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Cuando el parque del Retiro era joven. Felipe IV y sus antojos (3ª Parte)

Cuando el parque del Retiro era joven. Felipe IV y sus antojos (3ª Parte)

Dado el entusiasmo que a Felipe IV le inspiraban las comedias, deducimos que aquel Real Sitio creado para su placer no podía estar sin representaciones teatrales que le permitieran alimentar su distracción favorita, y además hacerlo a lo grande, sin el incógnito y el misterio con que asistía a veces a los corrales públicos. De esta forma, al construirse el palacio del Buen Retiro se dispuso en su ala meridional un salón para representaciones teatrales. Después, en 1639, terminó de levantarse el llamado “Coliseo del Buen retiro”, más amplio y suntuoso que los corrales públicos y adecuado para las más variadas complicaciones de tramoya. Era el teatro oficial de la corte, y durante cierto tiempo solo asistían a él las personas distinguidas que el soberano gustaba de invitar. Sin embargo, la mayoría de las veces estaba abierto al público y aún con entradas de pago, al menos con parte de las localidades.

Estampa invernal. Autor, Sabersabor.es

Estampa invernal. Autor, Sabersabor.es

El escenario del “Coliseo del Buen Retiro” aventajaba en magnitud a cualquier teatro conocido en Madrid, y tenía además el privilegio de que podía abrirse por el fondo hacia el jardín, haciendo que éste formara también parte de las representaciones cuando se trataba de paisajes con árboles (preludio de lo que sería después el teatro de la Naturaleza). La etiqueta para asistir a estas representaciones debió ser estricta a juzgar por el comportamiento de la propia familia real, sus acompañantes y sus damas de honor. Según el relato del francés Bernaut:

“Entraron luego el rey, la reina y la infanta, llevando delante una vela una de las damas. El rey, al entrar, saludó a todas ellas, quitándose el sombrero, y se sentó en un cancel; la reina a su izquierda y la infanta a la izquierda de la reina. El rey, durante toda la representación, salvo una sola palabra que dijo a su esposa, no movió pie, ni mano, ni cabeza, solamente volvió los ojos a un lado y a otro, y cerca de él solo había un enano. Terminada la comedia abrazáronse todas las damas y fueron saliendo una tras otra, juntáronse en medio y asiéronse de las manos e hiciéronse mutuamente reverencias, que duraron un cuarto de hora, porque las hacían una tras otra. En tanto el rey estaba con el sombrero en la mano. Al fin se levantó también e hizo una reverencia a la reina, la cual hizo lo propio con la infanta”.

Cabaña del pescador. Autor, marcp_dmoz

Cabaña del pescador. Autor, marcp_dmoz

Atardecer. Autor, Javier Martin Espartosa

Atardecer. Autor, Javier Martin Espartosa

Felipe IV gustaba de las representaciones espectaculares y con complicados efectos visuales y sonoros (lo que hoy identificaríamos con un buen film de George Lucas o James Cameron), aunque respetasen poco el argumento original. Así, ante los ojos del atónito espectador se hacían surgir inundaciones, lluvias de fuego, tempestades furiosas, terremotos, o bien aparecían centenares de comparsas en desfiles de ejércitos y pasos de procesiones. Además, las funciones del Buen Retiro duraban una media de cinco a seis horas, sirviéndose a los asistentes durante ellas manjares y refrescos en abundancia. No se escatimaban los gastos por cuantiosos que estos fueran, para representar dichas escenas con todo el brillo posible, de modo que en cada obra era normal desembolsos del erario público de muchos miles de ducados.

Cañon y palomas de la paz. Autor, Chatarra.

Cañón y palomas de la paz. Autor, Chatarra

Pero no solo se representaban obras escénicas en el teatro del Buen Retiro, sino que los jardines y el estanque grande servían a menudo para el mismo fin, convenientemente dispuestos. En una de estas representaciones, titulada “Los encantos de Circe”, la isla central del estanque se revistió de corales, moluscos y otros productos marinos, además de adornarla con cascadas de surtidores de agua que caían con gran aparato en el estanque. Al comenzar el primer acto apareció la diosa del mar sentada en su trono (en el interior de una barca, rodeada de nereidas y tritones que cantaban y bailaban en el agua). Ulises aparecía después acosado por una terrible tempestad en la que un monte, dispuesto para la ocasión sobre la isla, desaparecía trocado al instante en un maravilloso palacio de oro, mármol, cristal y pedrería. Todos los compañeros de Ulises quedaron hechizados y transformados en cerdos a causa de los encantos de la diosa. Todos salvo Ulises, por supuesto, quien avisado a tiempo tomó del dios Mercurio un amuleto en forma de flor que le permitiría acercarse a Circe sin peligro. Con lo que no contaba es con la arrolladora pasión que surgió de inmediato entre los dos, mientras de las profundidades del estanque surgían monstruos, ballenas y delfines a rendirles pleitesía (éstos últimos arrojaban al aire surtidores de agua perfumada que salpicaba a los espectadores)… En fin, seis horas de espectáculo ininterrumpido que recordaba insistentemente a las antiguas naumaquias de los romanos o, con mucho menor aparato, lo que en nuestros días constituyen ciertos espectáculos circenses.

Todo el arco iris en una ventana. Palacio de Cristal. Autor, Sabersabor.es

Todo el arco iris en una ventana. Palacio de Cristal. Autor, Sabersabor.es

El Real Sitio del Retiro dejó, pues, una estela brillante en los anales de la pompa regia y del epicureismo cortesano. Fue la apoteosis del placer, de la galantería, de la magnificencia, de la visualidad. Ni Babilonia, ni Roma, ni Venecia, ni París disfrutaron tal vez de fiestas más ruidosas y alegres, de pedestal más propicio para cimentar las glorias fáciles de un soberano gozador… Pero hasta aquel paraíso no llegaban los clamores públicos, y el rey pasó los mejores años de su gobierno ajeno a los graves problemas por lo que atravesaba España. Pues mientras se agotaban allí el ingenio y las arcas del Tesoro Público perdíamos Portugal y el Rosellón; sufríamos sangrientas insurrecciones en Cataluña, Nápoles y Sicilia; fraguábanse planes separatistas en Andalucía y Aragón, y hasta carecíamos de recursos para pagar a los soldados que luchaban en media Europa, y a quienes el hambre y las inclemencias de un tiempo pasado a la intemperie obligaban a la indisciplina y la depredación… El gran drama de España tras los excelsos bastidores del Retiro.

Las fieras. Autor, Franco Caruzzo

Las fieras. Autor, Franco Caruzzo

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Chocolate. El oscuro deseo del Monasterio de Piedra (2ª Parte)

Chocolate. El oscuro deseo del Monasterio de Piedra (2ª Parte)

Es curioso comprobar cómo los aztecas reverenciaban el chocolate atribuyéndole las más variadas propiedades. Sabían, por ejemplo, que una taza de xocolatl eliminaba el cansancio y estimulaba las capacidades psíquicas y mentales. Para los aztecas el xocolatl era asimismo una fuente de sabiduría espiritual, energía corporal y potencia sexual. Era muy apreciado como producto afrodisíaco y, por supuesto, se reservaba únicamente a una élite que lo tomaba de forma ritualizada en actos festivos, o bien usándolo como pintura facial en sus ceremonias religiosas. Se denominaba también al cacao oro líquido, pues sus semillas se intercambiaban como moneda, y por cierto no de escaso valor. Así, con cuatro semillas se podía comprar un conejo; con 10, la compañía de una dama, y con 100, un esclavo…

 

2. Granos de cacao. La moneda de los aztecas. Autor, SuperManu

Granos de cacao. La moneda de los aztecas. Autor, SuperManu

En cualquier caso, con la llegada a América de los primeros conquistadores españoles la preparación del chocolate sufrió una transformación a fin de adaptarse al gusto europeo. Los del grupo de Hernán Cortés echaban pestes de esta bebida, que encontraban muy amarga y picante debido al empleo de condimentos exóticos e incluso setas alucinógenas. No tardó por tanto en dulcificarse este producto, aprovechando además que el cultivo de caña de azúcar (procedente de Asia) estaba ya aclimatado en México a finales del siglo XVI. Los españoles gustaban asimismo de beberlo caliente y aromatizarlo con canela, y pronto hubo una gran diferencia entre el chocolate de los autóctonos y aquel que se hacían servir los recién llegados del otro lado del Atlántico.

 

3. Recipiente para servir chocolate. Porcelana de Limoges. Autor, Petitpoulailler

Recipiente para servir chocolate. Porcelana de Limoges. Autor, Petitpoulailler

Curiosamente, uno de los usos más raros del chocolate en España fue su utilización como producto de botica. Los boticarios de los siglos XVII y XVIII solían disponer de recetas pasteleras y de elaboración de dulces, que como el resto de su farmacopea eran ultrasecretas, y que les servían para la elaboración de letuarios, es decir, preparados de diversas mezclas medicinales endulzadas con miel o chocolate, para así facilitar el “mal trago” a los pacientes.

 

4. Figura decorativa en el salón del Chocolate de París. Autor, Pathien

Figura decorativa en el salón del Chocolate de París. Autor, Pathien

Pero presente o no en las farmacias, lo cierto es que el chocolate comenzaba a hacer furor en las confiterías de Madrid y otras grandes ciudades de España, donde los clientes entraban deseosos de experiencias exóticas y solicitaban “esa bebida que procedía de las Indias”. A finales del siglo XVII era servido como helado, utilizándose nieve procedente de las sierras que se bajaba en recuas de mulos al amparo del fresco nocturno, para así estar disponible en la capital desde primeras horas de la mañana. No deja de ser sintomático de una oscura época el hábito de servir chocolate granizado mientras la nobleza disfrutaba del “agradable” espectáculo de los Autos de Fe.

 

5. Mancerina y taza acoplada. Autor, Tamorlan

Mancerina y taza acoplada. Autor, Tamorlan

Por supuesto el chocolate entró también en las casas de las familias españolas, sobre todo de las de alcurnia, donde pronto se alzó con el galardón de “bebida oficial para visitas distinguidas”. Existía todo un rito alrededor de la chocolatada, como se llamaba a esta costumbre en las “familias bien” del Siglo de Oro. Los invitados pasaban al saloncito junto con la anfitriona, un lujoso departamento adornado con tapices, almohadones y cojines, y caldeado con las ascuas de un brasero o dos según el frío que hiciese esa mañana. Entonces el mayordomo traía las tazas repletas de chocolate acompañadas de una bandeja de bizcochos y un búcaro (recipiente de cerámica) repleto de nieve.

 

6. Receta de chocolate. Autor, Michael Carpentier

Receta de chocolate. Autor, Michael Carpentier

Las conversaciones iban y venían con el entrechocar de las tazas, los sorbos pausados y el ocasional mordisquito al bizcocho o incluso (curiosamente) al borde de la porcelana, ya que comer barro se consideraba entonces como un eficaz tratamiento de belleza. Efectivamente, ingerir arcilla produce un trastorno hepático y biliar que se traduce en una extrema palidez del rostro, signo considerado durante siglos como de distinción entre las clases más altas. Cuando la cosa se ponía seria (debido al deterioro del hígado), los médicos aconsejaban polvos de hierro o, todavía mejor, ir a tomar las aguas a algún balneario ferruginoso de la sierra, receta que se llevaba alegremente a la práctica cuando llegaba la temporada veraniega.

 

7. El metate, básico para la fabricación del chocolate a la piedra. Autor, Yelkrokoyade

El metate, básico para la fabricación del chocolate a la piedra. Autor, Yelkrokoyade

En las casas de la nobleza la chocolatada era un ritual extraordinariamente lujoso. El chocolate se servía allí en grandes salas utilizando finas mancerinas de plata o de porcelana china, bandejas especiales que disponían de una abrazadera fija en el centro donde se colocaba la jícara, o taza de porcelana que contenía la bebida. Este tipo de recipientes era considerado de gusto exquisito y las principales familias españolas rivalizaban entre si por poseer la colección de mancerinas más lujosa, de modo que era habitual encargarlas a orfebres para potenciar su belleza y distinción. Algunas de las mancerinas hoy conservadas están fabricadas en plata labrada y son de una factura difícilmente igualable hoy en día. Por cierto que ya era costumbre por aquel tiempo remojar en la jícara bizcochos u otro tipo de productos reposteros, al igual que hacemos en la actualidad con los famosos churros.

8. Bizcocho de chocolate y chocolate líquido. Autor, FotoosVanRobin

Bizcocho de chocolate y chocolate líquido. Autor, FotoosVanRobin

Los avances técnicos en la producción del chocolate, descubiertos en el Norte de Europa en el primer cuarto del siglo XIX, dieron lugar a pastas mucho más finas y a nuevas formas de presentar el cacao en estado sólido, como los famosísimos bombones. Ya en 1870 la industria chocolatera consiguió fabricar el chocolate con leche en polvo, al tiempo que aparecieron las primeras tabletas de chocolate hoy tan popularizadas en los supermercados de todo el mundo. Sin embargo y a pesar de la revolución de las máquinas, en España seguía causando furor el llamado “chocolate a la piedra”, es decir, aquel que se fabricaba moliéndolo a mano. Las tareas de molido manual eran un trabajo muy arduo, y la condesa Emilia Pardo Bazán atribuía el gusto especial del chocolate español al sudor de los molineros, quienes recorrían calles y plazas realizando al momento el trabajo solicitado poniéndose de rodillas y moviendo sin descanso la muela sobre una piedra curva.

 

9. El famoso chocolate con churros. Autor, sabersabor.es

El famoso chocolate con churros. Autor, sabersabor.es

El chocolate alcanza por esta época a la clase burguesa y esta situación hace que proliferen diversos establecimientos de reunión social como los cafés de tertulia o las chocolaterías. Esta costumbre española nace a finales del siglo XVIII y florecería sobre todo en el siguiente, consolidándose a nivel local añadiendo un elemento culinario como acompañante idóneo. De esta forma nacieron los churros con chocolate en Madrid, los buñuelos y porras en Valencia, los bizcochos de soletilla y los sequillos en Barcelona, y los picatostes y bolados en la cornisa cantábrica. Cada chocolatería ofrecía su especialidad, que se servía junto con el chocolate. Por cierto que la primera referencia escrita en España acerca de la profesión de «churrero» data del año 1621, durante el reinado de Felipe IV, fabricándolo un ciudadano conocido como Pedro Velasco perteneciente al gremio de los alojeros.

 

10. Delicatessen. Autor, Stephanie Kilgast

Delicatessen. Autor, Stephanie Kilgast

Sin embargo, con la llegada del siglo XX las tradicionales chocolaterías comenzaron a ceder ante el empuje de otro establecimiento no menos conocido, y que hoy se extiende sin excepción por todos los rincones del país: las cafeterías. Hoy es habitual servir el oscuro alimento de los dioses en estas últimas, de modo que no está de más hacer caso a las recomendaciones de los monjes del monasterio de Piedra y, ya sea en chocolatería o en cafetería, paladear la entrada de esta Navidad con una estupenda taza de chocolate. ¡Que lo disfruten!

 

11. Tarta de chocolate. Autor, Tamorlan

Tarta de chocolate. Autor, Tamorlan

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Chocolate, el oscuro secreto del monasterio de Piedra (1ª Parte)

Chocolate, el oscuro secreto del monasterio de Piedra (1ª Parte)

Se dice que en los conventos se guardan los secretos más sensuales y prohibidos del mundo. Y aunque esta afirmación podría ser objeto de acaloradas discusiones, al menos resulta cierta cuando nos referimos a cierto monasterio de Zaragoza… Tanto es así, que en su interior se conserva y puede ser visitado un espacio museístico dedicado exclusivamente a estos menesteres. Estamos hablando del monasterio de Piedra, en la localidad zaragozana de Nuévalos, una obra de arte medieval construida durante los años en que el Reino de Aragón ampliaba espectacularmente sus fronteras en detrimento del poder musulmán. Y el objeto de deseo no podía ser otro que el chocolate.

 

2. Entorno del monasterio de Piedra. Autor, Pablo.sanchez

Entorno del monasterio de Piedra. Autor, Pablo.sanchez

Resulta inevitable preguntarse por qué existe un museo dedicado enteramente al chocolate en el interior de un monasterio, por entonces uno de los más importantes de la Orden del Císter en tierras hispánicas. ¿Era el chocolate un producto de mercado más para sus propietarios? ¿Formó parte del desayuno habitual de los monjes, a pesar de su exotismo y sus propiedades estimulantes? ¿O quizás constituyó en los tonsurados, como suele decirse, el sustituto perfecto de pasiones que de abrirse paso, hubieran resultado aún más inconvenientes? Para encontrar la razón debemos sumergirnos en la curiosa y llamativa historia de este “Alimento de los Dioses”, empezando por su “descubrimiento” en las Américas, y siguiendo con la llegada a Sevilla de los primeros galeones traídos por los vientos chocolateros, repletas sus bodegas de semillas de cacao procedentes de Nueva España…

 

3. Decoración de chocolate. Autor, Ilaria

Decoración de chocolate. Autor, Ilaria

4. Monasterio de Piedra. restos de la iglesia. Autor, Kevin Rodriguez Ortiz

Monasterio de Piedra. Restos de la iglesia. Autor, Kevin Rodriguez Ortiz

El monasterio de Piedra es bien conocido por el entorno paradisíaco que se despliega a su alrededor. El río Piedra crea en el lugar unos pintorescos lagos, grutas y cascadas de gran belleza, y de las que la Cola de Caballo, con sus más de 50 metros de altura, es la que despierta mayor interés entre los visitantes. Sus impresionantes edificios se construyeron en lo que antaño fue la fortaleza musulmana de Piedra Vieja, tomada por las tropas cristianas durante la Reconquista, y donada a la Orden del Císter a finales del siglo XII por Alfonso II de Aragón para la construcción de un monasterio. Aprovechando las piedras de la muralla y el castillo antiguos, los monjes levantaron a lo largo de 23 años (1195-1218) lo que ahora podemos contemplar con devota admiración: la iglesia y el claustro, el refectorio y la sala capitular, las bodegas y todas aquellas dependencias que constituían el centro de la vida y la dedicación monástica por aquella época. En la despensa se almacenaban los alimentos necesarios para las comidas diarias de monjes, visitantes y menesterosos, entre la hora prima y las completas, y que se elaboraban más tarde en la amplia cocina adaptada a las necesidades de la congregación.

 

5. Dentro de la cascada. Autor, Pablo.sanchez

Dentro de la cascada. Autor, Pablo.sanchez

Pero esta cocina tiene además un valor añadido, y es el de constituir el lugar donde por primera vez se elaboró el chocolate en Europa. La historia afirma que Hernán Cortés, el conquistador del imperio Azteca, llevó entre sus acompañantes a un monje del Císter llamado Fray Jerónimo de Aguilar, quien trajo consigo en 1524 las primeras semillas de cacao junto a la receta de la elaboración del chocolate. Al llegar a España Fray Jerónimo regaló este producto al abad del monasterio de Piedra, quien no tardó en hacer del chocolate un alimento de gran fama y tradición no solo en su monasterio, sino también en todas las casas de su Orden. De hecho, se sabe que en algunos monasterios existía una pequeña estancia justo encima de los claustros llamada chocolatería, y donde al parecer los monjes cocinaban y degustaban el chocolate en sus escasos momentos de ocio.

 

6. Cacao y semillas de cacao. Autor, Photos Gobva

Cacao y semillas de cacao. Autor, Photos Gobva

Aunque se cree que fue Cristóbal Colón el primer europeo en consumir chocolate, parece que el sabor amargo propio del cacao no fue precisamente de su agrado, un detalle que se agravaba además por la costumbre de los aztecas de consumirlo frío y condimentado con chiles. Dicho sea de paso, tampoco resultaría objeto de devoción de los Reyes Católicos, quienes lo probaron tras el regreso del almirante del cuarto de sus viajes. No volvió a hacer ninguno más. Tuvo que ser Hernán Cortés, sin embargo, quien nos dejara una de las primeras descripciones que se conocen sobre las propiedades del chocolate: “cuando uno lo bebe, puede viajar toda una jornada sin cansarse y sin tener necesidad de alimentarse”, haciendo una clara alusión al poder calórico de este producto.

 

7. Mujer tomando una tada de chocolate. Obra de Raimundo de Madrazo. Oleo sobre lienzo. 1841-1920

Mujer tomando una taza de chocolate. Obra de Raimundo de Madrazo. Oleo sobre lienzo. 1841-1920

Lo cierto es que el chocolate no tardó en ser un artículo muy apreciado por la alta sociedad española del siglo XVI, que lo consumía como bebida caliente y reconstituyente. Las damas de la nobleza lo consideraban un manjar exótico, tomándolo en secreto y condimentado con diversas especias como la pimienta, mientras que en la alta sociedad mejicana se acostumbraba mezclarlo con canela. En 1601, el confesor de la Corte en la ciudad de Córdoba elaboraba chocolatinas con un relleno de hortalizas en su interior. Fue con la implantación de la caña de azúcar en las regiones cálidas de América cuando se pusieron realmente las bases para crear el chocolate dulce, lo que le dio un sabor más parecido al que hoy conocemos. Parece que el invento vino también de la mano de eclesiásticos, y concretamente de las monjas residentes en un convento de Oaxaca (Méjico), algo que hizo que el consumo de chocolate con azúcar se extendiese como la pólvora por los monasterios de Nueva España. Los benedictinos solían afirmar que: «No bebía del cacao nadie que no fuese fraile, señor o valiente soldado».

 

8. Los famosos Brownies. Autor, Roboppy

Los famosos Brownies. Autor, Roboppy

Este hecho trajo la preocupación, como es lógico, a las autoridades católicas de rigor, quienes consideraban inadecuado el manjar de Moctezuma debido a sus propiedades excitantes. Las costumbres de la alta sociedad con respecto al chocolate tampoco ayudaban a mejorar la situación, ya que las damas españolas se hacían servir esta bebida dentro del templo para hacer así más llevaderos los sermones del párroco. El obispo de Chiapas (Méjico) prohibió tal hábito y amenazó a los feligreses con la excomunión si persistían en su actitud. Y aunque la amenaza surtió efecto no convencería por completo a las devotas damas, ya que al poco tiempo las chocolatadas organizadas después de misa se hicieron muy populares a ambos lados del Atlántico.

 

9. Chocolate negro. Autor, Timsackton

Chocolate negro. Autor, Timsackton

Fuera cual fuese la opinión de la Iglesia, lo cierto es que los galeones regresaban a España cargados de riquezas procedentes de América, y entre las cuales la base del chocolate, el cacao, constituía un producto selecto y de gran valor. No era raro, por ejemplo, encontrar pasajeros transportando semillas de cacao ocultas en sus guardajoyas, y que a su llegada a España las mostrasen a sus allegados como un tesoro exótico e impagable. Existía ciertamente el temor a que el secreto del chocolate fuera descubierto por otras naciones, lo que supondría en la práctica perder el monopolio de su comercialización. Sin embargo, estas preocupaciones fueron al principio bastante infundadas. El italiano Girolamo Benzoni escribía en 1565 que «el chocolate parecía más una bebida para cerdos, que para ser consumido por la humanidad», mientras que los corsarios ingleses y holandeses incendiaban y mandaban a pique las embarcaciones españolas que capturaban, cuando descubrían que éstas no transportaban otra cosa que cacao, lo que da idea del valor real que tenía este producto entre los extranjeros. No tardarían en darse cuenta de su error.

Continuará…

 

10. Detalle del claustro del monasterio de Piedra. Autor, Shortshot

Detalle del claustro del monasterio de Piedra. Autor, Shortshot

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En tierras del Pirineo y el Alto Cinca. La leyenda del Monte Perdido

En tierras del Pirineo y el Alto Cinca. La leyenda del Monte Perdido

En las tierras pirenaicas del Alto Cinca, en Aragón, se dice que el frío camina a voces y el invierno se entretiene junto a las cumbres tejiendo largos mantos de hielo. Pero más cierto que este dicho es la costumbre de los lugareños a la hora de arrimarse al fuego en noches oscuras, con el ganado bien a resguardo en bordas y corrales, para rememorar una y mil veces los hechos que dieron origen a la montaña más alta de todas: La reina del Sobrarbe, tal y como es conocida y nombrada con asombro en las cuatro esquinas de la región. A menudo el aire se arremolina allí creando grises velos y torbellinos de nieve, que envuelven en un denso manto los precipicios de roca como si quisieran con ello esconder el rostro de la montaña, hacerla invisible al viajero desprevenido. Pero vecinos, pastores y leñadores saben que sigue allí: sobre el Balcón de Pineta, en el lugar donde se sitúan las fuentes que dan origen al Cinca, el río de los Nabateros. Para ellos es, simplemente, el Monte Perdido. Y el lugar maldito donde una vez se extravió y desapareció para siempre cierto pastor de ovejas…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA                                                             Lirio en el valle de Pineta. Autor: Jbenayas

El lugar donde hoy se levantan los imponentes riscos de Pineta no fue antaño más que una extensión de prados y aulagares donde en verano los pastores del Sobrarbe llevaban a pastar su ganado desde las aldeas vecinas. La cascada del Cinca no existía, y nadie había oído hablar nunca en el país de la esquiva flor del edelweiss, ni de neveros, aristas o fríos ibones de aguas verdeazuladas. En su origen el aire corría allí tibio, los lirios y las gencianas se arremolinaban en las laderas herbosas y el río Cinca, mucho más modesto que ahora, vagabundeaba por los ribazos en amplios meandros bordeados de cañizo y choperas dispersas, donde los pastores de ovejas se tumbaban a la sombra tras el trasiego con los rebaños esperando en grata compañía la hora del regreso. Uno de estos pastores, sin embargo, no era como los demás. Hosco y de pocos amigos, gustaba de apartarse discretamente hacia la parte más alta del río donde crecían grandes masas de boj y hayas de aspecto colosal. El pastor de ovejas era aficionado a tallar con su cuchillo figuras y utensilios de madera que luego vendía en la aldea a los nabateros y carboneros que por allí transitaban. Y así pasaba las tardes entre las ramas de aquellos arbustos, aislado de los demás, ensimismado con sus tallas y sus figuras de formas caprichosas, de faz tan descarnada y adusta como la suya.

3. Pastor del Pirineo. Autor, Javier Falcó

                                                                Pastor del Pirineo. Autor: Javier Falcó

4. Cabaña de pastores en los Llanos de La Larri, junto a Pineta. Autor, Joan Simon

                             Cabaña de pastores en los Llanos de La Larri, junto a Pineta. Autor: Joan Simon

Ocurrió pues que, cierta tarde en que había quedado solo tras el regreso de sus compañeros, un hombre encorvado y de aspecto miserable que venía caminando a orillas del río se le acercó y le dijo: “Llevo mucho tiempo sin probar bocado. Deme algo de comer, Dios se lo pagará”. El desconocido era ciertamente un pobre hombre que no tenía donde caerse muerto. Sus ropas eran andrajos, caminaba con la ayuda de un bastón y sus pies se encontraban descalzos, sucios y desollados por el constante deambular entre las aliagas y rocas del sendero. El rostro aparecía además demacrado, prueba de que no había tomado bocado al menos en varios días. “Deme algo de comer. Dios se lo pagará” repitió el mendigo, pero el pastor, tras mirarlo de arriba abajo, escondió su hato de comida y siguió tallando la madera ajeno a los sufrimientos del desconocido. La tarde fue cayendo sobre la campiña y el mendigo insistía. Le habló de largas jornadas sin un mendrugo de pan que llevarse a la boca, del frío que pasaba al caer la noche y de las veces en que, falto de un lugar donde cobijarse, se había visto obligado a dormir sobre la dura tierra con el viento por único compañero contra la soledad. Siguió insistiéndole con toda el alma, mas el pastor, duro de corazón, lo apartó de su lado y no quiso prestarle oídos a pesar de su necesidad.

5. Valle de Pineta desde La Larri. Autor, Juan Simon

                                                      Valle de Pineta desde La Larri. Autor: Juan Simon

Cuenta la leyenda que instantes después de negarle auxilio al mendigo, el valle quedó súbitamente envuelto en un denso y frío manto de niebla. Aquel extraño desconocido había desaparecido. Por momentos la bruma se hacía tan cerrada que el camino por donde había llegado se difuminó rápidamente en un gris uniforme, extraño, imposible de sondear más allá de unos pocos pasos. Nunca había conocido el pastor una niebla como aquella, de modo que, amedrentado, se levantó presuroso y junto a su perro fue a reunir al ganado que se encontraba disperso por los pastos. Hacía cada vez más frío. Llamó, gritó a pleno pulmón los nombres de cada animal, corrió de un lado a otro, pero el prado, el río y las colinas no le devolvieron ni tan siquiera el eco de sus voces. El hombre se encontraba solo y la nieve helada, que hasta entonces no había hecho acto de presencia, comenzó a caer entonces con una fuerza inusitada. En pocos minutos todo se congeló bajo un manto uniforme que crecía por momentos, más y más alto entre los cielos grises del Pirineo, mientras perro, pastor y ganado se perdían definitivamente tragados por la bruma. Nunca más se supo de ellos en el valle.

6. Detalle de la Ermita Nuestra Señora de Pineta. Autor, Titoalfredo

                                           Detalle de la Ermita Nuestra Señora de Pineta. Autor: Titoalfredo

Mucho tiempo después, en el lugar del Alto Cinca donde se extravió el pastor con su ganado, los vecinos de la aldea descubrieron al regresar a los pastos una nueva montaña. Ya no había allí prados, ni alamedas gráciles, ni colinas punteadas de gencianas y lirios entre las masas de aulagar. En su lugar, unos altos paredones de roca descarnada se elevaban inaccesibles como si quisieran asombrar al mundo con su faz altiva y cubierta de escarcha. El río ya no venía corriendo en lentos meandros sino que se precipitaba, sombrío y salvaje, para salvar las crestas peladas en un espectáculo que sobrecogía por su belleza, pero que también encogía el ánimo de los que hasta allí se aventuraban. Y alzándose sobre la roca y los bosques, subiendo siempre, más allá del fragor de las cascadas y del crepitar de los glaciares sin vida, dominando el corazón del Sobrarbe como una enorme bóveda construida de orgullo y soberbia, los pastores descubrieron en lo más alto un pico desconocido que brillaba incólume con los primeros rayos del día. Lo miraron y de seguido bajaron la vista, espantados. Porque en algún detalle de su perfil amortajado de nieblas reconocieron el rostro del pastor de ovejas que desapareció aquella noche, muchos meses atrás, tragado por la furia de la tormenta.

7. Espectacular vista de las paredes de Pineta. Autor, Sharnik

                                               Espectacular vista de las paredes de Pineta. Autor: Sharnik

8. Balcón de Pineta y Monte Perdido cubierto de nieblas. Autor, Xoxote

                                         Balcón de Pineta y Monte Perdido cubierto de nieblas. Autor: Xoxote

Los lugareños afirman que esta montaña, encaramada a los neveros que tapizan las alturas, la más formidable, impresionante y peligrosa del Pirineo, surgió como castigo divino para aquel pastor que negó su caridad al vagabundo. Pues este vagabundo no era otro que San Antonio, de quien se dice que al despedirse se acercó hasta él y le susurró al oído: “Te perderás por avaricioso, y allí donde te pierdas surgirá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad”. Es por ello que el Monte Perdido está compuesto sólo de piedra y hielo, como el corazón del pastor, y que las rocas aisladas que tapizan su base no son sino lo que queda del rebaño que una vez fue suyo, y que pereció irremediablemente al igual que su cuidador durante aquella tormenta. Éste es sin duda el secreto mejor guardado de la región: el lugar, bajo la eterna mirada de las Tres Sorores, donde el frío camina a voces y el invierno, soñoliento, se entretiene junto a las cumbres tejiendo largos mantos de hielo.

9. Monte Perdido en la distancia. Autor, Juan del Pozo

                                                      Monte Perdido en la distancia. Autor: Juan del Pozo