Publicado el Deja un comentario

La Cimbarra o la leyenda del salto de la novia

La Cimbarra - Raúl Sánchez

La cascada de la Cimbarra es una de las más espectaculares del país. Asomarse a ella es imprescindible si se visita Aldeaquemada, muy cerquita de Despeñaperros


Cuentan los viejos del lugar que en las calurosas noches de verano se sentaban en las puertas y la Cimbarra refrescaba.
Es una de las cascadas más importante de España a escasos 2 km del pueblo de Aldeaquemada, en Sierra Morena y muy cerca del Parque Natural de Despeñaperros, a caballo entre las provincias de Jaén y Ciudad Real.
Un pintoresco lugar de relieve abrupto donde el encajonamiento del río Guarrizas forma una sucesión de cascadas, de las cuales la más bella y espectacular es la Cimbarra. En ella queda expuesta en la superficie una pared vertical, formada por unos estratos rocosos muy resistentes a la erosión. En ocasiones, es posible observar sobre estas rocas los rastros fósiles de organismos o las espectaculares rizaduras provocadas por el oleaje.
Este enclave protegido (Zona de Especial Protección para las Aves) destaca también por su valioso patrimonio cultural, constituido por una veintena de importantes evidencias prehistóricas. Interesantes ejemplos son la Tabla de Pochico, en el cerro de la Cimbarra o los de Monuera y Desesperada. En ellos, se han encontrado valiosísimas muestras de arte rupestre, que han motivado la declaración de estos yacimientos como Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO.

Paraje de la Cimbarra

Cantueso, flora de la Cimbarra
Cantueso, flora de la Cimbarra

Cascada de la Cimbarra

Sierra Morena es un lugar místico. Existen una multitud de leyendas en torno a sus parajes y la Cimbarra no está libre de ellos. Una de ellas dice así:
Cuentan que hace muchos años, había una costumbre local por la que los novios que iban a contraer matrimonio, tenían que someterse a una curiosa ceremonia para demostrar ante todos que se querían de verdad, y asegurarse la felicidad y fertilidad del matrimonio, si superaban la prueba.
Poco antes de la boda, acompañados de familiares y amigos, iban al paraje ubicado en la cascada de la Cimbarra, y en ese lugar, en donde más se estrechaba el río, por allí por donde la piedra ofrece su color plomizo bajo las estrellas, la novia tendría que cruzar de un salto a la orilla opuesta, ante la atenta mirada de los allí presentes.
Si lo conseguía sin percance, se le auguraba a la pareja una gran dicha en el futuro matrimonio, y se demostraría que la joven quería fielmente a su novio; más si no lograba el salto, el matrimonio se consideraba irrealizable o desgraciado, de forma que convencidos de ello, los novios rompían su compromiso y su relación.
Cierto día, dos jóvenes novios bajaron radiantes de alegría a demostrar ante todos, que se amaban. Sabían la presión a la que estaban sometidos al ser observados por tanta gente, pero estaban dispuestos a demostrar que aquella absurda tradición, no era más que una tontería que poco iba a mermarles el amor que sentían el uno por el otro.
Pero tampoco estaban dispuestos a que sus vecinos, con los cuales tenían una gran relación, se les echaran encima por negarse a realizar una, en principio, inofensiva prueba que desde tiempos remotos se venía realizando entre las parejas de los pueblos cercanos.
Como cada vez, la gente esperaba el salto con impaciencia. Pero aquel día, el comentario general se centraba en lo revuelto que bajaba el río Guarrizas y en el ruido ensordecedor del agua al entrechocar con las rocas, aunque confiaban en el destino, pues daban por seguro que la fuerza del amor de aquella joven sería más fuerte que la del embravecido río.
También los dos enamorados pensaban y murmuraban lo mismo, pero aquella mujer con cara de niña, cabellos dorados y ojos de color miel, no estaba dispuesta a que el río le arrebatara su más preciado tesoro, aquel joven de tez morena y ojos verdes, por el cual sentía una pura pasión.
Así que, aunque nerviosa, se separó de su amado y se dispuso a saltar. Cogió carrerilla y controlaba el momento de tomar impulso, pero cuando llegó el salto, perdió pie y… la fatalidad quiso que cayera al agua y fuera rápidamente arrastrada hacia un remolino que la escondía y la mostraba a su capricho.
El joven, desesperado y en un prueba suprema de amor, se arrojó inmediatamente al río para tratar de rescatarla de la potente corriente que la llevaba a una muerte segura, pero por más esfuerzos que hizo en su desesperado intento, el agua los sumergió a ambos. Sus jóvenes cuerpos, inertes y entrelazados, aparecieron río abajo, donde el agua culmina su remanso, enviando lágrimas entre las piedras.
Aquella terrorífica tragedia, hizo reflexionar sobre la validez de la, ahora fatídica, tradición, y coincidiendo los vecinos en que aquello podría traer más desgracias que alegrías, se dinamitó el paso estrecho para que en el futuro, a nadie se le ocurriese saltar de nuevo.
Se cuenta que aun hoy, en las noches de luna llena, cuando los luceros danzan en el firmamento, se escuchan por el valle los lamentos y las promesas de los enamorados que murieron por demostrar a los demás lo que ellos bien sabían. Desde entonces la cascada de la Cimbarra llora su perdida, y el río se convierte en el manto blanco y puro de la novia, que acoge tiernamente a su amante, convertido en piedra.

agua ecoturismo Campo de Montiel


Para vivir esta leyenda y muchas más en persona, os esperamos en nuestras próximas rutas



Fotografía de portada de Raúl Sánchez


Un artículo de Antonio Bellón Márquez

Publicado el 4 comentarios

Adonde el río nos lleve. Guadalajara, el Alto Tajo y su Fiesta de los Gancheros

Adonde el río nos lleve. Guadalajara, el Alto Tajo y su Fiesta de los Gancheros

El bosque flotante continuó río abajo, guiado por sus pastores. Siempre por el estrecho callejón de sus riscos grises y rojizos; entre los desplomes cubiertos de sabinas y carrascas. Siempre compañeros del agua, clara por la mañana, opaca por la tarde, color del mar al oscurecer. Verde botella, verde gris, verde amarilla, según los arenales, los guijarros o el lodo del cauce, la sombra de los árboles o de las peñas, la calma o la furia del viento encañonado. Siempre en lo fragoso de la sierra, en los estrechos, en los saltos, en las ruderas; siempre por un recio universo de piedra y de invierno”.

Espectacular paisaje del Alto Tajo, en Taravilla. Autor, Fofo

Espectacular paisaje del Alto Tajo, en Taravilla. Autor: Fofo

Llevando troncos hacia el río. Autor, Íñigo González

Llevando troncos hacia el río. Autor: Íñigo González

Estas palabras de la famosa obra de José Luis Sampedro “El río que nos lleva” ilustran de manera muy gráfica el paisaje visual y nostálgico de la “maderada”, el viaje de cientos de troncos que desde los altos de Albarracín circulaban todos los años a lo largo del Tajo hasta llegar a su destino, en los aserraderos y las fábricas de Aranjuez. Las maderadas y los “gancheros”, aquellos heroicos pastores de troncos, desaparecieron hace décadas con la construcción de las presas de Entrepeñas y Buendía, y sobre todo cuando las carreteras y el transporte con camiones hizo demasiado costosa la labor de estas cuadrillas de profesionales, dedicados a tiempo parcial, pero que durante semanas se erigían como los dueños del río y vivían al ritmo que marcaban las crecidas, los vericuetos y los rápidos de la corriente. Una corriente siempre imprevisible, siempre señorial y diáfana como los propios días invernales que soportaron en las altas estribaciones de la Ibérica.

Tranquilo pueblo de Peralejos de las Truchas. Autor, Ángel Martín Expósito

Un tranquilo pueblo: Peralejos de las Truchas. Autor: Ángel Martín Expósito

Gancheros en Peralejos de las Truchas. Autor. El S@lmón

Gancheros en el Tajo, a la altura de Peralejos de las Truchas. Autor: El S@lmón

Afortunadamente los pueblos del Alto Tajo no han olvidado a sus “gancheros”. Como cada año a finales de verano, el recuerdo de la maderada reúne a varias localidades de esta comarca, Poveda de la Sierra, Peñalén, Zaorejas, Taravilla y Peralejos de las Truchas, con el fin de realizar un homenaje festivo y multitudinario a estos hombres y mujeres semi-míticos que a finales de los años 30 del pasado siglo condujeron las últimas grandes maderadas hasta Aranjuez. Todos los pueblos participan de forma cíclica en este acontecimiento, declarado en 2008 Fiesta de Interés Regional, y que este año está previsto se celebre los días 30 y 31 de agosto en la localidad de Peralejos de las Truchas. La Edición de 2014 va a ser sin duda muy especial puesto que servirá asimismo para rendir homenaje a la figura del recientemente desaparecido José Luis Sampedro, autor de la obra que en 1961 sacó del olvido a este oficio esforzado, vital y centenario. En memoria de Sampedro se colocará una placa conmemorativa y una figura de forja que representa a un ganchero en la plaza del Ayuntamiento de Peralejos, uno de los municipios inmortalizados en su celebrada novela “El río que nos lleva”.

Otoño en el Alto Tajo, cerca de Zaorejas. Autor, Elfer

Otoño en el Alto Tajo, cerca de Zaorejas. Autor: Elfer

Peñalén, en el Alto Tajo. Autor, Sonsaz

Peñalén, otro de los municipios del Alto Tajo. Autor: Sonsaz

“La Fiesta Ganchera” reúne todos los años a miles de personas para contemplar la tradicional saca de la madera, cuando se liberan los troncos en el espectacular escenario del río Tajo para retirarlos luego a tiro de caballería, tal y como se hacía tradicionalmente hace apenas sesenta años. Son los mozos (y no tan mozos) del pueblo, los encargados de conducir el rebaño de troncos de pino por la corriente, y desde primera hora de la mañana los paisanos reciben a todos los visitantes con un obsequio para la ocasión (en la edición del pasado año triunfó el aguardiente y las rosquillas). Ya en el río, autóctonos y turistas se agolpan en ambas orillas, sobre los puentes, sobre las pasarelas o en cualquier otro elemento que sirva de mirador, a fin de observar del mejor modo posible el paso de la mítica maderada. Es frecuente que la espera se acompañe de la música de los dulzaineros, elevándose en inconfundibles tonos pastoriles por encima del fragor de los rápidos y del viento arremolinado en las altas copas de los pinos. Y así, en medio de un paisaje espectacular de cortados, huertas feraces y extensas masas forestales, arracimadas allí donde las escabrosidades del terreno lo permiten, con el aroma a resina flotando en el ambiente y la sempiterna voz del río dominándolo todo, llega el momento feliz en que tras uno de los recodos del Tajo se ven aparecer los primeros troncos del “rebaño”. Y sobre ellos, guardando hábilmente el equilibrio con pies firmes, vislumbramos de nuevo la silueta sin edad de los “gancheros” en un espectáculo de rabiosa certidumbre histórica, aunque a todos nos parece sacado de las páginas de una novela.

Gancheros creando un cauce artificial de troncos. 1929. Autor, Nemo

Gancheros creando un cauce artificial de troncos. 1929. Autor: Nemo

El río Tajo en Peralejos de las Truchas. Autor, El S@lmón

El río Tajo en Peralejos de las Truchas. Autor: El S@lmón

Los “gancheros”, unos en el agua y otros en equilibrio sobre los troncos, conducen un grupo de unos cincuenta árboles que en nada se asemeja a las almadías y los “bosques flotantes” de antaño. Pero resulta suficiente para recomponer la imagen nostálgica de la jornada. La cuadrilla avanza poco a poco por el río, navegando cuando la corriente lo permite o arrastrando los troncos en los vados, allí donde el agua es demasiado escasa y el fondo se vislumbra apenas a un par de palmos. Acabada la faena, aplausos, abrazos y felicitaciones a los héroes que un año más nos han deleitado con la figura perdida del “pastor de árboles”. Juegos tradicionales, muestras de corte de troncos y las consabidas jotas amenizarán un final de fiesta donde solo queda que los grupos de locales y turistas se desperdiguen a cientos por las alamedas, como todos los años, para comer y regocijarse en los frescos prados que abundan junto al río. Pero de alguna manera, y aunque todos sepamos que la fiesta volverá a repetirse en próximas ediciones, este año será sin duda distinto a otros: cuando el visitante escuche los silbidos de los “gancheros” más allá del recodo, todavía invisibles a la vista; cuando al fin los vea aparecer sobre las aguas en un cuadro de arrolladora vitalidad, perfilados contra el agreste y bello paisaje del Alto Tajo, no podrá evitar sentir que el autor de “El río que nos lleva” llega también con ellos bajando el río como ya lo hizo entonces. Junto a Shannon, “el Americano”, “la Paula” y el resto de compañeros de ese viaje realizado en los años cincuenta, inmortales todos en nuestra memoria gracias a unas páginas forjadas en oro, y que revelan sin duda a uno de los principales representantes de la narrativa contemporánea española del siglo XX.

Jose Luís Sampedro. Autor, Javier Luengo

José Luis Sampedro. Autor: Javier Luengo

Hasta siempre, José Luís. Autor, Julio Codesal

Hasta siempre, José Luis. Autor: Julio Codesal

Publicado el 20 comentarios

Galicia y su fiesta de Samaín. La noche celta de los difuntos

Samain noche de difuntos en Galicia

Como todos los años, la llegada del mes de noviembre marca el comienzo de una festividad muy especial, con multitud de manifestaciones populares en todos los rincones del país. Se trata del día de difuntos, la celebración cristiana consagrada a los fieles que ya no están con nosotros

El día de los difuntos, o de los muertos, sigue en el Santoral católico a la festividad de todos los Santos, y existe constancia escrita de que sus orígenes se remontan hasta mil años atrás, en los inicios del siglo XI d.C. Efectivamente, por aquella época la Orden Cluniacense se encontraba en plena expansión, y uno de los abades más influyentes de la casa principal, Odilon, decidió instaurar una jornada dedicada exclusivamente a orar por la salvación eterna de los difuntos: el día 2 de noviembre.

En sus comienzos se dirigía solo a los monjes fallecidos de Cluny, pero luego la Santa Madre Iglesia generalizó el rito, y lo hizo extensible a todos los fieles difuntos de la comunidad cristiana universal.

2. Acantilados en San Andrés de Teixido, cerca de Cedeira. Autor, User alma

Acantilados en San Andrés de Teixido, cerca de Cedeira

3. Cruceiro junto a Cedeira. Autor, Yann

Cruceiro junto a Cedeira

Sin embargo, pocos imaginan que la jornada de los fieles difuntos tiene en realidad unas raíces mucho más oscuras: en Galicia y en otras regiones de España, las fuentes se remontan incluso a épocas anteriores al propio nacimiento de Cristo. Cedeira, municipio de A Coruña situado en la desembocadura del río Condomiñas, en las Rías Altas, celebra todos los años por estas fechas una original fiesta de origen celta denominada Samaín.

Muchos estudiosos coinciden en señalar al Samaín como el origen de la mayoría de las tradiciones asociadas a los muertos, desde la propia festividad cristiana hasta otras manifestaciones hoy generalizadas por los cinco continentes, incluido el famoso Halloween de los disfraces y las calabazas con forma de calavera.

4. La noche de las calabazas. Autor, Freecat

La noche de las calabazas

La profunda religiosidad de las gentes de Cedeira y otros muchos pueblos gallegos ha dado siempre una gran importancia a la comunión con sus muertos. Hasta no hace mucho se pensaba que los difuntos visitaban por estas fechas las iglesias y ermitas donde se celebraban misas por su alma, mientras que en las casas era costumbre preparar alimentos a los parientes vivos, pero pensados como una manera de honrar a los muertos.

Las ánimas volvían así por un día a sus viejas moradas, para calentarse junto a la chimenea y comer en compañía de sus familiares vivos, alejando así la tristeza definitiva del camposanto. Herencia de un pasado ancestral, también resultaba frecuente prender una hoguera común con ramas de serbal o de tejo, consideradas antaño sagradas, para después utilizar este fuego en el encendido de todas las lareiras de la comunidad.

Durante el día de difuntos estaba absolutamente desaconsejado alejarse de la aldea, pues la relación de los vecinos debía hacerse únicamente entre ellos y sus antepasados.

5. Caballos cerca de Teixido. Autor, Guillenperez

Caballos cerca de Teixido

Y es que en Galicia la muerte se vive de una forma muy especial. Un cementerio gallego al uso estará siempre cerca del pueblo, puesto que resulta habitual que los vecinos se acerquen hasta allí para pasear y disfrutar de la tarde recordando a los ausentes. Se puede faltar a una comunión, a un bautizo o a una boda, pero en Cedeira y en general en toda Galicia, resulta muy grave no asistir al día de difuntos o a la misa de “cabo de año”.

La vida transcurría durante esta jornada en una calma sostenida, aunque no triste. Una jornada dedicada generalmente a las visitas y en la que las cuatro comidas diarias, o el tradicional consumo de castañas asadas, se hacía siempre en compañía de vecinos, familiares y amigos. La vuelta a casa para honrar a los muertos era hecho consumado, hasta el punto de publicarse esquelas en el que los datos del finado se acompañaban con un horario de autobuses: aquel que contrataba la familia para recoger a los allegados en las aldeas más distantes.

Es precisamente esta profunda sensibilidad hacia el mundo de los muertos la mejor muestra de la originalidad celta en Galicia, y por supuesto el legado más extendido del Samaín, una fiesta druídica que se remonta a los tiempos oscuros anteriores al cristianismo y a la cultura impuesta por los pueblos civilizados.

6. Misterio en el bosque gallego. Autor, Fondebre

Misterio en el bosque gallego

Olvidada casi por completo, la fiesta de Samaín comienza hoy a recuperarse y a celebrarse en un número creciente de parroquias. Los ancianos de localidades como Noia, Catoira, Cedeira, Muxía, Sanxenxo, Quiroga o Ourense todavía recuerdan una tradición coincidente con los días de Difuntos y Todos los Santos, y que consistía en la elaboración de feroces calaveras confeccionadas con una cubierta de calabaza: son los famosos melones, o calabazas anaranjadas de Cedeira; los calacús en las Rías Baixas, o los bonecas con remolacha en Xermade (Lugo).

En Cedeira la técnica era siempre la misma, y consistía en vaciar con gran paciencia las calabazas colocándoles después dientes de palitos y una vela encendida en el interior, con el fin de espantar a los malos espíritus en las noches de transición entre el verano y el oscuro invierno.

7. Hoguera. Autor, Gatogrunje

Hoguera para guiar a los difuntos

Era tradición antiquísima que los niños elaboraran sus calaveras de «melón» con aspecto terrorífico, colocándolas después en las esquinas o las ventanas para asustar a todo el vecindario, y en especial a chicuelos de barriadas vecinas o a las mujeres que volvían del rosario. Cualquier mal que anduviese merodeando por la aldea quedaba así conjurado y lejos del hogar. Claro que esta hortaliza solo pudo utilizarse a partir del siglo XVI, cuando fue transplantada a Europa con los primeros galeones procedentes de América. En la festividad más antigua del Samaín, las aldeas célticas utilizaban los cráneos de los enemigos vencidos en batalla para iluminarlos y colocarlos en los muros de los castros.

De este rito salvaje procede la tradición posterior de los cruceiros, las cruces de piedra  levantadas en las encrucijadas de numerosos bosques y despoblados gallegos. Los cruceiros se rodeaban de amontonamientos de piedras llamados milladouros, con una finalidad similar a la de las calaveras, y aún hoy existe entre viajeros y caminantes la costumbre de depositar allí una piedra y solicitar un deseo a los espíritus que rondan el lugar.

8. Cabo Ortegal. Autor, Adbar

Cabo Ortegal

El Samaín (en su origen gaélico, Samhain, que significa noviembre o “fin del verano”) se celebraba hace miles de años en todo el territorio celta hacia la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre, con motivo de la conclusión de la temporada de cosechas y la llegada del invierno.

Los druidas, sacerdotes paganos de los celtas, consideraban esta fecha como un momento perfecto para reverenciar a los ancestros que visitaban sus antiguas aldeas, y para ello se santificaban mediante ritos conducentes a lograr su intercesión. Fue en el siglo XIX cuando la tradición del Samhain se exportó a Estados Unidos a partir de países como Escocia e Irlanda, cuya población emigró en masa a Norteamérica a causa de las hambrunas que asolaron Europa a mediados de siglo.

Este es el origen del Halloween actual (término derivado de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’), una fiesta reimportada después a nuestro continente en un intento de alienar nuestras tradiciones más arraigadas: precisamente aquellas que dieron origen y significado al rito actual de reverenciar a los muertos.

9. Playa de Lumebo, en el Ferrol. Rías Altas. Autor, Macintosh

Playa de Lumebo, en el Ferrol. Rías Altas

Durante la noche del 31 de octubre los druidas se desplazaban hasta los bosques más alejados y recogían bayas de muérdago, una planta parásita que crece en las ramas de los árboles. Para ello utilizaban cierta hoz especial, fabricada de un material sagrado y considerado símbolo de pureza en la tradición celta: el oro. Tras la recolección depositaban las bayas en un pequeño caldero, donde más tarde se efectuaría la cocción de pócimas curativas y mágicas destinadas, entre otras cosas, a las prácticas de adivinación.

Los vecinos acudían a los druidas para obtener pronósticos sobre aspectos tales como casamientos, la incidencia del tiempo o la suerte que había de depararles el futuro.

Se tiene constancia de un rito adivinatorio que ha sobrevivido hasta fechas recientes y que consistía, curiosamente, en “pescar” y pelar manzanas: para ello se sumergía una cantidad variable de estas frutas en un recipiente amplio, a fin de que cualquiera que quisiese probar suerte se acercara a atrapar alguna de ellas.

Aquella persona que lo lograse en primer lugar sería la primera de la aldea en casarse. Finalmente se procedía a pelar las manzanas en la creencia firme de que cuanto más larga fuera la mondadura, mayor sería la vida de quien la peló.

Samaín castañas asadas
Asando castañas

En la noche de difuntos, las hadas y los trasgos eran libres de deambular por los caminos y las inmediaciones de la aldea. Su magia ocasionaba un sinnúmero de daños debido a las peculiaridades de esta jornada, la cual no pertenece ni a un año ni al siguiente, y por tanto resulta ideal para sembrar el caos. Se atrancaban las puertas de las casas para evitar que nadie entrase pidiendo limosna, en especial si lo que pedían era comida, leche o sopa.

Algunos valientes se arriesgaban a abrir: de tratarse de un hada el hogar obtendría suerte y fortuna para el siguiente año; pero si el visitante era un trasgo las maldiciones se abatirían sobre la familia, y todo serían calamidades y desastres sin fin.

Al caer el día los druidas encendían hogueras en lugares específicos, para lo cual utilizaban ramas sagradas recolectadas en lo más profundo del bosque. Su función no era solo ahuyentar a los malos espíritus sino también guiar a los muertos en la oscuridad, a fin de facilitarles el camino a la aldea y participar en las honras preparadas por sus familiares.

Los vecinos solían disfrazarse con pieles y cabezas de animales para asustar o despistar a los espectros, en la creencia de que pasarían de largo al confundirlos con otras bestias. Y asimismo era tradición efectuar numerosos sacrificios de reses. Un acto, por otro lado, no necesariamente asociado a celebraciones de tipo místico, ya que entonces al igual que ahora la comunidad debía aprovisionarse de carne y de pieles para hacer frente a los duros meses de invierno.

11. Atardecer en el puerto de Cariño. Autor, Guillenperez

Atardecer en el puerto de Cariño

12. Hacia el día de difuntos. Autor. Roi Alonso

Hacia el día de difuntos

Más adelante, los ritos celtas encaminados al mundo de los muertos derivaron en Galicia hacia la tradición de la Santa Compaña. Según la leyenda, la comitiva de difuntos avanza durante esta noche en completo silencio y portando largos cirios encendidos, siendo necesario protegerse contra la maldición que supone toparse con ella: unos hacen como que “no la ven”, mientras otros recomiendan subirse a un cruceiro y esperar a que pase de largo.

Pero sin duda, nada hay más eficaz que evitar alejarse del hogar durante esas horas consagradas a los muertos. Un consejo ciertamente valioso, puesto que el que encabeza la comitiva es en realidad una persona viva, que ha sido condenada a portar una cruz delante de la procesión espectral, y que solo quedará libre cuando pueda traspasar su condena a otro… Dicho esto y sin ánimo de estropear la fiesta a nadie… ¡A disfrutar de la noche más tenebrosa del año!

13. Puesta de sol en Ortegal. Autor, Guillenperez

Puesta de sol en Ortegal

Un artículo de sabersabor.es©

Publicado el 1 comentario

La Alemania más romántica. Víctor Hugo y el sueño del viejo Rin

La Alemania más romántica. Víctor Hugo y el sueño del viejo Rin

El Rin es algo más que un río. Dotado de una personalidad tenaz e impredecible, su carácter cambia a lo largo de su recorrido como el propio clima del norte de Europa: impetuoso en su juventud al salvar los Alpes suizos donde nace y recorre en rápido viaje los tramos iniciales; bello escenario de leyendas hacia su curso central, hoy enclavado en estado federal de Renania-Palatinado; inmenso en las proximidades del Mar del Norte, el mar de los frisones, donde desemboca cerca de Rotterdam formando un delta común con el río Mosa. También su historia ha tejido un complejo laberinto de interpretaciones, ya que mientras que para los germanos era simplemente el Vater Rhein (Padre Rin), se dice que Homero no dio crédito a los informes que hasta él llegaban y negó repetidas veces su existencia. Por otra parte, los comerciantes que remontaban el Ródano desde Marsella hablaban de un curso de agua en el sombrío país de los cimerios, donde llovía sin cesar y no se veía jamás el sol, de modo que en opinión de Virgilio el Rin no era el río desconocido sino el río helado (Frigora Rheni). Fue a partir del siglo XVII cuando su estampa cambia radicalmente, hasta el punto de que Shakespeare se refiere a él como el bello Rin, mientras que en el XIX alcanza su cénit y llega a servir de reclamo a numerosos europeos y norteamericanos acaudalados. Era sin duda la excursión de moda, y los cruceros se prodigaban entre Maguncia y Coblenza para dar servicio a los distinguidos inquilinos de balnearios como Ems y Baden, en Alemania, o el de Spa en Bélgica.

2. Andernach. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

                                           Andernach. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

Es esta última visión la que nos hemos permitido revivir en el siguiente post, pues durante tres viajes sucesivos, realizados en 1838, 1839 y 1840, Víctor Hugo, uno de los mayores exponentes de la literatura, la política y la cultura francesas del siglo XIX y autor de la inmortal “Los Miserables”, recorrió el Rin más romántico, poético y evocador que la historia ha conocido jamás. De su pluma nacieron algunos de los pasajes más bellos que se han escrito sobre este curso de agua, pilar y arteria económica de Europa durante más de un milenio; un paisaje donde se combinan en perfecta armonía la naturaleza más esplendorosa, las viñas y campiñas de idílico aspecto, los desfiladeros, las aguas salvajes y las calmas, los castillos sombríos y un sinfín de aldeas y ciudades de nombre impronunciable, pero que parecen sacadas verdaderamente de uno de esos cuentos sin edad de los Hermanos Grimm.

Les invitamos, por tanto, a dejarse llevar por la siguiente procesión de imágenes sobre la Alemania más poética, la del viejo Rin, y a hacerlo acompañados de las impresiones que hace ya casi dos siglos le inspiraron al que quizás sea el mejor representante universal del periodo Romántico. Si gustan de la buena literatura, seguro que su prosa y su visión del Vater Rhein germano les sorprenderá favorablemente…

3. Aguas bravas en el Alto Rin. Schaffhausen, en Suiza. Autor, Mark Tomlinson

                                Aguas bravas en el Alto Rin. Schaffhausen, en Suiza. Autor: Mark Tomlinson

4. Casas típicas en el casco antiguo de Maguncia. Autor, Fixeche

                                            Casas típicas en el casco antiguo de Maguncia. Autor: Fixeche

5. Bingen y puente sobre el Rin. Boceto de Clakson Standfield. 1833. Autor, Ayacata7

                            Bingen y puente sobre el Rin. Boceto de Clakson Standfield. 1833. Autor: Ayacata7

6. Castillo entre la niebla junto al Rin. Sooneck. Autor, Doc(q)man

                                                       Castillo entre la niebla. Sooneck. Autor: Doc(q)man

7. Castillo de Stahleck. Autor, Dfb

                                                                     Castillo de Stahleck. Autor: Dfb

 

“La tarde era de una suavidad deliciosa; la naturaleza entraba en esa calma que precede a su sueño. Algunas aguzanieves se acercaban a beber en el río para luego ir a refugiarse entre los mimbrales; sobre los campos de tabaco veía yo pasar, por senderos estrechos, carretas tiradas de bueyes y cargadas de esa toba basáltica con la que Holanda construye sus diques. Cerca de mi estaba amarrado un transbordador de Leutersford que exhibía en su proa el austero y dulce nombre de Pius. Al otro lado del Rin, al pie de una larga y sombría colina, trece caballos remolcaban lentamente otro barco que los ayudaba con sus dos grandes velas triangulares desplegadas al viento de la tarde. El paso mesurado del tiro, el ruido de los cascabeles y el chasquido de los látigos llegaban hasta mí. Una blanca ciudad se perdía a lo lejos entre la bruma; y en lontananza, hacia oriente, en el límite extremo del horizonte, la luna llena, roja y redonda como el ojo de un cíclope, aparecía entre los párpados de dos nubes al frente del cielo”.

8. Ehrenbreintstein junto al Rin. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

                           Ehrenbreintstein, junto al Rin. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

9. La plaza del Mercado, en Maguncia. Autor, Fixeche

                                                    La plaza del Mercado, en Maguncia. Autor: Fixeche

10. La catedral de Maguncia. Autor, Fixeche

                                                              La catedral de Maguncia. Autor: Fixeche

11. Climatología cambiante. El Rin en Lieversberg. Autor, Jwmb2011

                                         Climatología cambiante. El Rin en Lieversberg. Autor: Jwmb2011

12. Majestuosas ruinas de un castillo del Rin. El Drachenfels. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

      Majestuosas ruinas de un castillo del Rin. El Drachenfels. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

 

“Estas hermosas ciudades y estos encantadores pueblos se mezclan con una naturaleza de lo más salvaje. Las nieblas se arrastran por los barrancos; los nubarrones, enganchados a las colinas, parecen dudar y elegir el viento; sombríos bosques druídicos se pierden entre las montañas en lejanías violetas; grandes aves de presa planean bajo un cielo caprichoso que participa de los dos climas que el Rin separa: tan pronto resplandeciente de sol como un cielo de Italia, tan pronto ensombrecido por las brumas rojizas como un cielo de Groenlandia”.

 

13. Marksburg, junto al Rin. Autor, Polybert49

                                                             Marksburg, junto al Rin. Autor: Polybert49

14. Atardecer en el río Rin, cerca de Bonn. Autor, Julia Janben

                                                   Atardecer en el río, cerca de Bonn. Autor: Julia Janben

15. Francfort y río Meno, afluente del Rin. Boceto de Clarkson Standfield. 1833. Autor, Ayacata7

                   Francfort y río Meno, afluente del Rin. Boceto de Clarkson Standfield. 1833. Autor: Ayacata7

16. Fuegos artificiales en el Rin, entre Spay y Coblenza. Autor, Mlufotos

                                       Fuegos artificiales en el Rin, entre Spay y Coblenza. Autor: Mlufotos

17. Gutenfels, cerca de Kaub. Renania-Palatinado. Autor, RescueAnn85

                                       Gutenfels, cerca de Kaub. Renania-Palatinado. Autor: RescueAnn85

 

“Sentarse en lo alto del Klopp, hacia la hora en que el sol se pone y contemplar la ciudad (Bingen) a los pies de uno con el inmenso horizonte rodeándole; ver oscurecer los montes, humear los tejados, alargarse las sombras y los versos de Virgilio vivir en el paisaje; aspirar en un mismo soplo el viento de los árboles, el hálito del río, la brisa de las montañas y la respiración de la ciudad, cuando el aire es tibio, la estación suave, el día hermoso, es una sensación íntima, exquisita, inefable, llena de pequeños goces secretos velados por la grandeza del espectáculo y la hondura de la contemplación. En las ventanas de las buhardillas, las muchachas cantan puestos los ojos en su labor; los pájaros gorjean alegremente entre la hierba de las ruinas, las calles hormiguean de gente, que hace ruido a trabajo y felicidad; las embarcaciones se cruzan en el Rin, se oyen los remos cortar el agua, se ve el crepitar de las velas; las palomas vuelan en torno a la iglesia; el río espejea, el cielo empalidece; un rayo de sol horizontal enciende en lontananza el polvo que se levanta sobre el camino ducal de Rudesheim a Biberich y hace reverberar a las veloces calesas, que parecen huir en una nube de oro, tiradas por cuatro estrellas. Las lavanderas del Rin tienden la colada en los matorrales; las lavanderas del Nahe la baten, van y vienen con las piernas al aire y los pies mojados sobre las balsas hechas con troncos de pino y amarradas al borde del agua, y ríen de algún turista que dibuja al Ehrenfels. La torre de las Ratas, presente y en pie en medio de tanta alegría, humea a la sombra de las montañas”.

 

18. El Rin y la ciudad de Colonia. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

                           El Rin y la ciudad de Colonia. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

19. Idílica imagen del Lago Constanza, donde desemboca el Rin en su curso alto. Autor, Rob-Wei

                  Idílica imagen del Lago Constanza, donde desemboca el Rin en su curso alto. Autor: Rob-Wei

20. El castillo de Eltz. Autor, Estebanl

                                                                      El castillo de Eltz. Autor: Estebanl

21. El Rin a su paso por Coblenza. Grabado de Jouvet Furne. 1873-77. Autor, El Bibliomata

                      El Rin a su paso por Coblenza. Grabado de Jouvet Furne. 1873-77. Autor: El Bibliomata

22. El Rin y Coblenza. Autor, Filippo

                                                         Estampa actual del río y Coblenza. Autor: Filippo

23. Hermoso castillo a orillas del Rin. Oberwesel. Autor, Michael.Berlin

                                        Hermoso castillo a orillas del Rin. Oberwesel. Autor: Michael.Berlin

 

“Los viejos castillos de las orillas del Rin, hitos colosales puestos por el feudalismo sobre su río, llenan de ensueño el paisaje. Muchos testigos de un tiempo ya ido, han asistido a los hechos, enmarcado las escenas, escuchado las palabras. Allí están como los bastidores eternos del sombrío drama que se representa en el Rin desde hace más de diez siglos (…). Hoy, melancólicos cuando llega la noche y la luna reviste sus espectros con un blanco sudario, más melancólicos, si cabe, a pleno sol, llenos de gloria, de fama, de nada, de hastío, roídos por el tiempo, minados por los hombres, volcando sobre los viñedos de las laderas una sombra que disminuye de año en año, dejan desmoronarse el pasado, piedra a piedra en el Rin y fecha a fecha en el olvido”.

 

24. El Neckar, afluente del Rin, a su paso por la ciudad de Heidelberg. Grabado de Jouvet Furne. 1873-77. Autor, El Bibliomata

El Neckar, afluente del Rin, a su paso por la ciudad de Heidelberg. Grabado de Jouvet Furne. 1873-77. Autor: El Bibliomata

25. Stein am Rhein, en el cantón suizo de Schaffhausen.

                                                     Stein am Rhein, en el cantón suizo de Schaffhausen.

26. Melancólico Rin. Blankenhornsberg. Autor, Chekobero

                                                   Melancólico Rin. Blankenhornsberg. Autor: Chekobero

27. Otra vista Heidelberg y el río Neckar, afluente del Rin. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

                     Otra vista Heidelberg y el río Neckar. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

28. Rüdesheim am Rhein, en la región alemana de Hesse. Autor, Analox - Admiré

                                 Rüdesheim am Rhein, en la región alemana de Hesse. Autor: Analox – Admiré

 

“El sol se oculta, el atardecer llega, cae la noche, los tejados de la ciudad forman uno solo; los montes se funden en un único montón de tinieblas donde se hunde y se pierde la gran claridad blanca del Rin. Brumas de gasa ascienden lentamente del horizonte al cénit. El pequeño Dampfschiff (vapor) de Maguncia a Bingen acaba de situarse en el lugar que ocupa durante la noche en el muelle, frente por frente del hotel Victoria; las lavanderas, con sus ríos de ropa en la cabeza vuelven a casa por las hondonadas; los ruidos se apagan, callan las voces; un último resplandor rosa, que se parece al reflejo del otro mundo sobre el rostro lívido de un moribundo, colorea todavía durante algún tiempo, en la cima de su peña, el Ehrenfels, pálido, decrépito y descarnado. Después se desvanece y entonces parece como si la torre de Hatto, que pasaba casi desapercibida dos horas antes, aumentase de tamaño y se apoderase del paisaje. El humo que despedía durante el día era oscuro; ahora, poco a poco, con los reflejos de la fragua se había vuelto rojo, y como el alma de un malvado que se venga, se hacía cada vez más luminoso a medida que el cielo se iba ennegreciendo”.

Todas las citas literarias se han extraído de la obra “El Rin”. Victor Hugo
Ediciones Laertes, 1995

 

29. Noviembre en el valle del Rin. Braubach. Autor, Kismihok

                                                 Noviembre en el valle del Rin. Braubach. Autor: Kismihok

30. Rotterdam, en los Países Bajos, junto al Rin. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

                          Rotterdam, en los Países Bajos. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

31. Uno de los muchos castillos del Rin. Renania-Palatinado. Autor, Lassi.Kurkijarvi

                             Uno de los muchos castillos del Rin. Renania-Palatinado. Autor: Lassi.Kurkijarvi

32. Rin en Mainz-Bingen. Renania-Palatinado. Autor, Frans16611

                                             El río en Mainz-Bingen. Renania-Palatinado. Autor: Frans16611

33. Paisaje del delta del Rin, en el Mar del Norte. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor, Ayacata7

               Paisaje del delta del Rin, en el Mar del Norte. Boceto de Clarkson Stanfield. 1833. Autor: Ayacata7

34. Puesta de sol en el río Rin. Autor, Keyate

                                                     Puesta de sol sobre las aguas del río. Autor: Keyate

Publicado el 9 comentarios

En tierras del Pirineo y el Alto Cinca. La leyenda del Monte Perdido

En tierras del Pirineo y el Alto Cinca. La leyenda del Monte Perdido

En las tierras pirenaicas del Alto Cinca, en Aragón, se dice que el frío camina a voces y el invierno se entretiene junto a las cumbres tejiendo largos mantos de hielo. Pero más cierto que este dicho es la costumbre de los lugareños a la hora de arrimarse al fuego en noches oscuras, con el ganado bien a resguardo en bordas y corrales, para rememorar una y mil veces los hechos que dieron origen a la montaña más alta de todas: La reina del Sobrarbe, tal y como es conocida y nombrada con asombro en las cuatro esquinas de la región. A menudo el aire se arremolina allí creando grises velos y torbellinos de nieve, que envuelven en un denso manto los precipicios de roca como si quisieran con ello esconder el rostro de la montaña, hacerla invisible al viajero desprevenido. Pero vecinos, pastores y leñadores saben que sigue allí: sobre el Balcón de Pineta, en el lugar donde se sitúan las fuentes que dan origen al Cinca, el río de los Nabateros. Para ellos es, simplemente, el Monte Perdido. Y el lugar maldito donde una vez se extravió y desapareció para siempre cierto pastor de ovejas…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA                                                             Lirio en el valle de Pineta. Autor: Jbenayas

El lugar donde hoy se levantan los imponentes riscos de Pineta no fue antaño más que una extensión de prados y aulagares donde en verano los pastores del Sobrarbe llevaban a pastar su ganado desde las aldeas vecinas. La cascada del Cinca no existía, y nadie había oído hablar nunca en el país de la esquiva flor del edelweiss, ni de neveros, aristas o fríos ibones de aguas verdeazuladas. En su origen el aire corría allí tibio, los lirios y las gencianas se arremolinaban en las laderas herbosas y el río Cinca, mucho más modesto que ahora, vagabundeaba por los ribazos en amplios meandros bordeados de cañizo y choperas dispersas, donde los pastores de ovejas se tumbaban a la sombra tras el trasiego con los rebaños esperando en grata compañía la hora del regreso. Uno de estos pastores, sin embargo, no era como los demás. Hosco y de pocos amigos, gustaba de apartarse discretamente hacia la parte más alta del río donde crecían grandes masas de boj y hayas de aspecto colosal. El pastor de ovejas era aficionado a tallar con su cuchillo figuras y utensilios de madera que luego vendía en la aldea a los nabateros y carboneros que por allí transitaban. Y así pasaba las tardes entre las ramas de aquellos arbustos, aislado de los demás, ensimismado con sus tallas y sus figuras de formas caprichosas, de faz tan descarnada y adusta como la suya.

3. Pastor del Pirineo. Autor, Javier Falcó

                                                                Pastor del Pirineo. Autor: Javier Falcó

4. Cabaña de pastores en los Llanos de La Larri, junto a Pineta. Autor, Joan Simon

                             Cabaña de pastores en los Llanos de La Larri, junto a Pineta. Autor: Joan Simon

Ocurrió pues que, cierta tarde en que había quedado solo tras el regreso de sus compañeros, un hombre encorvado y de aspecto miserable que venía caminando a orillas del río se le acercó y le dijo: “Llevo mucho tiempo sin probar bocado. Deme algo de comer, Dios se lo pagará”. El desconocido era ciertamente un pobre hombre que no tenía donde caerse muerto. Sus ropas eran andrajos, caminaba con la ayuda de un bastón y sus pies se encontraban descalzos, sucios y desollados por el constante deambular entre las aliagas y rocas del sendero. El rostro aparecía además demacrado, prueba de que no había tomado bocado al menos en varios días. “Deme algo de comer. Dios se lo pagará” repitió el mendigo, pero el pastor, tras mirarlo de arriba abajo, escondió su hato de comida y siguió tallando la madera ajeno a los sufrimientos del desconocido. La tarde fue cayendo sobre la campiña y el mendigo insistía. Le habló de largas jornadas sin un mendrugo de pan que llevarse a la boca, del frío que pasaba al caer la noche y de las veces en que, falto de un lugar donde cobijarse, se había visto obligado a dormir sobre la dura tierra con el viento por único compañero contra la soledad. Siguió insistiéndole con toda el alma, mas el pastor, duro de corazón, lo apartó de su lado y no quiso prestarle oídos a pesar de su necesidad.

5. Valle de Pineta desde La Larri. Autor, Juan Simon

                                                      Valle de Pineta desde La Larri. Autor: Juan Simon

Cuenta la leyenda que instantes después de negarle auxilio al mendigo, el valle quedó súbitamente envuelto en un denso y frío manto de niebla. Aquel extraño desconocido había desaparecido. Por momentos la bruma se hacía tan cerrada que el camino por donde había llegado se difuminó rápidamente en un gris uniforme, extraño, imposible de sondear más allá de unos pocos pasos. Nunca había conocido el pastor una niebla como aquella, de modo que, amedrentado, se levantó presuroso y junto a su perro fue a reunir al ganado que se encontraba disperso por los pastos. Hacía cada vez más frío. Llamó, gritó a pleno pulmón los nombres de cada animal, corrió de un lado a otro, pero el prado, el río y las colinas no le devolvieron ni tan siquiera el eco de sus voces. El hombre se encontraba solo y la nieve helada, que hasta entonces no había hecho acto de presencia, comenzó a caer entonces con una fuerza inusitada. En pocos minutos todo se congeló bajo un manto uniforme que crecía por momentos, más y más alto entre los cielos grises del Pirineo, mientras perro, pastor y ganado se perdían definitivamente tragados por la bruma. Nunca más se supo de ellos en el valle.

6. Detalle de la Ermita Nuestra Señora de Pineta. Autor, Titoalfredo

                                           Detalle de la Ermita Nuestra Señora de Pineta. Autor: Titoalfredo

Mucho tiempo después, en el lugar del Alto Cinca donde se extravió el pastor con su ganado, los vecinos de la aldea descubrieron al regresar a los pastos una nueva montaña. Ya no había allí prados, ni alamedas gráciles, ni colinas punteadas de gencianas y lirios entre las masas de aulagar. En su lugar, unos altos paredones de roca descarnada se elevaban inaccesibles como si quisieran asombrar al mundo con su faz altiva y cubierta de escarcha. El río ya no venía corriendo en lentos meandros sino que se precipitaba, sombrío y salvaje, para salvar las crestas peladas en un espectáculo que sobrecogía por su belleza, pero que también encogía el ánimo de los que hasta allí se aventuraban. Y alzándose sobre la roca y los bosques, subiendo siempre, más allá del fragor de las cascadas y del crepitar de los glaciares sin vida, dominando el corazón del Sobrarbe como una enorme bóveda construida de orgullo y soberbia, los pastores descubrieron en lo más alto un pico desconocido que brillaba incólume con los primeros rayos del día. Lo miraron y de seguido bajaron la vista, espantados. Porque en algún detalle de su perfil amortajado de nieblas reconocieron el rostro del pastor de ovejas que desapareció aquella noche, muchos meses atrás, tragado por la furia de la tormenta.

7. Espectacular vista de las paredes de Pineta. Autor, Sharnik

                                               Espectacular vista de las paredes de Pineta. Autor: Sharnik

8. Balcón de Pineta y Monte Perdido cubierto de nieblas. Autor, Xoxote

                                         Balcón de Pineta y Monte Perdido cubierto de nieblas. Autor: Xoxote

Los lugareños afirman que esta montaña, encaramada a los neveros que tapizan las alturas, la más formidable, impresionante y peligrosa del Pirineo, surgió como castigo divino para aquel pastor que negó su caridad al vagabundo. Pues este vagabundo no era otro que San Antonio, de quien se dice que al despedirse se acercó hasta él y le susurró al oído: “Te perderás por avaricioso, y allí donde te pierdas surgirá un gran monte, inmenso, tan grande como tu falta de caridad». Es por ello que el Monte Perdido está compuesto sólo de piedra y hielo, como el corazón del pastor, y que las rocas aisladas que tapizan su base no son sino lo que queda del rebaño que una vez fue suyo, y que pereció irremediablemente al igual que su cuidador durante aquella tormenta. Éste es sin duda el secreto mejor guardado de la región: el lugar, bajo la eterna mirada de las Tres Sorores, donde el frío camina a voces y el invierno, soñoliento, se entretiene junto a las cumbres tejiendo largos mantos de hielo.

9. Monte Perdido en la distancia. Autor, Juan del Pozo

                                                      Monte Perdido en la distancia. Autor: Juan del Pozo

Publicado el Deja un comentario

La Serenissima del Mar del Norte, Un paseo por los canales de Ámsterdam

La Serenissima del Mar del Norte, Un paseo por los canales de Ámsterdam

Cuando un puñado de granjeros y pescadores llegaron a la zona en el siglo XIII navegando por el río Amstel hasta su desembocadura, nadie imaginó que de aquel viaje surgiría una de las ciudades más atractivas y cosmopolitas del mundo: Ámsterdam, la Venecia del Norte. Hoy la ciudad cuenta con más de 750.000 habitantes y es uno de los hitos del turismo europeo y mundial, que recala en la capital de los tulipanes para deleitarse con su despliegue de canales, sus mercados al aire libre, las casas señoriales del siglo de Oro holandés y también, por qué no decirlo, con el humo embriagador del cannabis en los célebres coffeeshops del casco antiguo, los locales autorizados para el consumo de drogas blandas.

En el siguiente post les invitamos a un paseo visual y descriptivo por el Ámsterdam más turístico, pero también por el menos conocido. Un paseo por sus puentes, por sus barrios y sus tiendas, un viaje en busca del espíritu que ha animado desde sus comienzos a esta ciudad asomada al frío Mar del Norte, y que durante más de un siglo lideró junto a países como España e Inglaterra las vías comerciales de los cinco continentes. Asomarse a Ámsterdam merece la pena, esperamos sinceramente que lo disfruten…

2. Ámsterdam, la Venecia del norte. Autor, Guillermo Ramírez

                                                Ámsterdam, la Venecia del norte. Autor: Guillermo Ramírez

3. Calles estrechas en Ámsterdam, un día de septiembre. Autor, Moyan Breen

                                   Calles estrechas de Ámsterdam en un día de septiembre. Autor: Moyan Breen

4. Barrio de Joordan. Autor, JenniKate Wallace

                            Barrio de Joordan, el antiguo distrito de la clase obrera. Autor: JenniKate Wallace

5. Edificios en El Patio de las Beguinas (Begijnhof), del siglo XIV. Autor, Dirkjankraan

                               Edificios en El Patio de las Beguinas (Begijnhof), del siglo XIV. Autor: Dirkjankraan

1. Ámsterdam (que proviene de Ámsteler-damme o “dique de Ámstel”, junto al cual se construyó el primer asentamiento) es una ciudad tremendamente viva y cosmopolita. Entre las atracciones más llamativas para el viajero que recala allí por primera vez se encuentran los museos, muchos de ellos preparados para ofrecer multitud de actividades dirigidas especialmente los más pequeños; las playas de Zandvoort, Wijk aan Zee, Bloemendaal y Noordwijk tienen un carácter muy peculiar y ofrecen diversas ofertas deportivas y de ocio, así como platos tradicionales costeros en sus restaurantes que merece la pena degustar con calma; la ciudad atesora además el zoo más antiguo de Europa, y a solo unos cuantos km hacia el exterior es posible encontrar los verdes y amplios espacios de la campiña holandesa repletos de molinos, como Zaanse Schans, un museo al aire libre donde el viajero puede sentirse como si hubiese sido transportado en el tiempo… Si lo que desea es recorrer la ciudad sin las consabidas marchas kilométricas, que a menudo terminan en el hotel con los pies doloridos y sumergidos en agua caliente, no está de más saber que Ámsterdam es la capital mundial de la cultura de la bicicleta y que no puede permitirse el lujo de encontrarse allí y rechazar un paseo en este comodísimo y útil medio de transporte. La mayoría de las calles tienen carriles-bici y puede aparcarse sin problemas en casi cualquier sitio. Claro que en ese caso es mejor no olvidar ni el aspecto de su vehículo ni el lugar elegido, puesto que los últimos censos dan para la ciudad un total de 700.000 ciclistas (el 94% de la población) y más de 7 millones de bicicletas. Además, y según un estudio reciente, cada año desaparecen unas 80.000 en pleno casco urbano, de las cuales la tercera parte acaba misteriosamente en el fondo de algún canal…

6. Rijsksmuseum de Ámsterdam. Autor, Burns!

                                                    Rijsksmuseum de Ámsterdam. Autor: Burns!

7. Biblioteca en el Rijksmuseum. Autor, Ton Nolles

                                                Biblioteca en el Rijksmuseum. Autor: Ton Nolles

8. Bicicletas en la ciudad, el mejor medio de transporte. Autor, Jorge Royan

                                    Bicicletas por la ciudad, el mejor medio de transporte. Autor: Jorge Royan

9. Molinos de viento en Zaanse Schanz, a 10 km de Ámsterdam. Autor, Tania Caruso

                                 Molinos de viento en Zaanse Schanz, a 10 km de Ámsterdam. Autor, Tania Caruso

2. Ámsterdam fue originalmente una ciudad comercial y pesquera, con el arenque como producto principal de exportación, y a principios del siglo XVI disponía ya de una red de canales y presas para controlar el nivel del río y de las mareas, de gran envergadura en las aguas del Mar del Norte. Tras las sangrientas luchas contra los ejércitos españoles, Ámsterdam inició una edad dorada con el establecimiento de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, gracias a la cual arribaban todos los años a la ciudad cientos de barcos cargados de riquezas y productos procedentes de todos los rincones del mundo: África del Sur, Ceilán, Indonesia, norte de Brasil… En el siglo XVII prosperaron los astilleros para fabricar barcos; infinidad de molinos que procesaban materias primas, y por supuesto los edificios suntuosos de la nueva clase burguesa, hoy todavía admirables en el llamado Gouden Bocht (Bucle de Oro) en torno al primer canal (las casas obreras, en cambio, ocupaban el barrio Jordaan de la periferia).

Desafortunadamente la prosperidad no duró mucho, y tras las guerras con Inglaterra por la hegemonía de los mares, y sobre todo con las disputas con Prusia y la «tutela» del país a cargo del ejército de Napoleón, el declive económico se hizo acelerado y llegó a temerse que no tuviera fin. La ocupación de Holanda por las tropas alemanas en 1940 constituyó por otro lado el fondo de una vorágine de terror, un calvario económico y humano sin precedentes que tuvo su máxima expresión en las deportaciones de decenas de miles de judíos hacia los campos de concentración y de exterminio nazis ubicados en media Europa. La historia de Ana Frank, cuya casa puede visitarse hoy como museo, es sin duda el caso más conocido…

10. Otra vista de los molinos de Zaanse Schans. Autor, Johan Wieland

                                    Otra vista de los molinos de Zaanse Schans. Autor: Johan Wieland

11. Palacio Real en Ámsterdam, en la plaza Dam. Autor, Vgm8383

                                      Palacio Real en Ámsterdam, en la plaza Dam. Autor: Vgm8383

12. La casa del señor Tripp, la más ancha de la ciudad. Autor, Jan

                                      La casa del señor Tripp, la más ancha de la ciudad. Autor: Jan

13. La casa del cochero del señor Tripp, la más estrecha de Ámsterdam. Justo en frente de la anterior. Autor, HenkLiu

    La casa del cochero del señor Tripp, la más estrecha de Ámsterdam. Justo enfrente de la anterior. Autor: HenkLiu

3. Como reminiscencia de su pasado comercial, los mercados de Ámsterdam siguen siendo uno de los lugares turísticos más atractivos de la ciudad. Entre ellos no hay que perderse el Albert Cuyp, considerado el mayor al aire libre de Europa con sus más de 300 puestos a lo largo de más de 1 km de recorrido. El Dappermarkt está reconocido por National Geographic como el 8º del ranking mundial de los mejores mercadillos del mundo, solo por detrás de algunos tan impresionantes como el “Grand Bazaar” de Estambul o el “Mercado nocturno de Patpong”, en Bangkok, Thailandia. Pero si lo que quieren es encontrar artículos únicos, existen infinidad de mercados monográficos en Ámsterdam para todos los gustos: en Looier abundan las antigüedades y los objetos de coleccionista; para los amantes de los libros se encuentra Oudemanhuisport, que atesora también grabados o partituras musicales del siglo XIX; y si su pasión son las flores, no puede olvidar acercarse al maravilloso mercado de flores flotante de Ámsterdam, el Bloemenmarkt, con decenas de barcazas-floristerías abiertas al público e instaladas permanentemente sobre las aguas de un canal…

14. Albert Cuyp markt, el mayor mercado al aire libre de Europa. Autor, Shirley de Jong

                      Albert Cuyp markt, el mayor mercado al aire libre de Europa. Autor: Shirley de Jong

15. Detalle del Mercado de flores flotante en la ciudad. Autor, Antoon's Foobar

                  Detalle del Mercado de flores flotante en la ciudad. Autor: Antoon’s Foobar

16. Canal Prinsengracht. A la izquierda, justo antes de la torre, la famosa casa de Ana Frank. Autor, Moyan Brenn

     Canal Prinsengracht. A la izquierda, justo antes de la torre, la famosa casa de Ana Frank. Autor: Moyan Brenn

17. Jardines del museo Geelvinck, ubicados en una lujosa casa del siglo XVII. Autor, David Holt

              Jardines del museo Geelvinck, ubicados en una lujosa casa del siglo XVII. Autor: David Holt

4. Para los amantes de lo prohibido, nada hay más famoso en Ámsterdam como su exclusivo Barrio Rojo (Rosse Buurt), uno de los más permisivos del mundo en cuanto a diversidad sexual, servicios de prostitución o consumo de drogas blandas. Los barrios de Singelgebied, Ruysdaelkade y De Wallen se encuentran en el centro histórico de la ciudad y exhiben locales de alterne abiertos tanto de día como de noche, donde las damas muestran sus encantos justo al otro lado del escaparate. La prostitución está totalmente regulada en Holanda y lo mismo ocurre con el consumo de cannabis y sucedáneos como el hachís, por lo que la ciudad es un verdadero imán que atrae a miles de visitantes ansiosos por curiosear en un mundo de Jauja donde todo está permitido (o al menos así lo parece). Ámsterdam no es sin embargo pionera en estos establecimientos de venta de marihuana (el Sarasani de Utrecht, de 1968, es al parecer el más antiguo local existente en Holanda y un verdadero Templo para los alegres camaradas del fumeteo). Sin embargo, la rutina suele ser similar en todos ellos.

En los coffeeshops, por ejemplo, uno puede consumir hasta 5 gramos de cannabis puro en un día: si lo compra en el propio establecimiento la broma le sale a unos 10 € el gramo, aunque son muchos los que utilizan el local como un parador de autoservicio llevándose allí su propio material, a fin de liarse el porro y fumarlo tranquilamente en un rincón apartado… aunque en ese caso tendrá que consumir alguna otra cosa dentro del garito (y hacerlo mientras todavía se encuentra en condiciones, claro está). Además de cannabis se venden también bebidas como té, café, leche o zumos naturales de frutas, de modo que el local también es utilizado por numerosos visitantes que solo desean experimentar el placer de encontrarse allí observando al respetable mientras toman un refrigerio. De hecho, el ambiente resulta en ese sentido de lo más normal: parecidos a un restaurante, los coffeeshops son lugares pequeños con mesas y sillas; ceniceros; música y diversos aparatos de entretenimiento para uso de los clientes, como mesas de ajedrez, cartas, televisión y mesas de billar… Por supuesto, en sus reglamentaciones se prohibe terminantemente circular por el establecimiento y hacer fotos a los fumadores como si fuesen reliquias de museo.

18. El famoso Red Light District de Ámsterdam, en pleno día. Autor, Nenyaki

                                     El famoso Red Light District de Ámsterdam, en pleno día. Autor: Nenyaki

19. Red Light district, durante la noche. Autor, Robert Andersson

                  Red Light District en pleno funcionamiento durante las horas nocturnas. Autor: Robert Andersson

20. Callejuela entre la plaza Dam y el museo Van Gogh. Autor, Moyan Green

                                   Callejuela entre la plaza Dam y el museo Van Gogh. Autor: Moyan Green

21. Vista invernal de los canales de Ámsterdam. Autor, Eugene Phoen

                                   Vista invernal de los canales de Ámsterdam. Autor: Eugene Phoen

5. La relación de Ámsterdam con el agua viene de antiguo. Ya en los primeros años de su fundación los autóctonos hubieron de desecar grandes extensiones de terreno pantanoso e inundado periódicamente por las mareas, y para ello construyeron una serie de presas y diques de los cuales el más antiguo es el situado debajo de la actual Plaza Dam, hoy corazón de la ciudad. Pero si hay algo por lo que se conoce a Ámsterdam hasta en el parvulario es precisamente por su red de canales, de los cuales existen unos 160 por toda la ciudad, atravesados por más de 1.200 puentes y con 2.700 barcos-casa flotantes arrimados a sus orillas. Este año la ciudad celebra el 400 aniversario de este laberinto acuático, considerado Patrimonio Cultural de la Unesco desde 2010, aunque en un principio fueron simples vías para transportar las mercancías de forma cómoda por medio de barcazas. En el siglo XVII se utilizaban asimismo como cloacas colectivas adonde se arrojaban todas las inmundicias imaginables desde balcones, puertas y ventanas. Se sabe que los marineros lanzaban vítores ante el hedor de las cloacas mucho antes de avistar Ámsterdam, al regresar de sus largas travesías por medio mundo, puesto que era éste y no la voz del vigía la primera señal de que la ciudad se encontraba próxima.

Por supuesto, no es recomendable visitar Ámsterdam sin realizar un crucero por los canales. Existen numerosas ofertas y muchísimos lugares por todo el centro de la ciudad desde donde uno puede subirse a los botes, aunque antes de hacerlo es necesario adquirir un ticket en las taquillas situadas junto a la Estación Central y las calles Damrak y Rokin. Por una media de 20€ es posible pasar el día recorriendo los canales a lo largo de las tres rutas establecidas (Green Line, Red Line y Blue Line) y con paradas libres en cualquier punto para efectuar compras o realizar las visitas que considere necesarias: el bote siempre le estará esperando a su vuelta. Todos los canales tienen un trazado concéntrico en torno al núcleo histórico y crean numerosos islotes de pintoresco aspecto y apreciables únicamente a vista de pájaro. El más antiguo de los canales es el Singel, que rodea a la ciudad, pero sin duda todo el trasiego de locales y turistas se dirige hacia aquellos que conforman el cinturón de oro de Ámsterdam, bellísimas calles acuáticas cruzadas por puentes de leyenda que como el de los Señores (Herengracht), fueron construidas como barrios residenciales para las acaudaladas familias de comerciantes en los lejanos años del siglo XVII. Los edificios, de un lujo ostentoso, se asoman plácidamente a las aguas y desfilan en un continuo perfilado además por el ramaje de miles de olmos, el árbol típico de los canales de la ciudad.

22. Edificios entre la plaza Dam y el barrio de Joordan. Autor, Moyan Brenn

                                   Edificios entre la plaza Dam y el barrio de Joordan. Autor: Moyan Brenn

23. Típico canal en Ámsterdam. Autor, Joao Maximo

                                                    Típico canal en Ámsterdam. Autor: Joao Maximo

24. Nocturno en los canales, cerca del Rijksmuseum. Autor, Martin Schmid

                              Nocturno en los canales, cerca del Rijksmuseum. Autor: Martin Schmid

Publicado el Deja un comentario

En el país de ensueño. Un viaje por los castillos del valle del Loira

En el país de ensueño. Un viaje por los castillos del valle del Loira

El río Loira, uno de los más importantes de Francia, atesora en su curso medio un auténtico país de cuento. Pueblos de idílico aspecto medieval asomando en sus márgenes, castillos de ensueño, belleza natural, la Francia de los nobles y de los reyes en su más puro estado desplegada como un tapiz de excelsos colores ante la vista deslumbrada del visitante. En el Valle del Loira, entre Sully-sur-Loire y Chalonnes-sur-Loire, hubo infinidad de batallas entre ingleses y franceses durante la guerra de los Cien Años, y todavía antes fue el escenario del choque entre musulmanes y carolingios durante la batalla de Poitiers. Pero los castillos y palacios que hoy vemos no nacieron con finalidad defensiva. Sus moradores los construyeron durante la época renacentista pensando más en el descanso y el ocio que en la guerra, por lo que crearon verdaderos palacios del placer, mansiones, parques, puentes y bosques de caza diseñados tan solo para uso y disfrute de sus acaudalados propietarios.

Las masas forestales, los viñedos y las colinas que dominan el plácido curso del Loira entre Orleáns y Saumur esconden pueblos históricos de alta alcurnia como Blois o Tours. De hecho, es tal la concentración de naturaleza, historia y monumentos en un espacio tan limitado que el conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Hoy podemos conocer cómodamente los 42 castillos existentes gracias a diversos itinerarios fluviales y de carretera en toda la región, pero como aperitivo os invitamos a un recorrido fotográfico que de seguro os impresionará por la belleza de las imágenes. Esta es la estampa más señorial de Francia: disfrútenla, ¡y no demoren mucho la visita!

Ciudad de Blois, junto al Loira. Autor, Paolo Ramponi

                                                    Ciudad de Blois, junto al Loira. Autor: Paolo Ramponi

Castillo y villa de Montrésor. Autor, Sybarite48

                                                          Castillo y villa de Montrésor. Autor: Sybarite48

Castillo de Saumur. Autor, Paolo Ramponi

                                                           Castillo de Saumur. Autor: Paolo Ramponi

Montpoupon (Indre-et-Loire)

                                                           Castillo de Montpoupon. Autor: Sybarite48

Castillo de Langeais, del siglo X. Autor, Paolo Ramponi

                                                 Castillo de Langeais, del siglo X. Autor: Paolo Ramponi

Castillo de la Giraudière. Autor, Vitruve

                                                               Castillo de la Giraudière. Autor: Vitruve

Castillo de Chenonceaux. Autor, Javier D.

                                                            Castillo de Chenonceaux. Autor: Javier D.

Castillo de Chenonceaux. Autor, Dan Lundberg

                                                        Castillo de Chenonceaux. Autor: Dan Lundberg

Castillo de Chaumont sur Loire. Autor, Jordi Chueca

                                                    Castillo de Chaumont sur Loire. Autor: Jordi Chueca

Castillo de Azay-le-Rideau. Autor, Dan Lundberg

                                                     Castillo de Azay-le-Rideau. Autor: Dan Lundberg

Paseo fluvial frente al castillo de Chenonceaux. Autor, Daniel Jolivet

                                         Paseo fluvial frente al castillo de Chenonceaux. Autor: Daniel Jolivet

Paisaje rural del Alto Loira. Autor, Lain@ G fait une pause

                                                 Paisaje rural del Alto Loira. Autor: Lain@ G fait une pause

Paisaje de La Campaigne, en el país del Loira. Autor, Lain@ G fait une pause

                                 Paisaje de La Campaigne, en el país del Loira. Autor: Lain@ G fait une pause

Niebla sobre el Loira, en invierno. Autor, Arnaud Abélard

                                               Niebla sobre el Loira, en invierno. Autor: Arnaud Abélard

Fortaleza de Chinon, en el río Vienne. Autor, Photos-chinon.cite-creative

                                    Fortaleza de Chinon, en el río Vienne. Autor: Photos-chinon.cite-creative

Fachada del castillo de Chambord, de estilo renacentista. Autor, Poluz

                                     Fachada del castillo de Chambord, de estilo renacentista. Autor: Poluz

Espectacular puente de piedra en La Charité sur Loire. Autor, Akial

                                        Espectacular puente de piedra en La Charité sur Loire. Autor: Akial

Claustro de la abadía de la Chaise-Dieu. Autor, Charlotte Ségurel

                                         Claustro de la abadía de la Chaise-Dieu. Autor: Charlotte Ségurel

Una de las salas del castillo de Cheverny, en el país del Loira. Autor, B.roveran

                               Una de las salas del castillo de Cheverny, en el país del Loira. Autor: B.roveran

La Loire

                                                       Una bella vista del río Loira. Autor: Daniel Jolivet

Típica calle medieval de Montrésor, junto al Loira. Autor, B.roveran

                                        Típica calle medieval de Montrésor, junto al Loira. Autor: B.roveran

Otra vista del castillo de Chenonceaux. Autor, Telemaque

                                                Otra vista del castillo de Chenonceaux. Autor: Telemaque

Chambord Terrace

                                                   Otra vista del castillo de Chambord. Autor: Blieusong

Puesta de sol en el Loira. Autor, Stephendl

                                                          Puesta de sol en el Loira. Autor: Stephendl

Publicado el 2 comentarios

Madre Volga. Un viaje a la cuna de la vieja Rusia

Madre Volga. Un viaje a la cuna de la vieja Rusia

Conocido y respetado desde siempre por sus pobladores, el Volga (nombre de origen eslavo que quiere decir “húmedo”) es el río por excelencia del continente euroasiático. Fue Rha para los escitas e Itil según los turcos, mas los que han surcado sus aguas lo conocen simplemente por su apelativo femenino y familiar, tan repetido por otro lado en el folklore ruso: “Madre Volga”. Con mucho el más grande y caudaloso de Europa, lleva tras si un legado cultural e histórico que ha traspasado fronteras convirtiéndolo en una referencia única para quien quiera descubrir, de norte a sur, el país más grande del mundo. Arteria vital y durante muchos siglos indomable, fue el confín de la tierra para los griegos, el país de los remeros del Volga, de las correrías mongolas y también de Stenka Razin, el enigmático y legendario “Pirata del Volga” y líder de los cosacos durante el siglo XVII.

A lo largo de su curso podemos pasar de los inmensos bosques de coníferas al norte, sobre la meseta de Valdái, hogar del lince ártico y de las grandes manadas de renos, y a través de estepas y mesetas surcadas por tributarios tan grandes como cualquiera de los mayores ríos de Europa Occidental, hasta terminar en los bajíos cubiertos de cañaverales a la altura de Astracán, al norte del Caspio, uno de los deltas más extensos de la tierra y durante mucho tiempo hogar de poblaciones mongolas y turcas. Mesetas, llanuras, praderas y pantanos; ciudades históricas, iglesias ortodoxas, gentes de variada etnia, paisajes todos llenos de misterio y evocación épicos. Acompáñennos en este viaje fotográfico por la madre Volga y conozcan algo más del secreto que se esconde en el antiguo país de los “Rus”, la tierra y la cuna donde nace el frío.

 

El Monasterio de Nilov sobre la isla de Stolobnyi, en el lago Seliger y cerca de la cabecera del Volga. Autor, Gorgo

   El Monasterio de Nilov sobre la isla de Stolobnyi, en el lago Seliger, cerca de la cabecera del Volga

Colinas de Valdái, zona del nacimiento del río Volga. Autora, Illya Schurov

                                   Colinas de Valdái, zona del nacimiento del río Volga

Iglesia ortodoxa en Uglich, junto al Volga. Autor, Aleksandr Zykov

                                                     Iglesia ortodoxa en Uglich

Niña pescadora del Volga. Iliá Yefímovich Repin (1874)

                                            Niña pescadora en el río. Obra de Iliá Yefímovich Repin (1874)

Lago Nero junto a la histórica ciudad de Rostov. Monasterio de Spaso-Yakovlevsky. Autor, Alexxx Malev

           Lago Nero junto a la histórica ciudad de Rostov. Monasterio de Spaso-Yakovlevsky

Catedral de San Juan el Bautista, en Uglich. Autor, Alexxx Malev

                                            Catedral de San Juan el Bautista, en Uglich

Río Volga en el Óblast de Nizhniy Novgorod. Autor, Randolf Rautenberg

                                      Río Volga en el Óblast de Nizhniy Novgorod

Los sirgadores del Volga. Iliá Yefímovich Repin (1870-73)

                                           Los sirgadores del Volga. Obra de Iliá Yefímovich Repin (1870-73)

Catedral de la Transfiguración e Iglesia de San Basilio, en Murom. Óblast de Vladimir. Autor, Alexxx Malev

        Catedral de la Transfiguración e Iglesia de San Basilio, en Murom. Óblast de Vladimir

Curso del río Volga a la altura de Myshkin. Oblást de Yaroslavl. Autor, Alexxx Malev

                            Curso del río Volga a la altura de Myshkin. Oblást de Yaroslavl

El lugar donde confluye el río Kotorosl con el Volga. Óblast de Yaroslavl. Autora, Tjukka2

                       El lugar donde confluye el río Kotorosl con el Volga. Óblast de Yaroslavl

Después de la lluvia en Plyos, la Perla del Volga. Isaac Levitan. 1889

                                  Después de la lluvia en Plyos, la Perla del Volga. Obra de Isaac Levitan. 1889

Río Volga en el Óblast de Ivanovo

      Río Volga en el Óblast de Ivanovo

El río Volga cerca de la ciudad de Samara. Autor, Reasonable Excuse

                              Agua y cielo en el Volga, cerca de la ciudad de Samara

Celebración de un matrimonio Cosaco. Józef Brandt (1841-1915)

                                    Celebración de un matrimonio Cosaco. Obra de Józef Brandt (1841-1915)

            El delta del río Volga en el mar Caspio, visto desde el espacio. Autor, NASA's Marshall Space Flight Center

           El delta del Volga en el mar Caspio, visto desde el espacio. Autor: NASA’s Marshall Space Flight Center

Tropa de jinetes tártaros en la estepa de Tartaristán. Józef_Brandt (1841-1915)

                       Tropa de jinetes tártaros en la estepa de Tartaristán. Obra de Józef_Brandt (1841-1915)

Marismas y pantanos del Volga en su desembocadura. Astracán. Autor, Vladislav.bezrukov

                     Marismas y pantanos del Volga en su desembocadura. Astracán

Publicado el 3 comentarios

Por qué es blanca la Laguna Blanca de Villahermosa

Por qué es blanca la Laguna Blanca de Villahermosa

A principios de los años noventa del pasado siglo, en la zona del nacimiento del río Pinilla y a 900 metros de altura, la primera de las lagunas de Ruidera se secó por completo durante varios años. Desde lejos podía observarse con nitidez un gran espacio en blanco de forma triangular, cercado por la exuberante vegetación de sabinas, carrasca y monte bajo que caracteriza toda la zona. El verde cimbreante de juncos y espadañas o el más sólido de los álamos, contrastaba vívidamente con una amplia extensión de arena de un blanco deslumbrante, más a tono con los paisajes caribeños que con la vieja piel de toro ibérica. Hoy la Laguna Blanca, que tal es su nombre, vuelve a estar rebosante de agua después de una serie de inviernos notablemente lluviosos, pero todavía sorprende para quien pasea por sus orillas el color nacarado de sus arenas ¿A qué se debe este fenómeno?

Río Pinilla

Río Pinilla

En años húmedos, la Laguna Blanca toma un color turquesa muy característico debido al azul de su superficie combinado con la arena blanquísima y de aspecto pulverulento que tapiza sus fondos, totalmente limpios de vegetación. Es esta peculiaridad, unida a sus aguas templadas y poco profundas, la que la hace tan especial para el bañista y viajero. Se cree que la laguna era conocida por su nombre actual a principios del siglo XIII, y que los primeros habitantes de la comarca convivían ya con los ciclos de vaciado y llenado que la caracterizan. El color blanco aparece también en otras toponimias. Así, una vez pasado el manantial de los Zampuñones y la propia laguna, al río Pinilla se le conoce también en los mapas como Vado Blanco.

El origen de estos sedimentos está íntimamente ligado al propio origen de Ruidera. Las tierras que rodean este afloramiento de agua, enclavadas en la actual comarca del Campo de Montiel, se extienden sobre un basamento de piedra caliza de colores claros, rosados y grises, un potente banco rocoso con un espesor medio que oscila entre los 100 y 150 metros. Esta roca es muy conocida en todos los pueblos de la zona al utilizarse tradicionalmente para fabricar la cal usada en el enjalbegado de las paredes. Antiguamente también se cubrían de cal los troncos de los árboles (como es el caso de los cipreses en muchos cementerios de la comarca) ya que se consideraba un excelente remedio contra el ataque de los insectos.

La Laguna Blanca en los años 70. Juan Antonio Resa

La Laguna Blanca en los años 70. Autor: Juan Antonio Resa

La roca caliza está compuesta de carbonato cálcico, que puede disolverse fácilmente con el agua de lluvia. Este fenómeno tiene una gran importancia en la creación de los llamados paisajes kársticos y básicamente se debe a la existencia en el agua de un ácido muy débil llamado ácido carbónico. El ácido horada poco a poco la roca para formar grandes cavidades, como la famosa cueva de Montesinos, y determina que el agua se cargue de una gran variedad de sales disueltas entre las que se encuentra el bicarbonato, lo que le aporta su “dureza” característica.

Después de un prolongado viaje subterráneo las aguas afloran a la superficie en las propias cubetas de las lagunas, así como en algunos manantiales de renombre como el de los Zampuñones. Una vez fuera, el agua sufre un cambio brusco que afecta al equilibrio de sales disueltas en su seno. Al disminuir la presión el ácido carbónico se descompone para formar agua y gas carbónico, que se escapa a la atmósfera en un proceso similar al que se produce cuando destapamos una gaseosa. Pero en Ruidera este fenómeno adquiere una importancia trascendental ya que al reducirse la proporción de ácido, el bicarbonato disuelto precipita y tiende a crear de nuevo la roca original. Así se forman las estalactitas y estalagmitas en cuevas de todo el mundo, y también una roca porosa y frágil muy abundante en el complejo de Ruidera: el travertino.

El travertino se utiliza frecuentemente en construcciones decorativas, belenes, etc. debido a su ligereza y apariencia retorcida, casi barroca. Es sabido que gran parte de los monumentos e iglesias de la Antigua Roma estaban fabricados con este material. Los travertinos se suelen formar en las inmediaciones de surgencias de agua subterránea y en lugares con abundante vegetación acuática. En estas condiciones el carbonato precipita con facilidad sobre la materia vegetal, conchas de moluscos y otros diminutos seres de agua dulce, conservando siempre los moldes o impresiones de los mismos. Ciertamente, cuando observamos una de estas rocas en detalle sorprende comprobar la ingente cantidad de ramas, hojas, cortezas, tallos y pequeños animales que la componen, todo ello convertido en piedra como por arte de algún hechizo milenario.

Laguna Conceja y río Pinilla, en Ruidera

 Laguna Conceja y río Pinilla, en Ruidera

Laguna Blanca

Las típicas arenas blancas y aguas color esmeralda de la Laguna Blanca. Villahermosa

Sobre un paisaje de serena majestuosidad se abre en abanico el gran valle excavado por el río Pinilla. Un aguilucho lagunero remonta con giros cada vez más amplios la tersa superficie de la Laguna Blanca. A mediodía todo está tranquilo, y en las aguas color turquesa campean a sus anchas cientos de ánades reales, somormujos y fochas comunes conformando un paisaje idílico que contrasta vivamente con la sequedad del paisaje manchego. Donde hay agua la vida se manifiesta intensamente. Pero es precisamente esta roca tan propia de Ruidera, el travertino (o toba caliza, como también se la conoce) la responsable última de la blancura de sus fondos y de las dunas coronadas de juncos que la circundan. Sólo de ella ha surgido el encanto que lo impregna todo: creándose primero en los manantiales y a lo largo del cauce del río Pinilla; erosionada después en innumerables partículas llevadas río abajo por la corriente; arrastrada finalmente por el viento para formar espesas capas de polvo nacarado, que poco a poco cubrieron el valle durante los periodos en que la laguna se hallaba seca. Solo la lenta pero constante tarea de los elementos en su empeño por pulverizar la roca, una tarea imperturbable a lo largo de milenios, ha podido tejer el tapiz de esta “blanca arena” que caracteriza a la Laguna Blanca y le da nombre. Y es sin duda una peculiaridad que no la desmerece en absoluto frente al sublime espectáculo de sus hermanas mayores, hijas todas de la inmortal Ruidera de Cervantes:

“Solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín de ellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llaman las lagunas de Ruidera”.

Plaza e Iglesia gótica de Villahermosa

Plaza e iglesia gótica de Villahermosa