se inicia otro, por el año 1600 sobreviven las dos tendencias. Con todas las reservas se puede tomar esa fecha de referencia y sólo para valorar el Monumento con una antigüedad.
También se puede comentar como el Monumento es una de las superficies pictóricas más grandes en óleo sobre lienzo que existen en la actualidad. La Iglesia tiene 12 metros de ancho por 19 de alto; como ocupaba prácticamente todo el frente, se puede calcular en próximo a los 150 metros de superficie, una de las obras pictóricas, más grandes que se pueden recuperar con toda su belleza.


El interés por las cosas del espíritu y las cosas de la cultura diferencia a los pueblos vivos de los muertos


El Monumento de Villahermosa se considera Monumento Artístico de primera categoría:
• Por ser una obra pictórica de gran mérito.
• Por proceder de un taller de grandes maestros.
• Por ser representativa de una forma de cultura extinguida (la decoración suntuosa de los templos).
• Por su antigüedad próxima a los 400 años.
• Por ser una de las superficies existentes más grande sobre lienzo del mundo.

Este llamado Monumento de Semana Santa no debe encuadrarse dentro de las arquitecturas efímeras, ya que cada año se remontaba, se colocaba de nuevo. Se encuadraría mejor en el “arte de las tramoyas” o arquitecturas fingidas, por su carácter escenográfico, que lo entroncaría con las ceremonias de la Pasión y el teatro medieval (dramas litúrgicos). Pudiendo servir como decorado para los autos de Pasión y Resurrección de Siglo de Oro. El de Villahermosa es uno de los más completos conservados, de mayor envergadura y complicada composición.

Después de haber descubierto esta maravillosa joya en primera persona, desde el equipo de sabersabor.es esperamos que este pequeño reportaje sirva para dar el impulso necesario para finalizar por completo su restauración, sin escatimar esfuerzos ni medios, habida cuenta de su importancia como una obra artística única en el mundo.


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Para más información sobre el Monumento de Villahermosa, visitar villahermosacr.es 

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Montiel, Patrimonio Medieval

Cuanto más profundizamos en la historia del Campo de Montiel, más nos damos cuenta de que esta comarca tiene muchísimos recursos que ofrecer al viajero, al turista: castillos, restos arqueológicos de todas las épocas, personajes ilustres y artistas de renombre, senderos históricos, paisajes, fauna autóctona, artesanía, gastronomía… y todo ello enriquecido con una gente humilde, sencilla y acogedora.
Hoy estamos en Montiel, enclave que ofrece siglos de historia y cultura a sus visitantes, encrucijada de caminos para sus diversos pobladores y paso obligado para los invasores que querían atravesar la Península Ibérica.

Un poco de su historia

Tras la conquista cristiana desencadenada en 1212 con la batalla de las Navas de Tolosa, y que culminó con el asedio y toma del castillo de la Estrella entre 1224 y 1227, Montiel se convirtió en uno de los referentes socioeconómicos más importantes de la frontera gracias a la Orden de Santiago. Mucho ha llovido desde entonces, pero visitar hoy el lugar donde leyenda y ciencia coinciden en situar la muerte del Rey Cruel a manos de su hermanastro, constituye todavía un ejercicio de espiritualidad que refrenda de manera sublime el perfil hierático del castillo, entre los cerros rojos y los olivares que lo rodean por sus cuatro horizontes. En palabras de Salvador Carlos Dueñas:
Testimonio vencido sin quererlo. Por fin socorrido. El Castillo de la Estrella sigue siendo el rey del valle del Jabalón, imponiendo su presencia como lo más rotundo de un paisaje auténtico y esencial, clavado en la Historia, olvidado del tiempo. Donde el viento entre los cantiles, suena a veces airado como el pendón de Castilla a punto de batallar. Cerro mágico con mucho de Santiago y todavía algo de Granada, Córdoba y Sevilla”.
Montiel fue un crisol de gentes y ocupaciones que tuvo su punto álgido entre los siglos XII y XV, en plena Baja Edad Media. Declinó después con el ascenso a categoría de villa de una de sus aldeas, Villanueva de los Infantes, honor que fue refrendado en época de Felipe II hasta alcanzar la capitalidad de toda la comarca de Campo de Montiel.

Una visita por su Patrimonio Cultural

El núcleo urbano sigue conservando el atractivo sereno de nuestros pueblos enmarcados en bellos espacios rurales. Su trazado es irregular en torno a la iglesia y, sobre todo, al pie del cerro del Castillo, donde surgió el nuevo poblado tras la reconquista y pacificación del territorio. Cada año la villa de Montiel conmemora los hechos históricos sucedidos en estos espacios (aniversario de la muerte del Rey Don Pedro I de Castilla, acaecida en este lugar el 23 de marzo de 1369) con la multitudinaria celebración de unas jornadas de Recreación Histórico Medieval, MONTIEL MEDIEVAL, Fiesta Declarada de Interés Turístico Regional, con un amplio programa de actos.
Con tal motivo, los montieleños y montieleñas, descendientes de aquellos caballeros, ballesteros, lanceros y peones que conformando las milicias concejiles ayudaron a Don Pedro I en la famosa batalla de Montiel, reviven de forma inusitada aquellos sucesos de esos días de marzo de 1.369. Todo el pueblo de Montiel se transforma en esos días en la Encomienda Santiaguista más significativa del Campo que lleva su nombre, y ofrece al visitante una imagen sorprendentemente medieval, tanto en la indumentaria de los vecinos como en los pendones y banderas de antiguos linajes que penden de los balcones de sus casas. Por medio de recreaciones históricas recuerdan las vicisitudes que el rey castellano pasó desde que se refugió en el castillo de la Estrella hasta que sucumbió a manos de su hermano Don Enrique de Trastámara nueve días después.

MONTIEL MEDIEVAL presenta una oferta histórico-cultural y de ocio de tres días de duración con múltiples actividades: pregón, actos de calle de Recreación histórico-Medieval, teatro medieval, ordenación de caballeros, recreación de la Batalla de Montiel por grupos recreacionistas de Italia, Francia, Portugal y España, recitales de música medieval, talleres gremiales, mercado de productos artesanos, sepelio de Pedro I y lectura del testamento del rey Enrique II, entre otras muchas.

Castillo de la Estrella 

Montiel, exhibe todavía con orgullo los viejos muros del Castillo de la Estrella, escenario de un enfrentamiento que marcó el carácter pacífico de esta villa enclavada en la vega del Jabalón.
Levantado en el siglo IX, el Castillo de Montiel fue una de las fortalezas musulmanas más poderosas de la zona. Tras la aparición en 1214 de la Orden de Santiago en tierras del Campo de Montiel, los caballeros santiaguistas comenzaron la campaña de su conquista con ataques desde el recién conquistado y cercano Castillo de Eznavexore.
La resistencia musulmana fue tan dura que la Orden tuvo que levantar un castillo prácticamente enfrente de él, San Polo, para facilitar la seguridad y el asedio de los sitiadores. Finalmente, tras duras campañas, la fortaleza caería en manos cristianas definitivamente.
La fortaleza musulmana era tan poderosa y contaba con tan buenas defensas que, se cuenta que, cuando todos los castillos musulmanes de su entorno ya habían caído en manos cristianas, y el avance de reconquista ya estaba en el Guadalquivir, Montiel aún no había sido sometido.
Después de la conquista cristiana de la fortaleza, la Orden de Santiago la reforma y refortifica hasta hacerla prácticamente inexpugnable, dándole el nombre de La Estrella.
Por aquellos tiempos la fortaleza de Montiel sería ocupada alternativamente por árabes y cristianos hasta que, después de la Batalla de las Navas de Tolosa, en tiempos de Alfonso VIII, Montiel quedó definitivamente integrado en el Reino de Castilla.
En 1227 Fernando III concedió San Pablo y Montello a la Orden de Santiago. Montiel perteneció a esta Orden hasta que el fraile Pedro Ruíz de Sandoval lo dejó en manos de Pedro I de Castilla. Esta zona fue escenario de continuas batallas entre moros y cristianos, quedando desierta, por lo que la Orden concedía a las personas que habitasen estos lugares privilegios durante 10 años.
En este castillo se refugió el rey Pedro I de Castilla, más conocido por el Cruel o por el Justiciero, después de ser derrotado por su hermano bastardo Enrique de Trastámara el 14 de marzo de 1369, con los pocos leales que le acompañaban, quedando sitiado durante nueve días por las huestes de su hermano Don Enrique. En la noche del 23 al 24 de ese mismo mes y año entró en tratos con el traidor Bertrand Duguesclin, los dos hermanos lucharon entre sí y Pedro I murió. De aquel drama quedó la frase pronunciada por el criado de Enrique de Trastámara, Duguesclin, partícipe en el desenlace: Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor. El rey muerto quedó enterrado en Montiel hasta 1374 y desde entonces descansa en Sevilla. En 1974 el pueblo erigió un monolito en recuerdo de Pedro I.
El Castillo de La Estrella fue levantado sobre un gran crestón de roca aprovechando la defensa natural que éste le proporcionaba, y desde donde dominaba una extensa área del Campo de Montiel.
Su planta, ovalada e irregular, tiene un perímetro de unos 300 metros y ocupa una superficie de unos 6.000 metros cuadrados.
Se organiza en dos recintos, uno interior de origen cristiano y otro exterior de origen musulmán.
Al recinto musulmán corresponden los restos de la muralla del perímetro exterior, conservándose unas diez torres bastante deterioradas construidas en tabiya y mampostería. Entre ellas destaca una de una de unos diez metros de altura por siete en sus lados.
El recinto cristiano, de mayor extensión que el musulmán, corresponde a la reestructuración llevada a cabo por los caballeros de Santiago en los siglos XIII-XIV. De este recinto, construido enteramente en piedra, se conservan restos de unas nueve torres semicilíndricas y cuadrangulares, algunas provistas de saeteras y con vestigios de ventanas y puertas, así como unos 150 metros del perímetro de la muralla. La torre del homenaje, hoy desaparecida, se encontraba en la parte más alta del recinto, en uno de sus extremos.
Unas excavaciones realizadas en la ladera del cerro del castillo en el año 2013 sacaron a la luz los restos de la villa medieval de Montiel, entre ellos vestigios de la muralla que protegía la villa y la imponente primera iglesia medieval de esta villa, un majestuoso edificio situado en la ladera sur del yacimiento y que fue levantado en torno a la década de 1230.

Aunque aún está por excavar completamente, se aprecia como su fábrica es de gran calidad a base de cantería de arenisca, con planta rectangular y arcos de ladrillo que sustentaron la cubierta. Alrededor de la misma se ha localizado un importantísimo cementerio medieval del que se han exhumando más de medio centenar de enterramientos.

Actualmente el Castillo de la Estrella forma parte del Conjunto Arqueológico Castillo de La Estrella, el mayor yacimiento medieval de nuestro país, ubicado en el antiguo e histórico Campo de Montiel, Ciudad Real. Se trata de uno de los complejos arqueológicos y monumentales más importantes de Castilla La Mancha, declarado Bien de Interés Cultural.

Desde aquí felicitar a la Fundación Castillo de la Estrella por su gran trabajo e incansable labor al frente de la recuperación de gran parte del Patrimonio Histórico – Cultural del Campo de Montiel.

Montiel Medieval

Iglesia de San Sebastián Mártir

La iglesia se levanta en el casco antiguo del pueblo, sobre una elevación natural del terreno.
De estilo gótico tardío, ha sufrido muchas transformaciones hasta la actualidad. Mandada a construir por el infante D. Enrique de Aragón, en 1440. Fue en un principio fue una ermita dedicada a San Sebastián Mártir. La fachada es ya del siglo XVIII con interesante portada flanqueada por columnas elevadas sobre plintos cajeados. En la parte superior de esta se encuentra una hornacina, donde se sitúa una imagen de San Sebastián de 1687. Es de una sola nave, con techumbre abovedada y de seis capillas.
La zona más antigua es la del coro, sobre dos columnas con una puerta de sillares que da acceso a la torre; debajo se encuentra la pila bautismal. El retablo neoclásico, fue uno de los poco que sobrevivió a la Guerra Civil Española, aunque si se vieron afectadas las imágenes veneradas en esta iglesia. En una capilla adosada al muro de la derecha se encuentra la Virgen de las Nieves, talla del s. XIII, románica, recientemente restaurada.

Ermita del Santísimo Cristo

Procede del siglo XV, de estilo gótico tardío con añadiduras renacentistas. La ermita, en un principio estuvo dedicada a Santiago Apóstol; en el año 1468 se derrumbó y en 1498 se construyó la actual ermita de tres naves, donde hoy en día se venera la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración, con mucha devoción no sólo en Montiel, sino en toda la comarca.
Su origen se remonta a 1243 con la construcción de la Vicaría de Santiago por parte de la Orden de Santiago. En el siglo XIV fue ampliada y convertida en convento, posiblemente por parte de Enrique II como plegaria por la muerte de su hermano Pedro I. A mediados del siglo XV fue incendiada dentro las guerras nobiliarias que afectaron a la zona, volviéndose a levantar a fines de este mismo siglo con trazas ya renacentistas.
En las Relaciones Topográficas de Felipe II, se habla de una imagen muy devota, de gran altura, cuya aparición fue en el año 1520.
A partir del año 1621 se empieza a llamar Ermita del Santísimo Cristo de la Expiración.
En la actualidad, en la nave derecha de la Ermita, se conserva un retablo compuesto de varias piezas en madera y policromado del siglo XV y XVI de estilo renacentista y barroco, la imagen es la Virgen del Socorro.

Castillo de San Polo

El castillo fue levantado por los caballeros de la Orden de Santiago en el primer cuarto del siglo XIII, posiblemente en 1214, para intentar tomar el Castillo de Montiel a los musulmanes durante las campañas de reconquista cristiana por tierras musulamanas del Campo de Montiel.
En un principio los caballeros cristianos acometieron la fortaleza de Montiel desde el próximo Castillo de Torres de Xoray (Eznavexore), recién conquistado a los moros, en 1214. Al parecer, fue tal la resistencia musulmana, que la Orden se vio obligada a levantar una fortificación prácticamente enfrente del Castillo de Montiel, el castillo de San Polo, para garantizar la seguridad y facilitar el que sería un duro y largo asedio. Aún así, Montiel siguió resistiéndose y no caería definitivamente en manos cristianas hasta después de 1220.
En el siglo XVI el castillo sería abandonado.
Hoy día queda muy poco del castillo, apenas se conservan vestigios de lo que pudo ser una cámara subterránea, restos de un aljibe de unos cinco metros de profundidad, y un silo circular excavado en la roca, de un metro aproximadamente de diámetro.
Se aprecian en los bordes del recinto donde se asentaba el castillo los trabajos efectuados para acentuar la verticalidad de sus paredes, que serviría de foso natural.
Nos cuentan que ambos castillos, Estrella y San Polo, estaban comunicado por túneles subterráneos.
A los pies del cerro del castillo de San Polo, un monumento conmemorativo al rey castellano Pedro I El Cruel, recuerda el lugar donde fue asesinado por su hermanastro Enrique de Trástamara en 1369. Dicho monumento es conocido popularmente en la localidad como el monolito.

Aldea de Torres

Cercano a Montiel nos encontramos con un interesante despoblado para los amantes de la arqueología, la Aldea de Torres, del siglo XIII, se pueden ver los murallones de la iglesia, restos de casas y la fuente que dio origen a este núcleo medieval.
En 1243 encontramos el pueblo de Torres en la lista de lugares que Fernando III confirmó como dominio de la Orden de Santiago en su pleito con el Concejo de Alcaraz, dependiente del Arzobispado de Toledo por las tierras del Campo de Montiel. Aunque la parroquia de Torres dedicada a Nuestra Señora, debía pagar terzuelo al Arzobispado. En las relaciones de Felipe II de 1575 se encuentran referencias a la Villa de Torres como aldea dependiente de Montiel.
Según este documento, Torres se encuentra a una «legua buena» de Montiel, y posee Dehesa y dos Alcaldes Ordinarios, dos Alcaldes de Hermandad, y un Alguacil como oficiales del Concejo de Torres. También cuenta la aldea con cura propio, iglesia, una fortaleza que a principios de la Edad Moderna ya debía haber desaparecido y una ermita dedicada a San Blas. Tenía Torres por esta época treinta vecinos pecheros (es decir, que pagaban impuestos) por lo que la población real estaría alrededor de 120 habitantes.
También se menciona la existencia de diversas tumbas cerca de la iglesia de la aldea marcadas con los escudos de las Órdenes de Santiago y Calatrava. La población Torres tuvo en algunos momentos de su historia Encomienda propia que compartía con otra aldea de Montiel, Cañamares. El edificio más importante conservado son los restos de su templo parroquial, que contó con hasta tres naves y se remataba mediante un ábside. Se dice que Torres fue un lugar de retiro de Caballeros, quienes tras sus vidas de lucha terminaban aquí sus últimos días buscando paz y tranquilidad.
Las últimas referencias sobre Torres indican que en 1611 tenía jueces propios para su Dehesa, construyéndose en el siglo XVIII una casa de recreo en las proximidades para la familia de los Bustos. En 1914 su población se había reducido a 5 casas y 13 habitantes. Actualmente se conserva sólo parte del caserío.

Patrimonio Natural protegido

Las tierras de Montiel son en parte Área Crítica para el lince ibérico, Zona de Dispersión para el águila imperial ibérica y Zona de Importancia para águila imperial ibérica, buitre negro, cigüeña negra y lince ibérico. Aquí se localizan el Lugar de Importancia Comunitaria de la Sierra del Relumbrar y Estribaciones de Alcaraz, el Refugio de Fauna del Embalse de la Cabezuela y parte de la Zona de Especial Protección para las Aves de las áreas esteparias del Campo de Montiel.
Por cierto, también es uno de los rincones donde más perdiz roja hay en España.



Si queréis conocer este maravilloso lugar o simplemente necesitáis más información, contactad con nosotros a través de info@sabersabor.es


Un artículo de Antonio Bellón Márquez ©

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Santo Tomás de Villanueva. Personaje histórico del Campo de Montiel

Santo Tomás de Villanueva

Y curiosamente para nosotros, los de Campo de Montiel, Santo Tomás nace en 1486, cuando comenzaba a nacer España


Os mostramos uno de los personajes históricos más destacados del Campo de Montiel. A la vez una de las personalidades del Siglo de Oro Español. Y alguien que ha dejado huella en la Iglesia Universal, por ser de ese tipo de personas que abren nuevos caminos y crean nuevos modos de actuar.
Cuanto más conoces al personaje, más aprecias su proyección social y su dimensión intelectual. Leyendo varias biografías llego a la conclusión de que fue un ser afortunado por el hecho de realizarse en la vida conforme la deseó vivir. Y también por el momento histórico en el cual le tocó nacer y el contexto familiar que le otorgó el destino.
Vivió en uno de los periodos más plenos de la cultura occidental como es el Siglo de Oro, sucediendo a otro de los más prolíficos a nivel cultural e intelectual de Occidente como fue el Renacimiento Italiano.
España abre la Era Moderna apenas seis años después con el Descubrimiento de América en 1492. Coincidiendo a la vez con el inicio del Siglo de Oro y la publicación de la Gramática de Nebrija. Pocos años antes con la conquista de Granada y la unión del reino de Castilla y la Corona de Aragón, Isabel y Fernando comenzaron ingentes reformas que tendían a la creación del primer Estado Moderno, como la unificación del ejército, la administración pública y la religión. Como sabemos impulsaron el catolicismo y el apoyo al papado del cual obtuvieron el título de Reyes Católicos. Sin embargo, nunca pudieron serlo de España, porque tal entidad territorial y jurídica no existía. Faltaba la anexión del reino de Navarra. Obtenida años más tarde por Fernando el Católico. Con lo cual la primera reina que debió ser de España por derechos dinásticos debió ser su hija Juana I de España. Quien fue apartada de su legítimo derecho por el golpe de Estado ejercido por su hijo el emperador Carlos V de Alemania proclamándose rey de España, apoyado por su abuelo Fernando el Católico.
En este contexto de reforma del catolicismo y creación del primer país de Europa como Estado moderno aglutinando todos los reinos en una unidad territorial conglomerada por una historia y cultura común, -que por cierto todavía no ha fraguado con la firmeza que el paso del tiempo debiera haber impreso-. Además de intereses políticos de afianzamiento del Estado y expansión imperial, fueron una de las razones por las que el flamante emperador, confió en Santo Tomás como buen español, que más tarde calificó Quevedo. Resulta interesante comprobar que fue propuesto para arzobispo de Granada y de Valencia. Dos de los territorios con mayor inestabilidad política y social a causa de la gran población de moriscos en constante descontento y en contacto con los turcos.
Encontramos así en Tomás de Villanueva ese hombre de Estado, ese gestor y ese diplomático al servicio del emperador, que pacificó el territorio de Valencia en su labor con la gran población de moriscos que casi suponía la mitad de la población.

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Centenario Santo Tomás de Villanueva


El Siglo de Oro finaliza en 1681 con la muerte de Calderón de la Barca


Y aquí en Campo de Montiel, poseemos una de las concordancias más asentadas a nivel histórico y cultural con este brillante periodo histórico que abarcó desde principios del XVI hasta finales del XVII, llamado Siglo de Oro, pues los datos nos dicen como ya he señalado que aquí en nuestra tierra comienza con el nacimiento de Santo Tomás, alcanza su cénit con la publicación del Quijote en 1605-1616, y culmina con la muerte de Quevedo en 1645.
Por tanto, esta tierra, tan pobre, tan áspera y tan despoblada. Contiene el valor incalculable de ser uno de los reductos culturales de una de las épocas más florecientes de la cultura universal.

Antes de adentrarnos concretamente en la figura de Santo Tomás como personaje histórico, como veis, quiero destacar el conjunto de valores de nuestro Campo de Montiel. El cual tímidamente está empezando a ser reconocido en la dimensión que le corresponde con el esforzado aporte de las nuevas generaciones de personas más y mejor formadas, más viajadas y con mayores elementos de juicio y contraste.
Por tanto vaya desde aquí mi agradecimiento para todos aquellos que saben ver la proyección del conjunto de valores que posee esta tierra y que todavía están por descubrir, si nos decidimos a ello.
El valor más importante y la clave que revitalice esta comarca es la llave que la abra al mundo y la saque como a don Quijote, por la puerta del corral. Esa llave, Se llama información, formación, conocimiento, educación, coordinación, colaboración, unión y trabajo en común de todos y cada uno de los elementos que componemos esta tierra, como individuos, como instituciones y como entes sociales, culturales y económicos.
Hay que promover, facilitar y comprometerse con todo cuanto nos beneficia a todos, porque nos fortalece. Hay que sentirse orgullosos de los éxitos de nuestros vecinos porque también son nuestros éxitos. Hay que estar dispuestos a participar de todo cuanto mejora nuestro entorno porque nos ayuda a todos.
Por eso me veo en el compromiso de aprovechar cualquier oportunidad, como esta, para incidir en la importancia de mantenernos con actitud constructiva y predisposición para ver, sentir y vivir el Campo de Montiel con tanto apego como nuestro propio pueblo. Practicar el beneficio de entender nuestra comarca como un conjunto de pueblos que componen nuestra casa, nuestra cultura, nuestra historia y nuestro vínculo intelectual con nuestra propia existencia. Porque además ninguno de nuestros pueblos se entiende sin las influencias y relaciones de los que nos circundan.
Ya sé que las diferencias políticas impiden casi siempre esa deseable unión y colaboración social, cultural que nos haría avanzar con mayor firmeza y rapidez. Pero nada nos impide estar por encima de la negatividad de los intereses que por desgracia crea la política, que en el fondo no es otra cosa que intereses particulares de unos y otros. Convirtiéndose en una trivial lucha de poder por gestionar los recursos de todos, dividiendo y restando. Empequeñeciendo la grandeza que contiene una tierra, tan vieja, tan noble, tan culta. Tan repleta de valores como es el Cervantino Campo de Montiel. El Manriqueño Campo de Montiel, el Quevediano Campo de Montiel. El laminitano Campo de Montiel. El Andalusí Campo de Montiel. El españolísimo campo de Montiel, en cuyo corazón del Castillo de la Estrella de Montiel, se dio el último gran paso de Castilla y el primero para la creación de España. Porque podemos afirmar sin grandilocuencia que aquí comenzó a gestarse España. En la Batalla de Montiel. Abriendo el camino al trono de Isabel I de Castilla. Y esto nadie lo va a contar porque a nadie le interesa reconocer los valores de una tierra que no sea la propia. Por eso es nuestra responsabilidad y nuestro deber colocarnos donde nos corresponde. Sin complejos, sin comparaciones y sin falsos halagos.
Pero por desgracia es muy habitual, la pasividad y la espera de que aparezca alguien que resuelva lo que nos toca a nosotros. Lo nos lleva desperdiciar el tiempo como polvo de oro que el viento arrastra.

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Descubriendo Fuenllana
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Descubriendo Villanueva de los Infantes


La responsabilidad de poner en el lugar que le corresponde a nuestra tierra nos corresponde a nosotros, a sus hijos, a sus amantes, a sus moradores


Y hasta ahora, como ya he dicho, nunca en nuestra historia, se había comenzado a querer, valorar y poner de manifiesto la autenticidad y potencial de valores que posee el honorable Campo de Montiel. Precisamente porque ahora nos estamos interesando en conocerlo y compartirlo.
Vamos a seguir por esta línea y a respetarnos como merecemos, honrando a nuestra tierra como corresponde, sin supravalorarla ni menospreciarla. Pero sobre todo, sin ignorarla. Que este ha sido el peor de nuestros males. No existíamos ni para nosotros mismos. Nuestro complejo de inferioridad nos hacía mirar siempre por encima de nuestros horizontes. Convencidos de que todo lo mejor estaba fuera de aquí. Curiosamente también le ocurría a don Quijote con sus ansias de aventura. Sin valorar que él mismo era y será el prototipo universal de la propia personificación de la aventura.

Siempre con los ojos puestos en el más allá, con esa necesidad de buscarnos la vida con la esperanza de hacerla más llevadera lejos de aquí, tal cual le ocurría a Cervantes ansiando escaparse a liberarse en América. Y es que es cierto que todos los refranes hablan por la experiencia y no falta verdad en aquello de “pueblo pequeño, infierno grande”. Hay que ser conscientes de la inmensa oferta de posibilidades de una gran ciudad para mentes inquietas como las de Cervantes, Quevedo o Tomás de Villanueva.
Pero no es menos cierto que aquí tenemos mucho trabajo para sacar partido a lo mucho que hemos heredado. Solo hay que buscar el modo de rentabilizarlo.
El caso es que como tantos otros, como ahora. Tomás se fue y no volvió.

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Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielVisitando Fuenllana


En Fuenllana, un humilde pueblo de fachadas encaladas y rodeado de trigales, nació Santo Tomás de Villanueva en el otoño de 1486, año fatídico en el que la peste asoló Castilla 


Tomás García Castellanos o Tomás García Martínez. Porque todavía no está bien definido si también su madre Lucía se llamaba Martínez o Castellanos. Y sobre todo porque hasta 1501, por orden del Cardenal Cisneros y curiosamente una de las personas más influyentes y determinantes en la vida de Santo Tomás; no se instituyó la obligatoriedad de apellido fijo para identificar al individuo. Puesto que hasta entonces se hacía con nombre del padre, lugar de procedencia, mote u oficio. Así incluso hermanos podían tener diferente apellido.
Ya sabemos que la familia de Santo Tomás era una de las mejores asentadas en cuanto a situación social y poder económico. Lo cual ayuda para afirmar que además de las cualidades personales propias de Santo Tomás, también fue una persona afortunada, por haber nacido en el seno de su familia. La cual le facilitó el ingreso en uno de los centros educativos más prestigiosos del mundo en aquella época.
Sus familiares pertenecían a la élite rural tanto de Fuenllana como de Villanueva de los Infantes. Poseían tierras, rebaños, molinos, viñas, huertas, cortijos y todo tipo de hacienda relacionada con la explotación agropecuaria que ha sido el medio de vida ancestral de esta tierra. Su dinero les permitía ingresar en estamentos tan poderosos como las órdenes militares de Santiago, Calatrava y San Juan. Además de formar parte del Santo Oficio. Cuyo tribunal se encontraba contiguo a la casa familiar de Villanueva de los Infantes y donde se alojaban los visitadores la Inquisición. Por tanto el poder social y económico de la familia de Santo Tomás estaba más que asegurado. Lo cual que concedió la oportunidad de formarse y hacer carrera eclesiástica hasta alcanzar el arzobispado.
Pero comenzó como ya he dicho, estudiando en uno de los sitios más importantes del mundo a tal efecto. El colegio Mayor de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá de Henares. Fundada en 1499 por el cardenal Cisneros.
A su vez, Cisneros recibió formación en el centro educativo más prestigioso de Europa. El colegio mayor de San Bartolomé de la Universidad de Salamanca. El cual le sirvió de cimiento para fundar Alcalá.
Las clases comenzaron en 1508 y uno de los alumnos de la primera promoción fue Tomás. Donde se licenció en Artes y en teología.
Desempeño las funciones de maestro, pero lo más importante para su vida, fue que se impregnó del espíritu renovador de Cisneros. El mismo que infundió a los Reyes Católicos.
El cardenal, como todos los grandes hombres de la Historia, era austero, de carácter disciplinado, colosal iniciativa e incansable capacidad de trabajo. La idea de Alcalá se creó sobre todo para formar y seleccionar personal digno para desempeñar las responsabilidades de una institución tan grande como la Iglesia. Su proyecto, tan grande como su mentalidad, creó la primera ciudad universitaria de la historia de la humanidad, donde se contemplaban más de dieciocho colegios para acoger estudiantes pobres y convertirlos en individuos formados y útiles a la sociedad del momento.
De este espíritu y esta atmósfera comenzó a germinar en Santo Tomás su talante renovador. Si bien, Cisneros era un monje guerrero y Tomás un fraile pastor. El primero más belicoso el segundo más pacífico. Pero ambos, ese tipo de seres con enorme visión de futuro, iniciativa propia y afán de avanzar.
Teniendo muy presente que toda renovación y avance, comienza en la educación.
Razón por la cual hoy somos los incultos más ingratos y menos justificables de la Historia. Puesto que tenemos toda la información para nuestra formación a nuestro alcance y convivimos con una inmensa mayoría de desinteresados por educarse o formarse, abducidos a consumir.

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielCasa de los Estudios, Villanueva de los Infantes

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielConvento Agustinos de Fuenllana

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielPaisaje del Campo de Montiel


Arzobispo de Valencia, profesor de la Universidad de Alcalá y consejero personal del mismísimo Emperador Carlos V, dueño y señor de medio mundo


Tomás, comenzó a autodenominarse de Villanueva, al ingresar como agustino en Salamanca. Donde llegó a ser prior. También de Burgos y Valladolid. Además de prior provincial de Castilla y Andalucía.
En esta etapa también coincide con la actitud de Cisneros de evangelizar el Nuevo Mundo. El cardenal envió misiones franciscanas y Santo Tomás misiones agustinas a Nueva España, Méjico. Quizá por esta razón el claustro del convento de Fuenllana, existe una labra de piedra a modo de blasón donde aparece la figura de un indígena arrodillado ante una cruz. Significando así la labor del santo.
Básicamente se convirtió en prior general de los agustinos del reino puesto que en la época las provincias agustinas se dividían identificando Castilla al norte de Toledo y Andalucía al sur de Toledo.
Está documentado que vivió en Sevilla, en la Casa Grande de San Agustín. Impresionante convento situando en una de las principales entradas de la Metrópoli imperial y Puerto de Indias. Capital financiera del mundo y una de las urbes más bellas de la tierra en aquel tiempo. Lamentablemente la incultura y brutalidad humana se han llevado por delante el magnífico convento, del cual solo queda el claustro y la sala capitular. Se conservaba una talla de Martínez Montañés, uno de los escultores barrocos más destacables de la Historia del Arte. Pero la Guerra Civil se la llevó por delante.
La última etapa de su vida como bien sabemos transcurre como arzobispo de Valencia. Concretamente sus últimos once años de vida.
Valencia no era cualquier sitio. Era una de las ciudades y una de las diócesis más ricas de la cristiandad. Su nombramiento, por supuesto habría sido más que meditado por numerosas personalidades influyentes que lo considerarían el candidato adecuado para los intereses del reino y de la Iglesia. No en vano, Quevedo, en su biografía conmemorativa de la beatificación lo califica como un buen español.
Según los datos, llegó a Valencia sin boato y con la misma coherencia austera y cristiana que desarrolló toda su vida. Un temporal de lluvia o su propia decisión le hizo solicitar asilo en el convento agustino del Socorro, extramuros y por desgracia desaparecido y bien conocido en la ciudad como el Socós en lengua vernácula.
Lugar donde volvió para ser enterrado por deseo testamentario. Afortunadamente tanto sus restos mortales, como la lápida sepulcral fueron recuperados y puestos a salvo de la Guerra de la Independencia, la Desamortización de Mendizábal y la Guerra Civil.
Curiosamente la impronta y el carisma personal arraigó de tal modo en la ciudad que tras él, todo nuevo arzobispo que tomaba la sede valenciana, en un gesto de respeto, admiración y devoción, repetía el ceremonial de alojarse en el convento del Socós un día antes de ser revestido de pontifical en la catedral.
Desde el primer instante, fue alguien dispuesto y comprometido con la idea de obispo-pastor, jamás abandonó a su rebaño. Pueden relatarse multitud de anécdotas y curiosidades de su personalidad que prefiero dejar para que cada cual se interese por su lectura en la multitud de biografías referentes al santo, que además es uno de los más estudiados por muchos autores. Los cuales nos dan datos que lo relacionan con Fuenllana y con Villanueva de los Infantes durante toda su vida, pareciendo a veces, que aquí solo nació, se crió y una vez salió de la zona ya no la llevó consigo. Cierto es que no existe documentación que volviera después de su marcha a Alcalá, pero también nos relatan los datos que su paje principal era un primo de Fuenllana llamado Pedro Castellanos, que además testificó en el interrogatorio para el proceso de beatificación abierto por Paulo V. Sin duda recomendado por su madre, doña Lucía, quien fue una de las principales influencias de su vida. Y a quien mostró su amor filial manteniendo correspondencia hasta el final. A la muerte de su padre, parece ser que regresó y habiendo heredado unas casas, decidió dedicarlas a hospital para pobres, dejando al cargo a su madre, la cual sobrevivió a Santo Tomás hasta casi el siglo de vida. Hoy conocemos tal sitio por el Hospitalico, y hay datos que lo identificaban como el Hospital del Arzobispo. Tras morir Santo Tomás, su madre siempre se hizo cargo del mismo hasta su propia muerte y por eso nos ha llegado que fue ella la propia fundadora del mismo. También Santo Tomás se encargó de edificar capilla funeraria en San Francisco para su familia. Y puede que sus primeros estudios los realizase en el convento de San Francisco.
Lo fundamental y lo que lo hace especial y diferente que es que abrió nuevas puertas y fue el primero en transitar nuevos caminos que han seguido y continúan muchos.
Creó la figura de obispo consecuente y atento a las necesidades de su diócesis. La visitó al completo. Mostró total desapego por lo material, por el poder y por la vanidad.

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielConvento de Santo Domingo, Villanueva de los Infantes

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielEl Caballero de los Leones, Don Quijote. Fuenllana

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielPlaza Mayor de Villanueva de los Infantes


Practicó el ideal cristiano de amar o respetar al prójimo como a uno mismo


Mostró preferencia por los más necesitados que dentro de los indigentes, era los enfermos pobres.
Imagino que su falta de apego y ambición por lo material le hizo gestionar la inmensa fortuna diocesana de forma tan eficiente que en once años de trabajo, dobló sus ingresos.
Hasta su llegada, la presencia de un arzobispo en Valencia, era algo inexistente, pues era un cargo de privilegio y no de responsabilidad. Su predecesor fue Jorge de Austria, y la sede valenciana llevaba más de cien años sin ver por allí un arzobispo. Sin embargo los privilegios y las rentas del arzobispado salían puntalmente destinadas al prelado de turno.
Según varios autores la diócesis era un caos. El clero vivía relajado y acomodado. Sin orden ni disciplina. Lo primero que hizo al igual que Cisneros, fue convocar un sínodo y establecer normas de conducta para beneficio de la Iglesia y el Pueblo.
Se dice que un día vino un religioso a su casa y, encontrando ese aposento abierto, entró sin llamar y halló a nuestro hombre sentado en una silla baja, ocupado en remendar sus calzas. El buen canónigo se escandalizó de que tal cosa hiciese, puesto que no era propio para la dignidad de un arzobispo de Valencia, a lo cual Santo Tomás respondió: “Aunque me han hecho arzobispo, no dejo de ser religioso; he profesado pobreza y me alegro de hacer de vez en cuando lo que hacen los frailes pobres. Y con ese real que me ahorro puede comer mañana un pobre”.
Y lo más importante de su legado intelectual, cultural y espiritual fue sin lugar a dudas el respeto mostrado por el prójimo a través de la caridad, algo que en su contexto histórico significaba extraordinario y magnífico, pues lo obispos eran príncipes acomodados en su riqueza, alejados del sufrimiento ajeno. Su cercanía con los demás jamás fue olvidada por el pueblo valenciano, razón que motivó su promoción a la beatificación y posterior canonización.
Pero sin duda, su obra más notable a nivel histórico fue la creación del primer seminario de la historia. Nunca olvidó a Cisneros ni la impronta aprendida en Alcalá de la necesidad de formar a los candidatos a sacerdote con la consecuente educación que los hiciera acreedores de su responsabilidad.
Y en este punto siempre me viene a la memoria el extraordinario cuadro de Claudio Coello que lo representa, como Doctor de la Iglesia como algo premonitorio. Pues bien sabemos que no posee tal título. Sin embargo yo insisto que Santo Tomás es el doctor de los doctores de la Iglesia porque fue el primero en crear un seminario. Un centro docto donde se forma a los acreedores y difusores de la doctrina de la Iglesia. ¿Hay más motivo para merecer el título de doctor de la iglesia?

Santo Tomás Villanueva de los InfantesCapilla de Santo Tomás, Villanueva de los Infantes

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielSanto Tomás de Villanueva, niño, repartiendo sus ropas. Bartolomé Esteban Murillo. Óleo, 1667

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielArquitectura popular manchega en Fuenllana


Tuvo contacto y amistad con Juan Luis Vives, quien creó el primer tratado de atención a la población desfavorecida, referente de la creación de los servicios sociales en Europa


Tras la muerte de Santo Tomás, en la ciudad quedó un recuerdo imborrable y vivo hasta hoy. Es curioso que los franceses respetasen su enterramiento y es curioso que en la guerra civil ocurriera lo mismo. Hoy tenemos que mostrar desde aquí desde el Campo de Montiel, nuestra gratitud y respeto por la capital del Turia, ya que acoge a uno de nuestros paisanos como uno de los grandes personajes de la historia de la ciudad. Dedicándole una importante capilla en el edificio más relevante de la capital. La catedral-basílica metropolitana.
Además como bien sabéis, tras su canonización, se encargaron multitud de obras de arte a los mejores artistas del momento. Su figura está retratada por genios como Murillo, Zurbarán, Juan de Juanes o Claudio Coello entre otros.
En el museo de Bellas Artes de Sevilla, la segunda pinacoteca de España, se conserva el célebre cuadro que estuvo en el retablo del convento de capuchinos, como uno de los grandes elementos del tesoro artístico español.
A finales del XVIII el conde de Floridablanca ordenó a la Imprenta Real, a través del director de grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, la creación de ciento veinte retratos de españoles ilustres. Entre ellos Santo Tomás, en el conocido grabado de Manuel Salvador Carmona.
En Valencia una de sus grandes esculturas forma parte de la portada principal de la catedral en una de las pocas fachadas barrocas con influencia italiana de Bernini y Borromini, donde domina el dinamismo de las líneas onduladas.
El imponente relicario de plata de finales del Barroco y principio del Neoclásico, realizado por José Esteve Bonet.
En el puente de La Trinidad otra gran escultura de autor italiano que identifica a la ciudad con uno de sus personajes más ilustres y por último, para no extenderme, puesto que el tema da para mucho. Diré que existe una escultura muy desconocida y de excelente factura en el centro del patio del palacio arzobispal, realizada por el director de escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, José Esteve Bonet. Artista neoclásico que realizó en mármol la obra mencionada. Y si la apreciáis con calma encontrareis donde se inspiró el autor de la escultura que hoy preside el atrio de la iglesia parroquial de Villanueva de los Infantes.
En Fuenllana se edificó una iglesia barroca y un convento de agustinos en el lugar donde nació y en Villanueva de los Infantes un oratorio barroco frente a su casa familiar. Nos quedan estos monumentos y la impronta que dignifica al Campo de Montiel con uno de sus personajes más destacables, declarado patrón de la diócesis de Ciudad Real, primer santo de la provincia. Adelantado a su tiempo poniendo en práctica años antes del Concilio de Trento, las reformas que tras el mismo establecería la Iglesia.
Como veis, en este ligero paseo por la vida de Santo Tomás, poseemos en nuestra tierra una riqueza histórica que nos honra y nos hace responsables de ponerla en valor para beneficio de todos. Por tanto si de algo sirve no me cansaré de aprovechar cualquier oportunidad para poner de manifiesto que de nosotros depende que nuestro Campo de Montiel, brille con la luz que le corresponde.

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielCasa del Arco, Villanueva de los Infantes

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielPaseando por Fuenllana

Turismo La Mancha sabersabor.es Campo de MontielPatio de Villanueva de los Infantes


Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano ©

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Turismo cultural y arqueológico por el Campo de Montiel: Terrinches

Turismo arqueológico y cultural en el Campo de Montiel

Os proponemos un recorrido por uno de los enclaves más antiguos del Campo de Montiel, Terrinches, con siglos de historia a sus espaldas y una gran concentración de patrimonio cultural. Muestra de ello son los restos de un doble enterramiento humano de la Edad del Bronce encontrado en el paraje del Castillejo del Bonete dentro de una cueva sellada durante miles de años.
Volviendo a nuestros días los viajeros que pasen por aquí además de disfrutar de su paisaje serrano y sus hoces de San Isidro, podrán hacerlo de su castillo medieval y su Centro de Interpretación de la Orden de Santiago, de la Villa romana y necrópolis altomedieval de La Ontavia, pasear por la Vía romana de los Vasos de Vicarello., visitar la cueva prehistórica del Castillejo del Bonete y la ermita medieval de Nuestra Señora de Luciana con su retablo renacentista (siglo XVI), descubrir la Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Guzmán y su órgano barroco (siglo XVIII)…

…si así lo hacen, os aseguramos que no será el fin de vuestro viaje, sino el inicio de una aventura en compañía de amigos inolvidables; de personajes universales como Don Quijote y Sancho Panza; de autores cimeros de la literatura como Don Francisco de Quevedo, Jorge Manrique o Lope de Vega; de beatos y santos como Santo Tomás de Villanueva, Fray Tomás de la Virgen o la Madre Mariana de Jesús; de pintores y artistas como Fernando Yáñez de la Almedina, Matías de Arteaga Alfaro o Gaspar de la Redonda; de humanistas como Bartolomé Jiménez Patón, Fernando Ballesteros Saavedra o Pedro Collado Peralta; de personalidades históricas como el cartaginés Aníbal o el rey Justiciero, llamado por sus enemigos el Cruel, Pedro I de Castilla, muerto en desigual duelo con su hermano bastardo Enrique II a los pies de nuestro castillo de la Estrella en Montiel. Todo en la comarca del Campo de Montiel. Comenzamos.

senderismo en TerrinchesEcoturismo en Terrinches, Campo de Montiel

Interior de la ermita medieval de Nuestra Señora de LucianaInterior de la ermita medieval de Nuestra Señora de Luciana

Ruta Hoces de San IsidroRuta Hoces de San Isidro

Castillejo del Bonete

Se trata de un yacimiento arqueológico de notable interés clasificado dentro del Bronce Manchego o bronce pleno. Una fortificación con estructuras asociadas, un sistema de 4 murallas, cerramientos, cubetas y muros delimitados. Un yacimiento arqueológico de aproximadamente 500 m2, emplazado en las estribaciones septentrionales de Sierra Morena, en lo alto de una ladera orientada al sur.
El lugar se encuentra al sureste de la provincia de Ciudad Real y en lo que tradicionalmente se ha supuesto el borde meridional del área en la cual se desarrolló la Cultura del Bronce de La Mancha. Se halla estratégicamente situado junto al Camino de Aníbal, vía natural de comunicación entre la Meseta y la Alta Andalucía.

Presenta unas características que lo convierten en un yacimiento de gran interés para la ciencia arqueológica porque:

  • Agrupa espacios y utensilios de la vida cotidiana.
  • Cuenta con cinco inhumaciones de diversa tipología, varias de ellas con ajuar.
  • Posee murallas defensivas.
  • Guarda una cueva fortificada de notables dimensiones, sellada e intacta desde la Prehistoria.
  • Ha proporcionado un conjunto excepcional de materiales, entre los cuales se incluyen puntas de flecha de sílex o metálicas, puñales de cobre, botones de marfil, punzones de hueso y metal, vasos cerámicos, elementos suntuarios, brazaletes de arquero, hachas, etc.
  • Es único en su cronología y los túmulos son acumulaciones de piedra sobre una cámara funeraria con anillos perimetrales, con estructuras compartiendo el interior del túmulo. Algo verdaderamente atípico.

El elemento de mayor singularidad es la cueva que fue fortificada durante la Edad del Bronce en este lugar, y que ha permanecido sellada e intacta hasta el momento de su descubrimiento arqueológico, en 2004.

Se han registrado a lo largo de las tres campañas cinco inhumaciones, dispuestas en cuatro tumbas de diversa tipología.
La de mayor interés es la Tumba 4, debido a tres factores: es una inhumación doble, los individuos fueron enterrados en ella con un interesante ajuar y los esqueletos se hallaron en relativo buen estado de conservación, aunque presionados por el derrumbe caído sobre ellos.
La sepultura es un sencillo agujero excavado en el suelo, de planta ovalada, delimitado toscamente por mampostería irregular de caliza, de tamaño medio y sin desbastar. La cobertura de la tumba era de simple tierra, sin laja alguna de protección y que presentaba evidencias de haber realizado fuego en el lugar, sobre la tumba. Esta tumba fue excavada con metodología arqueológica en 2004 y ha sido objeto de estudio minucioso y analítica exhaustiva.

Los pobladores de este yacimiento tuvieron en la ganadería una de sus ocupaciones principales, tal y como atestiguan los restos de fauna, la presencia de vasos coladores o queseras y otros recipientes. Se trata de objetos que permiten elaborar, transportar o almacenar productos derivados de la leche. Las pesas de telar halladas parecen indicar, además, el procesado de lana.
Junto a la ganadería, la agricultura complementó su sistema económico, que fue de tipo mixto. Se han recuperado artefactos que hablan de tareas agrícolas y de transformación de productos agrarios en este lugar, tales como los molinos documentados en ámbitos domésticos, los dientes de hoz, cinco silos, o varios útiles de piedra tallada.

La gente que construyó, habitó y se enterró aquí debe ser considerada como parte de una comunidad mayor, que comercio con materiales extrapeninsulares y organizó en torno a este tramo de la Vía de los Vasos de Vicarello (Camino de Aníbal) una red consolidada de asentamientos de funcionalidad variada y complementaria, dentro de la cual el control del agua pudo jugar un papel fundamental.

Castillejo del BoneteCastillejo del Bonete

Cueva prehistórica en el Castillejo del BoneteCueva prehistórica en el Castillejo del Bonete

yacimiento arqueológico Castillejo del BoneteEnterramiento en el yacimiento arqueológico Castillejo del Bonete

Villa Romana de La Ontavia

Se trata de un yacimiento romano, tardoantiguo y medieval excepcional, situado junto a la Vía de los Vasos de Vicarello. El yacimiento cuenta con dos fases principales, que son:

A.- Villa. En este yacimiento se han localizado y estudiado una serie de estructuras que corresponden con la Pars Urbana de una villa, más concretamente, las estancias de la misma destinadas al baño: el Balneum. El edificio podría encuadrarse dentro un abanico temporal que abarca desde el siglo II hasta el V de nuestra era, momento en que estas estructuras deben suplir las instalaciones de servicios balnearios de edificios públicos urbanos. Las dimensiones del complejo termal detectado (alrededor de 200 m2) nos hablan de unas instalaciones de tamaño notable, en relación directa a las necesidades del número de bañistas que utilizaban el balneum, así como a las posibilidades del dueño de la villa.
Los baños de la villa de esta villa se adaptan a un plan lineal angular de recorrido retrogrado y cuenta con apodyterium, frigidarium, tepidarium, caldarium con praefurnium, sudatio y prognigeum.

B.- La necrópolis. Se sitúa sobre las estructuras amortizadas del complejo termal y a pesar del nivel de saqueo han sido recuperados varios elementos de ajuar. Se han documentado treinta tumbas con cincuenta cuerpos.
Este yacimiento está relacionado con otros de la misma cronología en la zona, como Puente la Olmilla, El Calvario u otros dispuestos en torno a la cercana Vía Augusta dentro del municipium de Mentesa Oretana (Villanueva de la Fuente, Ciudad – Real).

Villa Romana de La OntaviaVilla Romana de La Ontavia

Visita guiada a La Ontavia. Autor, AnthroposVisita guiada a La Ontavia. Autor, Anthropos

Villa Romana de La Ontavia, TerrinchesVilla Romana de La Ontavia

Centro interpretación TerrinchesCentro de interpretación de la Orden de Santiago, Terrinches

Torre del Castillo “Centro de interpretación de la Orden de Santiago”

Tras la Batalla de las Navas de Tolosa (1212) la Orden de Santiago repobló el Campo de Montiel, organizando su defensa a partir de la red de fortificaciones islámicas preexistentes. Con el tiempo éstas se reformaron, algunas fueron demolidas y se edificaron otras, en respuesta a las necesidades de los nuevos tiempos. Montiel fue el centro a partir del cual se estructuró toda la comarca.
El Castillo de Terrinches, de antecedentes posiblemente islámicos, formó parte de la red de defensas instaladas al sur de Montiel para crear una barrera defensiva que protegiera este territorio del enemigo situado en Al-Andalus.
En 1282 Terrinches sufrío una razzía lanzada por tropas islámicas al mando del Sultán de Marruecos, Aben Yucef, que destruyó las cosechas del pueblo y parte de su caserío. El vecindario, refugiado en el Castillo, resistía el asedio sin capitular. Les capitaneaba su Alcaide (de nombre Presonero), quien pensó rendirse al ver que los musulmanes prendían fuego al exterior del Castillo, en el intento de romper las defensas o quemar a los allí refugiados. En ese momento cobró un histórico protagonismo la mujer del Alcaide, pues cogió el mando y, confiando en los potentes muros del Castillo, animó a todos a la resistencia. Su nombre no nos ha llegado, pero las informaciones recogidas en las Relaciones de Felipe II sí mencionan que su carácter era el de una “persona varonil”. El Castillo de Terrinches soportó bien el ataque, por lo que las tropas islámicas optaron por desistir de su ofensiva para dirigirla hacia la cercana población de Almedina. En el siglo XV la línea de defensas de la que formaba parte el Castillo de Terrinches quedó obsoleta debido al avance de la Reconquista hacia el sur.
Por ello desde el siglo XVI el edificio, perdida ya su función militar, fue destinado a usos agropecuarios.
En el siglo XIX Madoz señaló su papel puntual como fortín durante las Guerras Carlistas. Planchuelo a finales de ese mismo siglo cita nuevamente su utilización como casa de labor, almacén de aperos de labranza y bodega. Este papel ha venido desempeñando hasta mediados del siglo XX.

En 2005 fue comprado por el Ayuntamiento de Terrinches con el propósito de restaurarlo para uso y disfrute del pueblo.
En 2011 fue inaugurado en su interior el espacio museográfico del Centro de Interpretación de la Orden de Santiago y el Campo de Montiel.

En la Planta Baja del Castillo se ha habilitado un área con mostrador de atención al visitante y zona de tienda junto a la entrada principal. En la misma planta se han instalado pantallas y maquetas que explican la historia de Terrinches y su castillo. En la zona que ha sido utilizada hasta el siglo XX como bodega se ha creado un diorama con escenografía de almacén, que permite explicar el uso del castillo como bodega y casa de labor en los siglos XIX y XX.
En la Planta Primera se ha programado representar la vida cotidiana en un castillo medieval, mediante mobiliario específico, maniquíes y ornamentación escenográfica. La mesa del comedor cuenta con pantallas táctiles integradas que explican los pormenores de la vida del castillo.
La Terraza del Castillo, que permite un excelente control visual del territorio, dispone de prismáticos panorámicos en cada esquina y paneles informativos de cristal blindado al ácido, troquelados de forma almenada con objeto de recuperar los volúmenes originales de la azotea. También se ha ubicado aquí una muestra de las armas de fuego que defendieron Terrinches en el siglo XV.

Castillo de TerrinchesInterior del Castillo de Terrinches

ermita medieval de Nuestra Señora de LucianaErmita medieval de Nuestra Señora de Luciana

ecoturismo en TerrinchesEcoturismo en Terrinches, Campo de Montiel


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De turismo por las iglesias fortificadas del Campo de Montiel

Villanueva de los Infantes

La constante lucha vital del ser humano, batallada cada día de su existencia, suponía una constante y un reto cotidiano sobre todo en la aparentemente lejana Edad Media. Tan cercana aún en la adversidad que en muchos aspectos perdura en el Campo de Montiel como tierra insegura y fronteriza.
Hoy la incertidumbre no se atisba en el horizonte bajo los estandartes almohades o almorávides. Ni de los pendones de Castilla o la Orden de Santiago.
Hoy como siempre, determina la vida en esta áspera meseta, sedienta y reseca como el esparto, la climatología.
La carencia de lluvias y su desigual reparto a lo largo del año, dificultan de modo determinante la regularidad de cultivos que permitan previsiones de vida más o menos estables a corto o medio plazo. Ni siquiera el resistente olivo es tan prolífico aquí como en la cercana Andalucía. Cuando no es la sequía son las heladas. Constantes batallas desde que la Orden de Santiago dejó de luchar contra el califato de Córdoba o el reino de Granada.
Lógico que la dureza de esta tierra evada a sus moradores a buscar más fáciles y mejores formas de vida en metrópolis como Madrid, Valencia o Barcelona.
El Campo de Montiel libra su última batalla por mantener su identidad y preservar el imponente legado histórico cedido a través del permanente sacrificio vital de cientos de generaciones a lo largo de casi un milenio desde la pacificación y administración de este territorio a través de la Orden de Santiago.

Paisaje del Campo de Montiel Paisaje del Campo de Montiel

Castillo de la EstrellaCastillo de la Estrella. Autor, Juan Amores

Ermita del Santisimo Cristo de la Expiración, MontielErmita del Santísimo Cristo de la Expiración, Montiel

Concierto de música sefardí, artesonado mudéjar y frescos en la ermita de San Sebastián. Autor, Juan Pedro GarcíaConcierto de música sefardí, artesonado mudéjar y frescos en la ermita de San Sebastián. Autor, Juan Pedro García

Iglesia de Santa María Magdalena, AlcubillasIglesia de Santa María Magdalena, Alcubillas

Tras la Batalla de las Navas de Tolosa, a principios del siglo XIII, las primeras edificaciones religiosas de esta vetusta comarca se erigían entre la fortaleza de los protectores castillos o en su inmediata cercanía.
De forma paulatina y natural fueron adquiriendo la fisonomía de las fortalezas que las cobijaban hasta emanciparse de las mismas ya en el siglo XVI, tras la conquista de Granada y la certeza de un territorio libre de invasiones.
A lo largo de los siglos comprendidos entre la batalla de Las Navas y la adhesión de Granada, se fueron sucediendo toda una serie de recintos dedicados al culto cristiano en cada uno de los sitios protegidos por una fortaleza. Ya fuera castillo, torre o recinto fortificado.
Tanto el origen histórico como espiritual del actual Campo de Montiel gestionado por la Orden de Santiago, lo encontramos en el Castillo de la Estrella de Montiel. Desde el interior del castillo, hasta su ladera como a sus pies, se hallan los restos de la primera iglesia de esta comarca, dedicada a Santiago. Con el desarrollo del pueblo en la ladera sur del castillo, se erigió en estilo mudéjar, adosada a la fortaleza de la muralla de la villa, la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella. Y justo en la ladera opuesta, la norte, a los pies del cerro, el convento de los caballeros de Santiago. Ermita hoy consagrada al Santo Cristo de Montiel.
Las primitivas iglesias de la zona que todavía muestran restos apreciables, como la de Torres, demuestran su vocación militar y fortaleza guerrera en la austeridad de su estructura. Desde aquí en el mismo centro del santiaguista Campo de Montiel se aprecia el portentoso paisaje medieval que mantiene el tiempo a merced de los cultos ojos de todo observador capaz de percibir la imperturbable atmósfera caballeresca de esta tierra tan bien nombrada en el Quijote.
En La Solana, además de las monumentales bóvedas de Santa Catalina, edificadas junto a la primitiva fortaleza, debemos disfrutar la primitiva iglesia de la villa, hoy ermita de san Sebastián, donde se conserva el mejor artesonado mudéjar de la comarca.
En Alcubillas el maravilloso juego de volúmenes que distinguen con precisión las distintas épocas constructivas de la única iglesia de la zona que conserva otra de las estructuras primitivas mudéjares.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, VillahermosaIglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Villahermosa

Visitando la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, VillahermosaVisitando la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Villahermosa. Autor, Antonio Bellón Márquez

bóvedas de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, VillahermosaUna de las bóvedas de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, Villahermosa

Iglesia de San Andrés Apóstol, Villamanrique. Autor, Miguel FelgueraIglesia de San Andrés Apóstol, Villamanrique. Autor, Miguel Felguera

Plaza Mayor de Villanueva de los InfantesPlaza Mayor de Villanueva de los Infantes. Autor, Antonio Bellón Márquez

Bóvedas de la iglesia de San Andrés, Villanueva de los InfantesBóvedas de la iglesia de San Andrés, Villanueva de los Infantes. Autor, Antonio Bellón Márquez

Vista aérea de Puebla del Príncipe

Iglesia de San Vicente Mártir, CózarIglesia de San Vicente Mártir, Cózar

Iglesia de Santiago el Mayor, Torrenueva

De aquí pasamos a las portentosas naves góticas de Villahermosa, Villamanrique, Membrilla, Villanueva de los Infantes (Patrimonio Artístico – Nacional), Puebla del Príncipe, Cózar y Torrenueva. Grandiosos templos que tuvieron la suerte de ampliarse en el siglo XVI en gótico flamígero o estilo Reyes Católicos español, emparentando ya con el Renacimiento, sirviendo de transición con el final del gótico.
Destacables las románticas ruinas de Santa Catalina de Fuenllana. Edificadas también en el XVI por el suegro de Vandelvira, Francisco de Luna, donde la cantería nos legó obras maestras de calidad indiscutible como el arco retablo de la capilla de san Pedro hoy conservada en el convento agustino.
Todo el proceso evolutivo desde las primeras edificaciones religiosas en esta tierra a manos de los caballeros de Santiago hasta prácticamente hoy, es posible apreciarlo en la totalidad de esta maravillosa y rural comarca que se distingue como la más monumental y la que mejor conserva el paisaje agrario ancestral de los cultivos cerealistas.
Con la llegada del Barroco, algunos templos de la zona rehicieron las ruinosas bóvedas góticas maltratadas por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. Perfectamente apreciable tal proceso en las bóvedas de cañón de Terrinches, Albaladejo, Torre de Juan Abad o san Sebastián de Montiel.
Destacable por la belleza de su factura y el origen primigenio del gótico en esta tierra, el santuario de Luciana en Terrinches. Joya arquitectónica en sí misma, enriquecida además con el retablo renacentista. Que junto con el de Torre de Juan Abad son los dos más importantes de la zona.
Y la planta basilical de columnas de la nave reconstruida de la iglesia de Almedina, donde se encontraba el retablo más valioso de la zona, pintado por Yáñez de Almedina, desaparecido con el terremoto de Lisboa.
Todo un universo artístico inmerso en un mundo legendario, repleto de curiosidades, en el marco de la autenticidad de una tierra pintoresca donde las haya. El muy cervantino Campo de Montiel.

Santa Catalina, FuenllanaSanta Catalina, Fuenllana. Autor, Antonio Bellón Márquez

Arco retablo de la capilla de san Pedro, FuenllanaArco retablo de la capilla de san Pedro, Fuenllana

Por el interior del convento de los Agustinos, FuenllanaPor el interior del convento de los Agustinos, Fuenllana. Autor, Antonio Bellón Márquez

Bóveda de cañón, iglesia de Santo Domingo de Guzmán, Terrinches. Autor, Pedro Castellanos

Iglesia de Santiago Apóstol, Albaladejo Iglesia de Santiago Apóstol, Albaladejo. Autor, Antonio Bellón Márquez

Iglesia de Nuestra Señora de los Olmos, Torre de Juan AbadIglesia de Nuestra Señora de los Olmos, Torre de Juan Abad. Autor, Antonio Bellón Márquez

Iglesia de San Sebastián, Montiel. Autor, Juan Amores Iglesia de San Sebastián, Montiel. Autor, Juan Amores

Fachada de la Iglesia de Santa María, Almedina. Autor, Juan AmoresFachada de la Iglesia de Santa María, Almedina. Autor, Juan Amores


Un artículo de Salvador Carlos Dueñas Serrano


Fotografía de portada: detalle de una capilla en el cementerio de Villanueva de los Infantes. Autor, Robert Daguerre

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Consuegra, entre molinos y leyendas

Consuegra Turismo La Mancha sabersabor.es

Consuegra surge en la llanura manchega para ofrecernos todas las pinceladas del tipismo manchego y castellano


Cae la tarde y el viajero continua camino hasta la vecina Consuegra, la antigua sede de los de San Juan, pues desea ver antes de que anochezca sus archiconocidos 12 molinos de viento en el alto del cerro Calderico, dominando con su silueta quijotesca el casco urbano de esta tranquila villa toledana.

Y allí están. Los vislumbra recortados en el cielo sonrosado del anochecer, un anochecer por lo demás digno de mediados de agosto: con el sempiterno sonido de los grillos endulzando el aire; las copas de los chopos recortadas por los últimos vencejos, volando cada vez más altos, y el olor a menta procedente de una balsa de agua cercana e invisible en la oscuridad.

En una era próxima un burro atado a un poste en el suelo deja oír sus quejidos lastimeros. Parece que le llama incitándole a una fuga clandestina, pero no es tiempo de entretenerse. El viajero quiere llegar y subir rápido la cuesta para contemplar en silencio cada uno de los gigantes de su imaginación, y que conoce hasta por sus nombres de pila: Cardeño; Vista Alegre; El Caballero del Verde Gabán; Chispas, Alcancía y Clavileño; Bolero, Sancho, Mambrino y Mochilas; Espartero, y finalmente Rucio, que cuenta en su interior hasta con una exposición de vinos… No, no. No hay razón para entretenerse.

Molinos de viento de ConsuegraMolinos de viento de Consuegra

Pero antes de llegar a las primeras casas del pueblo de Consuegra el viajero es sorprendido por un sonido poco habitual. Llega hasta él un metálico retumbar de clarines, como llamando a la batalla, y más cerca el tañido de un laúd hiende el aire calmo de la noche y hace revivir viejas añoranzas medievales.

En su camino se cruza con gentes ataviadas con extraños ropajes: las mujeres con camisas de seda, túnicas sin manga y mantos forrados de piel, que sujetan al cuello por medio de una fíbula de plata; los hombres, igual que aquellos galantes caballeros medievales de “La Celestina”, llevan polainas largas, medias, camisolas y también capa; y por supuesto deambulan por la calle armados todos con espada larga al cinto, protegida con su vaina… Suenan más clarines y a la vuelta de una esquina el viajero se encuentra con una fragua portátil y dos puestos destartalados de herrador y de alfarero. Un cetrero da de comer a un gigantesco azor mientras su compañera exhibe el vuelo de un gerifalte ante la mirada asombrada de decenas de niños, que no pueden creer lo que están viendo… Él, tampoco.

Y entonces, temiendo ya uno de esos extraños trasvases en el tiempo que solo ocurren en los programas televisivos, decide preguntar al viejo más a mano que encuentra. “¿Qué si está “usté” tarumba? ¡Quía! ¡Pero es que no “s’acuerda” de qué día es hoy?” responde jocoso el anciano “¿El día de hoy? Sí, claro. 15 de agosto. Pero que tiene que ver…” “¿Que qué “tié” que ver? Pues no es “usté” de por aquí, a lo que parece. Hoy se celebra la Batalla de Consuegra, cuando el buen rey Alfonso le dio “candela” a los moros y les dijo de lo que se tenían que morir. ¡”Na menos”! La Batalla de Consuegra y el día en que murió el hijo del Cid…”
Ahora comprende. Y aunque si mal no recuerda fueron los almorávides quienes nos dieron “candela” a nosotros, no estará de más hacer un alto en Consuegra y vivir por unos días la magia de una época cuajada de héroes, princesas, alcahuetas y leyendas sin fin.

Recreación histórica durante Consuegra MedievalRecreación histórica durante Consuegra Medieval


Romano, castellano-mudéjar, barroco, son algunos de los estilos artísticos que están integrados en los monumentos de Consuegra y que te animamos a descubrir


El pueblo de Consuegra es de origen muy remoto. Algunos restos encontrados en sus alrededores hablan de un poblado íbero, convertido luego en villa romana, a la que ya Plinio denominó Consaburum. En el siglo XII el rey Alfonso IX la cedió a la Orden de San Juan de Jerusalén, que la convirtió en cabecera del extenso priorato que poseía en los amplios territorios de las actuales provincias de Toledo y Ciudad Real, al frente del cual estuvo un tiempo don Juan de Austria.

En lo alto del cerro que domina la villa se encuentra el castillo de los Sanjuanistas, llamado castillo de la Muela, reedificado en el siglo X sobre los cimientos de una fortaleza construida en los tiempos del Emperador Trajano. Rodeado por la muralla de La Centinela, consta de dos recintos murados y una magnífica torre del homenaje, con una tosca puerta de entrada, adornada con los blasones de don Juan de Austria, hijo de Felipe IV. Se conservan unos muros que -dicen- pertenecieron a la habitación que ocupara el príncipe don Juan, refugiado en esta fortaleza a causa de desavenencias con su padre Felipe.

En los campos de Consuegra batalló el Cid Campeador contra los almorávides durante sus correrías entre Valencia y Toledo: “Y si en mi Valencia amada / no me hallaseis á la vuelta / peleando me halladeres / con los moros en Consuegra”. En el año 1097 tiene lugar la Batalla de Consuegra en la que muere su hijo.

Castillo de ConsuegraCastillo de Consuegra


Forja, cerámica, cantería, cuero, vidrieras, madera… la tradición artesana de Consuegra es extraordinaria


Nuestro viajero se adentra por el casco urbano de la villa hasta llegar a su Plaza de España, trapezoidal, con 2200 años de historia condensados en este espacio, sobre el foro de la consabura romana donde aún gira la vida de la ciudad.
Sus edificios históricos, iglesias, conventos y ermitas, el ambiente de sus calles, el olor a mazapán, azafrán y un Alfar, antiguo taller de alfareros de principios del siglo XX que guarda dos hornos ciertamente muy antiguos.
Su gastronomía eleva los sabores hacia el infinito, sintiendo en el placer de transitar sus calles la somnolencia del descanso del guerrero o, tal vez, la necesidad de parlotear con sus habitantes, generosos y hospitalarios, entre la tradición más honesta que riega costumbrismo, arte, naturaleza y bondad.
Para mañana, con buena luz del sol, dejará que sus pasos le guíen hacia las ruinas del convento de Santa María del Monte, donde cuenta la leyenda que se conjuró la traición que acabaría con la incursión y dominio musulmán de la península, y hasta la presa romana que contenía las aguas del arroyo Amarguillo.

Plaza de España, ConsuegraPlaza de España, Consuegra

Nocturna del Cerro CaldericoNocturna del Cerro Calderico


Para no perderse: Fiestas de la Rosa del Azafrán y Consuegra Medieval, de interés cultural y turístico nacional e internacional


Fiesta de la Rosa del AzafránFiesta de la Rosa del Azafrán


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

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Villanueva de los Infantes, Patrimonio Histórico-Artístico Nacional

Villanueva de los Infantes

Os invitamos a pasear por este enclave, uno de los más bellos de nuestro país y centro histórico de la Comarca del Campo de Montiel, citada hasta cinco veces por Miguel de Cervantes en su universal obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“. Un auténtico escenario del Quijote


En la maravillosa zona del Campo de Montiel se encuentra uno de los conjuntos históricos con mayor renombre de toda Castilla – La Mancha: el que ofrece la antigua localidad de Villanueva de los Infantes. La ciudad es de origen romano, pues en un principio fue la colonia Antiquaria Augusta, fundada al parecer por Marco Ulpio Gresario, un liberto de Augusto.
En nuestros días quedan todavía algunas ruinas romanas, cercanas al precioso santuario de Nuestra Señora de la Antigua.
En tiempos de la conquista musulmana la población recibió el nombre de Jamela, palabra que por su origen hebreo nos hace suponer que fue fundada por una familia judía. También se han encontrado restos de este tiempo.
Fue inicialmente repoblada por el maestre Pérez de Correra y en el año 1243 pasó a ser dependiente del Campo de Montiel bajo la protección de los entonces poderosísimos caballeros de la noble Orden de Santiago.
Sin embargo, comenzó a despoblarse de nuevo rápidamente debido a la insalubridad del territorio. Así pues, se tomó la determinación, una vez más, de desplazar a sus habitantes al sitio de la Moraleja, a unos cinco kilómetros, de modo que se adoptó dicho nombre hasta el año 1421, fecha en que el Infante Enrique de Aragón le concedió la Carta Puebla y la emancipación del Campo de Montiel.
Como muestra de agradecimiento hacia el infante y sus hermanos, la población tomó el nombre de Villanueva de los Infantes, que mantuvo hasta el año 1916 cuando, al ser proclamada ciudad, se desprendió de la primera palabra. No obstante en el año 1955, a consecuencia de la conmemoración del cuarto centenario de Santo Tomás de Villanueva, la personalidad más insigne de la ciudad, retomó su anterior nombre, que todavía conserva en nuestros días.
En sus comienzos el lugar fue un importante cruce de caminos, pues a través de ella pasaba el Camino Real que llegaba hasta Granada atravesando La Antigua y Villahermosa.

Calle con casas encaladas en Villanueva de los Infantes. Autor, Victor Chaparro

Plaza Mayor. Autor, Pedro García


No os perdáis la ruta urbana por sus palacios, casas solariegas y patios manchegos y por supuesto un recorrido por su inigualable religioso patrimonio


Uno de los enclaves más bonitos de Villanueva de los Infantes es su maravillosa Plaza Mayor, que constituye, junto a las de Almagro y San Carlos del Valle, la famosa trinidad ciudadrealeña. En ella se encuentran importantes edificios, como el Ayuntamiento y la imponente parroquia de San Andrés.
En cuanto al primero, vale decir que es un monumento construido en piedra en el que podemos apreciar el más bello estilo neoclásico en las arcadas de sus magníficos soportales. Al fondo, una bonita casona con balcones corridos alegra el severo tono neoclásico de la mayor parte del conjunto.
La iglesia parroquial de San Andrés, ermita en tiempos de la Moraleja, consta de tres encandiladoras portadas, dos de ellas platerescas, y la principal, clasicista. Se halla enmarcada por un arco de medio punto y flanqueada por espléndidas columnas dóricas. En el frontón aparece el escudo de los Austrias junto a la imagen de San Andrés. En su interior, rematado por maravillosas bóvedas de crucería, se encuentran varias capillas de incalculable valor histórico. En la más antigua de ellas, la de los Bustos, está enterrado el gran literato del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo. Otra es la de los caballeros de la Orden de Santiago y otra está dedicada al ilustre Santo Tomás de Villanueva, en concreto la del Santísimo.
La torre de estilo herreriano fue construida por Juan Ruiz Hurtado. En el Museo del Prado se guarda una bellísima tabla procedente de esta iglesia con las representaciones de Santa Ana, la Virgen, Santa Isabel y los Santos Niños.

Interior Iglesia de San Andrés. Autor, fotomo62

Palacio de los Ballesteros

Casa del Caballero del Verde Gabán. Autor, Pablo Sánchez


Villanueva de los Infantes tiene entre sus edificios civiles, religiosos y calles, más de 250 escudos heráldicos aún conservados en perfecto estado


Del año 1631 data el Hospital del Remedio, genial monumento en el cual destaca una capilla barroca donde aún perviven elementos renacentistas, como la capilla del Remedio, aneja al edificio. Este hospital ejerció más tarde la función de escuela pública, lo que originó variaciones notables en su estructura original.
La vieja Alhóndiga se construyó en el siglo XVI para la Casa de Contratación, aunque luego fuera utilizada como prisión del Partido. Destaca su extraordinario patio columnado, de extraordinaria belleza. En la Calle Ramón Herrera también encontramos dos magistrales edificios: la Casa del Arco (siglo XVII), realizada en un solemne estilo clasicista, que destaca por su magnífico arco de honda cimbra, y la Casa de los Estudios, también conocida como Colegio Menor, que data de finales del siglo XVI. Allí enseñaron retórica, poética, gramática y otras materias, ilustres profesores, entre los que se encontraban el propio Francisco de Quevedo y el humanista Bartolomé Jiménez Patón.
En la calle de Santo Tomás encontramos, en un reducido espacio, un conjunto de monumentos de sumo interés: la casa de Santo Tomás de Villanueva y el oratorio; el hospital, fundado por la madre del Santo para recoger a viudas pobres, y la Casa de la Inquisición.
En el límite sur de casco antiguo se fundó en 1556 el excelente convento de Santo Domingo, que guarda entre otros tesoros, la celda donde murió Quevedo.
Un edificio de gran interés es la iglesia de las dominicas de la Encarnación, cuya incomparable portada constituye un valioso antecedente de las portadas-retablo tan difundidas durante el Barroco.
Además de todos estos grandes monumentos artísticos, podemos contemplar otras casas particulares de estilo renacentista y barroco principalmente, aunque no debemos restar importancia a aquellas que representan la arquitectura popular de La Mancha, que adornan las calles e imprimen carácter a un lugar tan especial como Villanueva de los Infantes.

Casa del Arco. Autor, Pablo Sánchez

Casa de los Estudios. Autor, sabersabor.es

Interior Convento de Santo Domingo. Autor, sabersabor.es


Para disfrutar: el prestigioso Festival Internacional de Música Clásica de Villanueva de los Infantes y la popular Fiesta del Pimiento, con el pisto más grande del mundo, Récord Guinness 2016


La visita a esta ciudad no sólo supone la posibilidad de admirar uno de los conjuntos artísticos más bellos de nuestro país. Allí se celebran también fiestas de extraordinaria relevancia, como es la de los Mayos y la de las Cruces, en la cual, durante la noche del 2 al 3 de mayo se instalan cruces en las casas y los mayos van recorriendo, deleitando a sus moradores con canciones populares. En agradecimiento, se les obsequia con trigo tostado, anises y vino.
En cuanto a la gastronomía del lugar, se puede saborear la típica cocina manchega, de la que son característicos platos como los huevos a la porreta, las chuletas de cordero manchego a la gavilla o el tiznao, regados siempre con los inconfundibles vinos de esta tierra.
Son muchas las delicias que nos depara esta hermosa ciudad. Un legado de una época de gran esplendor de la cultura y del arte españoles.


Si estas interesado en visitar Villanueva de los Infantes, contacta con nosotros sabersabor.es


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©