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Un canto singular en La Mancha. La leyenda del autillo

Un canto singular en La Mancha. La leyenda del autillo

Con la llegada de las cortas noches veraniegas, parques y arboledas se llenan como todos los años de paseantes, de niños y mayores buscando «la fresca» y, como cumpliendo con un rito ancestral, también de un sonido ciertamente monótono y repetitivo. Se trata de un canto tristón, aflautado y monocorde que se deja oír en la oscuridad cada pocos segundos, y que delata de paso a una de nuestras aves nocturnas más emblemáticas: el autillo. En muchas zonas del sur este toque le ha valido al autillo el poco atractivo nombre de «corneta», ya que cuando este animal decide asentarse cerca de las viviendas humanas puede hacerse muy difícil conciliar el sueño.

Carlos Uranga

La luna encuadrada en un aspa. Autor, Carlos Uranga

«Tiui… tiui… tiui» Así suena más o menos la llamada del autillo. Desesperante para el insomne, sin duda, pero no exento de atractivo si nos atenemos a la leyenda que explica su origen. Y es que hace muchos años vivieron en cierto lugar dos hermanos que se ganaban la vida custodiando los caballos del vecindario.

Una noche se desató una terrible tormenta, y a causa del temporal y los truenos que retumbaban en el valle se perdió una montura: precisamente aquella que esa misma tarde había estado montando uno de ellos, Ghioni. El otro, enfurecido, lo obligó a salir en mitad de la inclemente noche para buscarlo, y he aquí que no aparecieron nunca más ni el caballo ni el desdichado cuidador.

La perplejidad del autillo. Autor, Dominic Sherony

La perplejidad del autillo. Autor, Dominic Sherony

Su hermano recorrió durante muchos días los bosques cercanos tras la pista de Ghioni, pero todos los esfuerzos fueron baldíos. Una noche, agotadas sus fuerzas, se postró en el suelo del bosque para no levantarse más. Pero he aquí que la diosa Artemisa se apareció ante él, y con el fin de aliviar sus penas lo transformó en autillo, para que siguiese sin tregua tras la pista de su añorado hermano, noche tras noche. Y así lo hace: la vista penetrante, el vuelo raudo, e incansable en su llamada angustiosa que desde entonces los hombres oyen sin cesar durante las tranquilas madrugadas de estío: ¡Ghioni… Ghioni… Ghioni!

Bosque mediterráneo en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera

Bosque mediterráneo en el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Autor, desconocido

Algo habrá de cierto, sin embargo, en esta leyenda de cariño filial. La ciencia afirma que los autillos son aves tremendamente emotivas, y las parejas duran toda la vida, hasta la muerte de uno de sus miembros. De hecho no es raro encontrar numerosas muestras de cariño en los autillos, y que hacen recordar (para el que tenga la suerte de descubrirlos) el amor que se profesaron alguna vez los desdichados hermanos de la leyenda…

Autor, Israel Jashir

De nuevo, la noche. Autor, Israel Jashir

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Fotografía de portada: El color de La Mancha. Autor, desconocido.
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Villanueva de los Infantes y el origen de sus Cruces de Mayo (3ª Parte)

Villanueva de los Infantes y el origen de sus Cruces de Mayo (3ª Parte)

La tradición de las cruces de Mayo adquiere en Villanueva de los Infantes una notoriedad especial, debido sobre todo a la amplia tradición existente y al entusiasmo con que jóvenes y mayores, residentes y visitantes, llevan a cabo en estas fechas las abundantes muestras de fervor popular. Ya a finales de abril se abrió la XIX Muestra Comarcal de Mayos en el Auditorio municipal La Encarnación, donde las rondallas locales tuvieron que interpretar un Mayo y una pieza extraída de su repertorio.

Este estreno viene ni que pintado para la denominada Noche de las Damas, cuando las mismas rondallas recorren al anochecer calles y plazas del pueblo «echando el Mayo» a las señoras de sus desvelos. Por supuesto la primera Dama es Nuestra Sra. de la Antigua, y la tradición exige empezar cantando el «Mayo a la Virgen» frente a la puerta de la Iglesia Parroquial.

2º premio Concurso de Cruces año 2014. Autor, Mariano Perez Gabaldón

2º premio Concurso de Cruces año 2014. Autor, Mariano Perez Gabaldón

El momento culmen comienza a las tres de la tarde del día 2 de mayo, cuando se encienden las hogueras que por todo el casco urbano señalarán la presencia de una Cruz. Existen multitud de capillas en las calles donde, normalmente por promesa u ofrenda de alguna familia, puede erigirse una Cruz. Pero éstas también suelen levantarse en el interior de las viviendas, normalmente en una habitación próxima a la entrada a fin de poder recibir las constantes visitas que se sucederán durante las siguientes 24 horas. Antiguamente el mantenimiento de las Cruces corría a cargo de los vecinos de la calle donde se ubicaba la capilla. Cuando ésta no existía (o el espacio resultaba insuficiente para albergar al público) se incrementaba el espacio con galeras y esteras sujetas con palos.

Plaza Mayor de Vva. de los Infantes. Autor, Castor Game

Plaza Mayor de Vva. de los Infantes. Autor, Castor Game

Y es que la contemplación de estas Cruces era y es el alma de la celebración, de modo que cualquiera puede asistir recibiendo a cambio el tradicional ponche y «puñao», es decir, un aperitivo de corte sencillo pero emotivo compuesto por trigo tostado, anises, cañamones y palomitas de maíz. Para aquellos que lo deseen la hospitalidad de las «peanas» o custodias de la Cruz es todavía mayor, y así resulta todo un honor acceder hasta el «Charco» para recibir dulces y otros comestibles todavía más sabrosos. A la Cruz acuden las cuadrillas de «mayeros» para cantar el Mayo de la Cruz, un tipo de composición en la que las coplas pícaras ceden el protagonismo a escenas de la Pasión del Señor.

Cantando el mayo. Autor, Mariano Perez Gabaldón

Cantando el mayo. Autor, Mariano Perez Gabaldón

La ornamentación de las Cruces ha sufrido muchos cambios a lo largo del tiempo. A principios de siglo era sobre todo a base de motivos naturales: flores, macetas con rosales y otras plantas, romero oloroso y abundante iluminación a base de candelabros con cirios de cera. Con la llegada de la luz eléctrica (inaugurada en el verano de 1903) comenzó la era de las bombillas de arco voltaico, que se combinaban para formar llamativos reclamos junto a encajes, colchas, mantones y algún que otro espejo estratégicamente dispuesto para incrementar el efecto de los adornos.

Caminando todos juntos por el Campo de Montiel. Autor, Mancomunidad Campo de Montiel

Caminando todos juntos por el Campo de Montiel. Autor, Mancomunidad Campo de Montiel

En aquellos años podían participar hasta dos bandas de música, las cuales se esmeraban y competían durante la jornada tocando «mayos» de calle en calle. Hoy esa tradición ha cedido su protagonismo al encanto de las rondallas, que al caer la noche se «enseñorean» del pueblo para gozo de los amantes de la trasnochada. Pero entonces la noche era también de fiesta, y hasta tal punto fue así que llegaron a pregonarse bandos pidiendo moderación a los “mocicos”. Otros «mayos» de renombre fueron los dedicados a Jesús Nazareno de Santo Domingo, el ya citado a la Virgen, y los del Cristo de la Piedad y Jesús Rescatado.

Una deliciosa tarta de Santiago. Autor, Bollitttos

Una deliciosa tarta de Santiago. Autor, Bollitttos

Así pasaban las horas hasta la llegada de la luz del día, el 3 de mayo, cuando por aquellos años se oficiaba el acto religioso más importante de la festividad: la Sagrada Misa en la parroquia. Antes, la denominada Santa Cruz de las Reliquias era sacada a hombros por toda la plaza: se trataba de una obra de gran valor artístico ubicada en la hornacina de un retablo neoclásico, existente donde hoy podemos admirar el retablo de Santo Tomás. Eran las horas previas al final de la celebración. Y a las tres de la tarde, como una medianoche de Cenicienta, las hogueras se apagaban y el encanto de las Cruces pasaba el relevo a cierta resaca de canciones, de misticismo satisfecho y de pasión por unas tradiciones que, todavía hoy, se mantienen adornando la ya esmerada historia de los infanteños. Las Damas se recogen, las rondallas guardan sus coplas e instrumentos y las macetas vuelven a adornar, como cada año, la blancura inmaculada de los patios manchegos… Es el momento de descansar. Y tal como entonces, las Cruces de Mayo duermen ya a la espera de una nueva y aún más esplendorosa edición que engalane la primavera.

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Villanueva de los Infantes y el origen de sus Cruces de Mayo (2ª Parte)

Villanueva de los Infantes y el origen de sus Cruces de Mayo (2ª Parte)

Santa Elena murió rogando a todos los creyentes que honraran la conmemoración del día en que fue encontrada la Cruz el 3 de mayo. Esta fiesta, en su vertiente popular, es una de las más señaladas de Villanueva de los Infantes, aunque hay que decir que posee también hondo arraigo en numerosas poblaciones del resto de España. La celebración de la Cruz de Mayo tal y como la conocemos nació en el siglo XVIII (probablemente sea todavía más antigua, aunque la ausencia de referencias documentales no nos permite asegurarlo) y alcanzó su máximo esplendor en el periodo decimonónico. Destacan para entonces las cruces de tamaño natural custodiando las calles, o en el interior de las casas, y la profusión de flores, pañuelos, macetas, candelabros o cuadros piadosos con que aparecen adornadas ante el asombrado espectador.

La plaza Mayor. Autor, Ernegon

La plaza Mayor. Autor, Ernegon

Este año el pregón de las cruces ha estado a cargo de Carlos Chaparro Contreras, pero ya a finales de abril las calles se han visto inundadas por la pasión musical de las rondallas, que recorren el pueblo “echando el mayo” a las damas objeto de sus desvelos (y a las que no, también). Y es que, de carácter mucho más profano, las rondallas adquieren un marcado carácter clásico que entronca directamente con la poesía amorosa medieval, la de los trovadores de la lírica provenzal que entró en la Península a lo largo de los siglos XIII-XIV y que fue popularizada en plazas, villorrios y palacios por los juglares.

La Asociación Cruz de Santiago canta el mayo. Autor, Excmo. Ayuntamiento de Vva. de los Infantes

La Asociación Cruz de Santiago canta el mayo. Autor, Excmo. Ayuntamiento de Vva. de los Infantes

Es cierto que en Villanueva de los Infantes existen mayos de naturaleza religiosa, pero sin duda es el “mayo de las Damas” el que destaca por su espontaneidad y su relación inequívoca con la obra de Don Miguel de Cervantes “El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”. Resulta electrizante rememorar ahora el efecto que produce la visión de estos galanes empedernidos, durante la templada noche que cierra el mes de abril, recorriendo las mismas calles que vieron salir al inmortal caballero en pos de aventuras y lances gloriosos que le hiciesen merecer el amor de la sin par Dulcinea del Toboso. Las rondallas están formadas sobre todo por hombres jóvenes que cantan bajo el balcón acompañados por el son de guitarras y bandurrias…

Esas son tus cejas
Dos arcos del cielo
Que el sol con sus rayos
No pudo romperlos.

Trovador de la Edad Media. Autor, desconocidoTrovador de la Edad Media. Autor, desconocido

…mientras que la declaración de intenciones, como no podía ser de otra forma, se recrea en la visión idealista y primaveral de las beldades de la amada, haciendo de cada uno de sus atributos un verdadero regalo del cielo:

Esas tus mejillas
Dos grandes violetas
No ha llegado mayo
Y ya están abiertas.

Esos son tus ojos
Luceros del alba
Que cuando los abres
La noche se aclara.

Continuará…

Atardecer en el Campo de Montiel. Autora, Elvira Uzábal

Atardecer en el Campo de Montiel. Autora, Elvira Uzábal

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Villanueva de los Infantes y el origen de sus cruces de mayo (1ª parte)

Villanueva de los Infantes y el origen de sus cruces de mayo (1ª parte)

En estos días de plenitud primaveral las fiestas de las Cruces de Mayo se presentan como un encuentro cristiano de primerísimo orden, impregnado además con la exaltación pagana de la estación de la siembra y la fertilidad. En Villanueva de los Infantes, en pleno Campo de Montiel, las Cruces de Mayo son por añadidura una ocasión especial y evento destacado en el panorama festivo de Castilla-La Mancha, puesto que la celebración está declarada de Interés Turístico Regional desde el 23 de marzo de 1999.

Cruz de Mayo en el Convento Franciscano de Villanueva de los Infantes. Mayo 2010. Autor, Soy Cofrade

Cruz de Mayo en el Convento Franciscano de Villanueva de los Infantes. Mayo 2010. Autor, Soy Cofrade

A pesar de su clara afinidad cristiana, la fiesta de la Santa Cruz tiene orígenes oscuros, perdidos en la incógnita de los ritos precristianos que proliferaron en toda Europa antes de la llegada de los primeros evangelizadores. En España aparece ya establecida en época mozárabe, pero es sabido que esta celebración procede a su vez de antiguos ritos griegos y fenicios relacionados con el cambio de estaciones. La fiesta fenicia de exaltación de la primavera se denominaba, precisamente, mayumea. Los celtas la llamaban en cambio Beltane y marcaba el comienzo de la temporada de verano, cuando los pastores conducían al ganado a las tierras de pasto situadas cerca de las cumbres. Los pueblos celtas encendían hogueras en las montañas, y durante la jornada principal adornaban de flores y abalorios un tótem sagrado, lo que a su vez se acompañaba de danzas, cánticos y diversos rituales de significado religioso y político.

Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes. Autor, Dubas

Plaza Mayor de Villanueva de los Infantes. Autor, Dubas

Con la llegada del cristianismo los tótems y ritos paganos se sustituyeron por la imagen de la Santa Cruz. En España la festividad de las Cruces de Mayo estaba ya firmemente arraigada durante la Alta Edad Media, relacionándola con el hallazgo de la auténtica cruz de Cristo por Santa Elena en el año 326. Efectivamente, durante el viaje que la emperatriz Elena de Constantinopla (madre del que fue gran Emperador Constantino I el Grande) realizó a Jerusalén con objeto de encontrar el Santo Sepulcro, ésta hizo demoler el templo pagano situado en el Calvario de la ciudad santa, allí donde los sabios judíos afirmaban que se había dado muerte al Salvador.

Escultura Memento Mori. Cementerio de Villanueva de los Infantes. Autor de la fotografía, Carlos Chaparro Contreras

Escultura Memento Mori. Cementerio de Villanueva de los Infantes. Autor de la fotografía, Carlos Chaparro Contreras

Según la leyenda la emperatriz encontró tres cruces: una de ellas debía ser la de Jesús, mientras que las otras pertenecerían a los dos ladrones. Como era imposible averiguar a ciencia cierta cuál de las tres cruces sería la de Cristo, Santa Elena hizo traer el cadáver de un hombre recientemente fallecido, el cual, al entrar en contacto con la verdadera cruz, o Vera Cruz, resucitó. La emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo que llamaron Basílica del Santo Sepulcro, donde desde entonces se guarda la reliquia objeto de esta antiquísima celebración.

Continuará…

Valle del río Jabalón. Autor, Entorno Jamila

Valle del río Jabalón. Autor, Entorno Jamila

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San Francisco Javier y la Javierada. Un hito religioso en tierras navarras (1ª parte)

“Francisco, capitán de Dios, ha terminado sus cruceros. Ya no le queda suela a sus plantas y tiene más gastado el cuerpo que la sotana. Ha llevado adelante lo que le indicaron que hiciera; no todo, pero sí lo que pudo. Se acuesta sobre la tierra, porque no puede más. Y es verdad que ahí cerca tiene a China, y es verdad que aún no la ha pisado. Pero ya no puede adentrarse, muere ante ella; se tiende, pone a su vera el breviario. Dice “Jesús”. Perdona a sus enemigos, hace su plegaria y, tranquilo, como un soldado, pies juntos, cuerpo erguido, cierra austeramente los ojos y se cubre con la señal de la cruz”.

Vista desde el Castillo de Javier. Autor, Viajar sin Destino

Vista desde el Castillo de Javier. Autor, Viajar sin Destino

Las palabras de Claudel ilustran bellamente el momento de la entrega del alma del que fuera un peregrino incansable por este mundo de Dios, navarro por más señas y del Castillo de Javier, que expiró a las puertas de China en el amanecer del día 3 de diciembre de 1552. Se trataba de San Francisco Javier, miembro del grupo precursor de la Compañía de Jesús y estrecho colaborador de su fundador, Ignacio de Loyola.

Detalle de la vida de San Francisco Javier. Autora, Jacqueline Poggi

Detalle de la vida de San Francisco Javier. Autora, Jacqueline Poggi

El Castillo de Javier se encuentra cercano a la localidad del mismo nombre, sobre una colina cercana donde exhibe su estampa clásica al estilo de las grandes fortificaciones renacentistas de Francia o Alemania. Pero el castillo de Javier es mucho más antiguo, ya que sus orígenes se remontan a los comienzos del X. Efectivamente, en su base se conservan todavía algunos zócalos de confección musulmana y que podrían ser de aquella lejana época, aunque la construcción, tal y como la podemos ver ahora, es mucho más reciente y de origen cristiano. Del siglo XI data el primer edificio y su recinto, mientras que no fue sino hasta dos siglos más tarde cuando se añadieron varios cuerpos poligonales y torres que le dieron su configuración definitiva. Era la época del rey Sancho VII de Navarra, héroe de las Navas de Tolosa y cuñado del archiconocido Ricardo Corazón de León. En torno al año 1223 el castillo pasó a su poder debido a los impagos de su anterior propietario, y desde entonces la historia le fue muy dispar, llegando a quedar abandonado y al borde de la ruina más absoluta a finales del siglo XIX.

Javierada año 2011. Autor, Parroquia de Santa Engracia

Javierada año 2011. Autor, Parroquia de Santa Engracia

Tuvo que llegar 1940 para que la cuna de San Francisco Javier fuera catapultada a la fama con la celebración de la Javierada, peregrinación religiosa en honor al Santo y que en próximas fechas tendremos ocasión de disfrutar de pleno. Efectivamente, en la actualidad se realizan dos convocatorias de la Javierada sin distinción de sexo: en la primera participan sobre todo diversos pueblos del sur de Navarra, que se dirigen hacia el castillo el primer domingo entre el 4 y el 12 de marzo. El segundo turno, en cambio, se realiza con mayor devoción si cabe para el sábado siguiente.

El jesuita viajero. Autor, Víctor Gomez

El jesuita viajero. Autor, Víctor Gómez

Francisco Javier fue canonizado en 1622, al mismo tiempo que santos insignes de la talla de Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, Felipe Neri e Isidro el Labrador. Uno de los tripulantes del navío que lo llevó hasta las costas donde había de encontrar la muerte, había aconsejado que se llenase de barro el féretro para poder trasladar más tarde los restos. Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba. Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro. El cuerpo fue trasladado a Malaca donde todos salieron a recibirlo con gran gozo, y a finales de ese mismo año se llevó a Goa, en la costa oeste de la India, donde los médicos comprobaron que efectivamente el cuerpo no había sufrido los estragos habituales de la muerte y se hallaba incorrupto. Ahí reposa todavía, en la iglesia del Buen Jesús.

Restos de la iglesia jesuita de San Paulo. Macao, China. Autor, Viajando ando

Restos de la iglesia jesuita de San Paulo. Macao, China. Autor, Viajando ando

La Javierada tuvo ya un loable intento de instauración en el siglo XIX, concretamente el 4 de marzo de 1886. Entonces la peregrinación fue organizada por la Diputación Foral de Navarra como agradecimiento al santo por haber evitado (según creencia popular de la época) una grave epidemia de cólera que sí causó numerosas bajas en otras zonas. Pero fue el 10 de marzo de 1940 cuando podemos hablar realmente de la primera Javierada, llevada a cabo por los carlistas de la Hermandad de Caballeros Voluntarios de la Cruz en un intento de «perpetuar el espíritu de la Cruzada». Al año siguiente se convocó de forma oficial para el segundo domingo de marzo. La participación popular fue tal que tan solo 20 años más tarde se decidió organizar una Javierada exclusivamente femenina. Ésta se hacía durante el fin de semana posterior al masculino, y a pesar de los intentos de la Iglesia por evitarlo, la versión femenina siguió ganando adeptas hasta el punto de resultar inevitable la instalación de puestos de socorro en el camino, para tratar los frecuentes desfallecimientos que se producían en la marcha.

Continuará…

Puesta de sol en Goa, India. Autor, Shahnawaz Sid

Puesta de sol en Goa, India. Autor, Shahnawaz Sid

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Toledo, las cuevas de Hércules y la Leyenda de la Mesa del rey Salomón

Toledo, las cuevas de Hércules y la Leyenda de la Mesa del rey Salomón

Según narra una antiquísima historia, Hércules construyó un palacio hechizado de jade y mármol cerca de Toledo y ocultó allí, bajo la forma de abundantes riquezas, todas las desgracias que amenazaban a España. Durante los últimos años varios investigadores han dado por sentado que el verdadero tesoro de los reyes hispanos nunca se halló, ni tampoco abandonó la capital visigoda con la invasión islámica en 711, e investigan el Toledo más oculto en busca de pruebas que puedan sustentar su tesis. Hoy se sabe que las cuevas de Hércules, donde si hemos de dar fe a la leyenda reposó por un tiempo la sublime mesa del rey Salomón, son unos subterráneos abovedados de época romana que se encuentran bajo lo que fue la iglesia de San Ginés, desaparecida en 1841. Ésta es, en boca de algunos, la crónica exacta de los hechos, acaecidos cuando la ciudad cayó en poder de los ejércitos de Alá conducidos por Tariq, llamado también el Pegador:

Puente de Alcántara sobre el río Tajo, en Toledo. Autor, Francisco Javier Martín

Puente de Alcántara sobre el río Tajo, en Toledo. Autor: Francisco Javier Martín

“La fuente de tu sabiduría es grande, ¡oh, gran Hakim! Tú que has recorrido las tierras entre cinco mares, y buscaste la compasión de Dios en la soledad del desierto, en la templanza de tu voz o el valor de tu alfanje, ¡Cuéntanos, si te place, la historia de la Mesa del sabio Salomón y de cómo llevó consigo la perdición a los hombres!”.

“Alá es cien veces bendito, pues habéis de saber que en los días en que el gran Tariq sitió con sus tropas la ciudad de Toledo, le llegaron noticias a su campamento sobre los tesoros que se guardaban en las profundidades de la ciudad. Había allí ánforas repletas de esmeraldas, rubíes y maderas preciosas acumuladas durante siglos, junto a las veinticuatro diademas de oro de los veinticuatro reyes godos que reinaron en la ciudad. Pero más valiosa que todas esas alhajas juntas era la mesa del rey Salomón, hijo de David, de la que se decía que estaba tallada en una sola y enorme esmeralda, y que otorgaba al que la poseyese poderes maravillosos.

Escena callejera. Obra de Fabio Fabbi (1861-1946)

Escena callejera. Obra de Fabio Fabbi (1861-1946)

Las ruinas de la ciudad tras la conquista. Gustave Doré (1832-1883). Litografía

Las ruinas de la ciudad tras la conquista. Gustave Doré (1832-1883). Litografía

Aquella noche Tariq recibió en su campamento la visita de un renegado judío, oculto en densos ropajes, y que para llegar hasta allí había traspuesto las murallas al amparo de la oscuridad. Tariq lo hizo pasar a su tienda, y supo por él que sus hermanos judíos habían sido humillados y maltratados durante siglos por sus vecinos cristianos, y que debido a ello estaban dispuestos a entregar Toledo a su libertador, enviado del Califa de Oriente. Tariq se sintió halagado por ello, pero antes de cerrar trato alguno preguntó al judío por la mesa de la sabiduría, y si era cierto que se encontraba allí, que estaba tallada en una sola esmeralda y que el que la tuviese alcanzaría la comprensión de todas las cosas habidas y por haber.

Catedral de Toledo. Autor, Sincretic

Catedral de Toledo. Autor: Sincretic

El renegado afirmó que, en efecto, aquel raro prodigio se encontraba enterrado en las llamadas cuevas de Hércules, tras cuatro salas repletas de riquezas y custodiadas por dos gigantescos guardianes de bronce ¡Que Alá los destruya! Y el judío añadió: “Esta mesa es un espejo donde pueden contemplarse todos los grandes sucesos pasados o por venir, y todas las acciones dignas de renombre, tal y como el mismo Salomón hacía y por lo cual fue el más sabio entre los sabios. Pero has de saber, ¡oh, noble soldado! que la mesa fue depositada allí bajo las cadenas de un hechizo sagrado, que el rey Rodrigo violó este decreto y que por ello, según cuentan, fue castigado a perder su trono en favor tuyo y de tu pueblo. No cometas pues el mismo error y acata como buen creyente los designios del Profeta, quien dijo una vez: “No mezcléis la verdad con lo falso, ni ocultéis la verdad que conocéis”.

Detalle de la catedral de Toledo. Autor, Tiago Matías

Detalle de la catedral de Toledo. Autor: Tiago Matías

Danza en la terraza de palacio. Obra de Fabio Fabbi (1861-1946)

Danza en la terraza de palacio. Obra de Fabio Fabbi (1861-1946)

Pero Tariq, olvidando toda prudencia, no hizo caso de los consejos del judío. Aquella misma noche, una escogida banda de musulmanes se acercó a la muralla y los judíos les abrieron la poterna, y los escondieron en secreto en una torre poco vigilada y al amparo de las sombras. Al mismo tiempo, tres mil árabes se emboscaron en el lado opuesto del río, y al llegar la mañana saquearon con gran algarada los jardines y huertas de los arrabales, prendiendo fuego a las alquerías y retirándose finalmente hasta perderse de vista, como si Tariq hubiera renunciado a continuar el asedio. Al ver que el ejército invasor se marchaba, los cristianos abrieron las puertas de la ciudad y marcharon en procesión con gran gozo hasta una ermita cercana para dar gracias a su Dios, pues era Domingo de Ramos. No bien acabaron de ver esto, cuando los árabes apostados en la torre se abalanzaron fuera y cerraron las puertas de la ciudad, encendiendo una gran fogata en las murallas que fue vista por las tropas en retirada. A esta señal acordada, Tariq y los suyos volvieron grupas y atacaron la procesión en los aledaños de la ermita produciendo gran confusión y muerte, al tiempo que los apostados dentro de las murallas hacían lo suyo con cuanto hombre, mujer o niño encontraron. Yo estuve allí, ¡que Alá guarde mi salud por muchos años! Y os digo que la sangre y el humo cubrieron el sol al igual que la arena sobre los valles secos del Magreb, cuando llega en ráfagas furiosas desde el desierto, y a su paso hace que el día se transforme en noche.

Detalle de una calle de Toledo. Autor, FernandO

Detalle de una calle de Toledo. Autor: FernandO

La maldición de Rodrigo se cumplió y Tariq encontró un inmenso botín en el alcázar, situado en la parte más alta de la ciudad. Y al entrar en las cuevas de las entrañas de Toledo halló una mesa de valor inestimable, tal como le había contado el renegado judío, y fue tal su codicia que, habida cuenta de su gran peso, le arrancó una de sus patas talladas en verde esmeralda para conservarla en su poder. Según la tradición, el origen de esta reliquia es incierto. Fue tomada por los romanos después que destruyeron el templo sagrado de Jerusalén, y tras múltiples avatares arribó a Toledo, gobernada entonces por los godos, donde descansó hasta la llegada de Tariq y pasó a convertirse en la mesa bendecida de Dios”.

“Hemos comprendido, poderoso Hakim. Pero ¿Qué ocurrió con los negros designios que el judío había anunciado a Tariq la noche previa de la victoria? ¿Fue ésta la causa que llevó a su perdición?”.

Conversación privada en el harén. Frederick Lewis. Óleo sobre tabla, 1873

Conversación privada en el harén. Frederick Lewis. Óleo sobre tabla, 1873

Misteriosas cuevas y subterráneos. Autor, Samuel Santos

Misteriosas cuevas y subterráneos. Autor: Samuel Santos

“Alá dispone los destinos de cada cual, y todos los que ambicionaron la mesa del rey sabio tuvieron un merecido castigo. Pues esta maravillosa reliquia, conservada por Tariq como el más precioso de sus hallazgos, fue tomada a su vez por el gobernador Muza, quien la destinó como presente al Califa de todos los creyentes. Tras muchos meses de viaje ambos llegaron hasta la ciudad de las ciudades, Damasco, donde florecen los dátiles y la miel como agua cristalina entre las dunas, y allí se presentaron al Califa Al-Walid rindiéndole cuenta de las victorias realizadas en Al-Ándalus. Pero Muza, envidioso de las hazañas de su general, otorgose en exclusiva el mérito de la conquista de España y el hallazgo de la mesa, para desgracia de su general, que por entonces se hallaba ausente inspeccionando unas murallas. Éste, al saberlo, regresó precipitadamente y apeló a la gracia del soberano, pidiéndole que preguntase a Muza la causa de que la sublime mesa careciese de una de sus patas, puesto que debía saberlo al ser su responsable y custodio. Efectivamente, al inspeccionar la reliquia descubrieron que una de las patas originales de esmeralda había sido reemplazada por otra de oro, y preguntado Muza, éste no supo explicar la razón de tal cambio. Entonces Tariq, paladeando su triunfo, sacó de un pliegue de sus ropajes la pata perdida, y así quedó demostrado que Muza mentía y que Tariq era el verdadero conquistador de Al-Ándalus.

Un paseo por las calles de Toledo. Autor, Sinsistema

Un paseo por las calles de Toledo. Autor: Sinsistema

El Califa Al-Walid se enojó y dijo a Muza: “Te has jactado de tus propios méritos, olvidando los merecimientos de los demás. ¡Caiga pues sobre tu cabeza la consecuencia de tus actos!”, y seguidamente le confiscó sus propiedades y lo hizo azotar, terminando sus días en la cárcel, denigrado de todos y en la más absoluta pobreza. Así pues, Tariq alcanzó una gran victoria sobre su antiguo gobernador. Pero ésta le resultó efímera. Los caminos de Alá son inescrutables, y estaba escrito que también él acabaría aborreciendo el día en que atravesó las puertas de Toledo para hacer suyos sus tesoros, atrayendo hacia si la maldición que pesaba sobre la mesa. Con la muerte del Califa Al-Walid y la subida al trono de su hijo Sulayman, la envidia de este soberano, que había visto como el viejo general acaparaba riquezas y alabanzas en vida de su padre, lo condujeron a planear su caída y destierro. Tariq murió finalmente olvidado de todos, y algunos piensan que la mesa regresó después por caminos ignotos hasta las tierras de Poniente, donde se encuentra Al-Ándalus, aunque nadie sabe en realidad cuál es su paradero exacto.

La cueva del tesoro. Obra de Maxfield Parrish (1870–1966)

La cueva del tesoro. Obra de Maxfield Parrish (1870–1966)

13. Panorámica de Toledo. Autor, Diliff

Panorámica de Toledo. Autor: Diliff

Pero, ¡oídme! Está escrito que la maldición de Tariq y Muza pesa también sobre sus hijos, humildes creyentes del verdadero Dios. Y que  ha de llegar el día en que las recordadas huertas cordobesas, el aire delicado y fragante, los surtidores de la Alhambra, o la belleza de las vegas floridas junto al río Genil, todas esas cosas se perderán para siempre a nuestros ojos por causa de aquel pecado. No tengo más recuerdos ni más palabras que deciros, y mis viejos ojos están ya secos para llorar. Pero habéis de saber, queridos huéspedes y oyentes, que el destino se cumplirá tal y como yo os lo he contado”.

Escena galante en el desierto. Emile Vernet. Óleo sobre lienzo, 1840

Escena galante en el desierto. Emile Vernet. Óleo sobre lienzo, 1840

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Viaje mágico a Muros. Tras los pasos de la Santa Compaña

Viaje mágico a Muros. Tras los pasos de la Santa Compaña

A pesar del tiempo y de unos modos de vida que, lo queramos o no, han embotado nuestra capacidad de asombro ante lo desconocido, la brumosa Galicia es todavía hoy escenario de leyendas a medio camino entre el mito y la realidad. Historias tejidas de humo, bordadas y añoradas con mimo al amparo de aldeas, corredeiras, maizales junto al camino y bosques sin fin. Frente a la lumbre surge, en la voz del narrador, la figura de la meiga voladora y los mouros guardianes de tesoros. O el recuerdo del buey mugidor, que alerta bajo las aguas de un lago deja oír sus bramidos a quien sepa escucharlos. Pero quizás la leyenda gallega más rica en hechos verídicos a tenor de las gentes que pueblan el lugar, es el mito de la Procesión de Ánimas o Santa Compaña…

2. Parroquia de Esteiro, en Muros.

Parroquia de Esteiro, en Muros. Autor: L. Miguel Bugallo Sánchez

3. Procesión nocturna. Autor, Antramir

Procesión nocturna. Autor: Antramir

Uno de los municipios gallegos donde se encuentra más arraigada esta creencia es Muros, en las Rías Baixas coruñesas. La Estadea, como también se la denomina, suele mostrarse durante la noche en forma de procesión de difuntos, y los que han tenido el raro privilegio de contemplarla la describen como aparición espectral: una larga fila de ánimas con cirios encendidos, avanzando por los campos tras un estandarte y en un silencio casi absoluto, solo roto de tanto en tanto por el tenue sonido de una campanilla. Se dice que aquel que cruza sus pasos con ella puede saber quién está pronto a morir, puesto que el espíritu del todavía vivo camina junto a su propio ataúd y lleva en sus manos la vela más pequeña de todas.

Campesinos en la niebla. Francisco Pradilla y Ortiz. Óleo sobre lienzo, 1907

Campesinos en la niebla. Francisco Pradilla y Ortiz. Óleo sobre lienzo, 1907

Las historias sobre la Santa Compaña se repiten insistentemente de padres a hijos, tal y como si realmente hubiesen sucedido. Lo que a continuación transcribimos está basado en el testimonio de una anciana de Esteiro (parroquia de Muros) sobre cierto hecho acaecido hacia 1949, cuando ella era todavía una niña. Según el relato que recoge la escritora Mª José Viñas, su madre y ella estaban lavando en el río cuando se les acercó a toda prisa una campesina de la zona llamada Remedios. «El semblante de la joven mostraba preocupación» comentó la anciana «y tras preguntarle la causa refirió que la noche anterior, al entrar en casa después de despedirse del mozo, había visto descender lentamente por las escaleras una caja de difuntos blanca».

Santa Compaña. Autor, Tatonazo

Santa Compaña. Autor: Tatonazo

«Remedios se asustó muchísimo al pensar que se trataba de la Estadea anunciando una muerte inminente, y por el tipo de ataúd supuso que algo iba a ocurrirle a su hermana, que estaba encinta, o bien al bebé. Pero el niño nació sin problemas y la madre lo crió más sano que un roble”. Su interlocutora dejó de escribir, y preguntó entonces si la Santa Compaña se había equivocado esta vez, a lo que la vieja respondía: “Fue Remedios quien cayó enferma. Un año después de aquello pasó a mejor vida”.

Paisaje en la ría de Muros. Autor, Amaianos

Paisaje en la ría de Muros. Autor: Amaianos

Ojo en la niebla, Autor, Tegioz

Ojo en la niebla. Autor: Tegioz

Hay un viejo refrán que dice “La verdad a medias es mentira verdadera”, así que la testigo continuó con el relato para despejar toda duda: “Algunos piensan que la muerte fue debida a otras razones, la mala comida, el frío de las nieblas que se te mete en el alma, o acaso algún mal de ojo. Pero mientras andaba convaleciente, Remedios soñaba cosas raras. Cierto día vio al cura pasar a todo correr por allí, agarrándose el sombrero con la mano. En otra ocasión observó un cortejo fúnebre junto a la casa y cómo el ataúd, que llevaban en andas, se caía repentinamente al suelo. Su madre le hacía callar diciendo que tales cosas no habían sucedido, pero ella insistía.

Y el día que Remedios se fue, todo acabó cumpliéndose tal y como había predicho: la caja resultó ser de color blanco, aunque esa misma mañana la forraron de azul; El cura llegó tarde al entierro y apareció corriendo por el sendero con el sombrero bien sujeto, para evitar que el aire se lo llevase; y cuando los amigos de la moza cargaron con el ataúd para llevarlo finalmente al camposanto, éste se les cayó por culpa de la lluvia recién caída y lo embarrado de la pendiente”.

8. El bosque húmedo gallego. Autor, FreeCat

El bosque húmedo gallego. Autor: FreeCat

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Días y noches en el camino de Santiago. La vida cotidiana de un peregrino medieval (5ª Parte)

A casi cien kilómetros de Santiago salían a recibir a los peregrinos

A casi cien kilómetros de Santiago salían a recibir a los peregrinos los juglares gallegos, con típicos cantos, romances y narraciones de los milagros del santo Apóstol. Ellos les acompañaban el resto del camino hasta dar vista a la ciudad. Otros acompañantes eran los comerciantes, que se hacían cada vez más numerosos a medida que se aproximaba Compostela. Ofrecían hospedaje, buena comida y alojamientos, cambio de dinero y toda clase de reliquias y baratijas, como conchas o vieiras. Doce kilómetros separan a Labacolla de Santiago, con el repecho del Monte del Gozo donde veían los peregrinos medievales la tan deseada ciudad, si es que el orvallo, la lluvia o la niebla no se lo impedían. El gozo era indescriptible. Se contagiaban unos a otros entonando himnos de júbilo. Se hincaban de rodillas para dar gracias a Dios por haberles concedido la gracia de arribar al término deseado. Repuestos de la primera impresión, emprendían la carrera final. Cuesta abajo se apresuraban y hasta corrían los peregrinos, emulándose celosamente. El primero que llegaba a la catedral era declarado rey del grupo, dignidad que a algunos les hizo tanta ilusión que tomaron ese título como apellido, de donde muchos franceses han heredado el apellido “Leroy”.

camino santiago

Señalando el camino. Autor, sabersabor.es

2. Pazo de Raxoi. Compostela. Autor, Amaianos

Pazo de Raxoi. Compostela. Autor, Amaianos

Santiago, en tiempos medievales, era muy distinta de lo que hoy conocemos. Poseía las casa típicas de la época: dos o a lo más tres plantas, de humilde apariencia y escasa comodidad. Las calles, estrechas y tortuosas, eran como las que hoy encontramos en lo más viejo de Compostela, las típicas rúas, que hoy se han quedado demasiado estrechas para el tráfico moderno. Por el barrio de San Lázaro entraban presurosos los peregrinos, sin detenerse, buscando el camino más corto hasta la Catedral, donde eran recibidos oficialmente por uno o varios canónigos con su largo acompañamiento de sacristanes, clérigos y monaguillos. Solamente en casos de notabilísimos peregrinos, que podían ser reyes, duques u otros nobles, era el arzobispo el que recibía y oficiaba. Sonaban entonces las chirimías de plata, que aún se oyen en las procesiones presididas por el arzobispo de Santiago.

 

3. Luz oculta del Universo. Autor, Fusky

Luz oculta del Universo. Autor, Fusky

4. Vista de Santiago en primavera. Autor, Compostelavirtual

Vista de Santiago en primavera. Autor, Compostelavirtual

Hecho un relativo silencio, después de una no corta prédica, se impartía la absolución de todos los pecados. Los peregrinos se sentían como si en aquel momento hubieran acabado de recibir las aguas bautismales. Se narraba la leyenda del hallazgo de la tumba del apóstol Santiago, allá por el siglo IX, cuando un ermitaño que vivía en aquellos parajes vio caer por la noche una lluvia de estrellas sobre un determinado lugar. La repetición en los siguientes días del mismo hecho le llevó a la convicción de que aquello era una señal y aviso del cielo, y fue a comunicarlo al obispo de Iria Flavia, donde estaba la residencia episcopal. El obispo Teodomiro se desplazó hasta el lugar y pudo ver por si mismo la portentosa lluvia estelar. Con su comitiva se dirigió al punto exacto y encontró una pequeña cueva, y en ella un cuerpo yacente vestido de hábitos pontificales, llegándose a la conclusión de que aquel era el cuerpo de Santiago el Mayor, del que se sabía que estaba enterrado en la comarca pero sin haberlo podido hallar hasta entonces.

 

5. El espectáculo del Botafumeiro. Autor, Carlos, Octavio Uranga

El espectáculo del Botafumeiro. Autor, Carlos, Octavio Uranga

6. La Catedral. Autor, Bernavazqueze

La Catedral. Autor, Bernavazqueze

La Vía Láctea, camino lechoso de estrellas, nos ha traído a Compostela y cumplido su fin. No importa ya que desaparezca de nuestra vista, porque si mirando a las estrellas se puede llegar a Santiago, al entrar en la ciudad es muy probable que se oculten al peregrino debido a la lluvia tan asociada al paisaje gallego, como ocurrió a los Reyes Magos cuando dieron con el lugar en que nació el Redentor. La Vía Láctea ha sido para nosotros nube luminosa que conducía a Israel por el desierto, según las palabras del Éxodo. Pero sea una lluvia sin descanso y sin tregua; un agua menudita, persistente y fina de calabobos; o de un violento chaparrón, como si sobre el pueblo se desplomasen los cielos, Santiago y la contemplación de la Catedral quedarán para siempre grabados en el alma del peregrino. He aquí las palabras que Gerardo Diego dedicó a esta privilegiada contemplación:

“Aquella noche de mi amor en vela
Grité con voz de arista, dura y fría:
Creced, mellizos lirios de osadía,
Creced, pujad, torres de Compostela.
Todos los santos, sí. Ni una candela
Faltó a la cita unánime. Y se oía,
Junto a Gelmírez, por la Platería,
El liso resbalar de un vuelo en vela,
La ronda de los Ángeles. Yo oculto
Entre las sombras de los soportales (…)
Para medir, grabar moles y estrellas,
Y el santo y seña de las catedrales”.

7. Espectacular vista panorámica de la Vía Láctea. Autor, Slworking2

Espectacular vista panorámica de la Vía Láctea. Autor, Slworking2

Y así, el camino y su verdad, lo que comienza y en un punto ha de terminar, con sus dificultades y sus peligros, con suaves complacencias o alegrías desbordantes, ha sido el destino de millones de personas de todas las épocas, lenguas y condiciones sociales. Nunca se ha cantado con palabras más bellas la experiencia de caminar a pie, despacio, porque peregrinar es bello siempre que haya espíritus que sepan percibir sensaciones, captar bellezas de la naturaleza, de la historia, de la leyenda o del arte:

“Bajo la luminosa, nocturna estela,
Entre la polvareda de los caminos,
En busca de Santiago de Compostela
Pasan, cantando salmos, los Peregrinos”.

8. Espectacular vista de la fachada de la Catedral. Autor, Hornet, 18

Espectacular vista de la fachada de la Catedral. Autor, Hornet, 18

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«Porque el viaje no comienza cuando preparas tu mochila, el viaje despega solo con soñarlo. Disfruta del Camino de Santiago»

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Casarás, la Leyenda del convento maldito

Casarás, la Leyenda del convento maldito

En los tiempos en que la sierra de Guadarrama era más alta, los prodigios brincaban entre las peñas y el cerro de la Mujer Muerta no tenía nombre, se levantaba en las vertientes boscosas de la Fuenfría un oscuro convento regentado por monjes templarios. A mediados de invierno eran pocos los caminantes que se aventuraban por aquellos parajes, tal era la inseguridad del camino entre pinos y brezales, pero sucedió que cierta noche vino a alojarse allí el Senescal templario Hugo de Mariñac, hombre adusto y violento que recibió el encargo de custodiar los tesoros de su Orden cuando ésta fue destruida por el rey francés Felipe.

2. El antiguo convento. Casa Eraso. Obra de Jusepe Leonardo. 1639

El antiguo convento. Casa Eraso. Obra de Jusepe Leonardo. 1639

Aquella noche no fue el único huésped del convento. Cierta castellana, esposa de un conde probado de Dios y con importantes propiedades en el valle, vino a pedir cobijo a los monjes por un viaje que pensaba hacer a Segovia, y el Senescal quedó de inmediato prendado de su hermosura. Mas la mujer rechazó todas sus pretensiones por honra que tenía de su marido y señor, y así el despechado templario, amigo de conjuros y hechicerías para cumplir lo que por gracia propia no le era posible, decidió visitar a un brujo de fama probada en aquellas montañas y que medraba en un lugar conocido por la cueva del Monje.

Pocos daban fe del sitio preciso y nadie se aventuraba allí a menos que hubiese un motivo muy poderoso que lidiar: algún mal de ojo, la maldición de unos pastos, una muerte silenciosa, un hechizo de amor. Pero el Senescal no dudó: sabía que pasada la Cruz y el prado de la fuente, llegábase a la cueva por una ladera poco empinada y sin árboles desde donde podían verse blanquear de hielo las cuestas umbrías del Peñalara. Y así llegó tras muchas vueltas al referido lugar, despejado y barrido por el viento, cuando la luna hacía brillar como plata vieja los manchones de nieve y la roca desnuda de la pradería. Había dejado de nevar, y al otro lado se veía una luz.

3. Valle de Valsaín, en la Sierra de Guadarrama. Autor, FDV

Valle de Valsaín, en la Sierra de Guadarrama. Autor: FDV

”¿Has traído al muchacho?” preguntó el brujo. ”Ese era el trato. Si es cierto todo lo que cuentan de ti no pasará de esta noche sin que la espiga quede desgranada” . Pero el brujo se le encaró y dijo: ”Sabes que lo hablado no termina aquí. Tendrás a la mujer, y la bella castellana te seguirá a donde tú vayas y habrá de amarte más que a su propia vida. Pero a cambio tienes que desvelarme el lugar donde guardas el gran tesoro del que eres custodio. Las riquezas de tu Orden han viajado contigo hasta la sierra, y aquí deben de hallarse, ocultas bajo estas breñas sombrías que todo lo callan. Dime su escondite y la mujer será tuya” .

Aquella noche se cumplió el deseo del Senescal. En la cueva, rezumante de humedad, ardían tres lámparas sobre un ara de sacrificio. Sobre el ara tendieron a un joven lugareño raptado esa misma tarde en el valle, y el brujo puso las manos sobre el rostro del muchacho y comenzó a cantar lúgubremente, con una cadencia fantasmal, y a medida que el canto se elevaba hacia el techo la redoma de barro que había a los pies de la víctima empezó a rebosar de un agua oscura y viscosa, parecida a la sangre. Mariñac no podía dejar de mirar, hechizado. Pasado un tiempo el brujo calló y cogió con la mano izquierda un cuchillo de bronce. ”Ahora mencionaré el nombre de tu castellana. Después, debes hacer sólo lo que yo te diga” dijo, y de inmediato gritó con clara voz mientras hundía el arma afilada hasta la empuñadura en el cuello del muchacho. Entonces un humo denso surgió de la redoma, se elevó en el aire viciado  y llenó por completo la estancia donde se encontraban. Todo se tornó turbio. Mas poco a poco, a la luz oscilante de las lámparas, el humo informe tomó un perfil conocido, se condensó y giró en el aire hasta quedar inmóvil frente al templario. Ante sus ojos maravillados se erguía una dama de bello rostro y ataviada con el traje del joven muerto sobre la mesa de sacrificio. Sus manos extendíanse hacia él, implorantes.

4. Sierra de Guadarrama. Ovidio Murguia de Castro. Óleo sobre lienzo, 1898

Sierra de Guadarrama. Ovidio Murguia de Castro. Óleo sobre lienzo, 1898

”Debes sacar tu espada y hundirla en el pecho de esta mujer” gritó el brujo. ”Entonces su corazón será tuyo, podrás tomarla y te amará sin remedio hasta la muerte. ¡Haz lo que te digo!” . Mariñac hizo lo que le había mandado y clavó su arma en el corazón de la joven, que se llevó las manos al pecho sin dejar de mirarlo. ”Todo está cumplido. Ahora tienes que respetar tu promesa” exigió. ”¡Incauto!”  gritó Hugo y de inmediato se echó a reír  ”¿Crees que los tesoros de la Orden te pertenecen? Ahora me marcharé con ella y no volverás a saber de mi”. Pero el brujo lo miró tristemente, y dijo ”Eres tú quien no has entendido nada. No has cumplido tu parte del trato y a causa de tu avaricia ella nunca será tuya. Acabas de atravesarle el corazón con tu propia espada” .

Y mientras esto decía la mujer abrió sus brazos, que hasta entonces había tenido junto al pecho, y de la herida abierta comenzó a manar abundante sangre que manchó sus ropas y se extendió como una sombra oscura por el suelo de la cueva. De inmediato se derrumbó y quedó muerta a los pies del templario. Éste, loco de rabia y de desesperación, mató al brujo y montando de nuevo su caballo, se lanzó ladera abajo y desapareció a galope tendido por el bosque de la Fuenfría para no ser visto nunca más.

5. Sierra de Guadarrama. Óleo sobre lienzo, 1869. Obra de Martín Rico

Sierra de Guadarrama. Óleo sobre lienzo, 1869. Obra de Martín Rico

Dicen que Hugo de Mariñac vaga todavía en espíritu junto a los bosques y las crestas empinadas que rodean Casarás. Hoy el convento ha desaparecido y sólo unas ruinas enlutadas de musgo y ortigas anuncian al viajero el lugar donde antaño se levantaba el convento maldito. Pero lo cierto es que en los días de tormenta, cuando las nubes plomizas bajan rodando por las pendientes del Peñalara y el bosque se entristece y se cubre de nieblas, puede oírse de nuevo al caballo del Senescal y a su jinete atronando las cuestas con los ecos de su galope. Pues el Tesoro de los Templarios nunca se encontró y Hugo de Mariñac está condenado a vigilarlo eternamente. Algún cazador extraviado en la cellisca lo ha visto pasar, más allá de las frondas que coronan el cerro de la Mujer Muerta, y cuentan después que en su celo va repasando sin tregua cada tronco, cada venero y cada brezo florecido, cuidando que el fantasma del brujo no pueda descubrir nunca el escondrijo que le llevó a la muerte y que fue origen de tantas desgracias.

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Días y noches en el Camino de Santiago. La vida cotidiana de un peregrino medieval (4ª Parte)

Días y noches en el Camino de Santiago. La vida cotidiana de un peregrino medieval (4ª Parte)

Los peregrinos a Santiago, los santiagueros, estaban muy orgullosos de su viaje y no querían ser confundidos con ningún otro:

¿A dónde vas, romero,
por la calzada?
Que yo no soy romero,
Soy santiaguero.
A Roma van por tierra,
Yo miro al cielo.
Va la luna conmigo
Descalza. Y sigo.

Y aún menos cuando, después de pasadas las puertas de León y los puertos de Irago y del monte Cebrero, se llegaba finalmente a la tierra de los gallegos. El francés Picaud la describía así en el Codex Calixtinus: “frondosa, con ríos y prados, abundante en campos de manzanos, buenos frutos y clarísimas fuentes; rara en ciudades, villas y sembrados; escasa en pan de trigo y en vino; rica en pan de centeno y en sidra; abundante en ganados y bestias, leche, miel y enormes pescados de mar, pocos de ellos comestibles (…) Las gentes gallegas, mejor que las demás gentes españolas, son las que más se parecen a las nuestras francesas, por las costumbres cultas; pero los tienen por iracundos y litigiosos en gran manera”.

 

1. Puente en Sahagun. Autor, Calafellvalo

Puente en Sahagún. Autor, Calafellvalo

2. Bosque milenario en Barbadelo. Lugo. Autor, FreeSat

Bosque milenario en Barbadelo. Lugo. Autor, FreeSat

Podemos estar conformes o no con algunas de estas afirmaciones, pero lo que sí es cierto es que, al entrar en Galicia, el peregrino entraba al mundo de la leyenda y de la devoción más arraigadas. Mirando a las aguas de los arroyos el peregrino medieval cree ver sombras en el fondo. Alguna vez se oyen murmullos. No se distingue bien si son cantos místicos u oraciones, pero es una delicia colocarse en la orilla y dirigir la mirada a lo profundo de las aguas. En cada aldea encontrarán a su paso a ancianos acercándose a orillas de tal o cual balsa de piedra, para recordar aquel rincón asolanado de su juventud, aquel prado que era el orgullo de la familia, el cementerio donde reposan los antepasados. Su alma escuchará rumores nostálgicos, leyendas en gallego, y acaso imaginen ver la “Santa Compaña, el paso de las ánimas que van y vienen del camposanto. ¡Toda una historia de siglos y corazones se encuentra bajo las aguas!

En camino de Santiago
Iba un alma peregrina,
Una noche tan oscura
Que ni una estrella lucía;
Por donde el alma pasaba
La tierra se estremecía.

“¿Dírasme, alma pecadora,
Lo que por Santiago había?”
“Perdóneme el caballero,
decírselo non podía;
que tengo el cuerpo en las andas,
voy a la misa del día”.

3. El camino en La Rioja. Autor, Calafellvalo

El camino en La Rioja. Autor, Calafellvalo

En O Cebreiro, Lugo, se localiza también una legendaria historia de la que aún hoy resuenan ecos entre las gentes de los valles: una mañana invernal y dura entró en la iglesia un campesino para oír misa, como acostumbraba todos los días. El sacerdote que celebraba pensó distraído que durante la misa no merecía la pena que aquel labriego hiciera tanto sacrificio para ver un poco de pan y vino. Instantáneamente las especies sacramentales se presentaron a los ojos de sacerdote y campesino en la apariencia de carne y de sangre, que la vista y tacto podían certificar. Siglos después pasó por allí Isabel la Católica y ordenó que fueran puestas aquellas especies sacramentales en dos ampollas de plata, que aún se conservan.

 

4. Galicia mística. Etapa de Portomarín a Palas del Rei. Autor, Jexweber

Galicia mística. Etapa de Portomarín a Palas del Rei. Autor, Jexweber

Animados por las canciones y leyendas del camino las leguas iban quedando atrás, y el peregrino, cansado pero feliz, ansiaba el final de cada jornada con una mezcla de misticismo y cordialidad que contagiaba. A esas alturas se siente dueño de la ruta, sacia el hambre con los frutos que le da el bosque o la huerta bienhechora; toma el agua con las manos, ya de una charca, ya de una fuente de mármol en el jardín de un abandonado palacio. A pesar de todas las incomodidades, hallar un techo bajo el que cobijarse era un don de Dios. Los peregrinos, como los enfermos de los hospitales, rezaban agradecidos y devotos, dando gracias al Cielo por haberles deparado cobijo. La oración les confortaba, sobre todo si era dirigida por un monje, sacerdote o dueño más o menos letrado, que eran quienes solían encargarse de las hospederías.

 

5. Campos de Belorado a finales del invierno. Burgos. Autor, Davidmiguel.com

Campos de Belorado a finales del invierno. Burgos. Autor, Davidmiguel.com

En el refugio, el cansancio del camino hacía que cualquier camastro o rincón fuese bueno para dormir. La gente de aquellos tiempos estaba acostumbrada al duro lecho, y esto facilitaba conciliar el sueño tan pronto como el peregrino arropaba su cuerpo fatigado con una manta o tabardo. La habitación podía ser un cuarto con varias camas, un salón grande en el que se apiñaban gentes de todas clases, un pajar, o la misma cuadra, junto a los animales domésticos, que tenían poco respeto por el necesario silencio interrumpiendo constantemente con ladridos, patadas, rebuznos o gruñidos. Pero el viajero percibe también otras sensaciones, éstas más halagadoras: el murmullo de las fuentes; la primera luz centelleante de la mañana, posándose sobre los tejados, torres y roquedos; el aire oscuro de la madrugada, o el sonido estival de las ranas en la noria, junto al río, al caer la noche.

 

6. Etapa conseguida. Autor, Jexweber.fotos

Etapa conseguida. Autor, Jexweber.fotos

Pero al fin, por mucha poesía que requiriese el peregrino, lo pragmático acudía y era necesario alimentarse del modo que fuese posible. No causaba la gula grandes estragos entre los caminantes a Santiago. Más bien, eran el apetito agudo y los recuerdos de mesas mejor abastecidas objeto obligado de su experiencia y nostalgia, como claman aquellos versos de Tirso de Molina:

¿Dónde estáis, jamones míos,
que no os doléis de mi mal?
Cuando yo solía cursar
La ciudad y no las peñas
¡memorias me hacen llorar!
De las hambres más pequeñas
Gran pesar solíais tomar.
Erais, jamones, leales:
Bien os puedo así llamar,
Pues merecéis nombre tales,
Aunque ya de los mortales
No tengáis ningún pesar.

7. Viñedos en Navarrete, La Rioja. Autor, Calafellvalo

Viñedos en Navarrete, La Rioja. Autor, Calafellvalo

La ayuda alimenticia que prestaban los hospitales de peregrinos no solía ser todo lo abundante y nutritiva que ellos necesitaban. Como heredera de aquella caridad quedó la famosa sopa de los conventos que se daba todos los días, o algún día por semana, a los que la solicitaban. Era llamada “la sopa boba” por ser gratuita, y si no arrancaba de cuajo hambres atrasadas, sí alivió muchas en gran medida. Había incluso quien se organizaba y sabía que el lunes la tendría en los benedictinos, el martes en los franciscanos, el miércoles en el convento de la Merced, el jueves en Santo Domingo…

 

8. Un recibimiento muy especial. Belorado. Autor, Scouts Burgos

Un recibimiento muy especial. Belorado. Autor, Scouts Burgos

Fuera de esta sopa de urgencia, los alimentos que consumían habitualmente las personas humildes en las hospederías eran sopa de lentejas, garbanzos, nabos, espinacas y pocas cosas más, todo condimentado con hierbas, grasa o sebo (el aceite fue un lujo hasta principios del siglo XX). Manjares de ricos al alcance de unos pocos peregrinos, o de todos en las grandes solemnidades, eran el jamón, chorizo, gallinas, cecina de vaca, conejo o queso. Que el pan fuese blanco resultaba raro, y comúnmente se fabricaba con trigo, centeno, cebada o maíz. Para pobres se cocía un pan inferior en forma de panecillos llamados bodigos, que eran entregados en limosna a quien la suplicaba en la puerta, o se enviaban a las iglesias o albergues para que ellos hiciesen la caridad.

 

9. Puente a la altura de Sahagún, León. Autoer, Calafellvalo

Puente a la altura de Sahagún, León. Autor, Calafellvalo

Y por supuesto, no podía faltar el vino. Sin líquido no es fácil pasar la comida a no ser que se trate de potaje abundante en caldo. Agua sola no solía ser apetecida, una afirmación que los italianos recalcaban con consejos como el que sigue: «bebe vino al modo alemán: por la mañana, puro; para comer, sin agua, y a la cena, tal como viene del pellejo”. Por unas razones u otras, el viajero a Santiago bebía moderadamente siempre que tenía oportunidad y dinero. Para el vino llevaba su bota de cuero, aunque muchos utilizaban la calabaza como recipiente, la cual albergaba los vinos más baratos, ásperos y de no demasiados grados, que daban al paladar un cierto gusto a resina, a miel y otras especias. Cuando la calabaza se iba haciendo demasiado liviana repostaba el peregrino en las tabernas, que no escaseaban, o en las casas particulares de los cosecheros. Cualquier lugar era propicio para un convite, y si hemos de ser sinceros, el vino fue el gran compañero del alma para muchos de los que transitaba por aquellas sendas de Dios:

Cuando yo me muera, tengo que dejar
En el testamento que me han de enterrar
En una bodega, al pie de una cuba,
Y un racimo de uvas en el paladar.

Continuará…

 

10. Santo Domingo de la Calzada, hito del camino. Autor, Calafellvalo

Santo Domingo de la Calzada, hito del camino. Autor, Calafellvalo

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«Porque el viaje no comienza cuando preparas tu mochila, el viaje despega solo con soñarlo. Disfruta del Camino de Santiago»