Publicado el Deja un comentario

De Turismo Accesible por Valdepeñas

enoturismo accesible silla de ruedas Castilla La Mancha Spain wine bodega vino

Os proponemos un recorrido accesible para conocer los rincones, sabores e idiosincrasia particular de este manchego Valle de las Peñas o Valdepeñas


Quijotesca, oretana, calatrava y siempre muy relacionada con la cultura del vino, Valdepeñas se abre ante nosotros en los últimos kilómetros de planicie antes de las estribaciones de Sierra Morena.
Desde nuestra llegada, comprobamos el papel capital que la vid juega en el desarrollo de esta ciudad manchega. La rodean importantes extensiones de viñedos y bodegas, pero, además, en el casco urbano se encuentra su maravilloso Museo del Vino.

Recorriendo las galerías de esta antigua bodega, descubrimos la evolución histórica en el tratamiento de la vid, y sus paredes están decoradas con frases de celebridades como uno de sus ilustres hijos, Francisco Nieva, quien reverenció y alabó el sabor puro de los vinos de la comarca valdepeñera. Y cada septiembre se homenajea a la uva en las Fiestas del Vino.

El vino está presente también en la Plaza de España, corazón de la localidad y cuya fuente está dedicada a la prensa de la uva. En torno a esta típica plaza manchega, se suceden las terrazas en las que se pueden degustar los vinos y se articulan los edificios principales de la ciudad, como el Ayuntamiento, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y su Museo Municipal.

En la cercana pinacoteca de la Fundación Gregorio Prieto podemos admirar una preciada colección de arte moderno, que tiene el honor de ser una de las más apreciadas no sólo de la provincia sino de toda Castilla – La Mancha.
Más alejado del centro se alzan el molino más grande del mundo y el Museo de los Molinos, y en las afueras se pueden disfrutar de los vestigios de los primeros pobladores de la zona en el yacimiento arqueológico íbero del Cerro de las Cabezas, justo a orillas del río Jabalón… ¡¡¡COMENZAMOS!!! 

Nuestra propuesta de ruta accesible por Valdepeñas comienza en el mismísimo centro urbano, en concreto en la Plaza de España por ser considerada como núcleo de la vida y el comercio de la ciudad. Aúna a su alrededor la tradición, lugar de reunión, de ocio, en la multitud de bares y restaurantes que encontramos en ella. El auge económico del municipio, entre los siglos XVIII y XIX, fue decisivo para la construcción de alguno de los edificios de esta bonita plaza, como la Casa Izarra, la Casa Cruz o la sede del Casino La Confianza.

Nos llama la atención su colorido, edificios en blanco y azul, colores que simbolizan la Mancha. Y la bella Iglesia de la Asunción, tiempo atrás fortaleza de la Orden de Calatrava, y que sobresale por las preciosas e imponentes puertas de su fachada, cómo la Puerta de los Catecúmenos, inspirada en La Piedad. Recorriendo su fachada no podemos dejar de lado el fabuloso reloj de sol, con una inscripción en árabe en referencia a Mahoma.

Dentro destacan seis tablas de su antiguo retablo, destruido en la Guerra Civil Española, atribuidas al pintor Yáñez de la Almedina, discípulo aventajado de Leonardo Da Vinci; además de la talla de la patrona, la Virgen de la Consolación, obra de Gregorio Prieto.

Paseando por la calle Real llegamos al Museo Municipal, ubicado en una antigua casa solariega del siglo XVI. El museo nos muestra el magnífico patrimonio cultural que posee Valdepeñas. A través de sus salas descubrimos lo mejor del arte contemporáneo, de la mano de pintores como Francisco Nieva o Ignacio Crespo Foix. Pinturas frescas y dinámicas, que muestran paisajes locales y escenas de la vida cotidiana.
Desde el punto de vista arqueológico, el museo ofrece una parte de los objetos o hallazgos procedentes de las excavaciones que, desde el año 1985, se vienen realizando en el yacimiento de la ciudad ibérica del Cerro de las Cabezas. Vasijas, jarrones y platos nos descubren el día a día de los íberos instalados en Valdepeñas.


Valdepeñas es mundialmente reconocida por su preciado y exquisito vino


Pero, por encima de todo, Valdepeñas es y será conocida por su producción de vino. La tradición de Valdepeñas es la historia de sus viñedos, de sus frutos y sus vinos desde tiempos ancestrales. Y para conocer toda esta historia es imprescindible adentrarse en el Museo del Vino, ubicado en la antigua bodega de Leocadio Morales.

El museo nos permite descubrir la evolución de cultura de la vid y la elaboración de los vinos de una forma muy didáctica e interactiva, así como toda la tradición de la Denominación de Origen Valdepeñas, un ejemplo vivo de la transición del mundo artesanal a la industrialización del siglo XX en la elaboración del vino.
Nos encontramos aquí una gran muestra de cómo era una bodega tradicional, con una serie de objetos expuestos como tinajas, barriles, herramientas agrícolas y fotografías que nos explican cómo ha ido evolucionando el trato de la uva con el paso del tiempo.

En el museo aparecen citas de ilustres valdepeñeros, como el Premio Cervantes de Literatura, Francisco Nieva, o el pintor Gregorio Prieto, que describen con orgullo el preciado fruto que la vid da en esta tierra.

La tecnología ayuda a que el recorrido por las galerías del museo resulte más atractivo, ameno y, sobre todo, didáctico para el visitante, con el encanto que supone recorrer una bodega de verdad.


Bodegas centenarias, divertidas catas y gastronomía para sibaritas con el mejor vino de Valdepeñas


Son muchas las bodegas de Valdepeñas que destacan en el turismo del vino. Pero sin duda Bodegas Navarro López es nuestra preferida por la calidad de sus actividades: nos permiten conocer de primera mano su origen, los procesos tradicionales de elaboración desde la cepa a la copa, cómo llevan a cabo la crianza de sus mejores vinos, disfrutando y aprendiendo a valorar sus características a través de catas y degustaciones. Nos ofrecen experiencias inolvidables de enoturismo para todos los públicos.

La oferta gastronómica de Valdepeñas se completa con numerosas tabernas, bares, restaurantes y vinotecas que toman como referencia la extendida cultura de la tapa y la cocina tradicional manchega para llevarla a una gran variedad de platos de altísima calidad.


Valdepeñas atesora un yacimiento arqueológico de transcendencia internacional: el Cerro de las Cabezas


Para los amantes de la arqueología, el Centro de Interpretación del Cerro de las Cabezas de Valdepeñas, situado junto al mismo yacimiento Ibérico, nos espera con una interesante exposición arqueológica con la que nos vamos a remontar al siglo VII antes de Cristo para aprender más sobre nuestro legado cultural y descendencia.

El Yacimiento del Cerro de las Cabezas (que muy pronto se convertirá en un nuevo Parque arqueológico de Castilla – La Mancha) muestra un perfecto ejemplo de la estructura que seguían las ciudades iberas que se levantaron en la península. Resulta llamativo cómo se construyó esta gran ciudad Oretana aprovechando las características del cerro en el que se ubica y el fértil entorno a orillas del río Jabalón.

A través del Centro de Interpretación del yacimiento, referente en España para el estudio de la Cultura Ibérica, podemos conocer de forma dinámica la realidad funcional de esta ciudad. Mediante maquetas y recreaciones a escala, objetos, vídeos, simposios, talleres, fotos y el uso de montajes en 3D descubriremos los puntos más relevantes que conformaron la vida de los pobladores íberos que residieron aquí hasta el siglo II antes de Cristo.

Por cierto, el hallazgo de materiales orgánicos relacionados con la producción del vino en este yacimiento constata aún más la tradición vinícola de Valdepeñas, que se remonta por tanto al tiempo de los íberos.


Planifica tu viaje y ruta accesible con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu escapada a Valdepeñas


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el 1 comentario

Navegando por Baleares, un oasis en el mar

mediterraneo portada baleares

Las calas proliferan a lo largo de la costa, un día como refugio de piratas, hoy para amantes de la soledad


Las Baleares son el último paraíso en medio de un Mediterráneo al borde del caos. Si desde el aire las nubes pueden ocultar su belleza, acercarse hasta ellas desde el mar es como divisar un oasis inapreciable.

Llegar a Palma, en la isla de Mallorca, a menudo se transforma en una auténtica gymkhana en al que el patrón tiene que alardear de oficio entre tanto velero y tanto yate. ¿Qué pensaría Jaime I cuando conquistó la ciudad tras su viaje casi en solitario desde la apacible playa de Salou?

A lo lejos, y de forma inconfundible, la catedral fortaleza, como señal de identidad de la ciudad. El puerto es un hervidero lleno de actividad. Mientras amarramos, la noche se ha cernido sobre Palma. El club náutico, sus restaurantes, sus tiendas… se llenan de luz. La catedral gótica, iluminada, planea sobre el resto de edificios, mientras que en la otra parte de la ciudad, perdido en la montaña, el castillo de Bellver, esa fortaleza circular inconfundible, le hace competencia en señorío.

Dejamos el barco para adentrarnos en sus calles donde los ecos medievales ahogan recuerdos anteriores. Pero sus costas siguen siendo las mismas que antaño cautivaron a fenicios, griegos, romanos, árabes… Tal vez sería más fácil citar a los pueblos que nunca sintieron su atractivo.

A la mañana siguiente nos disponemos a bordear la isla. Nuestra primera etapa es Cala Figuera, un puerto pequeño, oculto entre multitud de atractivos recovecos que esconden los amantes de la soledad de la mirada de curiosos.
Seguimos hacia el norte, siempre con la costa a la derecha. Lejos vemos ya las primeras estribaciones de la sierra de Andraix. En sus valles se esconde la cartuja de Valldemossa, cuna de amores prohibidos como el de George Sand y Chopin, que han dado la vuelta al mundo.

Por estas costas se resguardaban los piratas de todas las épocas y aún se observan calas de difícil acceso, lugar en el que podían ocultarse sin ser sorprendidos por los enemigos. El puerto de Sóller fue uno de esos sitios privilegiados y aún conserva su historia así como sus viejas tradiciones gastronómicas.

Tranquilamente, con la mar calma, nos acercamos a otro de esos parajes que sobrecogen, que empequeñecen al hombre en la misma medida que engrandecen la naturaleza. Son las calas de Formentor, cortadas a pico. Sa Calobra va a ser uno de esos rincones por los que se suspira. Cincuenta metros de longitud por veinte de anchura es toda su arena vigilada por altos farallones.

Doblado el cabo del mismo nombre, entre pinos, el hotel Formentor, uno de los lugares más exclusivos de la isla, y a continuación, las playas inmensas que apenas se van a ver interrumpidas hasta Palma. Y de improviso casi, perdida en esa playa eterna, Pollensa, que con Alcudia, y su gran bahía, nos recuerdan la presencia de los viejos negociantes fenicios que se asentaron aquí.


Hacia Menorca, equilibrio natural en pleno siglo XXI


Buscando el amanecer, enfilamos el barco hacia Menorca, Reserva de la Biosfera desde 1993. Nuestro primer destino es Ciudadela, la capital vieja que perdió su protagonismo cuando los ingleses se quedaron con la isla tras el tratado de Utrech de 1713 a favor de Mahón, el puerto natural más grande del Mediterráneo y donde refugiaron su amor Nelson y Lady Hamilton.

Vamos a costear por el sur. Con las luces de Ciudadela aún encendidas y sus historias de amores, traiciones y muertes resonando en nuestras cabezas. Emprendemos la ruta para ver esas calas que marcan a todo aquel que pasa por aquí.

La primera va a ser Cala Galdana. Rodeada de hoteles y una de las más masificadas de la isla. Luego nos encontraremos con Cala Mitjana, de difícil acceso, sólo desde el mar o a través de un recorrido lleno de vericuetos.

Y por fin, antes de llegar a Mahón, una parada en Binibeca, viejo puerto de pescadores y hoy refugio del mejor arte menorquín donde todavía se encuentran creaciones hippies que un día hicieron mundialmente famosa a esta isla realizadas por artistas supervivientes de los setenta.

El interior de la isla, dominada por el monte Toro, tiene los monumentos prehistóricos más antiguos del mundo, sin olvidar la Naveta des Tudons, considerado uno de los edificios más viejos del mundo, o sus inigualables talayots.

También su queso es famoso así como su ron. La noche en Mahón es un recorrido por plazas y calles empinadas y una vista constante del puerto.


Amantes famosos como George Sand y Chopin o Nelson y Lady Hamilton encontraron en estas islas su lugar de ensueño



Ibiza y Formentera, entre Patrimonio de la Humanidad y noches infinitas


Sin duda, Ibiza es la isla para la gente joven, llena de ritmo, con arte propio. El arte “ad lib” sigue siendo conocido en el mundo entero. Patria de hippies durante los setenta, aún conserva ese aire agresivo e inquieto.
La ciudad vieja se encarama sobre un promontorio dominando el puerto y casi la isla entera, ajena al día a día, al ajetreo, a las noches que no terminan, a las discotecas que no se cansan, para seguir fiel a su historia, inamovible, en el mismo lugar que la ubicaran los fenicios y la fortificaran los árabes.

Ibiza es hoy conocida en todo el mundo por la impresionante belleza de la ‘nave de piedra’, Dalt Vila, la fortificación amurallada mejor conservada del Mediterráneo y reconocida por la Unesco con la declaración de Patrimonio de la Humanidad.

Hoteles de lujo mirando al mar, se reparten el paisaje con los cámpings o las casas solariegas. Y esas calas a las que hay que llegar caminando, como un reto. O en un alarde de sueño, mirar desde la costa la isla Conejera, donde no cabe ni una manta en la que sentarse a merendar y donde todavía se ha puesto coto a la civilización.

Lo mismo que sucede en la otra isla, menor también, aunque algo más grande, Formentera. Allí dos playas, la de Mitjorn y la de Tramuntana, en honor de esa diosa de los vientos que cuando sopla enloquece a sus habitantes y no deja en paz la mar. Y un par de casas para acoger a los despistados que se duermen en la arena y pierden el barco con el que volver a Ibiza.

Y por doquier, en una y otra isla, calas y calas donde refugiarse, donde encontrar la soledad, donde sentirse seguro en un mar lleno de nostalgia, pero que no puede renunciar a su pasado de cuna de una cultura eterna.


Un artículo de Bergen Löffler para sabersabor.es ©

Publicado el 5 comentarios

Campo de Montiel: en busca de aventuras junto al Quijote

quijote infantes campo montiel

Un viaje literario para conocer los escenarios en los que vivió el último caballero andante


A la hora de descubrir la provincia de Ciudad Real y las andanzas de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha son muchas las opciones que se pueden elegir.

Una, dejarse llevar por un camino lleno de sorpresas, en el que se irán colando tanto Miguel de Cervantes y su Alonso Quijano, como autores que también forman parte de la vida de esta provincia. Quevedo, Jorge Manrique y hasta Santa Teresa de Jesús; y otra, dejarse guiar por los escenarios que propone el de Alcalá de Henares en su gran obra, y que permiten descifrar la geografía imaginaria de Don Quijote.

El viajero decide. Aunque aquí os proponemos una ruta con el libro en la mano, la que trascurre por el Campo de Montiel, uno de los escenarios de los que no se olvidó el autor.

Primavera en Villahermosa

Vista de Montiel

Pastoreo de ovejas manchegas

Vista del Campo de Montiel en Almedina

Mapa del Campo de Montiel. Autor, Carlos Barraquete


Tras cuatro siglos, damos fe de la existencia todavía de quijotes y sanchos por estas tierras


Si Verona es la tierra de Romeo y Julieta, el Campo de Montiel seria la del Quijote y esto no admite reflexión, ni debate, ya que es el mismo Cervantes el que se lo recuerda al lector en repetidas ocasiones. Hasta cinco veces cita esta comarca.

La primera, en el prólogo donde es el mismo autor el que reconoce que ésta es la historia de “Don Quijote de La Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitantes del distrito del Campo de Montiel que fue el más casto enamorado y el más valiente caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos”.
Y otra, no muy lejos de aquella, en el capítulo II, en la que el autor aclara que “comenzó a caminar por el antiguo y conocido Campo de Montiel. Y era la verdad que por él caminaba”.

Una realidad sobre la que se sustenta fuertemente este maravilloso viaje literario, bien acompañado por cierto de la rica gastronomía y productos autóctonos de la comarca: aceites de oliva virgen, quesos manchegos, mieles, frutos secos, embutidos, productos de la huerta cómo el pimiento de Villanueva de los Infantes… todos ellos sostenibles, ecológicos y de proximidad, no se puede pedir más.

Laguna Blanca (Lagunas de Ruidera). Autor, Juan Amores

Senderismo por el Castillo de Montizón. Autor, Pedro Castellanos

Vista de Terrinches. Autor, Carlos Barraquete

Rincones de Fuenllana


De entre todos los paisajes y escenarios que componen la Ruta del Quijote, hay uno que es el más emblemático de todos y que aún conserva toda la esencia: el Campo de Montiel


Para conocer el verdadero espíritu de Don Quijote es necesario y nos atrevemos a decir que también obligatorio, contactar con el Campo de Montiel: uno de los espacios geográficos más importantes donde corrió el personaje sus lances caballerescos y sus poéticas emociones trotando con Rocinante con el fiel respaldo de su escudero.

De aquella España que vivió Cervantes y transitó Don Quijote, de un Campo de Montiel que eligió la Orden de Santiago como sede, le hablarán al viajero los municipios que enmarcan los escenarios de los que se vale el autor para recrear las aventuras del ingenioso hidalgo.

Más de veinte localidades en las que el pasado y el presente conviven sin estorbarse, con toda la esencia rural y natural, unidas por caminos novelescos, luminosos, incontrolables desde lo literario e histórico, llenos de hospitalidad, caballerosidad e hidalguía. Caminos amplios, de inmaculados valles y vastos horizontes, como la Vía Augusta o el Camino de Aníbal. Caminos universales como lo es el Quijote cervantino y lo son sus singulares habitantes.

Vista del Campo de Montiel

San Carlos del Valle. Autor, Jhuertas

Torre de la Higuera. Autor, Toni Arias

La Solana. Autor, Juan Gregorio García. FOTO digitalhambra


“Acertó Don Quijote a tomar la misma derrota y camino, que él había tomado en su primer viaje, que fue por el Campo de Montiel”. Capítulo VII, de la 1ª parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha


Esta es una ruta múltiple, universal y real que no sólo recorre el alma española y manchega sino que nos presenta una amplia oferta cultural, turística, gastronómica, paisajística, artística y monumental.

Aún hoy desconocida para muchos viajeros, esta ruta literaria permite descubrir auténticos tesoros en cada rincón, sierra, valle o pueblo del Campo de Montiel. Abundantes asentamientos de diferentes culturas, un rico patrimonio histórico-artístico, lugares de interés turístico nacional, sorprendentes parques, reservas y espacios naturales, misteriosas cuevas y abrigos prehistóricos, variadas costumbres y fiestas populares, rica artesanía, o una sabrosa gastronomía con numerosos productos que han obtenido las más altas distinciones.

La comarca del Campo de Montiel te ofrece un sinfín de lugares y actividades, convirtiéndose poco a poco en uno de los destinos turísticos más atractivos de Castilla – La Mancha.

Villanueva de los Infantes


“Pisó por ella el uno y otro lado de la gran Sierra Negra y el famoso Campo de Montiel, hasta el herboso llano de Aranjuez”. Capítulo LII, de la 1ª parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha


Lagunas de Ruidera


“Y pongan los ojos en las que están por venir, que desde agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los Campos de Montiel”. Capítulo VIII, de la 2ª parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha


Villahermosa


Dedicado a nuestro gran amigo Justiniano Rodríguez Castillo. Gracias por enseñarnos el camino. Hasta siempre


Planifica tu viaje con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu escapada al Campo de Montiel


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Fotografía de portada de InfantesDIGITAL

Publicado el 2 comentarios

Almagro. Vivir con el teatro

teatro clasico festival Almagro

La ciudad de Almagro tiene un maravilloso aire teatral


El redescubrimiento del Corral de Comedias en 1957 animó la tranquilidad de esta localidad castellana hasta convertirla en la meca del teatro del Siglo de Oro. Al ritmo de versos que resonaron entre las vigas de madera hace tres siglos, el público entra al Corral y se transforma sin remedio en un personaje del siglo XVII.

Festival de Teatro Clásico de Almagro. Corral de Comedias. Autor, Abariltur

Almagro, un pueblo cargado de historia flotando en la llanura manchega. Las calles, incluido el callejón de las ánimas, son de blanco deslumbrante y de las ventanas de las casas cuelgan balcones negros.
Detrás de algunas puertas, al fresco de la sombra, almagreñas maduras tejen con entusiasmo encajes de bolillos que son vendidos en la Plaza Mayor.

Detrás de un portalón de esa plaza y un poco retirado se encuentra el corral más noble de Castilla, el Corral de Comedias. El más noble, pero también el más popular y antiguo de los escenarios: los teatros palaciego, religioso (en torno a la fiesta del Corpus) y el teatro popular de los corrales son los tres tipos de representación del Siglo de Oro español.

En este lugar cuadrado, recogido y acogedor, el escenario se convierte en un túnel del tiempo para ofrecer, en espectáculo, el periodo más brillante de la cultura y el arte españoles. Unos actores al alcance de la mano de los espectadores consiguen hacer comprender a través de pasiones, aventuras, amores y emociones el alma del ser humano y los engranajes del mundo contemporáneo… la ingenuidad de la democracia civil y las inquietantes ambigüedades entre justicia y venganza, por ejemplo, patentes en El Alcalde de Zalamea, de Calderón.

Plaza Mayor de Almagro

En el siglo XVII, el público asistía a las representaciones atraído por la novedad de la comedia o por la fama de su autor. La expresión “comedia nueva, jamás vista ni representada” se hacía constar en los contratos con las compañías, dado que la originalidad de las obras favorecía la asistencia del público y el consiguiente aprovechamiento de los corrales de comedias. El Consejo de Castilla, en 1644, llegó a imponer como condición para permitir las comedias “que en una semana no se pueda representar sino sólo una comedia nueva, que al cebo de las comedias nuevas se llenan los patios”.

Tres siglos más tarde, los amantes del teatro, que algunos llaman “clásico”, acuden a Almagro desde cientos, e incluso miles, de kilómetros de distancia, merodean por las callejuelas, cenan y pasan a continuación al Corral para comprobar que el tiempo de los clásicos es perpetuo.

Los más asiduos se sienten incluso parte integrante del espectáculo. La relación de familiaridad, cuando no de intimidad alrededor de un susurro, entre espectadores fieles y actores hace que el escenario del Corral sea un espacio de emoción compartida.

El éxito del Festival Internacional de Teatro de Almagro, medido por la calidad de las representaciones y por el número de visitantes y espectadores, ha transformado en cierta medida la manera de ser de los almagreños. La teatralidad del Festival se desparrama sin contemplaciones por las calles y los jardines hasta convertirse en una realidad tan permanente como el Convento de Calatrava.

Almagro y el teatro, ya inseparables, son para el Siglo de Oro lo que Doñana significa para el lince y el águila imperial, sólo que aquí las riquezas se conservan exhibiéndose e interpretándose.


El teatro obedece al mismo proceso que la libertad: sólo se gasta cuando no se usa


Un rincón de Almagro


Convento de la Asunción de Almagro

Encaje de bolillos. Autor, Ramón Martínez

Encaje de bolillos de Almagro


Planifica tu viaje con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu escapada a Almagro AQUÍ


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Alicante y el Pozo de los Deseos. 5 ritos mágicos para la noche de San Juan

Alicante celebra en estas fechas sus mágicas y maravillosas “Fogueres de Sant Joan”, con un halo de sortilegio y misterio difícilmente igualables


Las Hogueras de San Juan son las fiestas mayores de la ciudad de Alicante. Declaradas de Interés Turístico Internacional. Tienen su origen en la tradición de quemar objetos inservibles con la llegada del solsticio de verano. La fiesta arranca oficialmente el 20 de junio y se prolonga hasta el día 29 del mismo mes. Se plantan en la ciudad más de doscientas monumentos (hogueras) de cartón piedra de temática satírica.

Éstos arderán el día 24 de junio en la espectacular noche de la “Cremà”, acompañada de la popular “Banyà” (bañada) llevada a cabo por los bomberos para apagar las hogueras. Durante las fiestas se incluyen actos como las “Mascletàs” (impresionante concurso de petardos que se celebran en la Plaza de los Luceros a las 14 horas) el Pregón, la “Plantà”, la Cabalgata del Ninot, desfiles y pasacalles; destacando la ofrenda de Flores a la Virgen del Remedio.

Alicante celebra en estas fechas sus mágicas y maravillosas “Fogueres de Sant Joan”. Y es que esta jornada y sobre todo su noche previa, íntimamente asociada al solsticio de verano, posee desde hace siglos un halo de sortilegio y misterio difícilmente igualables. La tradición cristiana afirma que el nacimiento de Juan fue en si un hecho milagroso, ya que cuando el ángel Gabriel anuncio a Zacarías, su padre, que su esposa quedaría encinta y daría a luz a un hijo, aquel no quiso creerlo al tratarse de una mujer estéril. Sin embargo el prodigio anunciado se cumpliría e Isabel, prima de la Virgen María, traería finalmente al mundo a San Juan Bautista un 24 de junio. Zacarías encendió fogatas esa noche para celebrar el acontecimiento, razón por la cual este día se asocia desde entonces con el fuego, la fecundidad, la suerte, la salud y el amor…


Aquí van algunos de los ritos más curiosos y singulares que no deben dejar de hacerse en fechas tan señaladas


1. Una manera segura de averiguar el destino de amigos o compañeros durante la noche del 23 al 24 de junio, es practicar el rito de las agujas flotantes. Para ello se dispone un balde hondo lleno de agua hasta el borde, colocándose con cuidado dos agujas en la superficie para que floten libremente. Cada aguja representa una persona conocida: amigos, novios, compañeros… Si las agujas se separan flotando en el agua es inevitable un distanciamiento, la perdida de la amistad o el término de una relación amorosa. Si por el contrario terminan uniéndose, ambas personas permanecerán juntas y serán un modelo de fidelidad y de amor. Nada dice la tradición en caso de que se hundan, lo que es seguro en nueve de cada diez intentos.

La Cremà de Les Fogueres de Sant Joan. Alicante. Autor, Jorge Castro

La Cremà de Les Fogueres de Sant Joan de Alicante

2. Se dice que las plantas de helecho florecen en la noche de San Juan al dar las doce campanadas, y que el diablo viene entonces para recolectar sus negras semillas. Ese es el momento de atraparlo y obligarle a desvelar el escondrijo de un fabuloso tesoro. Claro que para alcanzar estos deseos no es necesario lidiar con lo demoníaco. Uno de los ritos alternativos más usados consiste en recolectar hojas de laurel durante el día previo a la noche mágica, siempre en número impar, y escribir en ellas los deseos que esperamos se cumplan durante ese año. Tras ello hay que esperar a medianoche y, con las doce campanadas, quemar las hojas en la hoguera o en un recipiente de barro… Todos los deseos se cumplirán uno por uno, o al menos eso es lo que asegura esta tradición milenaria.

Detalle de una Hoguera de San Juan

3. Como ya se sabe, es necesario saltar sobre los fuegos de la noche de San Juan si queremos tener salud a lo largo de un año. Pero no es éste el único rito valedero: otra técnica igualmente eficaz consiste en salir a primera hora de la mañana tras un baño largo y relajado, y entonces caminar descalzo por la tierra cuajada de rocío. El agua consagrada de esta noche mágica nos asegurará, al contacto con nuestros pies, una fortaleza de hierro y la inmunidad frente todo tipo de enfermedades. Eso sí, por mucho rocío consagrado que pisemos, evitad realizar la experiencia en el patio trasero de casa o en un erial atestado de cardos.

Fuegos artificiales durante las Hogueras de Alicante

4. Existen otros muchos rituales para practicar en la víspera de San Juan. En uno de ellos se deben esconder 3 patatas debajo de la almohada con las siguientes características: la primera debe estar entera; la segunda, con una marca visible a un lado, y la tercera sin la piel. A la mañana siguiente hemos de introducir la mano debajo de la almohada y extraer una de las piezas: según sea la patata extraída, así se desarrollará el resto del año para nosotros. La patata entera significa prosperidad; la que posee la marca nos asegura una alternancia de días venturosos y desdichados, mientras que la patata sin piel, la más ingrata, afirma que el dinero no entrará en casa durante el resto de ese año, y que en consecuencia tendremos mala suerte.

Castillo de fuegos artificiales en la noche mágica. Autor, Bruno Zaragoza

Castillo de fuegos artificiales en la noche mágica

5. El más tétrico de todos los ritos del solsticio de verano es aquel que anuncia nuestra propia muerte. Sólo los más aguerridos se atreven a efectuarlo, y consiste en lo siguiente: hay que levantarse bien temprano y asomarse a un pozo lleno de rocío, o en su defecto a los charcos del terreno que contengan agua de lluvia caída durante la víspera (se afirma que se trata de agua consagrada, y que por tanto posee propiedades mágicas). Si la imagen de la persona no se refleja en el agua, esto significa que morirá a lo largo del año y que debe prepararse cuanto antes para el tránsito a la otra vida. Sin duda es una experiencia aterradora, y son varios los que deciden ir acompañados para la ocasión de un incauto que se asome al pozo en primer lugar. El truco evita un mal trago, pero no es la mejor manera de hacer amigos.

Playa de San Juan, Alicante

Publicado el Deja un comentario

De ruta gastronómica y cultural por Tomelloso

Tomelloso, bello por sus magníficos contrastes y con un enorme patrimonio enológico. El destino ideal para los que quieren descubrir los auténticos sabores que ofrece La Mancha


Hoy viajamos hasta la ciudad conocida como “Atenas de La Mancha”, no en vano luce orgullosa un bagaje cultural de primer nivel: Tomelloso. Pragmática y enérgica, sus gentes y sus vinos han influido en el pincel vital y realista de López Torres, y en los certeros e inolvidables relatos de Francisco García Pavón.

Situada en plena tierra del Quijote, consciente de su pasado, Tomelloso conserva todos los valores y tradiciones que su historia le aporta y se reconoce, como no puede ser de otro modo, ciudad manchega que contempló las andanzas de aquel hidalgo nacido de la ilustre mente de Cervantes.

Más reciente es el detonante último de la enorme expansión del cultivo de la vid en estas tierras y en La Mancha en general, que no fue otro que la muy desastrosa plaga de filoxera que afectó a los viñedos europeos, por ende españoles, durante el siglo XIX. El relativo aislamiento de La Mancha y quizás la suerte, jugaron la baza del viñedo manchego permitiendo a sus plantas de pie franco resistir hasta bien entrado el siglo XX.
Una oportunidad única y propicia para atender a un mercado que se había quedado totalmente desabastecido y que Tomelloso supo aprovechar, por su naturaleza emprendedora.

Testigos de aquella rocambolesca historia, encontramos en este viaje sus numerosos bombos entre viñas, las infinitas cuevas de su subsuelo y las esbeltas chimeneas de su casco urbano. Juntos nos hablan de una vida dedicada al cultivo de la vid y a exprimir su delicioso zumo: el vino.

Llegando hasta nuestros días, la enorme producción vínica anual de Tomelloso lo convierte en uno de los grandes centros de producción vitivinícola a nivel mundial, sin restar un ápice a la calidad de sus vinos, lo que nos permite disfrutar de algunos de los mejores tintos, blancos y rosados españoles.

 


Disfrutando del turismo del vino y de la gastronomía en Tomelloso


Iniciamos el recorrido turístico en una tierra de viñedos infinitos, quinterías y bombos, geniales joyas de arquitectura popular rústica que servían cómo refugio y vivienda para los labradores, familias, aperos y animales de trabajo, y que embellecen el campo tomellosero otorgándole una seña de identidad única y muy peculiar. El Museo del Carro y Aperos de Labranza, etnográfico y con un interesante compendio de memoria histórica municipal, nos permite conocer más de cerca la vida y el trabajo en el campo, y visitar un impresionante Bombo construido con más de 2.000.000 millones de piedras, hábilmente dispuestas unas sobre otras sin argamasa alguna entre ellas.

Los amantes de las escapadas para descubrir lugares únicos, con toda la esencia de la cultura del vino, tienen sin duda en Tomelloso todo un fabuloso tesoro: las más de 2200 antiguas cueva – bodega existentes en el subsuelo de la ciudad, excavadas antaño en la roca para hacer y almacenar el vino en tinajas de barro. Un patrimonio vitivinícola impresionante salpicado de secretos y leyendas.
Duro trabajo el que realizaron antaño tanto hombres como mujeres. Ellos picaban la tierra y horadaban el subsuelo hasta lograr unas cuevas con unas cualidades óptimas para poder albergar las cosechas en quietud, guareciendo los vinos de cambios climáticos bruscos. Ellas, valientes manchegas llamadas terreras, eran las encargadas de trasladar la tierra y la arena extraídas del interior hasta la superficie.

¿Sabíais que si pudiésemos poner todas las antiguas cueva – bodega de Tomelloso en línea tendríamos un túnel de más de 30 km?

Antes de continuar el recorrido hacemos una parada para tomar un aperitivo (el Queso Manchego entra bien a cualquier hora) acompañado por supuesto con un gran vino… una copa de tinto Torre de Gazate, Luna de Allozo o Flor de Allozo, un Verum Roble o Verum Tosca… una copa de blanco Verdejo de Allozo, Malvasía de Verum o Añil Fresh… tragos de historia, verdad y terruño manchego.


De visita obligada son las antiguas cueva – bodega de Tomelloso, un patrimonio enológico impresionante


Para los que buscan probar vinos especiales, con una excelente calidad, conocer su forma de elaboración y adentrarse en bodegas emblemáticas, en Tomelloso van a encontrar algunas de las mejores opciones del panorama enoturístico nacional.

En el arquetipo de bodegas familiares con encanto se encuentra Allozo, una bodega estilo “Chateau”, que aúna la tecnología más vanguardista en sus elaboraciones con las artes más tradicionales. Pionera en la elaboración de Vinos de Autor, elabora cada uno de sus vinos “de la cepa a la copa”, con un profundo respeto al medio ambiente y a la cultura vitivinícola de La Mancha. Sus vinos procedentes de diferentes coupages, ediciones especiales y limitadas hacen que Allozo sea de las bodegas más premiadas a nivel nacional e internacional.
Además de conocer su bodega de crianza, única en Castilla – La Mancha con más de 4000 barricas, Allozo nos ofrece la oportunidad de descubrir las antiguas soleras de Brandy Casajuana, un brandy de Tomelloso de una alta calidad envejecido en soleras centenarias que datan de 1892, de producción limitada y numerada… la historia del brandy y los destilados de Tomelloso da para otra más que interesante visita (Peinado, Osborne, Pedro Domecq, Casajuana, espirituosos de Bodegas Verum…)

Inolvidable sin duda es adentrarse en el mundo de Bodegas Verum, una bodega familiar nacida en 1788, con la premisa de que es en la viña donde se hace el vino y con una filosofía muy clara “Verum es la verdad de la tierra, de la familia y del vino”. Sus vinos, de prestigio internacional, elaborados a partir de cepas de más de 50 años, así lo trasmiten.
Su pasión por los retos importantes, el valor añadido y la calidad diferenciada, han llevado a Bodegas Verum a emprender proyectos de indudable éxito como ULTERIOR, un viaje al pasado, con el retorno a variedades ancestrales para preparar el futuro de los vinos de calidad en Castilla-La Mancha. Y a cruzar el Atlántico para seguir creando riqueza, con altas cotas de calidad y sostenibilidad, con el proyecto PATAGONIA, en Argentina.
La visita a sus instalaciones nos ofrece la posibilidad de conocer el funcionamiento de una destilería y una bodega conjuntamente. Y bajar hasta las entrañas de la tierra para descubrir una enorme cueva de crianza de más de 8000 m2 de galerías, excavadas en la roca caliza del subsuelo de Tomelloso.

En nuestro recorrido de vinos y bodegas por Tomelloso, parada obligada es Vinícola de Tomelloso, que comenzó su andadura en 1986, fundada por 28 familias viticultoras de la ciudad a las que les une su pasión por la viña y el vino, y que se refleja en el crecimiento en calidad y modernidad de los vinos manchegos durante el último cuarto del siglo XX. Una apuesta decidida por la innovación y el desarrollo de modernas técnicas de vinificación teniendo como objetivo ofrecer al consumidor un producto diferenciado.
La bodega cuenta en la actualidad con un importante parque de barricas de roble francés y americano, donde envejecen unos excelentes tintos, reconocidos a nivel nacional e internacional, y una antigua cueva donde se elabora un vino espumoso Brut Natural de alta calidad, no en vano ha sido una de las bodegas pioneras en la elaboración de espumosos en Castilla – La Mancha. En época de vendimia Vinícola de Tomelloso nos ofrece la posibilidad de visitar sus viñedos.


Las gentes y la actividad vinícola de Tomelloso han influido en el pincel vital y realista de López Torres, y en los certeros e inolvidables relatos de Francisco García Pavón


Nuestros pasos nos guían hacia la Plaza de España, centro vital de esta maravillosa ciudad, donde descubriremos tres magníficos ejemplos de patrimonio arquitectónico: la Posada de los Portales, un edificio emblemático propio de la arquitectura manchega del siglo XVIII, declarado monumento histórico – artístico; el blanco y majestuoso Palacio Consistorial, sede del ayuntamiento; y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con una ajetreada historia y que atesora un interesante patrimonio artístico.

Llaman nuestra atención las numerosas y altas chimeneas de las antiguas alcoholeras, como agujas impertérritas del tiempo, que parecen arañar el cielo azul manchego. Se las puede encontrar prácticamente en todos los rincones más inusitados del trazado urbano tomellosero para convertir una calle anodina y cotidiana en manso y pequeño refugio de recuerdo.

Imprescindible recorrer los espacios del Museo Antonio López Torres, donde se expone parte de la obra del pintor tomellosero, el llamado “pintor de la luz”, maestro del realismo, y que reflejó en sus cuadros la dignidad cotidiana entregada a las tareas agrícolas, las mismas que durante años presenciara en su juventud. Una dura vida retratada con ternura, sencillez y gesto rudo pero amable.

 


La gastronomía de Tomelloso rica, variada, tradicional y de vanguardia, desde siempre elaborada con materias primas de excelente calidad


Tomelloso sabe y huele a vino, pero es que también sabe a gastronomía, a pisto, a migas, a asado de cordero manchego, a azafrán, a productos de la huerta y a gente honesta que tiene amor a su tierra y que te hace sentir como en casa.

Cuando visitas Tomelloso te das cuenta que hay mucho más que vino. Además de bodegas y turismo enológico, también hay mucho que ver y mucho que disfrutar comiendo. El turismo cultural y la gastronomía se dan la mano en esta tierra.

Sentados a la mesa del Restaurante La Antigua, ubicado en una maravillosa casa típica castellana, cada bocado nos hace viajar a la cocina tradicional con toques de fusión y tendencia. Es una buena muestra de la generosidad y el ingenio de la cocina manchega, basada en las ricas tradiciones de la zona y en los productos autóctonos de calidad, mezclados con propuestas culinarias innovadoras que nos ofrecen sabores y sensaciones realmente sorprendentes.

Las gentes de Tomelloso son emprendedoras e inquietas, de estirpe creativa y madurez desacomplejada que integran ideas y tendencias del exterior en su identidad. Jesús Marquina, chef de Marquinetti, es un vivo ejemplo de ello. El mejor “pizzaiolo” del mundo es tomellosero, y ha logrado hacer de la pizza un plato de alta cocina. Una propuesta gastronómica realmente deliciosa.

Os proponemos descubrirlo con esta auténtica ruta gastronómica y cultural.


Planifica tu viaje con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu escapada AQUÍ


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Motilla del Azuer: descubriendo el pozo más antiguo de la Península Ibérica

El poblado fortificado de la Motilla del Azuer es uno de los yacimientos de la Edad de Bronce más antiguos del mundo


La Motilla del Azuer, en Daimiel, es el mejor ejemplo de poblamiento de una original cultura que se desarrolló en el II milenio antes de Cristo en la Edad del Bronce en la zona de la Mancha húmeda, y que sintetiza la importancia que siempre ha tenido el agua para los pobladores de este territorio.

La Motilla sorprende por su originalidad, estamos ante una construcción única en España, con sus paredes amuralladas concéntricas de mampostería que conforman una estructura laberíntica. La Motilla en su interior albergó desde almacenes a enterramientos y su pozo de agua, auténtico tesoro para proteger por las gentes de la Edad del Bronce. Un yacimiento arqueológico, diferente, desconcertante e inolvidable en Castilla – La Mancha.

Un viaje por el tiempo, a las llanuras que hoy denominamos La Mancha, nos llevará hasta la prehistoria, allí había pequeños asentamientos que se dedicaban a la agricultura y la ganadería. No sabemos cómo era el paisaje, pero lo que sí sabemos es que, en torno al año 2000 y 1800 a.C., hubo un cambio climático tremendo que transformó el entorno volviéndose árido y seco, y en el que el agua de los ríos y arroyos dejó de fluir. Fue entonces, durante la edad de bronce, cuando los individuos tuvieron que adaptarse para sobrevivir.

De forma conjunta solucionaron la escasez a través de la construcción de una red de pozos, en toda la zona, que explotaba el agua subterránea. Se trata de la primera cultura hidráulica de Europa, y lo que se denomina Cultura de las Motillas: en la zona existen nada más y nada menos que 32 motillas.


El pozo de la Motilla del Azuer tiene 4.000 años de antigüedad


Cuesta acertar con las palabras que describan el conjunto arqueológico de Motilla del Azuer. A vista de pájaro, semeja un laberinto espigado y circular, y a vista de científico, obedece a una tipología única y poco menos que insólita en la Prehistoria: las motillas, una elevación artificial en medio de un espacio circundante llano. En el patio trapezoidal se encuentra el pozo de agua: la estructura hidráulica más antigua de la Península Ibérica.

El poblado fortificado de la Motilla del Azuer es un laberinto circular con una gran torre en el centro y el pozo más antiguo de cuantos se han estudiado en nuestro territorio. Cuenta con muros de piedra de más de ocho metros de altura. El agua, entonces como ahora, rara vez caía del cielo en la zona y aquellos hombres del pasado tuvieron que excavar nada menos que 14 metros para encontrarla.
Los habitantes de la zona por aquel entonces sufrieron una prolongada sequía hace 4.000 años que hizo que las aguas superficiales prácticamente desaparecieron de los ríos y arroyos. Esto les llevó a construir en esta región una red de pozos para abastecerse del agua almacenada en los acuíferos más someros.

Nuestros ancestros, con un gran sentido común, se valieron de los recursos más cercanos del entorno. La Motilla del Azuer está construida mayoritariamente con piedra caliza y con la tierra arcillosa de la propia vega del río Azuer.


Imaginar y empatizar con las gentes que habitaron un territorio miles de años antes que nosotros: arqueología en estado puro


Los trabajos arqueológicos realizados en el yacimiento han permitido delimitar dos espacios diferenciados. El primero corresponde con un recinto interior fortificado, integrado por una serie de murallas concéntricas en torno a una torre central cuadrangular, que protegía un conjunto de estructuras donde se gestionaba y controlaba las actividades económicas del yacimiento.

De entre estos elementos destacan los grandes silos de almacenaje, con una capacidad en torno a los 6 metros cúbicos, donde se conservaban productos como cereales, entre los que se encuentran diferentes tipos de trigo y cebada, o leguminosas como lentejas, guisantes o chícharos; así como también hornos para la cocción de la cerámica, el tostado de cereales o la producción metalúrgica.
La línea de fortificación más externa, circular y concéntrica a los sistemas defensivos, presenta en su última fase de construcción un paramento de grandes bloques de caliza. El acceso al interior del área fortificada desde el poblado se realizaba a través de pasillos paralelos a las murallas.

En el exterior del núcleo fortificado se emplazaban las viviendas, en un diámetro de unos 50 metros, en el que se documentan diferentes cabañas, hogares y fosas de desperdicio. La distribución de los enterramientos de las inmediaciones de la Motilla coincide con el área del poblado, en un ritual frecuente en la mayoría de culturas de la Edad del Bronce en la Península.
A la vez que los pozos se construyeron túmulos, monumentos orientados a los astros, en los que se realizaron complejos rituales, depositaban ofrendas o enterraban a los difuntos.

Imprescindible, para entender mejor la Cultura de la Motillas, visitar el Museo Comarcal de Daimiel, idóneo para contextualizar la riqueza antropológica y cultural de la propia Motilla del Azuer.
En el museo, de manera gráfica, con un recorrido muy didáctico se comprende mejor la vida de estos pobladores, cuya presencia se ha documentado en las excavaciones extramuros de la Motilla. Gracias al valioso hallazgo de la necrópolis, se puede saber cómo eran, cómo vivieron y hasta hacernos una idea de cómo se alimentaban y porqué fallecían aquellos “primeros manchegos”.


Descubre la Motilla del Azuer con nosotros. Más información en www.sabersabor.es


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el 4 comentarios

Naturaleza en Castilla – La Mancha (2ª parte)

Seguimos recorriendo los paisajes naturales que muestran el esplendor de Castilla – La Mancha, perfectos para cualquier escapada


PARQUE NATURAL DE VALLE DE ALCUDIA Y SIERRA MADRONA


El Valle de Alcudia es un lugar infinito, de suaves sierras de cuarcita e inmensas praderas que atrajeron hace siglos a enormes rebaños de ovejas en invierno para disfrutar de su clima suave y de sus pastos. Un lugar donde disfrutar de la naturaleza y de la tranquilidad. Pero en el Valle de Alcudia también podemos admirar sus bosques mediterráneos de robles, alcornocales, quejigos, madroños o encinas de porte majestuoso, algunas centenarias y milenarias. La riqueza paisajística de sus parajes se combina con más de cien especies de aves entre las que destacan las imponentes águila imperial ibérica, el buitre negro y la cigüeña negra, y fauna como el huidizo lince ibérico y la cabra ibérica, entre majadas, pastizales y bosques.
Sierra Madrona constituida por un relieve quebrado, crestones y pedrizas, con numerosos ríos y arroyos que serpentean contribuyendo a enriquecer el paisaje con los colores cambiantes de su vegetación y vertiendo sus aguas a los grandes ríos Guadiana o Guadalquivir. La zona presenta un número muy importante de puntos de interés geológico de diversa naturaleza como hoces, cañones y cluses fluviales, cascadas naturales, humedales estacionales o permanentes, pedrizas y crestones cuarcíticos relevantes, escarpes naturales, cavidades naturales, formas de origen volcánico y formas periglaciares pleistocenas notables.

El Valle también alberga manifestaciones de vulcanismo, que nos trasladan a un pasado geológico muy remoto, como son los monumentos naturales de Los Castillejos en la Bienvenida, o la laguna volcánica de La Alberquilla entre otros.
Acoge además manifestaciones y asentamientos desde la prehistoria hasta nuestros días: arte esquemático, yacimientos ibero-romanos, ventas cervantinas y de trashumancia, arqueología minera del XVIII y vestigios de oficios como carboneros, apicultores, pastores…
Y se ha convertido en un destino ideal para la observación del firmamento, astroturismo, por la escasa contaminación lumínica de sus cielos.





LA MANCHA HÚMEDA


Situada entre las provincias de Toledo, Cuenca y Ciudad – Real, la Mancha Húmeda alberga el complejo de lagunas salinas más extenso e importante de la Península Ibérica, con lagunas como la de Manjavacas en Mota del Cuervo, la Veguilla y Camino de Villafranca en Alcázar de San Juan, Salicor en Campo de Criptana, Laguna Grande de Quero, Peñahueca en Villacañas, Laguna Chica y la de la Sal en Villafranca de los Caballeros o las de la Vega y Retamar en Pedro Muñoz. Algunas de ellas son ideales para recorrer caminando sus orillas, conocer sus más que interesantes centros interpretación e incluso para tomar un baño y refrescarse en verano, como en las lagunas de Villafranca de los Caballeros.
Pero el principal atractivo de estas lagunas es la presencia de aves acuáticas y esteparias entre prados de albardín, una planta de suelos salinos parecida al esparto, así encontramos especies de aves estivales cómo el zampullín cuellinegro, malvasía cabeciblanca, cigüeñuela, avoceta, canastera, chorlitejo chico, pagaza piconera, chorlitejo patinegro y calamón, y aves invernantes cómo tarro blancos, aguja colinegra, archibebe común, zarapito real y andarrios grande, entre las más peculiares.
Además, podemos disfrutar del espectáculo de los flamencos que suelen desplazarse de unas lagunas a otras en determinadas épocas del año.





PARQUE NATURAL DE LAGUNAS DE RUIDERA


Aquel viajero que acude por primera vez a Ruidera y sus lagunas, cuando lo hace desde la llanura manchega, vasta y extensa, percibe la sensación de acudir a un oasis, un remanso de paz, bálsamo contra el frenético ritmo. “Y con Guadiana vuestro escudero, y con la dueña Ruidera, y sus siete hijas y dos sobrinas y con muchos de vuestros conocidos y amigos nos tiene aquí encantados el sabio Merlín a muchos años; y aunque pasan de quinientos no se ha muerto ninguno de nosotros, solamente falta Ruidera y sus hijas, y sobrinas, las cuales lloran, por compasión que debió tener Merlin de ellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de La Mancha las llaman Las lagunas de Ruidera…”, Don Quijote de La Mancha, Capítulo XXIII, parte II, Miguel de Cervantes.

Más allá de las poéticas descripciones cervantinas, el Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, enclavado en el Campo de Montiel, forma uno de los espacios naturales más interesantes de Castilla – La Mancha.
Un rosario de bellas lagunas, en la cabecera del Río Guadiana, que además de todo un espectáculo para los sentidos, son una curiosidad ecológica y geológica de primer orden tanto en España como en todo el ámbito europeo. Solo existe un ejemplo similar en los Lagos de Plitvice, Croacia.
El valor paisajístico y la especial belleza de las Lagunas de Ruidera se debe al intensísimo color de sus 15 lagunas: unas veces azul turquesa, otras verde cristalino, más propio de la idea que todos tenemos de lugares exóticos y tropicales. Y a las espectaculares y singulares barreras tobáceas: los travertinos, roca de gran fragilidad e indispensable protección.
El paisaje vegetal del Parque es muy diverso, abarcando desde formaciones boscosas autóctonas hasta una vegetación palustre. Las laderas y zonas altas están ocupadas por grandes encinas, carrascas, sabina albar y enebros.
Y referente a la fauna, más de 250 especies de vertebrados habitan en el Parque. De ellas, los mamíferos, por sus hábitos escondidizos y crepusculares, son los más difíciles de observar. Sin embargo, las aves, sobre todo las acuáticas, rápidamente llaman la atención. La mayoría se esconde entre la vegetación palustre que rodea la lámina de agua, como el rascón, la gallineta o el carricero tordal, cuyo inconfundible canto anima el carrizal. Entre las especies más emblemáticas destacan el aguilucho lagunero y el porrón moñudo. La focha común, el ánade real, el pato colorado, zampullín común o el somormujo lavanco también pueden ser observados en las lagunas.
Imprescindible las visitas a la cascada del Hundimiento, un salto de agua de más de 15 metros de altura que se formó como consecuencia de una enorme avenida de agua ocurrida en el año 1545, y a la literaria Cueva de Montesinos en Ossa de Montiel.
Y por supuesto es un espacio natural ideal para realizar actividades de ecoturismo, senderismo, ornitología, rutas guiadas, kayak, ciclismo…





CAMPO DE MONTIEL


La comarca del Campo de Montiel te ofrece un sinfín de lugares y actividades, convirtiéndose poco a poco en uno de los destinos turísticos más atractivos de Castilla – La Mancha.

Os invitamos a descubrir esta comarca citada hasta cinco veces por Miguel de Cervantes en su obra más universal “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha“. Sin duda, constituye el destino ideal para los que quieren conocer los auténticos escenarios del Quijote.

Un recorrido que bien puede comenzar en Villanueva de la Fuente. Aquí nos encontramos con las primeras estribaciones de la Sierra del Relumbrar, también denominada “pequeño Monfragüe“, uno de los espacios naturales más interesantes de toda la región, con valores faunísticos, botánicos, geológicos y paisajísticos muy importantes. En sus tierras no se puede dar un paseo sin tropezarse con manadas de jabalíes alimentándose de bellotas bajo enormes encinas en un sotobosque de aladiernos, brezos, jaras, cantuesos y mejoranas en el que también habitan ciervos y gamos.
Continuar en Terrinches por el espectacular paraje de las Hoces del Gongares o de San Isidro, desde donde podremos contemplar unas bellas vistas de Sierra Morena y la Sierra del Relumbrar, y donde los arroyos se unen y dibujan unas caprichosas hoces sobre elevaciones paleozoicas de pizarra.

Descubrir en Villahermosa un enclave paisajístico y ecológico de primer orden: el nacimiento del río Guadiana en el entorno de la Laguna Blanca, la primera del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Un bello paisaje jalonado de sabinas y enebros de impresionante porte. Y hacer una ruta de senderismo por los cursos de los ríos Azuer y Cañamares.

El valle del río Guadalén en Santa Cruz de los Cáñamos, la Sierra de Alhambra y las Cuevas de Huelma en Alhambra, los molinos hidráulicos del Jabalón en Montiel, la Sierra del Cristo en San Carlos del Valle, o las Cumbres, Cerro Lobo, Cabeza del Buey, los Clérigos, el Carrascalillo, el Cerro la Cruz o el Cerro Castellón en Torrenueva completan un recorrido espectacular de naturaleza y cultura por esta tierra. Todos estos parajes con infinidad de hierbas medicinales y aromáticas y de enorme valor cinegético.

En los cielos del Campo de Montiel es fácil observar ejemplares de águila real, águila imperial, aguilucho cenizo y aguilucho pálido, y buitres leonados. Y en la zonas esteparias avutardas, sisones, gangas, alondras de Dupont o alcaravanes entre otras aves.

Fauna y flora autóctona que nos acompañarán en todas las experiencias y actividades que nos ofrece la comarca: vías y caminos históricos milenarios, como el camino de Aníbal y la Vía Augusta; castillos y torreones, cómo el Castillo de la Estrella en Montiel; yacimientos arqueológicos prehistóricos, cómo el Castillejo del Bonete en Terrinches; villas romanas y santuarios medievales, cómo la Ontavia y Luciana; el maravilloso Conjunto Histórico – Artístico Nacional de Villanueva de los Infantes; el interesante patrimonio de Fuenllana, cuna de Santo Tomás de Villanueva y villa rural manchega por excelencia de toda la provincia de Ciudad – Real, descubierta con sorpresa a principios del siglo XX por el famoso fotógrafo francés Charles Alberty ‘Loty’;  el patrimonio literario de Torre de Juan Abad y Villamanrique; la monumental iglesia de Villahermosa; la joya barroca de San Carlos del Valle; el museo al aire libre de Yáñez de la Almedina; museos etnográficos y yacimientos arqueológicos de Villanueva de la Fuente y Alhambra…


LOS VOLCANES DEL CAMPO DE CALATRAVA


La provincia de Ciudad – Real nos ofrece un elemento geológico peculiar y diferente, sus volcanes ya extinguidos y que son fruto de una actividad volcánica desaparecida desde hace miles de años, pero que ha modelado un paisaje único en toda España. Las manifestaciones volcánicas, en torno a unas 300, se localizan principalmente en el centro de la provincia ocupando una superficie de unos 5.000 km2.
Cuesta creer que la única fumarola activa que existió en la Península Ibérica se encuentra a menos de cinco kilómetros de la monumental ciudad de Almagro.
Los Volcanes del Campo de Calatrava albergan ecosistemas perfectamente conservados y que reflejan a través de lagunas o suaves elevaciones lo mejor de la fauna y la flora Mediterránea.
No hay que perderse los enclaves volcánicos cómo la Laguna de la Alberquilla (Monumento Natural); La Inesperada, en Pozuelo de Calatrava; la Hoya de Cervera, en Almagro; la laguna volcánica de Cervera; la de Fuente Agria del Chorrillo y la de Caracuel. Las impresionantes formaciones como los Castillejos en La Bienvenida y el del Cerro de los Santos en Porzuna.

Imprescindible la visita al Volcán de Cerro Gordo, primer volcán museo de la península y que nos ofrece un más que interesante recorrido interpretativo de la volcanología de la comarca de Ciudad – Real y por su interior, y los volcanes Columba, Peñarroya, Cerro de La Santa Cruz, la Posadilla y Laguna, cuajado de cigüeñas, águilas reales y buitres.

La existencia de una actividad volcánica inferior a 10.000 años, ha dado lugar a que la región volcánica del Campo de Calatrava haya sido reconocida por el Smithsonian Institute de Estados Unidos como zona de actividad volcánica aún activa.


Planifica tu viaje con nosotros. Solicita más información o recomendaciones para preparar tu escapada AQUÍ


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Salamanca, Aula Magna

“Feliz usted que vive en una ciudad por muchas de cuyas calles se puede ir soñando sin temor a que le rompan a uno el sueño”. Usted era Miguel de Unamuno, la apacible ciudad, Salamanca, y quien así consideraba y con tan escaso margen de error era su gran amigo Guerra Junqueiro


Unamuno dijo que era “ciudad abierta y alegre, sí, muy alegre”. George Borrow, en 1840, exclamó “¡qué espléndido lugar es Salamanca!”. La mágica superposición de la ciudad literaria y universitaria con la real hizo decir a Sciascia que Salamanca se acerca a la idea de felicidad cuando vas o vuelves de ella.
Salamanca no forma parte del paisaje, es un mundo cerrado y propio. Como una casa antigua llena de obras de arte, en la que se entra con respeto y cuyas maravillas deben ser valoradas por el que llega, porque los salmantinos saben que lo que tienen en casa es de primera calidad. A lo mejor ellos no le hacen mucho caso, pero saben lo que vale. Aunque se vea mucha gente en la calle y mucha marcha por la noche, no olvidéis que os encontráis en una de las mejores ciudades históricas de Europa, con más monumentos ella sola que algunos países completos. Pasarlo bien no significa pasar de lo bueno, y los monumentos y la historia de Salamanca son de lo mejor.
Allí nació una de las constantes de la cultura hispánica: la ciencia y la picaresca dándose la mano. La viejísima universidad del siglo XIII consiguió ser la mayor de Europa y un gran prestigio en los siglos XVI y XVII. Allí enseñaron Fray Luis de León y Francisco de Vitoria, y allí nacieron desde La Celestina, de Fernando de Rojas, a El Lazarillo de Tormes, la novela picaresca que tendría continuación salmantina con el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y La vida del escudero Marcos de Obregón, de Vicente Espinel. Cultura y pobreza dieron como resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura, con Salamanca como escenario común de todas ellas.

Vista de Salamanca

Medallón de los Reyes Católicos, fachada de la Universidad de Salamanca

Rúa Mayor

Fray Luis de León, en la noche de Salamanca


Cultura y pobreza en torno a la ciudad de Salamanca dieron como glorioso resultado algunas de las mejores páginas de nuestra literatura


Gran parte del misterio, de la picaresca y de la historia de Salamanca permanece vivo en sus calles. Hay docenas de edificios monumentales, y también tiene varias universidades que proveen de gente muy joven las calles de la ciudad. Su panorama más evocador lo vemos desde la otra orilla del río Tormes: el Puente Romano reflejado en el agua junto a las cúpulas de sus catedrales y al friso del arbolado de la ribera. Si el lugar parece propio para evocar el Siglo de Oro, no podemos olvidar que por estas aguas traían de vuelta a las furcias que habían sido sacadas de la ciudad con motivo de la Semana Santa, en una gran fiesta colectiva llamada Lunes de Aguas.
De la postal del Tormes podemos pasar, caminando sobre el puente romano, a una de sus rarezas: las dos catedrales –Vieja y Nueva- cosidas por la espalda como siamesas nacidas con cuatro siglos de diferencia. Una lo hace en el siglo XII, la románica, y otra en el XVI, gótica, que sería terminada en estilo barroco. El milagro de no destruir la vieja catedral para construir la nueva, ha permitido ver juntas dos soluciones diferentes a un mismo problema arquitectónico. La espléndida vista que, de ambos templos, se divisa desde el Patio Chico hace lamentar que esta actitud conservacionista no sea más que una excepción en nuestra historia arquitectónica.
La universidad, afortunadamente, conserva sus hermosos edificios viejos. En torno al Patio de las Escuelas asoman las Escuelas Mayores, el Hospital del Estudio y las Escuelas Menores. Forman un conjunto plateresco de una belleza delicada y rica, capaz de hacernos viajar al pasado más brillante de Salamanca, aunque siempre encontraremos a alguien que intente sacarnos de la ensoñación para enseñarnos la dichosa rana de la fachada, que traía suerte a los malos estudiantes –A los buenos no les hace falta-. Nadie debe dejar de entrar en las Escuelas Mayores para ver el patio o el aula de Fray Luis, pero menos aún debería perderse el precioso claustro de las Escuelas Menores y el museo en el que se ve un mágico Cielo de Salamanca, un mural cuajado de estrellas donde se dibujan las constelaciones con los signos del Zodiaco.
Durante el Siglo de Oro, en las calles de Salamanca se mezclaban los catedráticos con los astutos predicadores de la orden dominica. El buque insignia de los poderosos dominicos era la iglesia convento de San Esteban, a dos pasos de la catedral y de la universidad; ellos revisaron los papeles de Colón en que pedía ayuda real para su viaje en busca de las Indias, y eran excelentes predicadores con enorme influencia cuyo parecer era extremadamente tenido en cuenta en la España de los Reyes Católicos.
La fachada de San Esteban es de lo mejor del plateresco español, una belleza labrada en el muro exterior con tanta riqueza como imaginación. Al caer la tarde se ilumina son el sol declinante ofreciendo su mejor aspecto.
En competencia con los dominicos, estaban los jesuitas, con grandes influencias en la Corte y en América. Esta orden levantó, no muy lejos de San Esteban, su edificio – emblema: La Clerecía, Colegio Real de la Compañía de Jesús, destinado hoy a Universidad Pontificia. Se trata de un inmenso conjunto de iglesia y edificios destinados a la enseñanza y a residencia de religiosos que destaca en el conjunto urbanístico de la ciudad. La descomunal cúpula del templo y las altas torres nos recuerdan el trabajo de Juan Gómez de Mora de otros arquitectos que llegan hasta el barroco, con el magnífico patio de García de Quiñones.

Casa de las Conchas

Interior de la iglesia de San Esteban

Convento de San Esteban

La Tuna


Aquí nacieron de la mano dos de nuestras constantes: la ciencia y la picaresca


En Salamanca es un placer caminar por las calles de la parte antigua sin rumbo fijo. Todo está próximo y se descubren rincones encantadores y comercios pequeños con ciertas reminiscencias artesanas e, incluso, gremiales entre excelentes edificios como la Casa de las Conchas, famosa por ser una de las mejores obras del gótico civil español, o el Palacio de Monterrey diseñado por Gil de Hontañón, para terminar llegando a la formidable Plaza Mayor, obra del barroco Alberto Churriguera. Es una de las mejores plazas del mundo, sin discusiones, hermosa, clara y compleja. Grande y acogedora, es el verdadero corazón de la ciudad que cada día atrae y vuelve a bombear a sus ciudadanos.
La vida de Salamanca pasa constantemente por la Plaza Mayor. Es el mejor lugar para citarse, para sentarse en sus terrazas, para comer o para pasear a la caída de la tarde, como se hizo siempre desde hace un par de siglos. Esta plaza ha visto de todo, desde corridas de toros a ceremonias religiosas a millares de ligues entre los jóvenes salmantinos de las últimas nueve generaciones. Ahora se liga más en las calles adyacentes, llenas de bares y pubs que desbordan gente hasta impedir la circulación. No podía ser de otra manera en una ciudad con miles de estudiantes y una joven y abundante población prestada. Acuden en busca de saber (“El que quiera saber que vaya a Salamanca”), pero muchos comprueban que “Lo que Natura non da, Salamanca non presta”.

Puente romano y catedrales

Rua Mayor de Salamanca

Catedral Nueva de Salamanca

Retablo Catedral Vieja de Salamanca

Plaza Mayor de Salamanca


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©

Publicado el Deja un comentario

Ruta del Vino de La Mancha: Socuéllamos

Socuéllamos: llanura de viñedos y tierra de rojos atardeceres donde se elaboran algunos de los mejores y más conocidos vinos de La Mancha


Hoy viajamos hasta uno de los centros neurálgicos de la producción vitivinícola en Castilla-La Mancha: la villa ciudadrealeña de Socuéllamos. Si tenemos en cuenta que Castilla – La Mancha acoge a su vez la mayor extensión de viñedo del planeta, hablamos de un punto de producción vinícola importantísimo a nivel mundial. Municipio cuya superficie de viñedo en hectáreas rebasa con creces a su número de habitantes, las viñas en Socuéllamos abarcan todo lo que alcanza la mirada en llanuras sin fin, ofreciendo un espectáculo visual único.
Socuéllamos, tierra de Don Quijote, respira vino. Sus calles tranquilas y sosegadas cambian su fisonomía en época de vendimia, trasmutando en vías bulliciosas por el continuo peregrinar de tractores y remolques rebosantes de racimos. Plantaciones y producción tienen un peso vital en la realidad socio-económica y cultural de esta población, cuya historia está estrechamente unida al vino. En el siglo XIII, la Orden de Santiago, encargada de repoblar la comarca tras la reconquista, otorgó a Socuéllamos el privilegio de eximir de tributos a todos los pobladores que plantaran vides. Esta prerrogativa, vigente durante siglos, fue el origen de la continua expansión de viñas en la localidad, hasta convertirse en el mar de vides que es hoy. Ligó para siempre la historia de Socuéllamos al cultivo de la vid y a la elaboración del vino.




Disfrutando del enoturismo en Socuéllamos


Actualmente, Socuéllamos alberga un gran número de bodegas, la mayoría acogidas a la D.O. La Mancha. Desde pequeñas firmas familiares a grandes cooperativas. Una oferta enoturística culminada con un museo único: la Torre del Vino. El Museo Torre del Vino está construido en lo que fue la primera estación de ferrocarril de la ciudad, en 1869, y cuenta con una innovadora torre-mirador que ofrece espectaculares vistas de la llanura manchega, y una localización estupenda para disfrutar de las puestas de sol. El recorrido por el museo juega con los sentidos del visitante y ofrece una experiencia lúdica e interactiva: todo para aprender sobre las características, la historia, la elaboración y la conservación del vino.

Los amantes de las escapadas enoturísticas tienen todas las opciones en cuanto a tipos de bodegas se refiere. En el arquetipo de bodegas pequeñas con encanto se encuentra Tinedo, ubicada en un edificio del siglo XIX construido por la bisabuela de los actuales propietarios, rodeado de sus propios viñedos: 49 hectáreas, al estilo de los châteaux. La bodega, que mantiene los originales muros de adobe, destaca por su compromiso con la sostenibilidad: la energía suministrada procede íntegramente de una central energética solar propia, con más de 300 m2 de paneles solares, y todos sus vinos cuentan con certificado de vino ecológico. La visita a Tinedo ofrece un recorrido por los viñedos, las instalaciones (bodega, casa familiar, jardines y patio), explicación del proceso de elaboración y cata de sus 2 vinos más característicos: Cala N.1 y Cala N.2.

En el extremo opuesto está Bodegas Cristo de la Vega, una de las cooperativas más grandes del mundo por capacidad. Acceder a su patio, y pasear entre los enormes depósitos de acero inoxidable, apabulla. En época de vendimia, pasan por aquí más de 2 millones de litros de mosto al día. Creada en 1955 y conformada por 900 socios, Bodegas Cristo de la Vega lleva años empeñada en demostrar que cantidad y calidad son compatibles, y una larga lista de premios así lo demuestra. Entre sus marcas más reconocidas, Yugo y Marqués de Castilla. El itinerario para el enoturista incluye un recorrido para conocer las instalaciones, además ofrece de cursos de cata y degustación de sus vinos.

En un punto intermedio está la bodega Explotaciones Hermanos Delgado. Una familia consignada a trabajar sus 300 hectáreas de viñedo, de producción totalmente ecológica, y una filosofía elaboradora que huye de los excesos tecnológicos. EHD es una firma singular, además de vino (también reúne diversos premios), elabora otros productos derivados, como cosméticos, harinas y aceites… Llama la atención el museo que ocupa la parte superior de la bodega, y su cueva subterránea con siglos de historia, donde, el día de Halloween celebran una fiesta ‘sui géneris’: Vinariam Sanctorum, una visita teatralizada, en la que, de la mano de un grupo de actores, se recorren relatos y leyendas locales.

Otra bodega familiar sorprendente: Finca El Refugio. Ubicada en la propia finca, está basada en una gestión integral de la bodega y el viñedo, donde cultivan actualmente 50 ha de vides ecológicas con una producción limitada. Las idóneas condiciones climáticas con largos inviernos duros y cálidos veranos de esta tierra, combinados con un suelo arcilloso-calcáreo de escasa profundidad, proporcionan a esta bodega una uva capaz de producir vinos extraordinariamente concentrados y aromáticos. El itinerario para el enoturista incluye un recorrido para conocer las instalaciones, con degustación de sus vinos.

En nuestro recorrido de vinos y bodegas por Socuéllamos, parada obligada es Bodegas Lahoz, que comenzó su andadura por el apasionante mundo de la viticultura realizando sus primeras plantaciones de viñedo durante el siglo pasado. Actualmente cultivan tres grandes pagos sabiamente escogidos de entre los mejores parajes de la llanura manchega: «La Nieva», «El Pantano» y «Vega Córcoles» con un total de 500 hectáreas de viñedo.
El proyecto de Bodegas Lahoz se refleja perfectamente en su bodega. Entre los viñedos de la Finca La Nieva se alza la imponente arquitectura de esta bodega con un ambiente sobrio y monacal en el que sus vinos pueden nacer y reposar en el más absoluto silencio.
La visita guiada a la bodega nos muestra paso a paso el proceso de elaboración y crianza del vino, para posteriormente acabar en su salón de degustación disfrutando de sus excelentes vinos.

Sin duda, el vino ha dotado a esta villa de un legado que se refleja en todas las tradiciones, como la Fiesta de la Vendimia, celebrada la primera semana de septiembre, donde tiene lugar la ofrenda del primer mosto de la cosecha a la Virgen de de Loreto, patrona de la ciudad.

Una vez concluida esta inmersión cultural y vinícola de Socuéllamos, merece la pena pasear por su casco histórico. Tierra abierta, posada de ilustres comendadores, cuna de hospitalarios y generosos pobladores, nos adentramos en la Iglesia de Nuestra señora de la Asunción, la Casa de la Encomienda o Palacio de los Mendoza, morada de grandes comendadores en la que un día se alojara Santa Teresa de Jesús…

Y por supuesto disfrutar de la mejor gastronomía entre amigos en Punto de Encuentro y Cocedero de Kiele.


Planifica tu viaje con nosotros. Más información en www.sabersabor.es


Un artículo de Antonio Bellón Márquez para sabersabor.es ©


Próximamente: Ruta del Vino de La Mancha, Tomelloso